Brave (Indomable) (Brave, 2012)

  20 Agosto 2012

Pixar vs Disney: ¿tradición contra modernidad? 

brave-indomable-1Todos los que salimos decepcionados tras ver Cars 2 teníamos fundadas esperanzas en que sólo fuera un reventón en la ya larga carrera de Pixar Animation Studios y que su siguiente proyecto sería capaz de devolver el prestigio crítico al estudio… de la taquilla no hablamos porque siempre ha sido excelente en todos sus estrenos.

La verdad es que Brave (Indomable en el subtítulo español, que obviaremos por coincidir precisamente con el título de la última película de acción de Steven Soderbergh estrenada en España: Indomable) aclara el panorama, si bien no del todo.

En cualquier caso, devuelve las producciones Pixar al terreno de la originalidad, la calidad técnica y una cierta renovación en los planteamientos ideológicos, algo no del todo fácil cuando hablamos de los principales valedores del espíritu de Walt Disney, que todos sabemos a estas alturas que es uno de los principales baluartes de la familia tradicional, el orden establecido, el predominio de lo políticamente correcto y, en definitiva, el American Way of Life.

Devuelve la originalidad porque es una historia nueva, aunque inspirada en multitud de cuentos clásicos, y uno empezaba a temer que todo el catálogo de Pixar se centrara únicamente en secuelas, tras el empacho sufrido con Toy story 3 y Cars 2. De todas formas no cantemos victoria, porque junto a Brave ya se incluye el tráiler de la segunda parte de Monstruos SA y también se anuncian nuevas secuelas de Buscando a Nemo y prácticamente todos los títulos originales de la casa.

Mantiene la calidad técnica que ha sido marca de fábrica desde los orígenes de Pixar, allá por los tiempos de Toy story y Bichos. Aquí los mayores esfuerzos se aprecian en la integración de los personajes en un paisaje que tiene gran importancia en la narración y es mostrado a base de “tomas aéreas” en multitud de ocasiones, con unos movimientos de cámara técnicamente impecables que confieren a la narración un espíritu aventurero del que carecen hoy por hoy todos sus competidores en el campo de la animación (por más que Dreamworks o Blue Sky sigan cosechando éxitos económicos con la tercera y la cuarta parte de Madagascar y Ice Age, respectivamente).

Junto a esos planos generales habría que destacar el sorprendente resultado conseguido con los pelos de la osa (que llegan incluso más allá de lo obtenido con Sulley en Monstruos SA) y con el largo y ondulado pelo rojo de Mérida, la protagonista de la historia. Un detalle que tiene su importancia en la película dado que el pelo es en gran parte el símbolo del personaje: mientras su madre intenta recogérselo con un moño y taparlo, para presentarla en sociedad como una auténtica dama, la joven prefiere llevarlo suelto, al aire, libre… una perfecta síntesis de su propia personalidad.

Respecto a los planteamientos ideológicos propios de Disney, baste recordar que es la productora que ha mimado desde sus orígenes el rol de las princesas como perfectos objetos de decoración, siempre esperando al príncipe azul, siempre en manos del hada malvada, nunca capaces de valerse por ellas mismas, rendidas a su papel de complaciente trofeo para el apuesto galán de turno.

Y es aquí donde Pixar pisa a fondo para separarse lo máximo posible de esa imagen anquilosada de los personajes femeninos de Disney… aunque quizá no es oro todo lo que reluce.

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La reconversión de las princesas

Fue La bella y la bestia el primer título que mostró una mujer con cierta capacidad para reclamar su libertad y decidir por ella misma dentro de la galería de personajes de Disney. En aquel brillante musical se iba un paso más allá de la reciente La sirenita y se apostaba por un personaje femenino fuerte.

El éxito de la propuesta, tanto a nivel de crítica como de público, animó a la compañía a ir un pasito más allá con Pocahontas, aquella india que bebía los colores del viento por el apuesto invasor John Smith, recién llegado en un barco para adoctrinar a los salvajes indios, o incluso Mulan, donde todo el esfuerzo por convertirse en un bravo soldado en la China imperial quedaba en segundo plano cuando la protagonista debía conseguir el amor del capitán de turno.

