Francesca Bertini y “Los siete pecados capitales” (2ª parte)

  19 Julio 2015

Soberbia

004L’orgoglio. Dirección: Eduardo Bencivenga. Año: 1918. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: Ezio Berti, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Fotografía: Luigi Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (Erminia de Beaumesnil), Cia Fornaroli (Ernestina), Guido Trento, Nella Montagna, Renato Trento. Longitud: 1653 metros. Estreno en Italia: 20 febrero 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Soberbia. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 9 enero 1919, Príncipe Alfonso (Barcelona); 13 febrero 1919, Royalty (Madrid).

La impresión que da esta película es la siguiente: que el escritor había sacado de la novela de Sue un discreto guión y que, después, por economizar película o por otras razones, han sido cortadas veinte escenas del prólogo, unas quince a cada uno de los actos sucesivos y, entre cincuenta y cien, al último acto.

Y debe de haber sido así, porque las lagunas se ven a simple vista y, en el último acto, hay un rótulo que dice: “Por un  seguimiento de los acontecimientos, Maillefant ha descubierto que Erminia es su hija”. Después otro rótulo anuncia dos matrimonios, entre los cuatro protagonistas, exactamente en el momento en que parecía que debería estallar un drama tal que los convertiría en casi imposibles.

Ampliando y generalizando un sistema similar, bastaría, para hacer una comedia cinematográfica, presentar los intérpretes y después proyectar por todo acto una anotación  del tenor siguiente:

—Acto I: se conocen

—Acto II: se aman

—Acto III: se casan

Pero, aunque esquematizado, este nuevo trabajo de la Caesar Film tiene algunas características notables: está Francesca Bertini en la lozanía de su hermosura, el personal responde a todos los postulados del arte, hay escenas que consiguen enternecernos.

Y ahora dos indiscreciones:

1) Que a la Bertini le hubiera gustado más otro peinado y sin esos dos sombreros, uno blanco y uno negro, que reproducen los cascos de acero que los soldados ingleses y americanos llevaban en las trincheras durante las recientes operaciones de guerra.

2) Que la propia Bertini, dando una solemne y merecida lección a todas sus colegas e imitadoras, ha renunciado a cualquier tipo de maquillaje, presentándose al público con su cara fresca y natural, con sus dos grandes ojos naturales y con sus labios sonrosados. Esperamos que esta lección ayude y que de aquí en adelante  nos ahorren  el disgusto de ver en la pantalla tantas caras femeninas desfiguradas por los afeites y sucias como si fueran de gente que no se ha lavado jamás —Tito  Alacci, Film (Nápoles), 9 marzo 1919.

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Gula

La gola. Dirección: Camillo De Riso. Año: 1918. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: Pio Vanzi, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Guión: Pio Vanzi. Fotografía: Luigi Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (La condesa Ciuffettino), Camillo De Riso (Su Alteza Real), Livio Pavanelli (El capitán de la Guardia de Palacio), Alberto Albertini. Longitud 1644 metros. Estreno en Italia: 17 enero 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Gula. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 9 diciembre 1918, Eldorado y Palace  (Barcelona); 27 marzo 1919, Royalty (Madrid).

Siete son los pecados capitales: el octavo lo cometieron la Bertini Film y la Caesar Film inspirándose en esos para una serie de películas interpretadas por Francesca Bertini.

De la visión de las dos primeras: Gula e Ira, tenemos razones para decir que las películas en sí mismas son siete pecados mortales cinematográficos, cuya penitencia está descontada del desgraciado espectador que por casualidad pueda verlas en proyección. (…)

Gula es una comedia mediocre, donde la comicidad es forzada y provocada con pequeños trucos ridículos e, incluso, cicateros. Hay falta de movimiento y de brío. Pio Vanzi, como guionista, no ha hecho un trabajo digno de su firma, pero se le puede perdonar, por cuanto que él debía de estar, por entonces, dando sus primeros pasos cinematográficos —Bertoldo, La vita cinematográfica (Turín), 7 abril 1919.

Después de un largo y meditado silencio, hete aquí que la diva entre las divas, el fenómeno viviente, la azul convertida en azul turquesa pinochesca, vuelve a la escena como intérprete de una de las siete películas que ella se ha mandado escribir a su medida, quizás para hacer saber al público culto que ella posee a la perfección los pecados capitales.

