APUNTES DE FRANK GEHRY (3)

  27 Mayo 2008

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 Título original: Sketches of Frank Gehry
 País, año: Estados Unidos y Alemania, 2005
 Dirección: Sydney Pollack
 Intérpretes: Documental
 Guión: Michael Arndt
 Producción: Ultan Guilfoyle
 Fotografía: George Tiffin, Claudio Rocha y Marcus Birsel
 Música: Claes Nystrom y Jonas Sorman
 Montaje: Karen Schmerr
 Duración: 83 minutos

Los fantasmas del cubismo
Escribe Purilia

“Es duro el comienzo. No sé qué hacer cuando empiezo. Ordeno la mesa…. Tengo miedo de no poder hacerlo. Procuro no desmoronarme. Es un momento aterrador. Y cuando empiezo, me sorprendo y digo, no fue tan terrible”. Con estas palabras de Frank Gehry empieza la película que Sydney Pollack ha filmado sobre la obra de su amigo.

apuntes-2.jpgNadie desconoce a estas alturas la trayectoria profesional de estos dos prolíficos talentos septuagenarios en sus respectivas disciplinas. Sydney Pollack es un reputado director  cinematográfico, además de actor y productor audiovisual y Frank Gehry un desconcertante y admirado arquitecto, actualmente imprescindible. Para avalarlo, ahí están las carreras de ambos, plagadas de obras que han obtenido reconocimientos y premios (los más prestigiosos en sus respectivos campos) por parte de instituciones, crítica y público. Sin embargo, los caminos que han conducido a uno y otro a la celebridad son bien dispares.

Sydney Pollack comenzó como actor de cine, teatro y televisión (faceta que esporádicamente sigue cultivando), pero pronto pasó a la realización televisiva hasta desembocar en la que sería su definitiva profesión: la dirección cinematográfica, en la que debutaría en 1965 con La vida vale más. Desde entonces nos ha narrado a lo largo de más de cuarenta años de profesión, muchas historias de ficción (Danzad, danzad malditos, 1969; Las aventuras de Jemeniah Johnson, 1972; Tal como éramos, 1973; Los tres días del cóndor, 1975; Tootsie, 1982; Memorias de África, 1985, La Tapadera, 1993; Caprichos del destino, 1999, La intérprete, 2005…) de temática variada y géneros dispares, con un lenguaje ortodoxo y tradicional y un estilo impecable pero convencional, siempre fiel a la gramática clásica.

apuntesgehry1.jpgFrank Gehry, en cambio, es un arquitecto-artista innovador, transgresor e iconoclasta, abanderado de toda una generación de profesionales (Daniel Libeskind, Zaha M. Hadid, Peter Eisenman, Bernard Tschumi…) que en la década de los ochenta convergieron en torno a una nueva forma de concebir la arquitectura: la deconstrucción. Y lo que entonces parecía una confluencia ocasional de individualidades y sensibilidades afines trabajando con una perspectiva común es hoy toda una filosofía arquitectónica, una forma de entender el mundo que nos rodea y responder a los interrogantes que plantea. 

El término deconstrucción, aplicado por primera vez a la arquitectura por Joseph Giovannini, a finales de los ochenta, lo acuñó el escritor y filósofo francés Jacques Derrida para analizar textos literarios. Decía que un texto no es una totalidad con un significado fijo e indisoluble, sino una fragmentación de partes independientes (textos dispares) con significados diferentes, asimétricos e irreconciliables que nunca alcanzan un sentido unitario.

Extrapolada esta poética a la arquitectura hayamos que en una sociedad desajustada, inquietante y perturbadora no cabe la perfección formal, el equilibrio, la estabilidad, la centralización y la estructura de poder que el estilo moderno y postmoderno proponían. Nada es sagrado para el arquitecto deconstructivista, ni la composición, ni la función y menos aún la forma. Sin embargo, no descuida ninguna de ellas. La estructura existe aunque cueste verla y las formas se desplazan, se interceptan, se distorsionan, se superponen… y se desatan creando un nuevo orden que es el que marca la diferencia. 

