El barón Misterio (Le baron mystère, 1918) de Maurice Challiot

  30 Enero 2015

El cine en episodios

baron-misterio-1En septiembre de 1908 la productora francesa Société Éclair, lanza el primer episodio de Nick Carter, película que se puede considerar inaugural de los films de episodios.

Se trata de una serie de films, dirigidos por Victorin Hippolyte Jasset, que están basados en el personaje de las novelas policíacas firmadas por el mismo protagonista, Nick Carter. Son seis películas, de aparición mensual, interpretados por André Liabel, Camille Bardou, Gilbert Dalleu y Josette Andriot, cada una de las cuales ofrece un episodio completo, todo acción y aventura, tal como prometía la casa productora en su material publicitario: “El género de las hazañas policíacas conviene maravillosamente al cine. Narración sencilla, encadenamiento lógico de los hechos, acercamientos rápidos, persecuciones, crímenes, asechanzas, raptos, etc., y todo ello es amplia materia cinematográfica”.

En todas ellas aparecían los mismos actores protagonistas y se mantenía una cierta unidad en el relato, razón por la cual se la considera la primera serie cinematográfica de la historia del cine.

Nick Carter se basa en el folletín publicado en The New York Weekly, desde 1884, en el que figura como autor el propio protagonista, Nicholas “Nick” Carter, que en realidad es un seudónimo bajo el que se ofrece la producción de diversos escritores, John Russell Coryell, Thomas C. Harbaugh, Frederick Van Rensselaer Dey y Frederick William Davis. En Francia estas novelas eran publicadas, con gran éxito, por el editor Eichler, en cuadernillos semanales, en cada uno de los cuales aparecía un relato completo.

Cada película de Nick Carter es acompañada, en los quioscos, de un episodio de las novelas originales, sirviendo, ambas apariciones en público, de mutuo apoyo de cara a mejorar sus carreras comerciales, que, por otra parte, son excelentes.

Los productores cinematográficos y los editores literarios se dan cuenta de este hecho, que para los films de episodios es muy beneficioso, pues permite prolongar su efecto con la aparición de la correspondiente entrega de la novela original.

La gran aceptación que tiene la serie lleva a la productora y al director a continuar con el personaje, por lo que, al año siguiente, 1909, realizan nueve películas más, que se presentan bajo el título genérico de Las nuevas aventuras de Nick Carter.

El éxito de público es tan grande que, rápidamente, la formula se copia en todo el mundo. Así, en Estados Unidos con Broncho Bill, en Dinamarca con Nat Pinkerton o Sherlock Holmes, en Gran Bretaña con Kit Carson o El teniente Daring, en Italia con Raffles, en Alemania con Stuart Webbs, etc.

La creciente demanda del público de este tipo de films es tal que la Société Éclair decide continuar con el esquema que ha inventado y lo prolonga dando vida a nuevos personajes, tales como Mat Pinkerton, Zigomar, Protea, Nick Winter, etc. 

En mayo de 1913, se estrena el primero de los episodios de Fantomas, serie con la que se abre el período de oro de este tipo de cine. Se trata de cinco películas, cuyos títulos son Fantomas (A l’ombre de la guillotine), Juve contra Fantomas (Juve contre Fantômas), La muerte que mata (Le mort qui tue), Los dos Fantomas (Fantômas contre Fantômas) y El fingido magistrado (Le faux magistral), producidas por Gaumont y escritas y dirigidas por Louis Feuillade, que se basan en las novelas de Pierre Souvestre y Marcel Allain, que llevaban publicándose desde 1911. Son films de una hora de duración, que están interpretados por René Navarre, Renée Carl, Bréon y Georges Melchior.

De nuevo el estreno de cada episodio va acompañado por la aparición de la correspondiente entrega mensual, en los quioscos y en las librerías de toda Francia.

El éxito económico es tal que el hecho es exportado a los Estados Unidos, donde se le da al mismo unas condiciones de funcionamiento tales que, a partir de entonces, se considerarán inmutables. Esto es, la simultaneidad del estreno de los episodios del serial y la publicación en la prensa, en forma de folletón, de los correspondientes capítulos de dicho episodio. Estos capítulos, posteriormente, se editan en un único volumen.

La primera vez que esto se lleva a cabo, en Estados Unidos, es en 1913 con Las aventuras de Catalina (The Adventures of Kathlyn), cuyo folletón aparece publicado en el Chicago Tribune y en todos los periódicos que están suscritos a sus servicios.

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La publicación de este folletón es un capítulo más de la lucha por hacerse con el público que mantienen los diarios Chicago Evening American y Chicago Tribune. El primero de ellos pertenece al magnate William Randolph Hearst y el segundo, uno de los más antiguos de Estados Unidos, a la familia McCormick. A las iniciativas de Hearst por hacerse con el mercado, que van desde organizar una banda de pistoleros para hacerse, revólver en mano, con los cruces de las principales calles de la ciudad, para que se puedan colocar sus vendedores, hasta lanzar diecisiete ediciones diarias del Chicago Evening American, el Tribune responde con otras varias. Entre ellas se encuentra la propuesta surgida de Walter Howey, redactor jefe, y Max Annenberg, director de ventas, que consiste en simultanear el estreno de los diferentes episodios de un serial cinematográfico con la publicación, en el Chicago Tribune, de un folletón de dichos episodios.

