DESAYUNO EN PLUTÓN (2)

  12 Diciembre 2006

Título original: Breakfast on Pluto
País, Año: Irlanda, Reino Unido, 2005
Dirección: Neil Jordan
Intérpretes: Cillian Murphy, Liam Neeson, Brendan Gleeson, Ian Hart, Eva Birthistle, Ruth McCabe, Stephen Rea, Ruth Negga, Laurence Kinlan, Gavin Friday, Bryan Ferry
Guión: Patrick McCabe, Neil Jordan
Producción: Parallel Film Productions Ltd.,
Number 9 Films
Fotografía: Declan Quinn
Montaje: Tony Lawson
Duración: 135 minutos

Opciones y búsquedas
Escribe Adolfo Bellido

Jordan es un realizador irregular, capaz de dotar a sus filmes, o a algunos instantes de ellos, de una atmósfera inquietante o referencial de unos determinados estados anímicos, como si tratase de reflejar el subconsciente de sus personajes. Eso y algunas escenas notables, bien resueltas, en si duda lo mejor de su cine, que no acaba por redondear las propuestas notables que parecen querer posesionarse de su obra. Junto a ello aparece (y quizá por esa propensión a interiorizar lo recóndito de los personajes) un cierto carácter onírico que a veces posee el encanto o el carácter inquietante de los cuentos infantiles.

En la presente ocasión parte de una novela autobiográfica de un hombre que desea ser mujer, y que como tal termina viviendo. El/La autor/a del relato ha intervenido en el guión del filme. Ajustándose a un esquema novelístico, la película está divida en determinadas partes, correspondientes a capítulos del libro. Unos muy cortos, otros amplios, algunos insuficientes, otros redundantes y, en fin, algunos muy conseguidos.

Desde el inicio la película parece casi de cuento, con el niño abandonado a la puerta de la casa... de un sacerdote. Desayuno en Plutón, trata de ir analizando los cambios de una determinada sociedad como es la irlandesa entre los años sesenta y ochenta al tiempo que asistimos a la evolución y encuentro del personaje principal consigo mismo.

Diversos momentos desde su infancia van marcando toda su propensión al encuentro con su personalidad femenina (¿quizá ello suponga el encuentro con esa madre que no ha conocido y en la que él/ella parece concretarse?). Con cierta influencia de Michael Winterbottom, la película sigue de manera aparentemente inconexa todo el mundo que rodea al personaje y que se concreta en los ambientes nocturnos, en el contacto con grupos musicales y en la presencia de la lucha de los irlandeses contra los ingleses. Si algunos episodios resultan precipitados y demasiados superficiales dentro del tratamiento de esta lucha, en otros se plantea todo el horror y la barbarie de unos y otros grupos. En el primer aspecto podríamos hablar del escondite de las armas en una casa más o menos perdida; y en el segundo, momentos tan representativos e intensos como el del atentado a una discoteca londinense. Momento este, junto a otros del filme, rodado con cierto tono de irrealidad como corresponde a ese mundo que a Jordan tanto le gusta reproducir. Naturalmente sin que ello evite la representación de ciertos momentos imaginarios, nacidos desde la lógica de unos hechos que ocurrieron. Pero ¿de qué manera? Búsqueda irónica al fin y al cabo de una serie de relaciones ocultas y de las que en principio se ignora casi todo.

De todas maneras toda la película resulta, por momentos, demasiado esbozada, simplificadora y, sobre todo, demasiado distanciadora respecto a los personajes y momentos representados. Entiendo que eso está en función de un intento de llevar al espectador a un análisis mayor de lo que acontece, evitando que los sentimientos de los personajes, y por tanto las emociones, trasciendan a la pantalla. De ahí que resulte difícil entrar en el filme, y que resulte dificultoso seguirlo en demasiados momentos. Sus rupturas narrativas, a base de capítulos, se mueven también en ese sentido.

Es raro encontrar un filme sobre la homosexualidad honesto, evitando los múltiples tics con los que suelen adornar estas historias. De una manera “natural”, por ejemplo, van teniendo lugar tanto las relaciones del protagonista con sus parejas como con el mundo que le rodea, que no siempre admite su “pose”. En este sentido, la película representa sin estridencias un tipo de opción sexual sin que se dé paso a conceptos como moralismo o culpabilidad. Algo que también sirve para mostrar a los otros personajes: sacerdote, terroristas... Todo ello formaría parte del distanciamiento utilizado por Jordan.

Pero por encima de la historia del personaje aceptando desde su niñez su posición sexual –difícil expresar la homosexualidad en una sociedad tan conservadora como la irlandesa–, se encuentra la búsqueda desesperada de la madre que le abandonó nada más nacer. La verdad (como su vida) se le va presentando de una manera dura. Un misterio que ahora va saliendo a la luz con todo lo que lleva consigo de dolor y culpa. Uno de los (excelentes) instantes del filme es aquél que muestra la confesión del sacerdote al protagonista en el lugar donde éste último trabaja, un peepshow y que se contrapone con las primeras escenas de las confesiones del protagonista niño al mismo sacerdote: alguien delante y alguien detrás de una celosía o cristal, la “puerta” que se abre para enfrentar a los personajes, uno arrodillado...

Los últimos capítulos nos remiten al encuentro con la madre. Él sabe con quien habla, ella no. Un momento preciso y estupendamente conseguido que se enriquece con la presencia de esos hermanastros que nunca sabrán quién ha estado en su casa proponiendo una desconcertante encuesta. El conocer a la madre supone además de un deseo una liberación. Desde ese momento, el personaje será más él mismo. Se ha enfrentado a alguien soñado y se ha mirado en él, desde su representación de mujer, como una mujer.

Película curiosa, irregular, nada pretenciosa, y sobre todo, como la mayor del cine de Jordan, combativa, tratando de enfrentarse a un tema duro, nada convencional y que, en determinados casos, puede resultar molesto para ciertos espectadores. No muy distinto de cómo se debieron sentir ciertos irlandeses que convivieron con este personaje. Un filme con limitaciones que, como casi siempre en Jordan, da menos de lo que promete. La gran historia se queda en esbozo de esa enorme película que se presiente. Y es que Plutón, metafórico y enigmático, aparece distante y, por momentos, indiferente.