GRIZZLY MAN (4)

  12 Diciembre 2006

Título original: Grizzly man
País, Año: EE.UU, 2005
Género: Documental
Dirección: Werner Herzog
Guión: Werner Herzog
Producción: Real Big Productions, Discovery Docs
Fotografía: Peter Zeitlinger
Música: Richard Thompson
Montaje: Joe Bini
Duración: 104 minutos

Hombre vs. Naturaleza
Escribe Alex Sebastian

Sin duda nos hallamos ante una de las mejores películas de la temporada, si no de las del año, y donde una vez más se muestra la magistral autoría del veterano cineasta alemán Werner Herzog, cuya obra acertada o no, siempre insiste en expresar su pensamiento, sus ideas y reflexiones sobre esa visión que tiene sobre el hombre como pasión inútil y su entorno, la naturaleza, que envuelve y devasta sus enloquecidos proyectos. Frente a tanta inanidad cinematográfica que inunda nuestras salas, Herzog hace un cine que le honra a él y que honra al cine.

Nos cuenta la historia de Timothy Treadwell, un hombre (yo pienso que estaba como un cencerro) que pasó los últimos trece años en contacto casi físico con los feroces osos pardos llamados en inglés grizzly bears y cuyos restos, junto con los de su novia, aparecieron en el 2002 en la reserva de Alaska. Uno de sus “queridos” osos se había encargado de descuartizarlos y devorarlos. El filme esta montado con fragmentos rodados por el mismo protector de osos y por entrevistas que el propio Herzog grabó con él, de modo que en el espectador se siembra la duda sobre si lo que está viendo es un documental auténtico o falso. Al final, se consigue lo que el cineasta quiere: una profunda reflexión sobre la pasión del hombre y sus imposibles empresas y su relación imposible con la naturaleza. Tema constante y continuo que Werner Herzog ha presentado en otras de sus célebres películas, como son Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo o Cobra verde.

El documental retrata a Treadwell como un hombre profundamente desequilibrado, sin conexión con la realidad, que prefiere vivir con los osos para no enfrentarse a sus demonios internos, sus complejos y contradicciones. Como el demonio de una posible homosexualidad no admitida, que él mismo sugiere en el filme.

No obstante, si era o no homosexual, poco importa. Al cineasta alemán lo que le interesa es el retrato de un ser atormentado que huye de una sociedad en la que no encaja, y que trata de sublimar sus problemas con el subterfugio de una lucha por sus ideales, en este caso la protección de los osos pardos. La intención de Herzog es contar la vida de un hombre que pretendía conocer el lenguaje de las fieras salvajes, que creía tener el don de hacer llover a través de la oración y que dormía en su tienda, a la intemperie, abrazado a su oso de peluche. Un hombre que se enfrenta a la sociedad en la que vive, se aísla de ella y que en su huida hacia adelante intenta aliarse con la naturaleza que, sin embargo, en su mutismo moral, le da la espalda cuando no lo destruye.

El filme está lleno de imágenes compuestas con cierto esteticismo, recogiendo la misma voluntad de hacer “pinitos” con el lenguaje fílmico que Treadwell tenía cuando rodaba sus reportajes sobre los osos. Las entrevistas que hace Herzog empiezan y acaban con tiempos muertos donde vemos a los entrevistados en su total autenticidad, despojados del disfraz de pose que se hace delante de la cámara. Cuando parece que el filme es un documento que retrata con crueldad la vida de este verdadero chiflado, descubrimos que, sin embargo, la película respeta a este extraño personaje e incluso lo trata con delicadeza y ternura.

Frente a la visión que aquél tiene de la naturaleza –ésta aparece siempre excesivamente humanizada, a estilo de los filmes de Disney–, Herzog es muy consciente que esta naturaleza que nos deslumbra por su belleza, es a la vez cruel e insensible, provocando la muerte cuando la necesidad o el instinto imperan, condenando al fracaso al hombre soñador que ha pretendido dominarla.