Puestos en contacto con el productor William N. Selig deciden que Harold MacGrath escriba el folletón diario en el periódico, basado en el guión cinematográfico de Wilson Willets, que dirigirá Francis J. Grandon e interpretará Kathlyn Williams.

El serial resultante, Las aventuras de Catalina, iniciará una doble andadura a partir del 29 de diciembre de 1913, en que, simultáneamente, se estrena el primero de los episodios cinematográficos que lo componen y se publica el primero de los capítulos del folletón periodístico.

El éxito de esta iniciativa es muy grande, pues el Chicago Tribune y los otros periódicos suscritos elevan sus tiradas en un diez por ciento, mientras que aumentan, incesantemente, las peticiones de nuevas copias de cada uno de los episodios cinematográficos.

Esta aparición, en paralelo, de la película y de su folletón, tiene un propósito claramente comercial, apoyándose en el deseo del público de volver a encontrarse con historias que ya conoce en un medio y a las que puede acceder en otro. La lectura del folletón, en un periódico o en una revista, permite al lector recrearse en esa acción trepidante, en donde se le han podido escapar detalles significativos de la trama. Además le permite seguir la continuidad de la historia argumental a través de los distintos los episodios, aunque no haya podido asistir a la proyección de alguno de ellos.

El éxito de Las aventuras de Catalina tiene como consecuencia que en el Chicago Tribune se cree un departamento para continuar con la iniciativa que tan buenos dividendos les ha dado. En esa línea Joseph L. Finn y Paul R. Kuhn, periodistas ligados a los McCormick, proponen una historia detectivesca, basada en cuatro elementos, dinero, misterio, amor y aventura, de segura aceptación por el público.

El título de la misma es El robo del millón de dólares (The Million Dollar Mystery), encargándose de llevarla a cabo el productor Charles Hite, presidente de la Thanhouser Film Corporation. Durante la primavera de 1914 se comienza el rodaje del serial, que tiene argumento de Harold Mac Grath, guión de Lloyd Lonergan, dirección de Howell Hansell e interpretación de Florence La Badie, James Cruze, Lila Chester y Creighton Hale.

El serial se extiende a lo largo de catorce episodios, que en algunos países, España entre ellos, se transforman en veintitrés, por acortamiento de cada entrega, para sacar el máximo rendimiento económico.

La publicación por el Chicago Tribune de noticias, falsas, en primera página, acerca de la desaparición de una rica heredera y la posterior aparición de la misma, sirven de lanzamiento al folletón The Great Missing Heiress, que se corresponde con el estreno del primer episodio del serial. El resultado es, de nuevo, espectacular en cuanto al número de lectores y de espectadores. Si el film ha costado 125.000 dólares recaudará más de millón y medio.

William Randolph Hearst decide contraatacar a estas iniciativas de su rival. Para ello firma un acuerdo con Charles Pathé, que había viajado a Estados Unidos para poner en orden las finanzas de la Pathé Exchange. Este acuerdo Hearst-Pathé comporta la realización de un serial de quince episodios y la publicación del folletón correspondiente en dos grandes diarios de la cadena del magnate periodístico, uno de la costa Este y otro de la costa Oeste. Igualmente se rubrica el compromiso de estrenarlo en todo Estados Unidos y, si la marcha económica de la exhibición de la serie es positiva, la posibilidad de realizar una segunda serie de otros quince episodios.

Hearst decide realizar un serial que deje en la sombra a todo lo que se ha realizado hasta ese momento, encargando al productor Theodore Wharton y a los argumentistas Arthur B. Reeve y Charles W. Goddard que pongan en marcha un serial, que recibirá el título de The Exploits of Elaine, y que tendrá la considerable duración de treinta y seis episodios.

Con guiones de Bertram Milhauser y George B. Seitz, dirección de Donald Mackenzie y supervisión general de Louis Gasnier, se comienza el rodaje, en 1914, interpretado por Pearl White (en España “Perla Blanca”), Creighton Hale, Sheldon Lewis y Arnold Daly.

Por diversas razones comerciales el serial original se divide en tres series, The Exploits of Elaine (14 episodios), The New Exploits of Elaine (10 episodios) y The Romance of Elaine (12 episodios).

La primera serie se realiza en 1914, proyectándose a partir del 29 de diciembre de 1914. Al año siguiente, 1915, se ruedan la segunda y la tercera serie, que se proyectan a partir del 5 de  abril de 1915 y del 14 de junio del mismo año.

Tras una intensa campaña publicitaria el estreno del primer episodio de la serie coincide con la aparición del primer capítulo, del folletón correspondiente, en el Chicago Herald, diario propiedad de Hearts.

En los países de habla no inglesa la casa Pathé decide que el serial reciba el nombre de Los misterios de Nueva York, al tiempo que sufre diversos remontajes.

Para el estreno, en París, de Les Mystères de New-York se encarga al escritor Pierre Decourcelle la novelización de los veintidós episodios, que aparecen publicados en Le Matin, uno de los diarios más populares y de mayor tirada de Francia, a partir del 27 de noviembre de 1915.

De esta manera, entre 1908 y 1920 el serial alcanza su máximo apogeo, con sus inverosímiles aventuras, sus eternas persecuciones, sus peligros infernales, con sus enfrentamientos entre “buenos” y “malos”, entre “héroes” y “villanos”, más allá de toda medida. Al comienzo eran films de episodios, en donde cada episodio consistía en una historia completa, pero todas ellas estaban relacionadas, pues los personajes y el ambiente coincidían.

