VOLVER (3)

  12 Diciembre 2006

Título original: Volver
País, Año: España, 2006
Dirección: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Penélope Cruz, Carmen Maura, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Chus Lampreave, Carmen Machi, Yohana Cobo, Yolanda Ramos, Antonio de la Torre
Guión: Pedro Almodóvar
Producción: El Deseo S.A.
Fotografía: José Luis Alcaine
Música: Alberto Iglesias
Montaje: Pepe Salcedo

El eterno retorno
Escribe Adolfo Bellido

Almodóvar, después de sus dos filmes anteriores, parece haber vuelto al mundo de sus películas esperpénticas. Y de sus idas y vueltas en busca de las mujeres. Aunque aquí aparezcan algunos temas nuevos, arropado el conjunto por una excelente realización donde todo aparece acoplado perfectamente.

El comienzo parece indicar que el tema principal de la película va a ser el de la muerte: un excelente travelling en el cementerio contrapuesto con música de zarzuela. En realidad lo es, porque todos los personajes giran alrededor de determinadas muertes, pero sobre ese tema domina el de la búsqueda del pasado que ha quedado atrás y que trata de emerger para explicar la verdad de unos hechos, que en realidad aparecen como confusos o falseados. Un pasado hecho de pequeñas claves que tienen cada uno de los personajes, distintas entre sí, y que todas ellas terminarán por aclarar la realidad de una existencia no tan feliz, ni tan bucólica como algunos piensan, sobre los habitantes de lugares perdidos en la geografía española y que han sido transformados por el tiempo.

De la locura de Don Quijote a la locura de una época actual donde la monstruosidad y los problemas familiares se lavan o se ocultan sin que salgan fuera. Sólo la verdad (como en Chabrol) y el ajuste de cuentas será posible referirlo a nivel de los seres más cercanos. Los tiempos han cambiado, pero el viento solano sigue soplando fuerte y poniendo en movimiento toda una serie de molinos que en vez de viento serán ahora modernas instalaciones eólicas que en su zumbido constante parecen rugir con su vocerío de gigantes en movimiento.

Un lugar parado en el tiempo, pero donde el hoy ha entrado con sus coches, sus televisiones, sus nuevas formas de vida, sin que parezcan haberse perdido muchas de las anteriores. Los velatorios inacabables, los besos sonoros que continuamente se aplican a las mejillas de las recién llegadas. Un mundo parado, donde se habla de apariciones, de misteriosos sucesos de un ayer tan lejano como cercano. Un lugar, en fin, casi irreal que sigue presente tratando de imponer su presencia. Las casas, los sitios, los lugares sobre los que una y otra vez habrá que volver porque son parte de una historia familiar llena de mentiras que de tanto repetirse hasta parecen reales.

Las películas de Almodóvar se centran (como las de Aranda) en las mujeres. Ellas son las dominantes, las que impulsan el mundo, las que sufren y también las que desde su escondite siguen siendo fieles a la familia. Ésta es probablemente su película en la que la mujer adquiere una importancia extraordinaria. Un conjunto familiar variopinto, al que a veces se unen algunas amigas, y que va explicando distintas clases de mujer: formas diferentes de enfrentarse a la vida o que la han vivido sumidas en el silencio de la vergüenza. Hay planos que explican todo un mundo, como ese primer plano de Penélope Cruz en la cama llorando mientras su marido se masturba al haber sido rechazado, o esos otros que expresan la incredulidad de una Lola Dueñas en un papel de excelente comediante. Los hombres que aparecen, escasos, o son meros elementos decorativos o dibujos caricaturescos del macho hispánico.

Está claro que a Almodóvar le preocupa la muerte. Nos ha hablado de varias en sus películas, pero nunca tan claro como ahora es el tema casi principal del filme. La muerte y su misterio. Aunque tal misterio no encierra en el filme más que un juego. El plano final, tan hermoso y relevante como el de La mala educación, deja claro que los “fantasmas” nunca lloran. Los que lloran son los seres que sufren, que callan en el silencio, o que dedican su vida, ya que no pueden hacer otra cosa, a cuidar a quién lo necesite de su círculo familiar. Espléndida esa fantasma tan revivida como misteriosa a la que confiere un valor extraordinario Carmen Maura, en una interpretación inolvidable.

Los sitios siguen presentes aunque son otros: en cualquier lugar vivido se esconde algún recuerdo, como en ese lugar cerca del Júcar donde quedará grabada una cruz explicativa de un hecho del que pocos sabrán su existencia.

Película sobre soledades, incestos, trabajadoras incansables, asesinatos sin castigo, sufrimientos, mujeres sin papeles que se prostituyen o niñas que casi están a punto de seguir repitiendo las historias del pasado. Sufrimiento, dolor pero dado de una forma esperpéntica, donde la deformación de todos da lugar a una película divertida, llena de situaciones disparatadas. He ahí, por ejemplo, por lo que este filme adquiere un sentido que no tenía Mujeres al borde de un ataque de nervios. Ahí el humor se buscaba como fuente de la historia, aquí el humor surge de lo insólito de las situaciones. Quizá en ese sentido estaríamos más cerca de ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, de la cual incluso se repiten más o menor parcialmente algunos temas.

