Bichos (A bug's life, 1998)

  05 Septiembre 2011

De cómo los Bichos se comieron a las Hormigaz

bichos-105Tras el éxito de Toy Story (John Lasseter, 1995) el listón había quedado demasiado alto para Lasseter y sus colaboradores. La apabullante recaudación de Toy Story, que resultó ser el film más taquillero del año en USA, la concesión de un Oscar especial para Lasseter por realizar un film enteramente digital, y sobre todo, una emotiva historia enriquecida con varios niveles de lectura junto a unos personajes en estado de gracia (el vaquero Woody y el astronauta Buzz Lightyear), resultaron sin duda un estímulo para todos los componentes del equipo de animación, pero se generaban de igual manera unas enormes expectativas sobre el siguiente proyecto de Pixar y una importante presión sobre todo el equipo de producción.

En aquellas fechas todas las miradas estaban puestas en cuales serían los siguientes pasos de los creadores de Toy Story, aunque destacaba sobre todo la interesada mirada del estudio de animación Dreamworks, principal competidor de Pixar, comandado por Jeffrey Katzenberg  en el pasado antiguo responsable de la división de animación de Disney.

El resultado final a tantos desvelos tras tres años de arduo trabajo fue Bichos (1998), dirigida de nuevo por John Lasseter y codirigida por Andrew Stanton, una historia protagonizada por insectos antropomórficos, que toma prestado aspectos de la fábula de Esopo La cigarra y la hormiga y, sobre todo, era un remake inconfeso de Los siete samuráis de Akira Kurosawa (1954).

La historia nos relata las desventuras de una colonia de hormigas, obligada por una banda de saltamontes bajo la batuta del jefe Hooper a entregarles una cuota de alimentos. Debido a la torpeza de la hormiga protagonista (Flick), no pueden entregar a tiempo “la ofrenda” establecida y en espera del castigo que se les avecina, el propio Flick se encarga de encontrar la solución a tanta desdicha. Flick parte a la gran ciudad para contratar a un grupo de mercenarios que les ayude a vencer a los saltamontes. Pero tan sólo consigue a los insectos que integran una troupe circense, lógicamente sin ninguna experiencia en el campo de batalla, aunque a base de ingenio y solidaridad al final lograrán liberar a la colonia de hormigas de la opresión de los saltamontes.

Pero los saltamontes, a las órdenes del patibulario Hooper, no eran la única amenaza de nuestra querida colonia de hormigas. Las huestes de Dreamworks-Katzenberg contraatacaron con un film, también casualmente protagonizado por hormigas (Hormigaz ,1998), al que le quisieron dar un tinte más sombrío y comprometido, con guiños evidentes a un público más adulto.

En esta batalla por la audiencia y la supremacía en el terreno de la animación digital, Hormigaz consiguió estrenarse en USA en Octubre de 1998, un mes antes que Bichos. Aunque sobre esta curiosa lucha entre los Bichos y las Hormigaz volveremos más tarde.

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De nuevo personajes con alma

Siempre se ha comentado que el éxito de los productos de Pixar radica además de en su perfección técnica en la creación de unos personajes dotados de humanidad y sentimientos, con los que el espectador puede fácilmente conectar e identificarse: son, en definitiva, personajes con alma.

Pero en Bichos, sin perder desde luego esta premisa, ocurre algo paradójico y es que el grupo de los personajes protagonistas (las hormigas) resultan menos interesantes, más planos e infantiles que el resto de los personajes del film, y además con unos valores más arquetípicos (el trabajo, el sacrificio, la solidaridad, la familia, la responsabilidad).

En sí mismas, las hormigas como grupo resultan algo cargantes y salvo excepciones son poco cómicas, muy dirigidas a la identificación con el público de menor edad y además en su condición de hormigas hemos de asumir su ordenamiento social clasista (la monarquía, con la reina y la princesa Atta a cuestas) que todavía las acartona más y las hace menos atractivas. Sólo nuestro antihéroe Flick logra abandonar su condición de aburrida hormiga y con su torpeza y su inadaptación se distingue del grupo amorfo y consigue  adoptar en algún momento alguna pose “revolucionaria”, atreviéndose  a exclamar: “¡¡¡Por las hormigas oprimidas del mundo!!!”.

Es precisamente cuando las hormigas entran en contacto con los otros grupos de personajes, como sus patéticos salvadores procedentes del circo o los malvados saltamontes, cuando verdaderamente ganan en complejidad y se enriquecen. Juegan las hormigas un papel de mero contraste, de antagonistas, confrontando la normalidad y el orden que ellas representan frente transgresión de los demás personajes.

Por lo tanto, es obligado destacar en primer lugar a los facinerosos saltamontes. La caracterización de este grupo resulta magnífica como malhechores: son torpes, brutos, borrachos, y no casualmente de tez algo oscura, fácilmente equiparables a la banda de mejicanos que esclavizan a los pueblerinos en el film Los siete magnificos (John Sturges, 1960).

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Hooper, el  jefe de los saltamontes, compone un magnífico gangster que bebe de todas las posibles fuentes cinéfilas, aunque cuando lo veo con su tropa en la “taberna” (sombrero mejicano) en medio del desierto escuchando La cucaracha, en una de las escenas mejor conseguidas de todo el film, no consigo olvidar al general Mapache de Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969) bajo los efluvios del alcohol y escuchando corridos mejicanos.