Pero más tarde aquellas películas se transforman en seriales, es decir aventuras en donde cada entrega termina en un momento de suspense, que obliga a los espectadores a asistir a la semana siguiente, para saber qué es lo que le ha sucedido al protagonista.

Se trata de un producto de fuerte vocación comercial, que está íntimamente relacionado con otros productos de la cultura popular, tales como los folletones, las novelas de quiosco, los seriales radiofónicos, etc.

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Novelización del serial El barón Misterio

Se reproduce, a continuación, el argumento de este serial, tal como apareció publicado en el material publicitario editado por la distribuidora de la película en España, Casanovas y Piñol, con motivo de su estreno.

Este argumento aparece en un folleto, de 269 x 216 mm, que tiene 16 páginas, sin numerar, está impreso en la Tipografía P. Caso (Universidad 137, Barcelona) y se encuentra ilustrado con 10 fotografías del serial.

Se transcribe el texto del folleto literalmente, respetando la ortografía, la acentuación y la puntuación que figuran en el mismo.

Episodio primero: Tormento de ambición (1ª parte: El torrente. 2ª parte: La noche roja)

El marqués de Bosc tiene dos sobrinas: la baronesa de Rivière, soltera, que vive con su hermano Enrique Dubreuil, y la condesa de Sauve, viuda, con una hija pequeñita, la gentil Simona. Además, el marqués ha recogido a Angelina, una huérfana; con la que vive en su castillo, enclavado en una de las inmensas heredades cuya explotación el mismo dirige.

Pero Lucía, la baronesa de Rivière, esclava de sus instintos a un tiempo perversos y ambiciosos, ha soñado con acaparar toda la rica herencia de su tío para ella y para su hermano Enrique, a quien ama, pero sobre el cual ejerce una extraña influencia hipnótica que anula su voluntad, convirtiéndole en dócil instrumento inconsciente de los deseos de su hermana; deseos que en este caso se compendian en perder a Angelina en el ánimo del marqués y en desembarazarse, sin reparar en los medios que a ello conduzcan, de los posibles herederos.

Pronto se apercibe la baronesa de que el obstáculo mayor para sus codiciosos proyectos es la hija de Magdalena de Sauve, la pequeña Simona, por la que el marqués siente una afección que aumenta cada día… Y cuando se entera de que tiene un testamento declarando a la niña su heredera universal, la criminal mujer toma su decisión: suprimir a Simona, en la que ve una rival temible.

Al burgo próximo al castillo del marqués, llega una troupe de cómicos ambulantes, y el marqués promete a su familia llevarla aquella tarde a la función teatral, en la que actúan Manglas y Guynot, dos actores muy estimados del público.

La baronesa se vale de su influencia sobre su hermano para que, a la vuelta del teatro, se produzca un accidente, merced al cual Simona se hubiera ahogado en un torrente, si por fortuna, el Baron “Misterio”, un personaje desconocido, envuelto en una capa que no permite ver los rasgos de su personalidad, no la hubiese salvado de la muerte.

Sin desanimarse por el fracaso, la baronesa adormece con un narcótico a la condesa de Sauve, le roba su hija, y la abandona en un bosque incendiado. Por segunda vez, el hombre de la capa aparece, al galope de su caballo, y libra a Simona de las llamas. Pero, comprendiendo que si la niña queda al alcance de quién tanto la odia, no podrá escapar de sus iras, la lleva lejos y la abandona en una granja, después de marcar en su brazo derecho un sello imborrable.

La desaparición de Simona enloquece de dolor a su madre, y entonces la astuta baronesa trata de hacer recaer las sospechas sobre Angelina, sin llegar a conseguirlo… Se registra el parque y sus alrededores, pero todas las pesquisas resultan estériles. Simona ha desaparecido… Y los ojos de Magdalena de Sauve se convierten en manantial inagotable de lágrimas.

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—Episodio segundo: El loco por fuerza (1ª parte: Sin asilo y sin pan. 2ª parte: La miopía de un médico)

Prosiguiendo sus torpes maniobras, la baronesa de Rivière se convence a si misma de que, logrando hacer pasar por loco al marqués, se podría obtener su interdicción legal, y los tribunales confiarían, sin duda, la administración de los bienes del incapacitado a Enrique Dubreuil, que es un débil juguete de su voluntad.

Y de tal modo combina los acontecimientos, que hace entrar en sus planes al doctor Delmony, un médico de los alrededores, que busca fondos para construir un sanatorio. Ella le envía un donativo para la creación de esta labor benéfica, y al propio tiempo le ruega examina al marqués, fundándose en que el estado de salud de su tío es un peligro para todo el mundo.

Desde luego el doctor Delmony no está en muy buena disposición con respecto al marqués, con quién ha tenido una discusión sobre los linderos de unas tierras y, a pesar de haberla arreglado amistosamente, el médico no deja de creer que ha sido atropellado por su adversario. Por otra parte, la baronesa no pierde ocasión de irritar al marqués, para hacer observar en seguida a cuantos les rodean el estado de continua nerviosidad de su excelente tío…

Durante doce años, Simona de Sauve ha compartido la vida aventurera de los cómicos Manglas y Guynot, que la recogieron en la granja donde la había abandonado el barón “Misterio”. Los tres viven estrechamente, pero viven. Por desdicha para su tranquilidad, Simona es muy bella y el director de la troupe ha puesto los ojos en la muchacha con no muy honrados propósitos. Guynot y Manglas, sus padres adoptivos, la defienden, y los tres, despedidos de la compañía, se encuentran sin trabajo, sin asilo y sin pan. Su situación exige soluciones inmediatas, resueltos a trabajar en el campo, llegan en su peregrinaje en busca de un empleo al país donde, en otro tiempo encontraron a Simona, y logran ser contratados por el colono de una finca de labor.