Y nosotros no nos resistimos a creerlo. (…)

Lograron, el año pasado, que fuera silbada por todos los públicos, que se burlaran de ella todos los periódicos de la península con una película desafortunada. Hoy la representan con una innoble y disparatada farsa, de un tal Pío Vanzi. (…)

La película se titula Gula, pero el director debe de estar confundido. Este material parece más apto para Pereza. En ella se come menos y con más desgana de lo necesario.

Volviendo a la Bertini, ella ha encontrado en este escenario el mejor medio para poner en evidencia los propios defectos. Piernas torcidas, cabeza desproporcionada respecto a la espalda y al cuerpo, cabellos negros como el azabache, en realidad poco elegantes, y poco abundantes, dientes desiguales, brazos demasiado delgados —Carlo Zappia, Cronache dell’attualità cinematográfica (Roma), 30 enero 1919.

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Ira

L’ira. Dirección: Eduardo Bencivenga. Año: 1918. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: La novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Guión: Giuseppe Paolo Pacchierotti. Fotografía: Luigi Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (Elena), Gustavo Serena (El conde Amedeo Montaperti), Guido Trento (Arturo), Cia Fornaroli (La condesa Olga de Sanbonifacio), Alberto Albertini (Zefa). Longitud: 1730 metros. Estreno en Italia: 15 diciembre 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Ira. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 23 enero 1919, Royalty y Zarzuela (Madrid); 2 marzo 1919 Príncipe Alfonso (Barcelona).

Película común, mediocre, sin especiales méritos, que no marca ciertamente ningún progreso del arte cinematográfico. Decir lo contrario sería oponerse a la verdad y cometer un nuevo pecado capital, para el cual no existiría pena adecuada. (…)

El guión y la escenografía de La Ira se resienten de todos los defectos propios de los métodos de G. P. Pacchierotti, pero ante una tumba, la crítica se inclina reverente y calla cualquier censura, deja que el tiempo cumpla con su obligación. Ira es un drama pasional, en el cual convergen múltiples contrastes de amor y estalla la pasión, pero está tratado sin fineza y con frecuencia se echa de menos el ímpetu dramático.

Francesca Bertini despliega todas sus peculiares dotes de actriz dramática. En Ira tiene algún destello de eficaz violencia dramática, algún notable ímpetu de ira y de pasión. (...)

Fotografía, puesta en escena, ejecución técnica, corrientísimos —Bertoldo, La vita cinematografica (Turín), 7 abril 1919.

Avaricia

005L’avarizia. Dirección: Gustavo Serena. Año: 1918. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: Jean Coty, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Guión: Giuseppe Paolo Pacchierotti. Fotografía: Luigi Filippa, en blanco y negro. Intérpretes: Francesca Bertini (Maria Lorini), Gustavo Serena (Luigi Bianchi), Franco Gennaro (Alejandro Bianchi, padre de Luigi), Alfredo Bracci (El prestamista Porretti), Alberto Albertini. Longitud: 1668 metros. Estreno en Italia: 7 abril 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Avaricia. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 27 enero 1919 (Barcelona); 6 marzo 1919, Royalty (Madrid).

Hay que decir, con el respeto que toda persona amante de la estética,  perfumada a la violeta, pueda tener del nombre de Jean Coty, que es el guionista, que Avaricia sigue un falso modelo, del que se ha abusado demasiado y está trasnochado. No tiene nada de extraño que su camino, siguiendo líneas ya anticuadas, proceda de manera incierta y sin rectitud.

En la trama de esta película también aparecen las intenciones viejas y comunes, tópicos ya caducos. Y la conclusión es digna de un cuentecillo para niños, y no para todos los niños. Se parte del principio de que la avaricia es un pecado mortal que convierte a las personas en asquerosas y vergonzantes, y se desarrolla toda una serie de escenas para demostrar hasta dónde puede llegar un padre, torturado por la avaricia, con respecto hacia su propio hijo.