Revisadas hoy, estas películas es cierto que tienen apuntes, aunque uno siempre acaba con la sensación de que por muchos mensajes feministas o de defensa de la naturaleza que incluyan, al final la hembra siempre acaba en los fornidos brazos del macho… lo que en el fondo era su gran aspiración, por más que éste tuviera el aspecto de una ruda bestia peluda.

Pasados los años, las últimas princesas Disney han tenido una aceptación más bien discreta, baste recordar para ello Tiana y el sapo, un film que en su estreno español incluso perdió la presencia de la princesa en el título (The princess and the frog), que fue una de las últimas películas de animación tradicional de la compañía, y, en menor medida, Enredados… aunque éste era un título producido ya con John Lasseter y sus chicos de Pixar al mando del timón de Walt Disney Productions.

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Así que el consejo de sabios que preside Pixar, que es el encargado de dar el visto bueno a las nuevas producciones (y a veces lo hace con mucho tiempo, por ejemplo, Brave ha tardado seis años en finalizarse) vio con buenos ojos la posibilidad de crear un nuevo héroe femenino, con algo de princesa, pero también de guerrero, en la línea de Mulan o Pocahontas, pero en 3D y con más de un elemento contemporáneo... pese a tratarse de un cuento tradicional.

Así nació Mérida, la primera heroína de Pixar, el primer cuento tradicional de la compañía y, además, la primera película de la productora que iba a ser escrita y dirigida por una mujer, Brenda Chapman.

Pero seis años son muchos para una producción, por más que ésta sea animada y esté en manos de los gurús de Pixar. Tras varios años, finalmente Brenda Chapman abandonó la dirección por “diferencias creativas”, aunque conserva los créditos como guionista y como directora, junto a Mark Andrews.

Eso sí, la Mérida que ha llegado a las pantallas es distinta a las demás heroínas de Walt Disney… ¿o quizá no tanto?

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Un cuento tradicional

Brave responde a una estructura tradicional en tres actos, con un planteamiento, un desarrollo y un desenlace claramente definidos.

La primera parte, que transcurre en el castillo, sirve para presentar a los personajes y, sobre todo, para establecer el conflicto entre Mérida y su entorno, particularmente su madre, amante de la tradición, de lo femenino y de la continuidad. Mérida se siente más atraída por el arco que le regaló su padre, además de por pasear a caballo en mitad de la naturaleza y lo masculino: no es el rol femenino su favorito.

El desarrollo muestra un viaje compartido por la heroína y la madre (que tenga otro aspecto —que aquí no desvelaremos— es lo de menos). Un viaje es siempre un aprendizaje y, brujas y encantamientos mediante, permitirá a ambos personajes aprender el uno del otro, descubrir aquello que en la vida cotidiana en el castillo eran incapaces de ver: el amor entre ambas. La piedra de toque es la amenaza de un oso legendario, casi perteneciente al reino de la Oscuridad, que regresa al mundo real para atacar a Mérida... afortunadamente, ella cuenta con una compañera de viaje que la ayudará a sobrevivir.

La tercera parte, ya de regreso al castillo, es un desesperado intento por “reponer el vínculo”, es decir, por devolver a los protagonistas a su relación inicial, a lo que se suma que las aventuras vividas juntas han supuesto un aprendizaje para todos y no sólo para las dos mujeres: también el resto de tribus aprenderán a convivir en paz respetando las decisiones de cada uno de sus miembros. ¿Una democracia medieval?

Una estructura clara en la que encontramos diseminados multitud de detalles que nos remiten desde el Robin Hood más cinematográfico a cualquiera de las adaptaciones de Hansel y Gretel, además de citas algo más perversas a los tres cerditos (esos trillizos que acaban siendo unos personajes entrañables y puñeteros como ellos solos) y otros cuentos de toda la vida.