Como es su costumbre anual, el marqués celebra las vendimias con una gran comida en su pabellón de caza. Mientras sus dos sobrinas y la huérfana van a ver los viñedos, él se dirige a visitar una de sus numerosas posesiones. Otro médico del país, el doctor Glaizoat, gran devoto de la caza, a pesar de su extremada miopía, creyendo disparar sobre una liebre, hiere a un hermoso perro del marqués, éste tiene un violento acceso de cólera e insulta al doctor Glaizoat, el cual, no solo cree que está en presencia de un loco, sino que se lo afirma así a su compañero Delmony, cuando éste, atendiendo a la petición de la baronesa, disponíase a hacer al marqués una visita de carácter profesional.

El marqués llega tarde a la comida, cuando ya todos están a la mesa. Siempre furioso por la herida de su perro, acoge las preguntas del doctor Delmony con verdaderas explosiones de furor, e injuria bárbaramente al médico, que sale del pabellón de caza convencido de la demencia del marqués de Bosc. Y, en tanto, la baronesa de Rivière siente un regocijo inexpresable ante la perfección con que su tío ha desempeñado inconscientemente el papel de loco que ella le ha repartido en la farsa destinada a probar que el marqués carecía de aptitud legal para administrar su fortuna. 

—Episodio tercero: El precio de las Ruinas (1ª parte: Hacia el secuestro. 2ª parte: Un nuevo cómplice)

La baronesa de Rivière había triunfado. Ayudada por su procurador, logró que se declarase la incapacidad del marqués sobre el informe del doctor Delmony, y que la administración de los bienes del tío fuese confiada a Enrique Dubreuil.

Mientras en la quinta que dio cobijo a labor a los cómicos, Manglas y Guynot se han convertido en obreros de la tierra y Simona hace oficios de pastora.

En busca de un lugar de reposo, o más bien de secuestro, para el marqués, piensa la baronesa que las ruinas próximas a la finca en que están empleados los tres amigos, una vez restauradas, servirían admirablemente a sus designios. Visitando estas ruinas con su hermano, Lucía se encuentra en presencia de Simona, y se asombra de la semejanza extraordinaria, del aire de familia existente entre esta hija de los campos y la condesa de Sauve. Después, cuando se entera, por la mujer del colono, de que la muchacha se llama Simona, toma la resolución de atraerla a su lado, con el fin de poder vigilarla más cerca.

Durante la conversación con Simona, Enrique ha visto la marca que en su brazo imprimiera el barón “Misterio”, y como por el momento no está bajo la influencia hipnótica de la baronesa, guarda el secreto para interrogar a solas a la muchacha, con el pretexto de hacerle la corte. Guynot sorprende este flirt y, al tratar de impedirlo, suscítase entre él y Enrique una viva discusión.

La baronesa, que convenía con la mujer del colono el importe de la indemnización que esta había de cobrar a cambio de la libertad de Simona, oye el ruido de la disputa y corre hacia el grupo, al mismo tiempo que el viejo Manglas. La mujer campesina, para congraciarse con la baronesa por el dinero que acababa de darle, despide a Guynot; pero Manglas y Simona, fieles a su convenio de hacer común la suerte de los tres, salen de la finca en compañía del despedido. De este modo vuelven a quedar sin trabajo; pero escapan a la baronesa, que, enfurecida jura perseguirlos hasta tenerlos en su poder.

Como juzga muy conveniente para el éxito de sus propósitos el concurso del doctor Delmony, le propone el lugar donde están emplazadas las ruinas para la construcción de su sanatorio, y en una segunda visita, acompañada de su hermano Enrique, ambos se encuentran con “El Erizo”, cazador furtivo, de alma endurecida, a quien la baronesa soborna para que prepare una emboscada al marqués; si éste desapareciera, ella haría desaparecer también el testamento a favor de Simona, y después sabría arreglarse con los demás herederos.

Simona, Manglas y Guynot que, al volver a hallarse sin asilo, habíanse instalado en las ruinas, donde llevaban una vida salvaje, pero exenta de preocupaciones y de luchas, oyen el complot que se trama contra la existencia del marqúes, y se juran a si mismos hacerlo fracasar; más para ello han de abandonar su vivir tan dichoso no sin experimentar, ante esta forzosa decisión, una honda tristeza.

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—Episodio cuarto: El puente roto (1ª parte: Protección de humildes. 2ª parte: A París)

La baronesa continúa su persecución, con saña implacable. Ante todo invita amablemente al marqués de Bosc a dejarse secuestrar, indicándole que para el reposo que su salud exige, ella mandará poner en condiciones que lo hagan habitable el predio de las Ruinas.

