M. Butterfly (M. Butterfly, 1993)

  18 Diciembre 2011
Creando la ilusión perfecta 

M_Butterfly-100Por razones que se me escapan, M. Butterfly (1993) es una de las películas menos conocidas y valoradas de Cronenberg. En su día, fueron muchos los que consideraron que el director canadiense se había desviado demasiado de sus temas y motivos.

Aunque dudo que a él le interese verse limitado por las expectativas de críticos y espectadores, no resulta difícil comprobar que en M. Butterfly continúa empleando el cine como psicoanálisis, explorando las ambigüedades y contradicciones del ser humano, planteando la relatividad de nuestra identidad, la naturaleza del deseo y de la obsesión y la construcción de realidades alternativas.

La base de esta película la conforman la increíble historia de amor y espionaje protagonizada por el diplomático francés Bernard Boursicot junto al cantante de la ópera de Pekín Shi Pei Pu y la obra teatral de David Henry Hwang. El dramaturgo estadounidense combinó las noticias que saltaron a los periódicos a mediados los ochenta con la famosa ópera de Puccini Madama Butterfly. Hwang, junto con Cronenberg, fue el autor del guión de la obra que nos ocupa.

Veamos primero la parte “real”.

Cuando en 1983 Bernard Boursicot y Shi Pei Pu fueron arrestados en París acusados de espionaje con China, una de las historias más peculiares salió a la luz.

Boursicot conoció a un encantador y delicado Shi en Pekín en 1964 cuando, a los veinte años y tras haber abandonado sus estudios de secundaria, consiguió un trabajo como contable en la recién creada embajada francesa. Shi, seis años mayor, daba clases de chino a las esposas de los diplomáticos. El joven francés sólo había mantenido alguna relación homosexual con compañeros del colegio y estaba resuelto a enamorarse de una mujer. Shi, que interpretaba papeles femeninos en la ópera de Pekín, le permitió creer que era una mujer e iniciaron un romance. Los encuentros sexuales con Shi, esporádicos, furtivos, rápidos y llevados a cabo en la oscuridad, no contribuyeron en gran medida a expandir la educación y experiencia de Boursicot.

En 1965, Shi declaró estar embarazada y encontró un bebé, Shi Du Du, que interpretara el papel. En los siguientes diez años, la relación entre Shi y Boursicot continuó mientras él se trasladaba a diversos puestos en el sudeste asiático. Según Boursicot, comenzó a pasarle información clasificada a Shi cuando la Revolución Cultural China dificultó que la pudiera ver y creyó que la seguridad de su amante estaba comprometida.

Boursicot regresó a Francia en 1979 y perdió contacto con Shi por un tiempo. Allí empezó a vivir abiertamente con un hombre. En 1982 consiguió traer a Shi y a su supuesto hijo de dieciséis años a París, lo que alertó al servicio de contraespionaje francés. Interrogado, Boursicot confesó haberle pasado a Shi al menos ciento cincuenta documentos clasificados con el fin de protegerla a ella y a su hijo.

En el juicio, Boursicot fue informado de que la persona con la que había mantenido una relación durante casi veinte años era en realidad un hombre, algo que rehusó creer hasta que le permitieron ver el cuerpo de Shi. Poco después, intentó suicidarse en la cárcel cortándose la garganta con una cuchilla. En 1986, Boursicot y Shi fueron sentenciados a seis años.

Perdonados un año más tarde, Shi permaneció en París, donde disfrutó de su fama y trabajó como cantante de ópera. Mientras tanto, Boursicot cooperó con la periodista Joyce Wadler, autora de Liaison: The True Story of the M. Butterfly Affair.

Shi murió en 2009.