Pero hacia el final, la acción, que había comenzado a alargarse, se restringe a un rasgo para dar cabida al concepto, evidentemente cinematográfico, del pecador arrepentido. Triunfa, en consecuencia, la inocente ingenuidad, triunfa también el amor, hasta tal punto que el espectador llega a creer, ateniéndose a la película, que, puesto que todo el mal se resuelve después en el bien, tanto vale hacer el mal. ¿No hay pues arrepentimiento? (…)

Francesca Bertini  ha logrado salir bien en las partes simples de una niña ingenua. No nos ha persuadido, como de costumbre, en sus intenciones de tragicidad medida en metros. Evidentemente, y esto vale para todas, poner cara trágica en cinematografía, es siempre una cosa bastante ridícula. Compone el estereotipo Gustavo Serena —Carlo Zappia, Cronache dell’attualità cinematografica (Roma), 10 abril 1919.

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Envidia

L’invidia. Dirección: Eduardo Bencivenga. Año: 1919. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: G. P. Pacchierotti, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Fotografía: Luigi Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (Lelia di Santa Cruz), Livio Pavanelli (El conde de Monfiore), Guido Trento (El duque), Giulietta D’Arienzo (La condesa de Monfiore), Luigi Cigoli, Maria Riccardi, Camillo De Riso. Longitud: 1936 metros. Estreno en Italia: 23 mayo 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Envidia. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 25 febrero 1919, Eldorado (Barcelona); 24 abril 1919, Royalty (Madrid).

(…) Envidia no es el drama de la envidia, no es más que una parte secundaria, no es  más que un elemento complementario  e insignificante. Dónde se manifiesta y cómo se manifiesta puede también llamarse habladuría. (…)

Casi no se advierte su presencia. No es la envidia, este odioso y pecaminoso sentimiento, que informa el drama, ni entorpece la sucesión de sucesos, ni anima y plasma los personajes, sino el amor, el fatal amor que un día cautivó al joven conde de Monfiore con la bailarina Lelia di Santa Cruz. (…)

La Bertini, por su parte, se encuentra sacrificada y bastante desganada, pero nosotros no logramos comprender por qué la Bertini se empeña en hacer de danzarina y no se da cuenta de que sus danzas no interesan a nadie y son con frecuencia desesperantes. Pavanelli, a su vez, no está  bien en su papel y no logra ningún efecto —Bertoldo, La vita cinematografica (Turín), 7 mayo 1919.

¡Todavía un pecado capital! (…) Nos hace pensar, ante la mezquina aridez del tema, que el cinematógrafo está en su ocaso. Porque se ponen en escena, con demasiada frecuencia, temas carentes del más mínimo interés. Hay demasiada gente que hace   del cinematógrafo su especulación cotidiana y rentable, y las pocas excepciones que a veces se encuentran, no bastan, a su pesar, a compensar al público de la enorme masa de sandeces que diariamente se producen. Pero como, de todos modos, la masa de los espectadores está, en gran mayoría, satisfecha, podemos añadir que, a fin de cuentas, esta Envidia no es peor que las otras.

Nada de notable, por supuesto, pero, al menos, nada de notable ni en sentido positivo ni en sentido negativo.

Francesca Bertini, que es la intérprete principal  (¡qué frase! da la idea de que todas las otras que forman parte de la película son simplemente menores…) y el director, E. Bencivenga, pueden, al fin, decir y repetirse a sí mismos que lo han logrado discretamente. No se han esforzado. El público del Quattro Fontane y del Regina no han tenido necesidad de esforzarse para seguir la acción. Entonces ¿por qué debería  esforzarme yo en hacer un artículo crítico “difícil”? Y aquí me paro. ¿Está bien? —Carlo Zappia, Cronache dell’attualità cinematografica, (Roma), nº 14, 30 mayo 1919.

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Pereza

L’accidia. Dirección: Alfredo De Antoni. Año: 1919. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: George Ruby, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Guión: George Ruby. Fotografía: Giuseppe Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (Bianca Fanelli), Livio Pavanelli (El duque de Lauria), Guido Trento (El ingeniero Ottavio Fortis), Camillo De Riso (El párroco Alfonso Provacci), Alberto Albertini, Luigi Cigoli, Francesco Gennaro. Longitud: 1431 metros. Estreno en Italia: 1 noviembre 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Pereza. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 28 abril 1919, Palace (Barcelona); 14 mayo 1919, Royalty (Madrid).

Como tema cinematográfico,  no tiene nada de importante ni de relieve. Cae en cierto punto en el ridículo, y se realza, aquí y allá, con algún detalle, si no excesivamente dramático, al menos interesante. Ha sido dirigida por De Antoni, con competencia sí, pero con nada de original en la puesta en escena, en el desarrollo, en algún detalle particular, en suma.