Espantado de la perversidad del alma de Lucía, el marqués se traslada a las ruinas aquella tarde, para investigar personalmente que propósitos abriga la baronesa contra él. Dos disparos de fusil consecutivos le indican la presencia de un cazador furtivo en sus tierras y trata de perseguirlo; el autor de los disparos no es otro que “El Erizo”, que se propone por este medio, para ganar el dinero ofrecido por la baronesa, atraer al marqués hacia un puente roto que se hundirá a su paso, haciéndole perecer ahogado en el río que bajo el puente corre.

Guynot, que vigilaba, detiene la marcha del marqués hacia la trampa preparada por la perfidia de sus enemigos. El marqués, que en el primer momento se enfurece contra Guynot, creyéndole un malhechor, comprende después la gran importancia del servicio prestado. Ante Simona y Manglas, el marqués se enternece acordándose de la sobrinita desaparecida que tendría, si viviera, la misma edad que esta otra Simona vagabunda, y acaba rogando a estas buenas gentes que velen por él, pues vive rodeado de enemigos.

“El Erizo”, cuando cree transcurrido el tiempo suficiente para que su ardid haya surtido efecto, vuelve al puente roto; encuentra el bastón del marqués, que le confirma el éxito de su estratagema y corre a buscar a la baronesa, que estaba en aquellos momentos acompañada de la condes de Sauve y de Angelina. A la vista del bastón de su tío, la baronesa premia la conducta del malhechor con una fuerte suma; pero en aquel momento, se presenta el marqués, y “El Erizo” huye precipitadamente, entre los denuestos del hombre que pudo ser su víctima.

Desesperado por su injusta interdicción, el marqués conviene con Magdalena de Sauve la necesidad de ir a París en busca de algún famoso alienista que haga anular el informe origen de su desventura. Por amor propio profesional, el doctor Delmony, aunque es un hombre honrado, se niega a retractarse de su erróneo diagnostico. El marqués, entonces, apelando al arma de la astucia, simula una grave enfermedad, que obliga al médico a reconocer como indispensable la intervención de alguna lumbrera de la ciencia: “¡El marqués debe ir a París!”.

No pudiendo impedir este viaje, la baronesa quiere tornarlo favorable a sus proyectos, y a este fin se aprovecha de la ausencia de los demás huéspedes del castillo, a la sazón de paseo, y parte con su tío, precipitadamente. Prevenidos a tiempo, Enrique, Angelina y Magdalena de Sauve, pueden tomar el mismo tren. Simona, Manglas y Guynot, que vigilaban en las cercanías del castillo del marqués, no quieren abandonar a su rico protegido, y gracias a una combinación tn divertida como ingeniosa, logran también salir para París, sin dinero. Pero, al subir al vagón, pasan bajo las miradas de Mélique, un malvado lacayo, de quien la baronesa se hace acompañar constantemente, desde hace algún tiempo.

Episodio quinto: Guerra sin cuartel (1ª parte: A través de París. 2ª parte: La mano protectora)

Todos nuestros viajeros han llegado a París. En la estación, Simona encuentra, y devuelve a la condesa de Sauve, una bolsa perdida por ésta en el andén. La presencia de esta muchacha despierta en la afligida madre un tropel de dolorosos recuerdos, y en memoria de ellos, la condesa recompensa largamente a Simona, sin saber que es su hija. Los tres amigos bendicen esta feliz circunstancia que les pone al abrigo de las necesidades, siquiera sea por pocos días. Más no ven, ocupados en comentar su buena suerte, que han perdido los rastros del marqués… ¿Cómo encontrarlo en esta inmensidad  de París?

La baronesa ha dado a Mélique la orden de vigilar a los tres vagabundos, para enterarse de su paradero. Instalados en faubourg de París, se esfuerzan en ganarse la vida como pueden, alternando con sus ocupaciones la misión de buscar al marqués. Éste, mientras tanto, en compañía del Doctor Delmony, que al fin se ha decidido a ir a París, para ayudar a la anulación del expediente de incapacidad instruido por su informe, va a hacerse reconocer por un afamado alienista; Mélique, que le espía constantemente, toma la dirección del neurópata para comunicársela a la baronesa; ésta posee en Montmartre una casita, que ha de ser escenario de importantes sucesos, en la cual distrae sus impaciencias con la práctica de los sports, bajo la dirección de Mélique.

Errando por las calles de París, Manglas se hace atropellar por un automóvil, cuya propietaria, Lucy Fontanges, reconoce en él a su viejo camarada y profesor en el arte escénico; pues, aunque ahora tiene un gran establecimiento de confecciones en la calle de la Paz, Lucy fue en tiempos una actriz excelente. Manglas, algo molido a consecuencia del accidente, es llevado por Lucy Fontanges a su casa.

Mientras Simona y Guymot almuerzan en un restaurant económico donde se reúnen todos los días, una mano pasando a través de una muralla de verdor, les arroja una carta, en la que se aconseja a Simona huya de Montmartre y sus alrededores, donde hay peligro para ella. Apenas si están repuestos de la sorpresa causada por el misterioso aviso, cuando ven acercarse hacia ellos al chauffeur de Lucy Fontanges, quién les entrega una nota suscrita por Manglas, invitándoles a reunirse con él en casa de la gran modista que le ha ofrecido tomar a Simona como empleada. Por su parte, Guynot ha encontrado una plaza de chauffeur en un garaje de automóviles; y, como Lucy Fontanges ha prometido a Manglas hacerle contratar en el “Splendid-Théâtre”, que ella comandita, los tres amigos tienen ahora medios de vivir, casi holgadamente.

