EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA (4)

  12 Diciembre 2006

Título original: The wind that shakes the barley
País, Año: Irlanda/Gran Bretaña/Alemania/Italia/España, 2006
Dirección: Ken Loach
Intérpretes: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunningham, Orla Fitzgerald, Mary O´Riordan, Mary Murphy, Roger Allam, Laurence Barry, Damien Kearney
Guión: Paul Laverty
Producción: BIM Distribuzione, Filmstiftung Nordrhein-Westfalen, Pathé, Element Films, Bord Scannán Na Èirean, Irish Film Board, UK Film Council, Matador Pictures, Regent Capital, CineArt, TV3 Ireland , Film Coop
Fotografía: Barry Ackroyd
Música: George Fenton
Montaje: Jonathan Morris
Duración: 124 minutos

Enfrentamiento fraternal
Escribe Arantxa Bolaños

Todas las guerras son injustas, pero las que enfrentan a las familias son aún más trágicas.

Ken Loach refleja en este filme, perfectamente narrado y con un guión excelente de Paul Alberti, la justa lucha de un pueblo por liberarse de los opresores, invasores y colonialistas, pero también la propia reyerta entre hermanos, quizá la más deplorable de las beligerancias.

Como ya hizo en La canción de Carla (1996) y en Tierra y Libertad (1994), se posiciona en el lado del oprimido, pero con matices, pues no es un director maniqueo como le tacha la prensa manipuladora británica [1] , sino un decidido investigador de la verdad histórica y un divulgador de la doctrina liberadora y marxista de los pueblos. Él no esconde su ideología de izquierdas y su oposición a cualquier régimen dictatorial o capitalista, pero ante todo refleja con crítica y objetividad los hechos, sin dedicar concesiones a ningún bando. Así, muestra la violencia del ejército británico a la que sometió, después de la IGM, al pueblo irlandés; pero también refleja la justa respuesta y ataques de los irlandeses ante tanta agresión absurda. Los dos fueron violentos, y en una guerra se cometen atrocidades en ambos bandos, el problema es siempre que el que empieza invadiendo a un pueblo y unas tierras que no son suyas está provocando la legítima defensa de los autóctonos, a defenderse utilizando los medios necesarios para conseguir echar a los invasores.

La cinta está llena de frases antológicas, de rigor histórico y de objetividad, pues retrata los enfrentamientos de una forma alegórica a través de un personaje (encarnado por el inquietante Cillian Murphy) que poco a poco se decidirá por el combate como única forma de alcanzar la ansiada independencia.

Es una de las mejores cintas de Ken Loach, por su ideología, aunque algunos le tachen de demagogia; es su didactismo lo que le hace atrayente y lo mejor de él. Realmente es un cine conmovedor, que abre los ojos, que incita el diálogo y la reflexión, y ese tipo de cine no abunda en la actualidad. A la vez, es un cine técnicamente perfecto, con un desarrollo dramático que domina a la perfección.

Quizás, lo único que pueda encontrar regular en este filme es el montaje, que parece en muchas ocasiones brusco y forzado, pero en conjunto estamos ante una de esas películas que van a hacer célebre a este director que lleva 40 años realizando películas en TV y en el cine, que desde la década de los 90 empieza a ser conocido y difundirse sus películas internacionalmente y que, ahora, tras ganar merecidamente la Palma de Oro en Cannes, va a conseguir no sólo el prestigio de la crítica, que ya lo tenía (claro que de la crítica cinematográfica, no política) sino también del público. Porque esta cinta viene precedida de muchos ataques, pero son críticas ideológicas y políticas ante la filosofía de la película, que no es condescendiente en ningún momento con el poder británico. Estas críticas, provenientes del ala derecha británica, no hacen sino ahondar más en nuestra postura de considerar a Loach como un director independiente e inteligente que no pertenece a ninguna fuerza del poder sino sólo a la verdad y a defender a los oprimidos de cualquier país.

Como ya criticó en Tierra y Libertad (1994), aquí hace una reflexión sobre la lucha por la independencia de un pueblo y de las causas de su derrota, que no son sino la desunión y diferencias que siempre presenta la izquierda, dividida por pequeñas diferencias en lugar de unida por el enemigo común.

Esta idea está ejemplificada de forma simbólica representando a dos hermanos antagónicos en los que uno es un hombre de acción y otro de pensamiento, y los dos luchan contra los ingleses para conseguir la independencia y tener un estado irlandés gobernado por el partido que ganó las elecciones democráticamente. Más tarde, tras un tratado (que no es más que esclavitud disfrazada de libertad) que obligan los ingleses a firmar, hacen que se dividan los irlandeses entre tratadistas y liberadores, en fin, entre conservadores y marxistas, porque la lucha consiste ahora no en echar al ejército de sus tierras, sino en poder gobernar el país con los ideales socialistas del manifiesto del Sinn Fein que se resume en una idea: la tierra es de todos y de cada uno de los irlandeses.

La parte más trágica de la cinta empieza en este momento, cuando los hermanos (y no sólo los de sangre, aquí hermanos en su sentido más amplio) se dividen y se enfrentan. Aquí vemos semejanzas con la ideología republicana española y por ello los dos países se enfrentaron a una similar guerra civil, que no sólo no hay que olvidar, sino que por desgracia vivimos sus consecuencias en la actualidad. Porque los irlandeses no han conseguido aún su independencia justa, ni los republicanos españoles gobiernan el país el día de hoy.


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[1] A propósito de las críticas recibidas Ken Loach respondió: “Obviamente les hemos herido con la película y todo es porque ellos no pueden asumir el hecho de que el Imperio Británico sea cuestionado. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de destapar los errores y la brutalidad de nuestros líderes, del pasado y del presente”.