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David Henry Hwang, el dramaturgo asiático-americano más conocido de Estados Unidos, educado en Yale y Standford, combinó esta historia con una deconstrucción de la ópera de Giacomo Puccini Madama Butterfly. El resultado, M. Butterfly, se estrenó en Broadway en 1988, donde continuó en cartel hasta 1990 con 777 representaciones. La obra recibió premios como el Tony Award, Drama Desk Award, John Gassner Award, Outer Critics Circle Award y fue finalista del premio Pulitzer.

La ópera de Puccini está basada en una serie de historias que nacieron de la novela Madame Crisantemo, del francés Julien Viaud, quien visitó Nagasaki en 1885 y aceptó contraer matrimonio con una adolescente con el fin de hacer más llevadera su estancia en la ciudad. De sus recuerdos idealizados surgió un texto, cargado de los prejuicios de occidente frente a la cultura oriental, que inspiraría varias obras más.

En la ópera Madama Butterfly, Pinkerton, un oficial de la armada estadounidense en Nagasaki, se casa con una quinceañera apodada Butterfly. Aunque para ella es un compromiso de por vida, Pinkerton planea divorciarse de ella en cuanto encuentre a la esposa estadounidense adecuada. Butterfly se convierte del budismo al cristianismo, lo que provoca que su familia la repudie. Poco después de su boda, Pinkerton se marcha a Estados Unidos y tres años más tarde, Butterfly todavía espera su regreso, sin escuchar a aquellos que le aconsejan que acepte la oferta de matrimonio de un príncipe. Cuando le llegan noticias de la próxima llegada de Pinkerton, Butterfly se prepara jubilosa para recibirlo junto a su hijo. Al enterarse de la existencia del niño, Pinkerton va a verla con su esposa estadounidense con la intención de llevárselo a su país. Pinkerton se da cuenta de su error de juicio y, cobarde, es incapaz de darle la noticia en persona. Viendo que su amor era una ilusión, Butterfly se suicida con el cuchillo de su padre.

La frase de la obra de Hwang “Sólo un hombre sabe cómo debe actuar una mujer” despertó el interés de Cronenberg. La historia le cautivó especialmente al descubrir que estaba basada en hechos reales y logró convencer al productor David Geffen de que era el director apropiado para el proyecto. Se trata, pues, de una de las pocas películas del cineasta con capital estadounidense.

David Henry Hwang y Cronenberg trabajaron juntos para redactar un guión bastante diferente a la obra teatral. A pesar de que todavía vemos temas como la autenticidad, las diferencias entre oriente y occidente, la ignorancia del imperialismo blanco y los estereotipos occidentales sobre cultura, raza y género, el cineasta estaba interesado en el concepto de transformación (dos hombres que reinventan las relaciones sexuales), así como en las motivaciones psicológicas de Gallimard, elementos que mitigan el componente social y político de la obra teatral. Cronenberg veía la historia de dos personas componiendo la ópera de sus vidas, donde no sólo creaban su romance, sino su propia versión de China y de su sexualidad.

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La historia de M. Butterfly comienza en Pekín en 1964. René Gallimard (Jeremy Irons), contable en la embajada francesa, acaba de llegar a China con su mujer cuando, durante una aburrida fiesta diplomática, escucha uno de los fragmentos más hermosos de la ópera de Puccini Madama Butterfly y queda fascinado por la historia y su misteriosa intérprete, Song Liling (John Lone). Liling argumenta que la historia satisface la fantasía de los occidentales hacia la supuestamente sumisa mujer oriental y lo invita a visitar la ópera de Pekín con el fin de aumentar su educación.

Gallimard considera que los chinos son arrogantes (lo que, de boca de un francés, no deja de ser toda una ironía). La superioridad imperialista francesa no hace sino cubrir su profunda ignorancia, como el hecho de desconocer que en la ópera de Pekín son hombres los que interpretan los papeles femeninos. Este desprecio por la cultura oriental y el rechazo a intentar entenderla sin prejuicios se extenderá a los estadounidenses y su acciones en Vietnam (no olvidemos que la crítica al imperialismo cultural estadounidense es una constante en la obra de Cronenberg).