Un cartel fijado en la puerta del teatro, con el retrato de Manglas, ha permitido a Mélique encontrar la pista de los perseguidos por la baronesa, previniendo a ésta de que sus enemigos se reunirán próximamente a cenar en el cabaret del “Splendid-Théâtre”, en honor de la reaparición de Manglas sobre el proscenio… Durante esta breve espacio, la baronesa se ha enamorado profundamente de Mauricio de Montmaur, un amigo de su hermano y del marqués.

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—Episodio sexto: El tirador incógnito (1ª parte: La barca reveladora. 2ª parte: Comienza el castigo)

Al fin se ha declarado la nulidad del juicio de interdicción del marqués. Acompañada de Mélique, la baronesa ha llegado al cabaret del “Splendid-Théâtre”, donde Simona, Manglas y Guynot cenan en compañía de Lucy Fontanges.

El amor de la baronesa por Mauricio de Montmaur se acentúa cada día más, se aviva como la hoguera al soplo del aire. En una visita que él le hace, Lucia de Rivière le ruega la acompañe a casa de Lucy Fontanges, su modista. Entre los maniquíes animados que muestran las últimas creaciones de la moda a los clientes de la gran costurera, está Simona. Al evolucionar, enseñando ante la baronesa un vestido, un brazalete de terciopelo que lleva al brazo se levanta y deja al descubierto la marca indeleble. Tanto la baronesa como Montmaur quedan sorprendidos; ¡aquel sello tiene las armas del marqués!

De vuelta a su casita de Montmatre, la baronesa muestra a Mèlique una carta de amenazas que ha recibido, firmada por “El tirador incógnito”. Y como Lucy Fontanges la había invitado a asistir a un asalto de esgrima donde debía tirar cierto esgrimidor enmascarado que se hacía llamar “El tirador incógnito”, piensa la baronesa de Rivière que tal vez sean uno mismo el que intervenga en el asalto y el firmante del billete; en su consecuencia, ordena a Mélique que compre sin reparar en el precio, al maestro Roubil, que era el encargado de sostener el asalto, y ocupe el puesto de dicho maestro frente a este adversario temible, que se negaba a dar la cara.

Con la firme convicción de que la Simona hallada es la hija de la condesa de Sauve, Lucia de Rivière ha resuelto proceder definitivamente contra ella; para lo cual, telefonea a Lucy Fontanges, pidiéndole le envíe un vestido de soirée por conducto de Simona. Pero mientras ella telefonea, se ha visto, a través de los cristales, cruzar la sombra del barón “Misterio” que, indudablemente, escuchaba.

Próxima la hora fijada para entregar el vestido, y cuando Simona se dirigía a casa de la baronesa, es robada y llevada en automóvil por una mujer que oculta su rostro tras un velo tupidísimo; pero al coche de la baronesa le seguía otro coche, guiado por el misterioso hombre de la capa.

La baronesa lleva a Simona a su pequeña casa de Montmartre; de pronto siente ruido, y para desembarazarse de la muchacha, la hace caer en una trampa, desapareciendo después tras el muro. Pero el barón “Misterio”, que ha tenido que forzar la puerta y romper una empalizada para entrar en la casa, llega a tiempo de salvar a Simona, que estaba suspendida por las manos sobre el abismo. El barón “Misterio, pues, ha sacado incólume su vida; pero el terror al fin que presentía, parece haber extinguido en la pobre niña la luz de la razón.

La baronesa sale precipitadamente de su guarida; ve el coche que ha dejado fuera su enemigo; monta en él, y huye.

Con la serenidad de espíritu de quién está limpio de toda culpa, llega la de Rivières a casa de Lucy Fontanges, donde ha de tener lugar el asalto de esgrima. Los tiradores, cubiertos los rostros, están frente a frente. El choque es cada vez más violento; el interés se convierte en emoción; diríanse dos mortales enemigos, encarnizados rencorosos… El adversario de Mélique cae gravemente herido. Cuando se le retira la máscara, la baronesa reconoce a su hermano Enrique, víctima de sus maniobras. Ella vierte llanto amargo, mientras él deja la vida en un suspiro… Y una mano misteriosa, la del hombre de la capa, recoge de la cartera el testamento del muerto. 

—Episodio séptimo: La gruta de las fumarolas (1ª parte: Fulgor de esperanza. 2ª parte: La lucha estéril)

Dichoso de haber reconquistado su libertad, el marqués de Bosc decide trasladarse en auto con su familia a la Costa Azul, llevando a Guynot como chauffeur. No quisiera Guynot abandonar a Simona, convaleciente; pero ya no se teme ningún peligro, y además un amigo desconocido le ofrece una villa en Cannes; donde acabará de restablecerse… Deseosa de no separarse de su tío, la baronesa telefonea a su querido Montmaur que se ve obligado a partir para el Mediodía.

Sobre la Costa Azul, Mélique encuentra bien pronto la villa de Simona. Para ello le ha bastado seguir a Guynot un día que iba a visitar a la que él llamaba “su hija adoptiva”.

Mauricio de Montmaur, que se ha reunido a sus amigos en Cannes, encuentra a Guynot al salir de casa del marqués, lo recuerda, por haberlo visto en casa de Lucy Fontanges y lo invita a ir al hotel en que se hospeda.

