PROMESAS DEL ESTE (4)

  03 Enero 2008

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Título original: Eastern promises
País, año: Gran Bretaña/Canada/EEUU, 2007
Dirección: David Cronenberg
Intérpretes: Viggo Mortensen, Naomi Watts, Vincent Cassel, Armin Mueller-Stahl, Sinead Cusack, Jerzy Skolimowski
Guión: Steve Knight
Producción: Serendipity Point Films, Focus Features, Scion Films, BBC Films, Kudos Pictures
Fotografía: Peter Suschitzky
Música:  Howard Shore
Montaje: Ronald Sanders
Duración: 100 minutos

Amargas promesas
Escribe Lucía Solaz Frasquet

Se ha dicho a menudo que el director dio un giro a su carrera con Una historia de violencia, donde logró el favor de la crítica y llegar a un público más amplio con una estructura genérica más promesas-4.jpgconvencional, y que ha continuado este estilo con Promesas del este. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿tanto ha cambiado el cine de Cronenberg? ¿Son sus dos últimas películas realmente tan diferentes al resto de su filmografía?

El propio cineasta sostiene que estas películas no son diferentes a sus previos trabajos: “Siempre me he ocupado de grupos transgresores, así que, en ese sentido, no es inusual para mí, ya que estoy interesado en personajes marginales fuera de la sociedad” . El director remarca que cada cultura que ha llegado a Londres ha creado una versión herméticamente cerrada de su propio país. 

Ambas películas vuelven a plantear, además, cuestiones relativas a la identidad, tema fundamental que aparece en muchos de los filmes de Cronenberg (desde Videodrome y La mosca hasta Inseparables o M. Butterfly). Si bien ambas resultan mucho más accesibles al gran público que algunas de sus obras anteriores, el cineasta no ha cesado por un momento de adentrarse en los misterios del alma humana. Y en Promesas del este el director se propone llegar al corazón del alma rusa en una historia donde nadie es lo que parece.

El primer guión cinematográfico de Steve Knight que vio la luz, Negocios ocultos (Dirty Pretty Things, Stephen Frears, 2002) ya mostraba su interés por las historias de ese otro Londres, el Londres de los inmigrantes, desconocido para mucha gente. Aquí vuelve a contemplar cómo los sueños de algunos inmigrantes acaban convertidos en pesadillas.

La película se inicia con dos hechos aparentemente aislados en vísperas de la Navidad: una garganta cercenada en una barbería y una niña de catorce años que se derrumba en una farmacia entre un charco de sangre. Anna (Naomi Watts), la comadrona que atiende a la adolescente embarazada, queda muy afectada por su muerte. Empeñada en encontrar a la familia del bebé, sigue la única pista que tiene, una tarjeta encontrada en el diario de la joven, que la lleva a un lujoso restaurante ruso. El propietario es el encantador Semyon (Armin Mueller-Stahl), quien promete ayudarla. Anna también conoce al inestable hijo de Semyon, Kirill (Vincent Cassel) y al lacónico y misterioso chófer de la familia Nikolai (Viggo Mortensen), quien también le ofrece su consejo y ayuda, aunque por motivos muy diferentes a los de Semyon. Anna ha vuelto a vivir con su madre viuda (Sinéad Cusack) tras una dolorosa ruptura sentimental y la pérdida de su bebé. Allí les visita su tío ruso, Stepan (interpretado por el director polaco Jerzy Skolimowski), desagradable, irascible y aficionado a la bebida. Stepan traduce parte del diario y le advierte a Anna que se mantenga alejada, pero ella no está dispuesta a hacerlo a pesar del peligro que supone continuar indagando en los secretos de la mafia rusa.

promesas-2.jpgLa  organización mafiosa que vemos en Promesas del este, Vory V Zakone, existe en la realidad y una de sus reglas es no trabajar jamás y no hacer dinero de un modo legítimo. Sus miembros son mayoritariamente reclutados en las cárceles. Allí los tatuajes son una carta de presentación. Sin tatuajes, como dicen en la película, no existes.

El guionista basó el personaje de Semyon en el dueño de un restaurante de Nueva York, mientras el personaje de Anna representa a una londinense normal que descubre casualmente un mundo desconocido. Estos dos mundos sólo se ponen accidentalmente en contacto a través de la adolescente esclavizada por Semyon, Tatiana, quien había llegado a Londres desde su pueblecito ruso con la promesa de convertirse en cantante.

Armin Mueller-Stahl, quien tuvo que hablar inglés con acento ruso, lo que no es nada fácil para un alemán, resulta perfecto en su papel de un padrino mafioso que puede ser inmensamente tierno y horriblemente duro a la vez. Su afabilidad oculta su monstruosa naturaleza, un hombre despiadado y brutal que se mueve entre seres como él mismo.

