COPYING BEETHOVEN (1)

  03 Enero 2008

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Título original: Copying Beethoven
País, año: USA, Reino Unido, Hungría, 2006
Dirección: Agnieszka Holland
Intérpretes: Ed Harris, Diane Kruger, Nicholas Jones, Matthew Goode, Ralph Riach, Joe Anderson, Bill Stewart, Angus Barnett
Guión: Christopher Wilkinson y Stephen Rivele
Producción: Sidney Kimmel, Christopher Wilkinson, Stephen Rivele y Michael Taylor
Fotografía: Ashley Rowe
Música: Maggie Rodford
Montaje: Alex Mackie
Duración: 104 minutos

Oportunidad perdida
Escribe Marcial Moreno

La música clásica no ha sido un vivero muy fértil a la hora de encontrar argumentos para el cine. No ocurre lo mismo con otros géneros como el jazz o el rock, a cuyas leyendas vemos con cierta frecuencia retratadas en la pantalla. Sin embargo parece ser que el aura de elitismo que copying-2.jpgenvuelve a esa llamada música culta supone un freno a la hora de arriesgar dinero, desde el convencimiento de que las películas interesarán a tan poca gente como escaso es el número, suponen, de melómanos en disposición de pagar una entrada de cine.

Ejemplos en contra hay al menos uno, el retrato que Milos Forman hizo de Mozart en Amadeus, pero el éxito que acompañó a aquella película no tuvo como corolario una mayor atención a este campo. Y eso a pesar de que la historia de la música contiene material dramático de primera magnitud, necesitándose tan solo mentes capaces de darle forma atractiva para hacer de él negocios rentables. No hablamos ya de valores artísticos, tan escasos por otra parte en el cine actual, sino de reservar al menos un hueco comercial para un campo que, indirectamente, podría recibir con ello una inyección de popularidad que no le vendría nada mal. Algo así es lo que puede ocurrir con Copying Beethoven, y ya sería mucho. Pero si desatendemos la dimensión recaudatoria y nos centramos en la estrictamente cinematográfica, no podemos menos que reconocer que los logros son más bien discretos, a pesar del entusiasmo general que parece que ha levantado.

La película de Agnieszka Holland nos muestra la figura de Beethoven los días previos al estreno de su Novena Sinfonía, y añade un tiempo posterior (confusamente delimitado, esa es una de las indefiniciones que contiene la película, sus márgenes temporales) que conduce hasta la muerte del genio, escena con la que se abre la película. Como hilo dramático se inventa el personaje de una aprendiz de compositora que entra a trabajar para Beethoven con el objeto de copiar la sinfonía próxima al estreno, e intenta desarrollar desde ahí la relación entre las visiones y caracteres de los dos músicos y su entorno.

copying-3.jpgDecimos que lo intenta, y en todo momento los senderos por los que transcurre ese intento son manifiestos, pero los logros no sobrepasan apenas las intenciones. Se puede pretender mostrar la complejidad de una personalidad desbordante, pero si para ello se recurre sin más a cambios de humor bruscos e injustificados, o a enfados seguidos de arrepentimientos y arrebatos de ternura, lo más probable será acabar construyendo un cliché carente de entidad propia y de capacidad de convicción. Algo así es lo que ocurre en esta película. La supuesta complejidad se queda en una acumulación de contradicciones con escasa credibilidad. Se ha alabado mucho el trabajo de Ed Harris encarnando al genial sordo (sordera, por otra parte, que aparece y desaparece como por arte de magia), pero, como muchas veces ocurre, se confunde la calidad con la grandilocuencia. Y no es que desmerezcamos los esfuerzos del actor, sino que más bien parece que ha sido una víctima más de la indefinición de su personaje, como si en el fondo no hubiera sabido a qué atenerse, transmitiendo finalmente una sensación de cinismo, de distanciamiento, que no hace sino abundar en la falta de credibilidad.

Algo parecido ocurre con la relación entre Beethoven y Anna. Cuando el editor se encuentra con ella se echa las manos a la cabeza pensando en la reacción del músico, de lo cual deducimos cierta misoginia. Pero la realidad vuelve a ser artificiosa. Tras unos breves rugidos, Beethoven pasa alegremente, y sin solución de continuidad, a una entrega cuando menos extraña. Y todo ello por no copying-4.jpghablar de los personajes secundarios, como el sobrino, de un maniqueísmo que espanta, o del novio de Anna (por cierto, que relación más extraña entre ambos: ¿Qué fue del novio tras la destrucción de la maqueta del puente y su ultimatum?), el cual está incrustado en la narración para mostrar esa contradicción entre arte y racionalidad que no pasa de ser una simple caricatura.

Contra lo que se ha defendido, apenas hay emoción en esta película. La tan alabada escena de la interpretación de la Novena Sinfonía resulta cuanto  menos artificial. La leyenda cuenta el episodio de una manera más fascinante que esa grotesca dirección a dúo. Se dice que la sordera de Beethoven le llevó a no sincronizar su dirección con le ritmo de los músicos, de modo que la orquesta prácticamente se dirigió sola, arrancando la ovación del público antes de que Beethoven acabase con partitura. Cuando éste, tras recibirla, se volvió hacia la orquesta y ordenó a los músicos que volviesen a sus asientos, no fue obedecido. El desconcierto que esto generó en el compositor fue en aumento, hasta que alguien le hizo una seña para que se volviese y comprobase la razón de la desobediencia: El público seguía en pie ovacionando enfervorizadamente la obra.

Cabe reconocer sin embargo un momento que en cierto modo sintetiza y subsana los fracasos que hemos señalado, quizá el único instante de verdad que posee la película: No es otro que ese último dictado que Beethoven hace a Anna, y en el que, casi sin darse cuenta, pasa de la nomenclatura musical a la expresión del sentimiento, produciendo en la joven un arrebato estético que la lleva poco menos que a desprenderse de su carne mortal y a fundirse con el alma del genio. Ahí si vemos a unos actores encarnando de verdad a sus personajes, convencidos de lo que hacen.

Eso sí, la banda sonora magnífica.