Y, por si en otras películas no quedaba claro algo que ya había comentado (y concretamente respecto a Mujeres al borde de un ataque de nervios), el cine de Almodóvar tiene mucho que ver con el de Hitchcock. No sólo porque en algunos títulos haya tomado ciertos momentos o ideas de aquél, sino porque el ritmo del filme, el tono se enmarca dentro de la propia línea de Hitch. Está claro que aquí también hay alusiones a Chabrol, pero ya se sabe que el francés es un gran seguidor del maestro desde su temática particular de la familia como elemento de “cierre”. Todo el ocultamiento, o traslado, del cadáver hace pensar en Pero ¿quién mató a Harry? o todo el juego del cuchillo y del posterior descubrimiento del muerto en Psicosis. Pero, insisto, no es sólo en estos detalles de película a los que tan aficionado es Almodóvar (copiar o homenajear aquellas escenas que el gustan), lo es también en la forma elegida para construir sus películas. Sería un tema interesante de estudio.

Aunque no es solamente lo anterior, ya que a Almodóvar, como conocedor de muchísimas películas, le gusta imitar como punto de referencia ciertos filmes que a él le impactaron. No es muy difícil encontrar la relación que existe entre “su” Matador y El imperio de los sentidos de Oshima; o cómo aplica la “atmósfera” de algunos títulos de cine negro a La mala educación; cómo en muchos momentos se plantea cierta trama de Eva al desnudo en Todo sobre mi madre; incluso realizando un juego de palabras con el título original del filme de Mankiewicz, cuya exacta traducción al castellano sería Todo sobre Eva.

Pues bien en Volver también relaciona su filme con un determinado tipo de cine, como puede ser el cine italiano, incluso a uno de sus personajes –el de Carmen Maura– quiere identificarlo con alguna de las grandes actrices italianas. Así en un determinado momento aparecen en la pantalla del televisor imágenes de Bellísima de Visconti. De todas maneras, en el último filme de Almodóvar existen muchos más tics hacia cierto tipo de cine italiano, como podrían ser varias de las escenas del pueblo (velatorio, primera visita a la tía, las calles barridas por el viento) y a otro tipo de “diva” italiana, como puede ser Sofia Loren, emulada nada más y nada menos que en el personaje de Penélope Cruz.

En cierta manera el planteamiento del director puede recordar al camaleónico Woody Allen, por la necesidad que ambos tienen de recoger unos determinados títulos y adaptarlos a su estilo. Pero en Allen la referencia se reduce a pocos realizadores, mientras que Almodóvar la amplía de manera sustancial. De todas formas, los dos realizadores saben referenciar y huir de la copia para construir su propio “mundo”. El de Allen, además, se nutre de referencias literarias. Pensemos en el último filme del americano que nos ha llegado tratando de construir un personaje masculino a semejanza del protagonista de Extraños en un tren y planteando ciertas tramas que van desde lo cinematográfico (Un lugar en el sol) hasta lo literario (Crimen y castigo)

Volver nos habla de las vueltas constantes al mismo lugar, para tratar de reconstruir un pasado distinto al ocurrido. Pero los años han pasado y las personas son otras. Para bien o para mal el pasado es imposible de ser alterado. Fue como fue. Pero ese pasado está influyendo de manera decisiva en las vidas de los personajes. No se puede huir de él, somos supervivientes o herederos de unas determinadas actuaciones, violencias, sensaciones que vivimos. Y el hoy ha creado una maraña de conflictos difíciles de resolver si de todas formas se buscan las razones de todo lo que entonces se produjo, fue y existió. Algo que probablemente, en el recuerdo distante, aparece de forma muy distinta a como realmente ocurrió. Pasados que quedan grabados como los hierros que marcan las reses. Lugares perdidos en el tiempo, que siguen con sus costumbres, sus obsesiones, sus mentiras, ignorando el otro mundo, aunque unos y otros terminan por mezclarse.

Filme tan trágico como divertido, tan esperpéntico como doloroso. Lastima que Almodóvar sigue queriendo ser demasiado explícito en sus imágenes. Algo que su ídolo Hitch nunca lo fue. Sirva como ejemplo ese plano redundante, casi de primerizo, en que vemos cómo Penélope Cruz lava, entre todas las piezas de la cena, un cuchillo. Una forma elemental de explicar, o de adelantar, una escena posterior. Tan innecesaria como ingenua. No es el único de sus errores, gusta de ellos, pero la mayoría quedan olvidados entre los variados y excelentes hallazgos e ideas que hay en el filme.

Desde luego Almodóvar, que empezó haciendo películas horribles, está demostrando película a película, cada vez con mayor claridad, que es un realizador importante. Volver no es una obra maestra pero sí una buena película que, en voz baja, nos dice muchas más cosas de lo que aparentan sus divertidas y chocantes imágenes. Insuperable, ¡como no!, la interpretación de todas sus mujeres, que muy justamente han recibido, en conjunto, el premio de interpretación en el festival de Cannes.