El actor francés Vincent Cassel interpreta al temperamental Kirill, alguien con demasiado poder, poca cabeza y mucha inseguridad, una mezcla peligrosa. En contraste con Nikolai, Kirill es apasionado y emocional. Es un borracho y un homosexual reprimido que puede ser muy violento y muy cariñoso. Cassel transmite a la perfección el caos interno del personaje, quien pasa de chulo a niño atemorizado por un padre autoritario en cuestión de segundos.

Nikolai es un hombre de pocas palabras que deja que sus tatuajes hablen por él y nos cuenten la historia de su vida, su pasado como ladrón, su paso por la cárcel, su lealtad hacia Kirill, Semyon y los Vory V Zakone. Sin embargo, a pesar de que insiste en varias ocasiones en no ser más que el chófer, pronto sospechamos que tras su pulcra fachada se esconde mucho más que eso. Hombre de muchos secretos, extremadamente preciso, controlado y prudente, sabemos que es un delincuente, pero también podemos ver que tiene un lado tierno, que es fuerte y delicado a la vez.

promesas-5.jpgViggo Mortensen, siempre preocupado por los detalles y la verosimilitud, dedicó seis meses a preparar el papel. Se documentó acerca del tráfico sexual y de las bandas criminales, se trasladó a Rusia y se sumergió en su cultura. También aprendió a hablar ruso y aportó a la película su conocimiento sobre los tatuajes. El actor leyó, entre otros, el libro de Alix Lambert acerca de los tatuajes de los miembros de bandas en Rusia, además de ver el documental que rodó sobre ese tema, The Mark of Cain (2000). También fue idea suya la escena en que su personaje le da a una prostituta un pequeño icono religioso junto con dinero y un consejo. Esto muestra que los años de comunismo ateo y la destrucción de iglesias no han erradicado la religión. Nikolai, según Mortensen, mantiene su fe religiosa y cree que la prostituta también lo hace, por lo que este gesto está destinado a ayudarla a salir de la miseria en la que se encuentra.

Los colaboradores habituales del cineasta llevaron a cabo una intensa labor de investigación y encontraron una comunidad rusa encantada con la atención y más que dispuesta a colaborar. Carol Spier, la diseñadora de producción, se encargó de plasmar los distintos mundos que coexisten en Londres, desde la vida de clase media de Anna y su trabajo en el hospital, a la casa en las afueras convertida en prostíbulo, hasta el lujo del mundo de Semyon y Nikolai. Como siempre, la paleta de colores es de suma importancia en las películas de Cronenberg. En el mundo de Anna casi no hay colores y todo es muy simple. El resplandor decadente de la familia mafiosa, al contrario, se distingue por sus ricos colores de tonos oscuros.

La diseñadora de vestuario habitual del director, su hermana Denise Cronenberg, estudió numerosas fotos, desde prostitutas a camareros. No tardó en darse cuenta de la predilección de los hombres rusos por los jerséis de cuello alto y las chaquetas de cuero negro. El negro es sinónimo de poder. Mientras Nikolai presenta un aspecto impoluto (e intimidante) vestido de Armani, con guantes y gafas oscuras, Anna no se preocupa por la ropa. Aparte de su uniforme en el hospital, suele llevar vaqueros y una chaqueta plastificada para ir en moto.

Otros colaboradores imprescindibles son el director de fotografía Peter Suschitzky y el compositor Howard Shore, cuya labor resulta como siempre magnífica, además del montador Ronald Sanders y el maquillador Stephan Dupuis.

El mundo de Anna y el mundo de Nikolai no podrían ser más diferentes. Anna ha dado la espalda a su herencia rusa. Conduce la moto de su padre, pero no habla el idioma y come comida rápida. Nada que ver con los festines que prepara Semyon. Anna utiliza el secador para secarse el pelo, mientras Nikolai lo utiliza para descongelar a un cadáver. Aunque Nikolai es esencial para la familia, sigue excluido de celebraciones como fiestas de cumpleaños. Los dos son outsiders. Anna, quien lleva una vida anodina centrada en el trabajo, también se siente tentada por el peligro. Nikolai le da miedo, pero también le atrae.