Guynot acude a la cita. Grande es su sorpresa cuando el amigo de Enrique Dubreuil le muestra un sello y le pregunta si lo reconoce. En efecto; el sello aquél es idéntico a la marca que Simona lleva en el brazo. A su vez, Guynot presenta a Mauricio la cartera que el día que la hallaron abandonada, tenía la niña entre sus manos. Todo ello da a ambos interlocutores la seguridad de que Simona no es otra que la hija de la condesa de Sauve.

Apenas terminan su coloquio, descubren, con verdadero disgusto, que la baronesa ha encontrado a Simona en la playa, que la víctima está al alcance del verdugo… Afectando amabilidad, la baronesa se informa de la salud de Simona; y, mirando las postales en el muestrario de un kiosco, la invita para que la acompañe a ver cierta gruta curiosísima que por aquellos lugares existe. Siempre buena y confiada, Simona acepta.

Dos días más tarde, Simona y Lucía bajan del coche en las cercanías de la gruta. Es una gruta de fumarolas sulfurosas, en la cual los gases deletéreos forman cerca del suelo una atmósfera irrespirable, de asfixia… Fingiéndose enferma, la baronesa se deja caer sentada sobre una roca baja. La abnegada Simona, inquieta, se arrodilla junto a la baronesa; y mientras ésta protege su boca con un pañuelo preparado al efecto, la muchacha cae asfixiada sobre el suelo de la gruta fatal… La baronesa, entonces, se lanza fuera creyendo que se ha librado ya para siempre de su rival. Mas, ya algo lejos del lugar de su crimen, ve al hombre de la capa que sale de la gruta llevando a Simona en sus brazos, y luego de depositarla cuidadosamente en la arena de la playa se aleja. Furiosa, pero aparentando serenidad, porque se sentía vigilada, la baronesa vuelve al lado de Simona, le prodiga sus cuidados, la torna a la vida… Y la cándida joven, en emoción de gratitud, exclama: “¡Gracias, señora! Usted me ha salvado”.

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—Episodio octavo: Expiación (1ª parte: Una barca y un bouquet. 2ª parte: La batalla suprema).

La baronesa tiene un cinismo desconcertante… Con la mayor imprudencia, va a diario a interesarse por la salud de Simona; y así logra saber de labios de la misma enferma que se encuentra ya casi bien, y que al día siguiente dará su acostumbrado paseo en barca.

Mauricio de Montmaur va a la villa del marqués y aconseja a Angelina que vaya preparando suavemente, paulatinamente, a Magdalena de Sauve, a recibir la noticia de que su hija desaparecida vive y que será fácil que la vuelva a ver.

Por la noche, la baronesa y Mélique van al embarcadero de la villa que habita Simona, para “preparar” la barca en que la joven ha de dar su paseo.

A la mañana siguiente, con la luz del alba, Simona salta al bote; pero a los primeros golpes de remo, vé con horror que la barca comienza a hacer agua, y que se hunde rápidamente. Con voz angustiada pide socorro. Un pescador que ha visto el peligro, llega a nado hasta ella y la salva, llevándola a la otra orilla donde esta Guynot que la recibe en sus brazos. Tras un seto de cactos y áloes, la baronesa ha asistido a este drama; y, decepcionada una vez más, se aleja con despecho.

La serie interminable de sus fracasos enloquece a la criminal mujer… que está decidida a jugarse el todo por el todo. A los pocos días, Simona recibe un bouquet, enviado “por una amiga”. Apenas ha respirado el perfume de las flores, cuando se siente invadida por un sopor extraño, que duerme a un tiempo sus miembros y su voluntad. En este momento Mélique se arroja sobre ella y hace presa de su cuerpo indefenso. Simona tiene aún tiempo de llamar a Guynot, de pedir socorro; después se deja arrastrar inconsciente por los brazo del raptor.

Mauricio y Guynot que han oído los gritos de Simona, corren a salvarla, cuando ven huir el auto de la condesa. ¡Hay que perseguirlos! Guynot sale en busca de un auto, mientras que Montmaur va prevenir al marqués de Bosc de que les es preciso partir para una expedición muy urgente. En las manos del marqués hay una carta perdida por la baronesa, donde se encuentra indicado el itinerario que la miserable aventurera piensa seguir en el Esterel.

La persecución comienza. Sintiendo un auto muy cerca del suyo, la baronesa hace incendiar un puente por Mélique y gana así tiempo sobre sus perseguidores, obligados a tomar un rodeo. De este modo logra encerrar a Simona en una casucha miserable y aislada. El cigarrillo de Mélique ha puesto fuego a las yerbas y Simona va a perecer en su horrible calabozo. Pero puestos en la buena pista por un cinturón que la muchacha ha perdido en el camino, Mauricio de Montmaur la salva y la lleva lejos del peligro.

Este último salvamento ha puesto en el alma de la baronesa un loco arrebato de furor, por ello ve, con perversa alegría, como el terrible Mélique se arroja sobre el salvador a quien ella aún no ha reconocido, y empeña con él recia lucha. Vencido el siniestro auxiliar, rueda a lo largo de una abrupta pendiente, donde Guynot, ayudado por unos canteros, lo reduce a la impotencia mediante ligaduras.