Tras asistir a una representación protagonizada por Song Liling en la ópera de Pekín, Gallimard cae definitivamente bajo el embrujo de la diva. Creyendo que la fascinación es mutua, Gallimard no tarda en confesarle su amor e, impulsado por esta relación, comienza a poner más interés en su trabajo, lo que provoca su ascenso. El amor lo transforma de oscuro contable en influyente vice cónsul.

Gallimard desconoce que Liling es en realidad un espía que pasa información al gobierno de su país. Para evitar que lo vea desnudo, Liling inventa una reserva y modestia en la mujer oriental, así como otras habilidades ancestrales. Cuando un Gallimard borracho pretende desnudarla, Liling finge un embarazo y una antigua tradición que la obliga a ir a casa de sus padres hasta tres meses después del nacimiento del bebé. La Revolución Cultural asola la ciudad y, momentos antes de ser llevado a un campo de reeducación y trabajos forzados con el resto de artistas e intelectuales, Liling le muestra el supuesto fruto de su amor a Gallimard.

Expulsado de la embajada por sus malas previsiones y abandonado por su mujer, Gallimard regresa a París, donde reconstruye su China ideal en un piso modesto. Inesperadamente, Liling aparece en su puerta y le dice que el gobierno Chino tiene a su hijo. Poco después, Gallimard está trabajando como correo de valijas diplomáticas. Detenido y condenado por espionaje, Gallimard se entera de la auténtica identidad Liling durante el juicio, donde lo ve por primera ataviado con ropas masculinas. Los dos hablan por última vez en la furgoneta que los traslada al centro penitenciario.

Mientras Liling regresa a China, Gallimard representa ante los reclusos la escena final de Madama Butterfly y emplea un espejo para cortarse la yugular.

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Uno de los detalles más complejos de la película era encontrar un actor ideal para el papel de Song Liling. Tras un laborioso casting, se eligió a John Lone, conocido por interpretar a Pu Yi en El último emperador (The Last Emperor, Bernardo Bertolucci, 1987) y cuyo aspecto físico era tan creíble en su parte femenina como en su parte masculina.

Jeremy Irons fue la elección casi automática para interpretar a René Gallimard. Tras su extraordinaria colaboración en Inseparables, Irons volvía a poner su físico elegante y su amplio registro emotivo en manos de Cronenberg, dato importante ya que ni el actor había  trabajado más de una vez con un mismo director, ni el cineasta había repetido protagonista a lo largo de su carrera (algo que sólo volveríamos a ver con Viggo Mortensen años más tarde).

Rodada en 1992 en China, Hungría y Francia para los exteriores y en Canadá para las escenas interiores, Cronenberg se rodeó de su equipo habitual de excelentes colaboradores, el compositor Howard Shore, el montador Ronald Sanders, el director de fotografía Peter Suschitzky y Carol Spier a cargo de la dirección artística.

El filme se estrenó en 1993 tras ser presentado en el festival de Toronto y no obtuvo el éxito esperado, posiblemente debido a que Warner Bros. no supo cómo vender una historia tan peculiar. Dado que parte del público estaba al tanto de los detalles del caso Boursicot y que el año anterior se había estrenado Juego de lágrimas (The crying Game, Neil Jordan, 1992), con la cual fue injustamente comparada, Cronenberg no pretendió esconder en ningún momento la identidad de Liling. Prueba de ello es que el nombre de John Lone aparece junto al de Irons en los créditos iniciales.

Quizá la audiencia de la época no estuviera todavía preparada para aceptar una historia de amor que con tanto énfasis cuestiona nuestras asunciones sobre la identidad, la realidad, el género como constructo (la mujer/el hombre, ¿nace o se hace?), la relación entre los sexos y la ilimitada complejidad del deseo.