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Conocido en el mundo entero por desafiar las normas clásicas de la construcción (“Me molestan las reglas absurdas que mi profesión ha impuesto”), por incorporar materiales industriales (vallas metálicas, maderas contrachapadas, planchas onduladas…) e insólitos y combinarlos con osadía (titanio, cristal y piedra, por ej.), sus edificios no solo se mantienen en pie, desafiando las leyes de la física, sino que además pueden ser considerados obras de arte. Sus impresionantes estructuras son como un gran ser vivo luminoso, que respira y permite ser habitado.

Paralelamente a su labor como arquitecto, la creatividad de Gehry también ha innovado en el diseño de muebles, al que ha extrapolado su estética formal impactante y la utilización de materiales inusuales. Son famosas sus bellas lámparas pez y serpiente (1983-86), su colección de mobiliario Bent Wood (1989-92) y sobre todo sus originales sillas, mesas y butacas de cartón Easy Edges, prácticas y robustas como sus edificios e igual de impactantes. Fueron todo un “boom” en los años de la estética “yuppie” (setenta y ochenta) y hasta el propio Almodóvar no pudo resistirse a incluirlas en alguna de sus películas.

apuntes-4.jpgGehry siente como un artista y como tal crea: piensa como un dibujante (bosquejando sus ideas sobre el plano), analiza como un escultor (maquetando formas volumétricas) y construye con la minuciosidad y precisión de un arquitecto (edificando espacios habitables). Sólo la pintura se le resiste “Si hay alguien a quién envidio es a los pintores”… “Nunca he podido conseguir lo que está en mi mente sobre un cuadro”, dice.

A partir de la idea dibuja compulsivamente, de una forma libre, realizando apuntes,  bocetos intuitivos, de trazos desatados, convulsos, enmarañados (lejanos a los croquis de cualquier arquitecto ortodoxo) a partir de los cuales obtiene las formas que luego desarrollará en el espacio, primero a escala y después in situ. Sus maquetas se desarrollan a partir de esas formas intuidas, (ayudado por avanzados programas de diseño que interpretan los bocetos hasta convertirlos en formas tridimensionales), realizadas con cartulina y cinta adhesiva, a través de un laborioso proceso de creación en equipo, hasta que surge el diseño definitivo.

Frank Owen Gehry, hijo de emigrantes polacos instalados en Canadá, nació en Toronto en 1929, pero se trasladó con su familia a Los Angeles en 1947, lugar en el que habita desde entonces y trabaja en la actualidad. Sus primeros tiempos en esta ciudad fueron difíciles para todos; desempeñó varios trabajos (vendía periódicos, conducía una camioneta de reparto, lavaba aviones…), como él mismo nos cuenta en la película, y asistió a cursos de perspectiva y cerámica antes de desembocar en la arquitectura. Un profesor de segundo curso, dice, le conminó a abandonar por su falta de talento, pero él lo interpretó como una reacción antisemita y siguió adelante. Terminó la carrera en 1954 pero decidió cambiar su nombre judío de pila Ephraim Goldberg por el actual. Posteriormente hizo un curso de urbanismo en Harvard y trabajó en los estudios de Victor Gruen y André Remondet antes de abrir su propio despacho en L.A. en 1962. 

