Categoría: Sin perdón

Lo tuyo y tú (4)

  24 Abril 2017

Las patologías del amor

lo-tuyo-y-tu-0Hong Sangsoo ha construido con esta película una fascinante parábola sobre el amor. O mejor aún, sobre el enamoramiento, esa forma de enfermedad mental que nubla la vista, que impide percibir la realidad tal cual es, que es gozosa y dolorosa a la vez, que arrebata y transporta hasta comportamientos disparatados. El enamoramiento es la peculiar forma en la que se vive el amor, y sobre eso versa la película del director coreano.

Como toda vivencia, también el enamoramiento es subjetivo, y narrarlo supone adentrarse en las particularidades de una visión concreta que atrapa, modifica y digiere los rasgos objetivos que ante sí se presentan. Se trata de adentrarse en un punto de vista, ofrecer un enfoque, asumir la distancia con la realidad.

En su anterior película, Ahora sí, antes no, esa tarea se asumía de forma programática. Y se hacía de la manera más explícita posible. Una misma historia era contada dos veces de tal forma que las ligeras variaciones de una respecto a la otra delataban la manera en la que los dos protagonistas la vivían.

Ese modo canónico de contar aparece en Lo tuyo y tú totalmente subvertido. Pero no por ello abandonado. En un reto narrativo mayúsculo, Sangsoo ha decidido plasmar la privacidad y la diversidad de los puntos de vista desde la objetividad, y el éxito de su empresa es lo que convierte a esta película en una auténtica joya. Con la cámara fija (casi) y enlazando unas pocas secuencias en las que los protagonistas se limitan a hablar, parece como si se quisiera dar testimonio fehaciente de lo real, de lo objetual.

Sin embargo el director utiliza dos leves recursos para cuestionar esa aparente realidad. El primero es la inclusión de transiciones en negro entre algunas secuencias, lo que rompe la presunta fluidez y naturalidad del relato, y en segundo lugar las panorámicas y zooms que de repente vulneran la quietud observadora de la cámara. Con ellos dirige la mirada hacia un lugar concreto, obliga a seleccionar e ignorar, anunciando así la parcialidad de lo mostrado, destruyendo la aparente objetividad.

La caótica historia que se nos cuenta, abordada desde una distancia casi neutral, sin referencias que permitan encontrar la solución al enigma, responde al caos insoluble que representa la manera en que los protagonistas viven su enamoramiento. Y en ese desorden la imaginación tomará las riendas y desplazará al conocimiento al reino de lo intrascendente, de lo insignificante.

Cuando Minjung, harta de las sospechas y presiones a las que la somete Youngsoo, decide abandonarlo, el mundo de éste se desmorona. Su amor no desaparece, sino que se convierte en un angustioso intento por recuperarla, al mismo tiempo que las advertencias de sus amigos van poblando su mente de fantasmas. Sus obsesiones, su ansia, sus miedos, conviven para dar forma a una visión de su enamorada entre absurda y malévola.

Sangsoo lo muestra con una sutileza y un acierto encomiables. Los diferentes encuentros de la mujer en los bares, su predisposición a entablar conversación con desconocidos, sus veleidades con el alcohol, no son sino la proyección de lo que atormenta a su novio. No son necesarias ni la voz en off ni las alteraciones de la imagen para indicar una cesura en el discurso, porque todo él está articulado desde la perspectiva doliente del novio abandonado.

Vemos así cómo este ser desgarrado (el pie lesionado, sin que tengamos noticia de las causas de la lesión, y que aparece en el momento del abandono, da cuenta metafórica de la merma que su persona está experimentando) teme el olvido de su amada, su sustitución por otros amantes, y cómo recela de que una vez reencontrada no sea la misma que lo dejó, que se haya transformado en una persona desconocida.

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Pero también está contenido el punto de vista de Minjung. Se siente enjaulada y su decisión es una huida hacia la libertad. El control sobre lo que bebe, que su novio se cree con derecho a ejercer, o la obsesión por los rumores respecto a sus flirteos con otros hombres representan la prisión en la que no está dispuesta a seguir viviendo. De ahí que en su nueva vida se vea a sí misma vulnerando los controles a los que era sometida, explayándose en lo prohibido. Pero sobre todo se esfuerza en negar su categorización, o, dicho de otra manera, en devaluar el conocimiento.

Minjung reitera una y otra vez que ella no es quien parece ser. Insiste en que no conoce a quienes la interpelan, o se inventa una hermana gemela, y de esta manera se sustrae a la cosificación que la amenaza. El conocimiento, que ella desdeña de manera explícita, reduce la realidad a unos límites inquebrantables, ofrece un esquema que impone su lógica y acota lo que es y lo que será. Al negarlo la joven recupera sus posibilidades, escapa a la coerción y asegura su libertad. Saber exactamente quién es Minjung, si es o no quien dice ser, es justamente dinamitar la barrera que ella interpone con quienes pretenden dominarla, y es por eso que la película no puede hacer otra cosa que dejar todas esas cuestiones irresolutas, por cuanto es la visión de ella la que se nos ofrece.

Y por otra parte la imposibilidad que los distintos personajes masculinos tienen para apresar lo que Minjung sea no delata sólo la voluntad dominadora, sino su incapacidad para comprender el universo de esta mujer, y por extensión de la Mujer, la distancia que existe entre éste y sus torpes pretensiones. Lo tuyo y tú se alza así como un rendido homenaje al enigma eterno de lo femenino anhelado y desconocido, perseguido pero, al fin, dominador.

Sin embargo, más allá de todo ello, de los afanes y las miserias, existe el amor, y el amor acabará imponiéndose. En uno de los momentos más bellos de este hermoso filme, Youngsoo y Minjung, ya reencontrados, se confesarán que es su primera vez, y aunque no lo sea sí que lo es, por cuanto el olvido borra el pasado y al hacerlo le da una nueva oportunidad al futuro. Un futuro renovado en el que todo recomienza, en el que sus nuevas personalidades excluyen lo que fue y preparan el florecimiento de un nuevo amor. Un amor basado en la voluntad y no en el conocimiento, pues es aquella quien lo alimenta y éste el guardián amenazador que lo castra. Y una vela, sobre la que la cámara se desplaza, indica ese recomenzar del tiempo.

Magnífica película de un director que ya ha dirigido casi veinte largometrajes, pero que entre nosotros apenas empieza a conocerse. Su aparente sencillez no debe hacernos ignorar la riqueza que este filme atesora, y que requiere una contemplación sosegada y atenta para poder ser desentrañada. Ojalá nos llegue el resto de sus obras, pues a poco que no desmerezcan lo que conocemos el disfrute está asegurado.

Escribe Marcial Moreno  

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