LOS MUNDOS DE CORALINE (3)

  23 Junio 2009
Coraline
Título original: Coraline
País, año: Estados Unidos, 2009
Dirección: Henry Selick
Producción: Claire Jennings
Guión: Henry Selick, basado en el libro de Neil Gaiman
Fotografía: Paul Gentry, Peter Kozachik
Música: Bruno Coulais y They might be giants
Montaje: Christopher Murrie, Ronald Sanders
Intérpretes: Animación
Duración: 100 minutos
Distribuidora:  Focus
Estreno: 5 junio 2009
Página web:  http://www.coraline.es/
 

Eclecticismo de clásicos
Escribe Ángel Vallejo

Henry Selick, realizador de 'Los mundos de Coraline', parece buscar el respaldo de los clásicos para sustentar sus guionesHay realizadores que parecen trazarse un camino y asumir que lo que ha funcionado bien en una ocasión puede seguir funcionando en otras. Así como Frank Darabont gusta de adaptar novelas de Stephen King, con lo que se asegura el respaldo de posibles (y sólo posibles) buenas historias para contar, Henry Selick, realizador de Los mundos de Coraline, parece buscar el respaldo de los clásicos para sustentar sus guiones.

Así, nos encontramos con que su Pesadilla antes de navidad (1993), está basada en una historia de Tim Burton, un clásico moderno pero con reminiscencias góticas innegables, mientras que James y el melocotón Gigante (1996) se apoya en un relato de Roald Dahl, autor que a su vez inspiraría Charlie y la fábrica de chocolate (2005) del antes mencionado Burton.

Será con la irregular Monkeybone (2001) cuando Selick empiece a buscar inspiración en el cómic siniestro, primero de la mano de Kaja Blackley y más tarde del también gótico Neil Gaiman, a la sazón responsable de la historia que da origen a Los mundos de Coraline, pero también de la de Stardust (Mathew Vaughn, 2007) y por añadidura escritor del guión de Beowulf (Robert Zemeckis, 2007).

El abuso de las referencias cobra sentido en esta crítica cinematográfica, en la medida en que nos encontramos ante una historia trufada de iconos reconocibles

El abuso de las referencias cobra sentido en esta crítica cinematográfica, en la medida en que nos encontramos ante una historia trufada de iconos reconocibles en el imaginario de los cuentos populares de casi todos los tiempos, como si Gaiman y Selick hubieran querido hacer un refrito de todo lo visto a lo largo de sus años de eternos preadolescentes obsesionados con la lectura. Claro está que a los refritos hechos con dignidad y con clase se los denomina eclécticos.

En 'Los mundos de Coraline' podemos encontrar innumerables referencias a las novelas de Lewis Carroll En Los mundos de Coraline podemos encontrar innumerables referencias a las novelas de Lewis Carroll que tienen por protagonista a una niña (Alicia) que, viajando a través de los sueños, traba amistad con un gato que habla, se introduce a través de una puerta minúscula hasta un mundo fantástico donde conoce a personajes curiosos, o bien las flores cobran vida, además de tener la capacidad de atravesar un espejo que la conducirá a los dominios de una reina malvada.

Pero también nos tropezamos con una realidad adaptada a los nuevos tiempos en los que una de las más recurrentes obsesiones de los realizadores norteamericanos es la de retratar una familia que apenas encuentra tiempo para atender a sus hijos, atosigada como está con el trabajo de la vida real. El mensaje, aunque cansino, adquiere aquí una nueva perspectiva en la medida en que tal abandono tendrá consecuencias incluso para ellos mismos, que se verán implicados en las correrías de su vástago, una niña que aburrida e intrépida buscará escapar de la monotonía y la desatención adentrándose en el peligro. La responsabilidad es entonces una cosa de ambos y tanto Coraline como sus padres habrán de reconsiderar sus relaciones de in-dependencia como algo más que la satisfacción mero egoísmo.

'Coraline' no es una película infantil más que en la forma

Y es que como suele suceder últimamente, Coraline no es una película infantil más que en la forma, un clásico largometraje de animación en stop motion aderezado con el reclamo de las más que efectivas (y sorprendentes) tres dimensiones que pueden hacer las delicias de los más pequeños sólo si son lo suficientemente mayores como para no asustarse. Porque Coraline asusta. Quizá no a los más acostumbrados a regodearse con la tensión, el sobresalto y el pánico, pero sí a los niños que no puedan llegar a comprender cómo una madre pueda transformarse en un ser despreciable y cruel con botones cosidos a los ojos.

'Coraline' resulta un ejercicio de estilo casi impecable, de imaginación visual (no tanto argumental) desbordanteSalvado ese pequeño inconveniente, sólo reseñable en la medida en que uno desee acudir con niños muy pequeños al cine, Coraline resulta un ejercicio de estilo casi impecable, de imaginación visual (no tanto argumental) desbordante, pero quizá un tanto lastrado por un ritmo que no acaba de despegar hacia cotas más altas hasta que la acción no se recrudece e incluso se desborda. Quizá sólo en esto se echa en falta la mano de Burton, un verdadero maestro en lo que respecta al desarrollo de los tiempos al que tendremos ocasión de ver en ¿lo adivinan?... una nueva adaptación de Alicia en el país de las maravillas.

No obstante, la película de Selick guarda aún suficientes estímulos como para ser considerada una obra recomendable: una banda sonora excelente, un despliegue visual muy estimulante, unos personajes simpáticos y entrañables encarnados en los diversos vecinos (no desprovistos tampoco de ciertas connotaciones adultas, como la marginación, las rivalidades e incluso la locura) y una técnica combinada que puede hacernos ver hacia dónde se encamina el futuro del cine de animación, por no hablar de una invitación muy seria a revisitar los clásicos literarios en los que se inspiran estas modernas aventuras.

Un clásico largometraje de animación en stop motion aderezado con el reclamo de las más que efectivas (y sorprendentes) tres dimensiones