Aquí, la Bertini está más en su papel que en cualquier otro “pecado”; ha trabajado con buena voluntad y la hemos encontrado sincera (¡por fin!), de una discreta expresividad también en los detalles dramáticos. Y por lo demás, se la puede ver también con placer, porque no tuerce la boca, como en otros trabajos.

Guido Trento está bien en su papel, como también Pavanelli, que, no obstante, en ciertos momentos se vuelve frío e inexpresivo. Divertido el De Riso. Rótulos intercalados, inútiles. Fotografía nada buena. —C. M. Guastadini, La Cine-fono (Nápoles), 11 abril 1920.

Lujuria

006La lussuria. Dirección: Eduardo Bencivenga. Año: 1919. País: Italia. Producción: Bertini Film para Caesar Film (Roma). Distribución: Unione Cinematografica Italiana (U.C.I.). Argumento: Vittorio Bianchi, basado en la novela Les sept pêchés capitaux de Eugène Sue. Guión: Vittorio Bianchi. Fotografía: Giuseppe Filippa, en blanco y negro. Decorados: Alfredo Manzi. Intérpretes: Francesca Bertini (Magdalena Dutertre), Livio Pavanelli (Leonard Pascal), Guido Trento, Renato Trento, Alberto Albertini, Vittorio Bianchi, Alfredo Bracci. Longitud: 1520 metros. Estreno en Italia: 7 junio 1919, en Roma.

EN ESPAÑA: Título: Lujuria. Distribuidora: J. Gurgui (Barcelona). Estreno: 27 mayo 1919, Palace (Barcelona); 2 junio 1919, Royalty (Madrid).

Si, no nos engañamos, hemos acabado.

Nada de más pecados, ahora que se ha proyectado también este último. Los cuales pecados comenzaban ya a pesar terriblemente sobre nosotros, con sus acostumbradas repeticiones de lugares comunes y con todos los gestos de los actores indiscutiblemente estereotipados.

Siete pecados capitales, siete veces renovación del acostumbrado tema. Siempre hierros viejos del oficio de todo alquimista peliculero.

Este último pecado es igual a los seis precedentes, en todo y por todo. Y, como todos los otros, ha obtenido un éxito tanto de parte del público del Quattro Fontane como del Cinema Regina —Carlo Zappia, Cronache dell’attualità cinematografica (Roma), 10 junio 1919.

Bibliografía

1. Autobiografía

—Francesca Bertini: Il resto non conta. Guardini. Pisa, 1969.

2. Libros sobre Francesca Bertini

—Varios autores: Divas y Divinas. Figuras del cine mudo italiano. Istituto Italiano di Cultura y Filmoteca Española. Madrid, s.a.

—Pietro Bianchi: Francesca Bertini e le dive del cinema muto. Unione Tipografico-Editrice Torinese. Colección La vita sociale della nuova Italia, nº 11. Turín, 1969.

—Antonio Barbero: Historias de vampiresas. Siler. Colección 7 estrellas. Madrid, 1956.

—Vittorio Martinelli: Il cinema muto italiano. Nuova Eri-Edizione RAI y Centro Sperimentale di Cinematografia. Turín-Roma. Varios tomos. 1980-1989.

—Constanzo Constantini: La diva imperiale: Ritrattto di Francesca Bertini. Bompiani. Milán, 1982.

—Angela Dalle Vacche: Diva. Defiance and Passion in Early Italian Cinema. University of Texas Press. Austin, 2008.

—Aldo Bernardini: Le dive. Laterza. Bari, 1985.

—Giulio Cesare Castello: Il divismo: Mitologia del cinema. Eri. Roma, 1957.

—Gianfranco Mingozzi (ed.): Francesca Bertini. Le Mani y Cineteca di Bologna. Recco (Génova) y Bolonia, 2003.

—Cristina Jandelli: Le dive italiane del cinema muto. L’Epos. Colección La carrozza d’oro, nº 3. Palermo, 2006.

—Cristina Jandelli: Breve storia del divismo cinematográfico. Marsilio Editori. Colección Elementi. Venecia, 2007.

3. Dosieres en revistas

Bianco e Nero, mayo 1978.

Cahiers de la Cinématheque, nº 26-27, 1979.

Cinema nuovo, agosto 1981.

Escribe José Luis Martínez Montalbán | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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