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Aunque no sólo de los clásicos se sirven los creadores de Pixar: si bien la madre es el prototipo de princesa en la tradición Disney, el padre más bien parece sacado de cualquier película de Dreamworks, por ejemplo Shrek o incluso Cómo entrenar a tu dragón. Y los tres pretendientes… bueno, digamos que en esta primera parte de la película Brave bebe en más de una ocasión de su eterna competencia —Dreamworks— incluso en algunos gags algo primitivos y escasamente elegantes.

Pero es a partir del giro que da la trama, con la entrada en escena de una bruja al más puro estilo Disney, cuando Brave se desmelena, literalmente, y se convierte en una película absolutamente nueva… y devuelve a Pixar el pulso que demostró en sus obras maestras que, para este cronista, serían títulos como Wall·E, Buscando a Nemo o Ratatouille.

El viaje del héroe, ese en el que todos aprenden mutuamente, permite a Mérida descubrir aquellos valores que su madre siempre había tratado de insuflarle, mientras que su progenitora ha de vivir en su propia carne la importancia de ser libre, de poder elegir, para comprender lo que siempre ha deseado su hija. La aventura en el bosque es, en el fondo, un camino de aprendizaje, siguiendo una tradición que viene subrayada visualmente por la presencia de un monumento megalítico inspirado en Stonehenge.

Ojo, saltaros este párrafo los que no queráis padecer un spoiler: vamos a descubrir algo de la trama. Avisados quedáis. El mayor mérito de Brave en este tramo está en la ingeniosa forma en que han resuelto la incomunicación que siempre han padecido madre e hija: obligadas a convivir, a pelear juntas, a lograr un objetivo común y, sin embargo, incapaces de hablar una con la obra, aunque sea debido a un conjuro que ha transformado a una de las dos en un animal. Una forma perfecta de conjugar la trama y el simbolismo que conlleva: juntas, pero no se hablan... tan sólo logran entenderse mediante gestos. Uno de los grandes hallazgos del guión.

Eso sí, tras las peripecias en el castillo, durante la parte final del relato, la película vuelve a los orígenes y toma prestada la escena final de La bella y la bestia, en este caso también para devolver a un ser querido a su aspecto original, aunque no sea un príncipe precisamente el que es salvado en el último segundo.

Afortunadamente, se agradece que Pixar no caiga en los errores de heroínas anteriores de Disney —como Pocahontas, Bella o Mulan—, quienes finalmente estaban destinadas a caer rendidas en los brazos de su príncipe más o menos azul. En Brave la heroína se mantiene firme en su propuesta independentista, en su vida al margen de caballeros andantes, lo que la convierte, esta vez sí, en un personaje único dentro de la tradición de princesas Disney. Toda una novedad.

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Un gran espectáculo

En el camino, como apuntes enlazados con una trama que por fin está atada y bien atada (recordemos, la anterior era Cars 2: fallaba por un guión que acumulaba una dispersión total de secuencias técnicamente impecables, pero que no hacían avanzar la historia), encontramos temas queridos por Pixar y ya abordados en anteriores films.

Así, la educación que los padres intentan imponer a los hijos sin tener en cuenta sus verdaderos deseos es algo que se convertía en el eje central de Buscando a Nemo, aunque también estaba presente en otros títulos de la productora, como la saga de Toy story o Ratatouille.

Las falsas apariencias o, mejor dicho, la necesidad de no fiarnos de la primera impresión y saber mirar más allá del aspecto exterior encaja con el discurso ya planteado en Bichos y continuado con títulos como Monstruos SA, Ratatouille o Up.

Ideas básicas que se entrelazan con temas ya anotados, como el papel de la mujer, la defensa de la naturaleza, el libre albedrío o la recuperación de mitos y leyendas, en este caso de las islas británicas y la cultura celta.