¿Nos enamoramos auténticamente de una persona o de la ilusión que proyectamos sobre ella?

m.butterfly02M. Butterfly examina una vez más hasta qué punto la mente es capaz de controlar su propio destino y la percepción de la realidad. Se trata de la división mente/cuerpo a la que el director es tan aficionado. Sin embargo, el filme introduce una serie de elementos (ambientación exótica, acontecimientos históricos, motivaciones políticas) nuevos en su obra y que muestran la evolución de Cronenberg, ya iniciada con Inseparables, en la que los horrores físicos se sustituyen por horrores psicológicos.

La narración vuelve a adoptar el punto de vista de un personaje, René Gallimar, que introduce directamente al espectador en la locura de este hombre que vive de manera apasionada su propia mentira. La enfermiza relación de amor-sumisión entre él y Song Liling está contada con un ritmo moroso, encuadres equilibrados y elegantes y una banda sonora conmovedora.

Resulta importante el momento en el que vemos el primer plano de una partitura, la mano que enciende la luz del atril y deja que veamos el título de la obra, Madama Butterfly. Esta sencilla imagen, poco después del inicio de la cinta, establece el punto de partida de la película: vamos a asistir a una representación, a una función de teatro (u ópera) creada por la mente de Gallimard y protagonizada por él mismo. Gallimard no se enamora de un ser humano, sino de una fantasía, de un estereotipo que, no es ninguna coincidencia, se presenta por primera vez encima de un escenario. El diplomático utiliza claramente a Liling para construir una fantasía personal que alimente su ego masculino. Como dice el propio Gallimard: “Soy un hombre que amaba a una mujer creada por un hombre.”

A través de la ilusión creada por el diplomático francés, el cineasta discute la naturaleza de la realidad y los modos en los que los humanos creamos nuestra propia versión de la realidad.

Cuando Gallimard acompaña a Liling a su casa por primera vez, asistimos a una intrigante escena que no aparece en la obra de teatro y fue enteramente creada por Cronenberg. Gallimard ve a un anciano al lado del canal, en medio de la noche, y le pregunta qué está haciendo. Ninguno de los dos habla el idioma del otro. El anciano responde en mandarín: “Estoy capturando libélulas jóvenes aquí cerca del agua para dárselas de comer a mis pájaros cantores. Si las coges justo cuando acaban de salir del huevo, no pueden volar todavía, sólo agitar las alas. Si te gustan, te regalaré una”. Gallimard acepta, fascinado y agradecido, la delicada libélula recién nacida que le tiende el anciano desdentado.

En esta escena, que tiene un curioso componente de belleza, magia y ternura, podemos ver el exoticismo hacia el que el personaje de Jeremy Irons se siente atraído, parte del cual inventa él mismo. También podríamos considerar que Gallimard es la libélula con la que se va a alimentar la cantante antes de que aprenda a volar. El diplomático está tan ocupado creando su propia realidad alternativa e inventando su particular versión de la cultura china que falla a la hora de ver lo evidente: ni su amante es la Butterfly que él pretende que sea ni el carácter de los orientales es como con tanta convicción le asegura al embajador francés. Esta ceguera autocreada le llevará a su propia destrucción.

En M. Butterfly, Cronenberg renunciaba por primera vez a los efectos especiales y de maquillaje. Desde Inseparables, Cronenberg había trastocado sus soluciones formales. Si antes el horror nacía en el cuerpo para modificar los procesos mentales (La mosca sería el ejemplo más acabado), en esta segunda parte de su filmografía es la mente la que transforma la realidad que la rodea. Esto no significa un giro radical en la carrera del cineasta, ya que sus propuestas son las mismas pero más estilizadas.

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M. Butterfly continúa profundizando en uno de los temas básicos de sus anteriores películas: la alteración del rol sexual (Song Liling se ve obligado a interpretar el papel de una mujer, o quizás a potenciar su parte femenina), el concepto de transformación y la idea de la libertad para explorar y reinventar los comportamientos sexuales.

