JARHEAD, EL INFIERNO ESPERA (2)

  12 Diciembre 2006

Título original: Jarhead
País, Año: EE.UU, 2005
Dirección: Sam Mendes
Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Peter Sarsgaard, Lucas Black, Jamie Foxx, Chris Cooper, Evan Jones, Brian Geraghty, Jacob Vargas, Laz Alonso
Guión: William Broyles Jr.
Producción: Universal Pictures, Red Wagon Productions, MP Kappa Productions, Neal Street Productions
Fotografía: Roger Deakins
Música: Thomas Newman
Montaje: Walter Murch
Duración: 123 minutos

Sinsentido bélico
Escribe Daniela T. Montoya

¿Quién puede querer alistarse a los marines? ¿Cuáles pueden ser los motivos para querer formar parte de la famosa élite de las fuerzas armadas de Estados Unidos? Y, lo más importante, ¿qué aspiran encontrar y, finalmente, qué hallan los soldados en el ejército? A estas preguntas parece dar respuesta Sam Mendes en Jarhead, el infierno espera (2005), película basada en las memorias escritas por el ex-marine Anthony Swofford. Centrada en las vivencias personales de este joven (coloquialmente llamado Swoff) que interpreta Jake Gyllenhaal, Jarhead es un panfleto que pretende echar por tierra todas las fantasías y glorias que sueñan conseguir todos los cabeza-bote a los que dan título la película y que aspiran triunfar en la vida empuñando un fusil.

Siguiendo la estructura clásica de introducción, nudo y epílogo, Sam Mendes va echando por tierra el halo de fascinación que rodea a los marines a base de evidenciar las acciones más denigrantes, absurdas y surreales que realizan estos hombretones durante su proceso de entrenamiento y posterior despliegue bélico. Despachando en los minutos iniciales la confluencia de posibles motivos por los que el joven protagonista se pueda alistar en el ejército (la presión subliminal de ser hijo y nieto de ex-marines, escasas posibilidades de tener un futuro académico mínimamente brillante, un ambiente familiar claustrofóbico, la atracción que produce formar parte del selecto grupo admirado por la mayoría de la sociedad estadounidense), y concluyendo con el obligado retorno e inserción en la vida civil (donde ya no hay cabida para heroicidades y tan sólo queda, como ejemplifica el veterano que se les une en el autobús, rememorar los pasados “buenos” tiempos antes de morir), la mayor parte del metraje se entretiene exhibiendo exacerbada estupidez, aburrimiento a raudales y explosiones constantes de testosterona en mitad del desierto.

A pesar de recrear, desde le punto de vista de los soldados estadounidenses, la Guerra del Golfo del verano de 1990, Jarhead no es una película bélica al uso (el enemigo, básicamente, es inmaterial y, por tanto, los tiros son de entrenamiento y las hazañas pertenecen a los hitos del pasado) ni tampoco pretende inmiscuirse en cuestionar la (in)corrección del conflicto como hicieran, respecto a Vietnam, Platoon (1986) y Apocalypse Now (1979). Para Sam Mendes el objetivo de esta película parece pasar, por una parte, por desmitificar el halo de admiración que rodea a los marines a la vez que, por otro lado, evidenciar cómo la desorientación inicial de los chavales que se enrolan se va transformando en frustración a medida que el tedio hace mella en su moral y día a día van cobrando conciencia del sinsetido de su misión. Aferrados a los grandes hitos heroicos que han visionado en las películas, estos jóvenes soldados pasan los días matando el tiempo como buenamente pueden hasta que llegue el momento de poner en práctica todo aquello para lo que se han estado entrenando duramente, pero la realidad es que el gran día de entrar en acción pegando tiros contra el enemigo nunca llegará. Todo su esfuerzo y preparación ha sido absolutamente en vano. La guerra, para ellos, seguirá siendo algo vergonzosamente irreal.

Parapetado tras la excusa de basarse en un libro autobiográfico para narrar el punto de vista existencial de un individuo, Mendes recurre de nuevo a la provocación utilizando un estilo visual impactante, con una fotografía extremadamente estilizada y una narración abrupta que incide en los absurdos de la experiencia vital. El resultado de esta atípica película bélica es la sustitución de las bombas por las explosiones visuales, las arengas heroicas por la obscena ignorancia de los soldados, la acción entretenida por el aburrimiento y la castración simbólica. Finalmente, tras soportar un cúmulo de improperios y amplificaciones del disparate, cabe preguntarse si los medios formales utilizados se ajustan adecuadamente a los intereses del director.