Perdida ya su última esperanza, la baronesa empuña su browning y marcha contra el que le ha arrancado su víctima, que está de espaldas a ella, decidida a matarle traidoramente; pero una voz, para ella inolvidable, la detiene en su intento: es la voz de Mauricio de Montmaur, que llama a Simona con ternura, que pone un beso, todo amor, en los labios de la niña inocente… El enemigo, el barón “Misterio” era él, Mauricio… ¡el hombre a quien Lucía amaba con toda su alma! La mujer malvada se postra, suplicante, a los pies de Montmaur que la rechaza. Entonces la baronesa vuelve el browning contra sí… y cae por tierra ¡Muerta! Solo así podía expirar sus horrendos delitos.

—Epílogo

Mauricio de Montmaur y Guynot ponen a Simona de Sauve en brazos de su madre. En los corazones esplende la felicidad… Y ésta preludia una unión deliciosa entre el salvador y su bella protegida.

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Ficha

Título original: Le baron mystère. Dirección: Maurice Challiot. País: Francia. Año: 1918. Producción: Natura Film. Estudios: L. Aubert. Argumento: Novela “Le baron mystère” (1918), de Henri Germain. Guión: M. Verhylle. Intérpretes: Henri Rollan, Albert Bras, René Debray, Pierre Alcover, Délia Col, Madame Joutel, Marthe Laroque, Madame Margay, Constant Rémy, André Scherer, Simone. Estreno mundial: Ternes Cinéma (París), marzo 1918 (1º episodio), 4 abril 1918 (2º episodio).

Títulos de los episodios: 1º. Fascination; 2º. Fou; 3º. La ferme des ruines; 4º. La passarelle perfide; 5º. La maison mystérieuse; 6º. L’escrimeur masqué; 7º. La grotte aux fumerolles; 8º. L’expiation.

EN ESPAÑA: Título: El barón Misterio. Distribuidora: Casanovas y Piñol.

Estreno: Cine Ideal (Barcelona), 1 septiembre 1918 (1º episodio), 5 septiembre (2º episodio), 9 septiembre (3º episodio), 15 septiembre (4º episodio), 18 septiembre (5º episodio); Cine Royalty (Madrid), 8 octubre 1918 (1º y 2º episodios), 10 octubre (3º y 4º episodios), 14 octubre (5º y 6º episodios), 18 octubre (7º y 8º episodios), 21 octubre 1918 (los ochos episodios).

Ocho episodios de dos partes cada uno: Títulos (y partes) de los episodios: 1º. Tormento de ambición (El torrente. La noche roja); 2º. El loco por fuerza (Sin asilo y sin pan. La miopía de un médico); 3º. El predio de las ruinas (Hacia el secuestro. Un nuevo cómplice); 4º. El puente roto (Protección de humildes. A París); 5º. Guerra sin cuartel (A través de París. La mano protectora); 6º. El tirador incógnito (La barca reveladora. Comienza el castigo); 7º. La gruta de las fumarolas (Fulgor de esperanza. La lucha estéril); 8º. Expiación (Una barca y un bouquet. La batalla suprema). Epílogo.

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Bibliografía

—Alain Carou: “Le celluloïd et le papier”. 1985, nº 31, octubre 2000. Páginas 103 a 128.

—Ben Singer: Melodrama and Modernity. Early Sensational Cinema and its Contexts. Columbia University Press. Nueva York, 2001.

—Buck Rainey: Serials and Series. A World Filmography, 1912-1956. Mac Farland. Jefferson y Londres, 1999 (1ª edición), 2010 (2ª edición).

—Carlos Fernández Cuenca: Viejo cine en episodios. Ediciones Rialto. Madrid, 1943.

—Christophe Trebuil: Un cinema aux mille visages. Le film à episodes en France 1915-1932. Association française de recherche sur l’histoire du cinéma, AFRHC. París, 2012.

—Jean Mitry: La Filmographie Universelle. Tomo 12: Les serials en Amérique et en Europe (1908-1930). Institut des Hautes Études Cinématographiques, IDHEC. París, 1970.

—Jean-Louis Leutrat: “El cine de aventuras”, en Historia general del cine. Volumen IV: América (1915-1928).

—Jessy Neau: “Un épisode du cinéma français”. Acta fabula. Revue des parutions. Volumen 14, nº 4, mayo 2013.

—Monica dall’Asta: “La diffusione del film a episodi in Europa”, en Gian Piero Brunetta (dir.): Storia del cinema mondiale. Vol. I: L’Europa. 1, Miti, luoghi, divi. Giulio Einaudi Editore. Turín, 1999.

—Monica dall’Asta: “Seriale, film”, en Enzo Siciliano (dir.): Enciclopedia del cinema. Volumen IV. Instituto della Enciclopedia Italiana. 2004.

—Raymond William Stedman: The Serials. Suspense and Drama by Installment. University of Oklahoma Press. Norman, 1977 (1ª edición), 1981 (2ª edición).

—Richard Abel: “Il cinema francese verso un mutamento paradigmático, 1915-29”, en Gian Piero Brunetta (dir.): Storia del cinema mondiale. Vol. 3, tomo 1: L’Europa. Le cinematografie nazionali. Giulio Einaudi Editore. Turín, 2000.

—Roger Icart: “Serials et films français a episodes”, en Varios autores: Le cinéma français muet dans le monde. Influences reciproques. Cinematheque de Toulouse e Institut Jean Vigo. Perpiñan, 1989.

Escribe José Luis Martínez Montalbán

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