Desde entonces ha realizado proyectos por todo el mundo y de todo tipo (residencias, bancos, auditorios, oficinas, cafeterías, museos, hoteles, aeropuertos, bodegas…) y ha recibido por ellos el reconocimiento internacional y la admiración popular. 

apuntes-5.jpgPor la película desfilan algunas de sus inquietantes construcciones comentadas por él mismo: desde su propia residencia en Santa Mónica (California), lugar de peregrinación para la prensa especializada y para cualquier estudiante de arquitectura actual que se precie hasta el majestuoso museo Guggenheim de Bilbao, pasando por el Banco DG de Berlín, la Facultad de Derecho Loyola y la sala de conciertos Walt Disney de Los Angeles, La residencia Spiller en Venecia, El pez de Barcelona, el pajar O'Neill…

Gehry es un hombre tranquilo, sensato, cuerdo, tímido -aunque sus edificios parezcan lo contrario- y muy celoso de su privacidad, motivo por el cual había rechazado varias ofertas para filmar un documental sobre él. Finalmente aceptó con la condición de que lo hiciera su gran amigo Sydney Pollack. A éste, en principio, le sorprendió la elección: “No sólo porque lo ignoro todo acerca de la realización de documentales, sino porque no entiendo nada de arquitectura”. A lo que Gehry respondió: “Por eso eres la persona idónea”.

A partir de un guión del propio director, el rodaje -realizado en dos soportes, película y mini DV- comenzó en el año 2000 y se dilató a lo largo de cinco años (un fin de semana anual) de distendidas conversaciones entre ambos, de confidencias íntimas (su depresión al separarse de su primera mujer…), recuerdos (de su infancia y juventud)  y anécdotas personales (una grafóloga le vaticinó a los trece años que sería un gran arquitecto), mezcladas con reflexiones profesionales…inseguridades, pensamientos y opiniones sobre temas tan diversos como la inspiración, el proceso creativo, el respeto al cliente, la sociedad, la crítica o el trabajo en equipo. A todo este material se sumaron entrevistas con algunos de sus colaboradores, clientes, artistas, críticos, compañeros de profesión, admiradores y no tanto, amigos…  y hasta su psicoanalista, en los años difíciles y actualmente amigo, Milton Wexler.

Opiniones, recuerdos, reflexiones y convicciones que Gehry expresa en la película.

Su infancia

Recuerda como a los 8 años jugaba con su abuela a hacer construcciones: “Mi abuela tenía una bolsa con trozos de madera para la estufa. De vez en cuando abría la bolsa y los arrojaba al suelo, se sentaba conmigo y comenzábamos a construir cosas. Hacíamos ciudades, autopistas. Era muy divertido. Recuerdo la época en la que me peleaba con lo que no podía conseguir. Cuando crecí, incluso ahora, recuerdo aquellos momentos, echado en el suelo con los bloques de madera, pensando que algún día haría algo parecido”. O como dibujaba con su padre “Cuando era pequeño mi padre solía dibujar conmigo. Me encantaba hacerlo”.

La inspiración

“Todo puede ser fuente de inspiración” dice, un cubo de basura, un desfile de moda, el brillo de un cristal y, por supuesto, un cuadro (comenta en la película acerca de cómo la composición de un cuadro de El Bosco le inspiró la composición del edificio del Museo de la Tolerancia de Jerusalén).

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Las influencias

Recuerda una conferencia muy especial a la que asistió en Canadá cuando tenía dieciséis años: “… en aquel momento yo no sabía nada de arquitectura. Era un hombre de cabellos blancos que hablaba de lo que él hacía y aquello me impresionó. Nunca había visto edificios como esos…Después de convertirme en arquitecto supe que era Alvar Aalto. Diría que él me ha inspirado más que todas las generaciones anteriores”.

El trabajo en equipo

“No creo que pueda trabajar sólo”, dice. Se rodea de gente con talento. En la película aparecen muchos de sus colaboradores habituales (Craig Webb, Edwin Chan, Sven Neumann…) Trabajan juntos desde hace años y se entienden casi sin palabras. “Ellos saben que cuento con ellos, lo que hace crear un espíritu de equipo que nos permite llegar al final”.

El proceso de creación

“Lo que me apasiona es el proceso de creación y cuando la gente mira esto (porque tiene un aire simple) no saben cuanto tiempo y trabajo me ha llevado hacerlo. Me siento obligado a explicarlo”. 