promesas-3.jpgPara la escena en la que Semyon ofrece un banquete a su familia, la asesora Syvena Rowe, especialista en cocina rusa, se encargó de preparar la comida. El resultado es una escena muy opulenta, casi felliniana, algo inusual en las películas de Cronenberg. El director se demora mostrándonos la riqueza y voluptuosidad de la comida rusa en contraste con la sosa comida basura que consumen Anna y su familia. Los personajes rusos cocinan y se reúnen para comer. Semyon seduce a Anna con un guiso como el que solía cocinar su padre, convirtiéndose así de inmediato en una figura paterna en la que confiar. Este contraste también se presenta en el modo de vida: los rusos van impecablemente vestidos con ropas caras, viven en casas bien decoradas y conducen coches lujosos, mientras Anna viste ropa vulgar, conduce una moto renqueante y vive en una casa gris y destartalada. En el agridulce epílogo vemos a Anna y a su madre haciéndose cargo del bebé de Tatiana, cocinando y hablándole en ruso. La casa aparece mucho más luminosa y acogedora. Anna, que luce un vestido veraniego y lleva el pelo recogido, sale al jardín con la pequeña para darle su comida mientras disfrutan del sol. Han recuperado su identidad perdida. Mientras tanto, Nikolai, dispuesto a sacrificarlo todo por su trabajo, parece haber llegado adónde quería, a la cima de la organización criminal que pretende desarticular.

De nuevo vemos a seres condenados a la violencia en un mundo desprovisto de glamour. La violencia es una enfermedad que deja marcas visibles en el cuerpo: cuanto más negra es el alma, mayor es el número de tatuajes que recubren el cuerpo. No podemos dejar de preguntarnos si el alma de Nikolai será suficientemente fuerte para resistir la implacable fuerza de sus tatuajes y lo que representan.

Las escenas violentas nos dejan sin aliento: son impactantes, realistas y generalmente breves, mostrando toda su descarnada brutalidad. Como en Una historia de violencia, están alejadas por completo de la violencia estilizada de las películas hollywoodienses, donde se nos muestra de modo impresionista, con un montaje tan rápido que no llegamos a ver lo que ocurre. El número de cadáveres es mayor, pero el impacto emocional es mucho menor puesto que no hemos invertido en esos personajes. Una escena emblemática es la de la pelea en el baño turco, donde Nikolai se enfrenta, totalmente desnudo y desarmado, a dos matones. No muchos actores hubieran aceptado hacer algo así, lo que no deja de mostrar el compromiso de Mortensen con la película y con su personaje. No cabe duda de que, con Cronenberg, el actor nos ha proporcionado las dos mejores interpretaciones de su carrera.

Pesimista, Cronenberg expone de nuevo la monstruosidad de la que es capaz el ser humano. Quien crea que el director ha dejado atrás el género de terror, debería pensarlo dos veces. Los horrores del alma, más que los del cuerpo, son lo que ahora lo ocupan. Tanto Una historia de violencia como Promesas del este suelen ser clasificadas como thrillers o dramas violentos. Sin embargo, ambas están tratando con el horror de lo que las personas somos capaces de hacernos las unas a las otras.

Promesas del este, como Una historia de violencia, puede parecer más sencilla y menos desafiante que otras de las obras del canadiense. Ambas transcurren por cauces más convencionales y menos inusuales y la estructura lineal del guión, en contraste con las complejas narrativas de otros filmes del director, puede hacer pensar que nos encontramos frente a un trabajo más simple del que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, ya lo hemos visto, con Cronenberg siempre hay un montón de cosas bajo la superficie y esta simplicidad deja traslucir, para aquellos dispuestos a mirar, algo bastante más perturbador. Cuanto más reflexionamos sobre lo que hemos visto, más añadimos a un producto inteligente y complejo donde brillan momentos de humor oscuro e inesperada ternura.

Como ha declarado Viggo Mortensen: “Promesas del este es una continuación lógica de Una historia de violencia; ambas estudian el problema de la identidad, exploran la estructura de la familia tradicional, muestran a personas enfrentándose a situaciones peligrosas y a dilemas morales, y plantean la misma duda: ¿tiene la violencia alguna justificación?”.

Estas dos películas, pese a lo que pueda parecer a primera vista, no rompen la continuidad estilística y temática del autor. Las indagaciones sobre la identidad y la violencia, en todas sus facetas, son algunos de sus temas representativos. El cineasta ha declarado que no está interesado en las historias criminales por sí mismas, ni en los mecanismos de la mafia, sino en la criminalidad y en la gente que vive en un estado de transgresión perpetua. Continúa, como siempre, ocupándose de los personajes marginales fuera de la sociedad. Nunca ha hecho, ni posiblemente hará, el cine escapista para todos los públicos que tanto abunda en la gran pantalla.

Gracias al cielo que todavía existen autores como Cronenberg, dispuestos a arriesgarse y a producir obras únicas que nos desafían y nos fuerzan a salir de los terrenos en los que nos sentimos cómodos y seguros.