Esta localización geográfica ha animado a Pixar a prescindir por primera vez de sus dos músicos favoritos, Randy Newman y Michael Giacchino, para contar con un Patrick Doyle que atraviesa un especial estado de gracia: si su banda sonora para El origen del planeta de los simios era impactante, ésta se ajusta aún mejor a la trama, la viste en todo momento, la completa, con guiños a la música celta, con instrumentaciones en ocasiones espectaculares… todo un festival que dota a Brave de un valor añadido. Lo mismo que se puede decir de las 3D: elegantes, sin abusos, no molestan en ningún momento, pero añaden una dimensión adicional al espectáculo.

Lástima que la película contenga varias canciones traducidas (todas menos la final de los títulos de crédito), lo que por momentos nos devuelve al añejo Disney de otras épocas: no se puede negar el esfuerzo de los intérpretes, pero el resultado final chirria por todas partes y por momentos nos “desconecta” de una aventura concebida como un perfecto mecanismo de relojería.

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Algunos apuntes finales

Destacar además cómo maneja Brave la elipsis y como muestra un botón: tras haber probado la madre ese pastel especial que la transformará en “otra”, los trillizos ayudan a Mérida en sus desvelos por el castillo, por lo que ésta les anima a comer todo lo que quieran y ellos ven el pastel sobre a mesa. No vemos nada más y nada sabemos de los trillizos hasta tiempo después… en que aparecen transformados en “otros”. Sin más explicaciones. Igual que la madre. Eso es utilizar la elipsis con imaginación.

También los créditos cambian respecto a anteriores propuestas de Pixar, donde era habitual encontrar tomas falsas —ojo, con personajes animados—, algo que ahora la competencia ya copia con asiduidad, por lo que en Brave encontramos una escena añadida, justo al finalizar los créditos, con un vigilante al que los trillizos habían realizado una gamberrada y en este epílogo se retoma el chiste para cerrarlo. Ojo: hay que quedarse hasta el final de los créditos.

El ritmo (excepto ese inicio algo perezoso), el montaje, la planificación (¿hemos hablado ya de las tomas aéreas del paisaje, tanto diurno como nocturno, con sol o con lluvia?), la animación… en fin, que John Lasseter y sus chicos han vuelto a demostrar que lo suyo es la animación y que en ese campo no tienen rival.

Incluso el corto que acompaña a Brave, titulado La luna, un pequeño ejercicio de imaginación sobre la diferencia entre una luna llena y una luna nueva, es una entrañable pieza que recupera los grandes hallazgos de otras ilustres miniaturas de Pixar, como fueron en su día El juego de Geri, Pajaritos o Presto.

Quizá el varapalo crítico y comercial cosechado con John Carter anime a los gurús de Pixar a dedicarse a lo suyo y dejar el otro cine para directores más preparados para lidiar con otro tipo de aventuras. El fracaso de Andrew Stanton (responsable de Buscando a Nemo y Wall·E) como director de una película de "imagen real" demuestra que no todos los maestros valen para todos los géneros... y Stanton ya está al mando de Buscando a Nemo 2.

Pixar ha vuelto y la renovación de Disney está en marcha: esperemos que sea para quedarse.

Escribe Sabín


Más información sobre Pixar en el monográfico nº 69 de Encadenados, publicado en julio y agosto de 2011.

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Título Brave (Indomable)
Título original Brave 
Director Mark Andrews y Brenda Chapman
País y año Estados Unidos, 2012
Duración 93 minutos
Guión Brenda Chapman, Irene Mecchi, Steve Purcell y Mark Andrews
Montaje Nicholas C. Smith
Música Patrick Doyle
Distribución The Walt Disney Company Spain
Doblaje original Kelly Macdonald (princesa Mérida), Billy Connolly (rey Fergus), Emma Thompson (reina Elinor), Kevin McKidd (lord MacGuffin), Robbie Coltrane (lord Dingwall), Julie Walters (la bruja), Craig Ferguson (Lord Macintosh)
Fecha estreno 10/08/2012
Página web http://www.disney.es/brave/index.jsp