El cliente

Opina que la relación con el cliente es fundamental: “Acepto el proyecto si me gusta la persona que tengo enfrente”. Jamás ofrece sus servicios porque “No me gusta que me rechacen, espero que vengan a buscarme porque detesto proponer un proyecto y que lo rechacen”.
… Y además, nos habla de la necesidad de sufrir creando para eludir la neurosis, de la importancia y la expresividad de los materiales, de cómo empezó a diseñar peces, de su convicción de que “todo está inventado” y que lo único que cambia es la tecnología, de sus años de terapia, de su pasión por jugar con las curvas y el movimiento, de su carácter ambicioso oculto, de los fantasmas del cubismo…

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Opiniones de algunos personajes que aparecen en la película

Philip Jonson (arquitecto): “Es el arquitecto más destacado del mundo”. 

Check Arnoldi (artista): “Él ha cambiado los puntos de vista conservadores. Combina el aspecto desenfrenado que el arte pueda tener con las leyes de la física”.

Charles Jenks (arquitecto y escritor): “Un día iba a afeitarse, pero no había luz suficiente, cogió un martillo e hizo un agujero en el techo para que el sol de California entrara”.

apuntes-6.jpgMilton Wexler: “Creo que cuando se siente seguro en su relación con los demás es cuando se hace más atrevido a la hora de crear esos edificios tan poco convencionales”.

Mildred Friedman (escritora y conservadora): “Es un arquitecto y un artista. Asume muchos riesgos. Eso es lo que hacen los artistas para crear algo nuevo que nadie ha visto antes”.

“La influencia más importante del diseño es el cliente. Si el cliente es formidable el edificio será increíble, si no, el resultado será malo”.

Michael Ovitz (coleccionista de arte): “Es como un guionista. Se pone ante el papel en blanco, concibe algo y tiene la habilidad de llevarlo a cabo en imágenes visuales”.

Dennis Hopper (actor). Vive en una casa construida por Gehry. Dice: “Vive el momento actual…. Si alguien lanza una idea, la coge y encuentra la manera de llevarla a cabo”.

Norman Rosenthal (secretario de exposiciones de la Royal Academy de Londres): “El Museo Guggenheim de Bilbao es la catedral más impresionante de finales del siglo XX. Cuando lo vemos, se nos corta la respiración”.

… Y además opinan Ed Ruscha, Bob Geldof, Julian Schnabel, Michael Eisner, Barry Dyler, Peter Lewis… la mayoría entusiastas de Gehry aunque hay excepciones como la de Hal Foster (profesor de arte y arqueología en la universidad de Princeton) a quien su obra le deja dubitativo.

Poseer pocos conocimientos de arquitectura y no haber realizado nunca antes un documental (aunque Gehry escogiera a Pollack precisamente por eso) no son razones suficientes para no haber enfrentado este proyecto con mayor audacia y creatividad. Ni más ni menos que la que un artista tan original, provocador e impactante reclamaba.

Si el objetivo pretendido era realizar un documental divulgativo sobre su trabajo y acercar la personalidad del arquitecto a un público no especializado, sin duda se ha conseguido. La personalidad de Gehry resulta tan entrañable, sin pizca de extravagancia y su discurso tan apasionante y natural que, aunque no se sea un admirador entusiasta, es fácil engancharse a él y no desconectar durante los poco más de ochenta minutos que dura la película.

El resultado es un film liviano, sencillo, correcto y entretenido además de interesante. Un recorrido fugaz por la trayectoria vital y creativa del arquitecto más aclamado del mundo en la actualidad. Construido con la habilidad del buen artesano, que conoce todos los intríngulis de su profesión, articulando imágenes más o menos bellas o convencionales con diálogos absorbentes a un ritmo adecuado. Pero para cualquier espectador apasionado y algo versado tanto en materia artística como cinematográfica el proyecto es poco arriesgado y falto de originalidad; quizás porque esperaba encontrar en sus imágenes, su lenguaje, su realización o su montaje algo de la osadía y el espíritu transgresor del retratado.

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