VOLANDO VOY (2)

  12 Diciembre 2006

Título original: Volando voy
País, Año: España, 2005
Dirección: Miguel Albaladejo
Intérpretes: Borja Navas, Fernando Tejero, Mariola Fuentes, Álex Casanovas, Mar Regueras, José Luis García-Pérez
Guión: Miguel Albaladejo, Juan Carlos Delgado
Producción: Bailando en la Luna, Estudios Picasso, Mediapro, Sogecine
Fotografía: Alfonso Sanz Alduán
Música: Lucio Godoy
Montaje: Pablo Blanco

La realidad supera a la ficción
Escribe María Sánchez González

Existen ciertas historias reales y vidas de personajes de carne y hueso dignas de llevar a la gran pantalla, o eso parece, en un año en el que se han producido numerosas cintas biográficas –y no sólo en nuestro cine, como lo demuestran las candidaturas a los Óscar en el mes de marzo–. Ahora es Miguel Albaladejo el que, tras Rencor o Cachorro, se suma a esta tendencia y lleva a la gran pantalla la historia de Juan Carlos Delgado, El Pera, el niño que con tan sólo 11 años se convirtió, a principios de la década de los 80, en uno de los delincuentes más buscados del extrarradio madrileño.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, la cinta, aunque con aspectos que merece la pena reseñar como la magnífica ambientación temporal que sitúa al protagonista como el mito de una época, no resulta convincente para un espectador que asiste confundido a una mezcla cuyos quizás demasiados ingredientes impiden que pueda saborearse con detalle cada uno de ellos.

El propio Albaladejo manifestó en su día su intención de hacer una película “completa” con espectáculo, con comedia, intimismo, historia de amor y drama. Pero parece que lo que se perfila como una de las grandes tentaciones del cine español actual, la mezcla y la inclusión de excesivos géneros en una misma historia, se repite aquí. El resultado final es una historia llena de altibajos escénicos e interpretativos, de un ritmo irregular, que a veces va, como el protagonista, “volando” y que otras aburre o se reitera hasta la saciedad, con una narración que apuesta por comenzar con un flash-back nada enriquecedor sino, al contrario, desconcertante.

Si examinamos cada uno de los ingredientes de la cinta, tal vez sea el espectacular el que hace que la receta no termine de “cuajar”; así, en una de las escenas en las que más parece haber trabajado el director, la persecución al coche de los jóvenes delincuentes por las estrechas calles de Toledo, se aprecia, si no la falta de recursos para las secuencias de acción de nuestro cine, sí al menos errores que podían haberse corregido, como el escaso dinamismo en los planos y en el montaje de los mismos, por un lado; y la excesiva estaticidad de los cinco personajes en el interior del vehículo, motivada tal vez por un insuficiente trabajo en la dirección de actores. Y todo ello se traduce en una secuencia falta de credibilidad.

De un modo similar, en un intento de añadir una historia de amor al guión, la relación entre El Pera y la joven treintañera interpretada por Mar Regueras carece de verosimilitud y de justificación en el relato. Tal vez lo que se persiga con esta historia, entre lo materno y lo sensual, es reflejar, primero, el vacío afectivo de un niño incomprendido por su familia y, segundo, la pérdida de la inocencia de quien, además de robar, hace cosas que no son propias de su edad, como meterse en la cama con una mujer desnuda. Sin embargo, en ésta se atisba otro de los puntos débiles del filme, la indefinición de los personajes secundarios, de los que podría incluso prescindirse.

Así, en el propio entorno familiar de El Pera, recreado de un modo acertado y fiel a la época (son dignos de mención los vestuarios o las celebraciones familiares, como la de la comunión de la hermana de éste), Mariola Fuentes encarnará a una madre anulada por su marido, un personaje que tal vez no aporta demasiado a la cinta pero que parece haberse creado para reforzar el carácter del cabeza de familia, al que da vida un Fernando Tejero que se ha pasado, en esta ocasión, al drama.

Un drama centrado, además de en las relaciones familiares del protagonista, en sus vínculos con los que parece considerar su verdadera familia, unos amigos que se presentan, en parte, como las malas influencias que lo llevan a convertirse en un “bala perdida” y cuyo final representa la cara más dura de la realidad, una realidad donde el protagonista parece ser el único superviviente.

A pesar de que los diálogos entre los chicos rozan lo inverosímil en ocasiones, sobre todo si los comparamos con otras películas recientes sobre jóvenes marginales como El Bola o Barrio, y de la relativa brusquedad con la que asistimos a la transformación o rehabilitación del protagonista en el desenlace de la cinta, Borja Navas, encargado de interpretarlo, consigue conmover al espectador en los planos finales junto al que se presenta como su salvador, el tío Alberto de la “Casa de los muchachos”, en los que, por primera vez, el delincuente conductor seguro de sí mismo deja paso al niño asustado y con miedo, consciente de sus actos.