A Cronenberg le interesa el hecho de que un hombre sea capaz de vivir su propio sueño y de que otro acepte voluntariamente interpretar para él ese papel, metamorfoseando su cuerpo, su mente y su orientación sexual si es preciso. Como siempre en la obra del canadiense, cuando el frágil universo del protagonista deja de ser hermético, descubre una verdad que le resulta insoportable y le conduce al suicidio. No es por casualidad que el instrumento elegido para causar la muerte sea un espejo que ya no refleja esa ilusión tan cuidadosamente construida y mantenida.

Además de la naturaleza subjetiva de la realidad, otro de los temas típicos del director es la ambivalencia sexual y las nuevas formas en que se relacionan los sexos. Cronenberg incide con frecuencia en la posible evolución del comportamiento sexual y en la posición que los roles convencionales que protagonizan dicho comportamiento tienen en nuestra sociedad. Hallamos en toda su obra un cuestionamiento continuo de estos estereotipos. Para Cronenberg, los comportamientos masculino y femenino pueden convivir en un mismo ser.

Por otra parte, una clara inclinación homosexual se encontraba también muy presente en algunas de sus anteriores obras (Crimes of the Future, Inseparables, The Naked Lunch, Crash) y responde a esa constante indagación sobre nuevos comportamientos sexuales. El objetivo de esta exploración es mostrar nuevos caminos al ser humano para revitalizar unas relaciones eróticas que ya no funcionan.

Son varias las películas de Cronenberg que unen sexo y tecnología de un modo fetichista, algo que en M. Butterfly adquiere un tono más sutil y austero. Para Cronenberg, los protagonistas de este filme están creando su propia sexualidad, pero no lo hacen quirúrgicamente (que habría sido el modo  habitual en el que este hecho hubiese sido mostrado en los primeros trabajos del director). Crean la ópera de sus vidas a través de la imaginación y la sexualidad se convierte en una creación de la mente.

Finalmente, señalaremos una vez más el énfasis en el tema de la transformación y la metamorfosis. Empezando por la mariposa del título, el insecto que se convierte de oruga que se arrastra en hermosa criatura alada, asistimos a varias metamorfosis. Primero, Liling acepta encarnar la fantasía de Gallimard respecto a la mujer oriental y se reinventa a sí mismo de hombre en ideal femenino; en segundo lugar, Gallimard, insignificante contable en un matrimonio sin pasión se convierte en un diplomático ambicioso y seguro de sí mismo que cuenta con el amor de una diva de la ópera; en último lugar, una vez ha quedado dolorosamente claro que el espía chino es realmente un hombre y la fantasía tan cuidadosamente orquestada queda rota en añicos, es el propio Gallimard el que lleva a cabo la metamorfosis final que lo transforma en la verdadera Butterfly.

¿Hasta qué punto fue un amor real?, nos preguntamos estudiando la expresión de Liling al abandonar Francia.

Boursicot habló con Shi unos meses antes de la muerte del cantante. Shi le dijo que todavía lo quería. 

Escribe Lucía Solaz Frasquet

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Fuentes

González-Fierro Santos, José Manuel: David Cronenberg. La estética de la carne. Nuer. Madrid, 1999.

López Martín, Francisco: David Cronenberg/eXistenZ. El placer de lo siniestro. Banda Aparte Películas. Ediciones de la Mirada. Valencia, 2000.

Rodley, Chris (ed.): David Cronenberg por David Cronenberg. Alba Editorial. Barcelona, 2000.

Solaz Frasquet, Lucía: “El cine de David Cronenberg”. Artículo disponible en:
http://www.encadenados.org/n40/cinema_paradiso.html

Wadler, Joyce: “Shi Pei Pu, Singer, Spy and ‘M. Butterfly,’ Dies at 70”. Artículo disponible en: 
http://www.nytimes.com/2009/07/02/world/asia/02shi.html

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