La comicidad de la banda de saltamontes es salvaje y espontánea, muy visceral, y la emparenta con los  cartoons mas violentos de Tex Avery y  Chuck Jones, y es por eso que contrasta de forma excesiva con el humor blanco de nuestras queridas hormigas, quizá demasiado blancas y anglosajonas.

Otro de los mejores hallazgos del film son los insectos que componen la troupe del circo. Constituyen auténticos outsiders, personajes desarraigados y fuera de lugar, que por las circunstancias (algo tan actual como el despido laboral) se ven obligados a asumir un rol que no les corresponde. Son con diferencia los más humanos, entendido este término como los más vulnerables, patéticos, cobardes y también finalmente, por qué no, comprometidos con las injusticias.

Su presentación en la escena inicial en el circo es modélica, remitiéndonos a toda la iconografía de ferias ambulantes de la gran depresión, donde predominaba la explotación por empresarios aprovechados (en este caso representado por una pulga), la pobreza y la incomprensión de un público inculto. No podemos dejar de destacar la comicidad casi sin diálogos que se consigue con las gemelas cochinillas acróbatas, puro humor del absurdo. Nuestros mercenarios circenses se convierten en el negativo de los héroes cinematográficos en los que se han basado los guionistas de Bichos (los valientes samuráis de Kurosawa o los pistoleros del film de Sturges).

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La perfección técnica

Los adelantos técnicos obtenidos en la imagen por ordenador desde Toy Story, cobran especial interés en este film en el tratamiento visual de la ambientación: la vegetación (las diversas plantas, flores, hojas y su interacción con el viento), la precisión técnica al mostrar las diversas texturas de la tierra (el suelo pedregoso, el desierto reseco, las rocas) y el agua (el efecto lluvia de la escena final).

Destaca sobremanera el tratamiento de la luz, mostrando un sol deslumbrante en la escenas de exteriores, y con una iluminación mucho más contrastada en las escenas de interiores (por ejemplo la escena de la taberna en el desierto mejicano) o los hallazgos de las escenas nocturnas, como la secuencia en el circo o la llegada de Flick a la gran ciudad: el peligro, los vicios y el nervio  de la ciudad viene representado por la luces estridentes de neón, el tráfico incesante y el ruido.

Algunas escenas resaltan por su perfección y ajustado montaje, logrando momentos de gran tensión. Recordamos el ataque del pájaro del tercio inicial del film, donde observamos una escena de acción perfectamente coreografiada, con los movimientos de cada personaje medidos al milímetro, consiguiendo una secuencia de magnifico suspense y dramatismo que nos recuerda al ataque del Tyrannosaurus Rex en Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993).

No podemos dejar de  mencionar en el apartado técnico la magnífica e inolvidable música de Randy Newman, nominada al Oscar a la mejor banda sonora.

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Bichos versus Hormigaz

Bichos se estrenó en Noviembre de 1998, cuando Hormigaz de la compañía Dreamworks llevaba ya algunas semanas en las pantallas de cine. No obstante si nos atenemos a las cifras de recaudación, el éxito se decantó claramente del lado de Pixar, ganando la partida por goleada. En el primer fin de semana Hormigaz recaudó 17 millones de dólares, frente a los 33 de Bichos, y tras 6 meses en pantalla la recaudación de Bichos casi duplicaba a la de Hormigaz.

Sin embargo Hormigaz no es un producto menor, más bien al contrario. Como hemos apuntado anteriormente, la trama de Hormigaz es más oscura que la de Bichos, y refleja una sociedad dictatorial, militarizada, clasista, matizada esta historia algo tétrica por otra de amor imposible entre los protagonistas.

Sin haberlo pretendido, el mensaje social tanto de Hormigaz como de Bichos resulta ahora de plena actualidad, con el pueblo alienado (representado en ambos casos por las “trabajadoras” hormigas), sometido a los caprichos dictatoriales de los mercados (que cada vez exigen mayor productividad) y los grupos de presión (saltamontes-clase militar). La resolución de los conflictos en ambos films es bienintencionada y progresista y apuesta por la unión y la movilización activa del pueblo contra el opresor.

Visualmente Hormigaz no es tan luminosa ni colorida como Bichos, predominando una paleta de colores ocre, sucediendo gran parte de las escenas en el interior del hormiguero, al que los diseñadores artísticos intentaron darle un aire arquitectónico que recordara el estilo de Gaudí. Son constantes los guiños cinéfilos dirigidos a un público adulto (las ya famosas referencias a Patton y Pulp Fiction), sin olvidar a los actores de doblaje en la versión inglesa, que se adaptan perfectamente a los roles de los protagonistas en el film (la apocada hormiga protagonista doblada por Woody Allen o las hormigas soldado dobladas entre otros por Gene Hackman o Stallone).

Sin embargo la perfección técnica de Bichos resultó ser superior a la de Hormigaz (consiguiendo una mayor expresividad facial en los personajes a pesar de todos los esfuerzos en este sentido desarrollados por Dreamworks) y también se consiguió una historia más vital y abierta, con un muestrario de personajes más completo y, sobre todo, más del gusto del gran público. De nuevo Pixar había dado en el blanco.

El propio Lasseter lo reconocía refiriéndose a Bichos: “A pesar de las presiones que teníamos tras Toy Story, es uno de los films más bonitos que hemos hecho”. Pixar estaba dando sus primeros pasos y quizá el problema principal de Bichos es que resultó ser un film, como decía su autor, demasiado “bonito”, donde ni los violentos saltamontes de Hooper ni los inadaptados saltimbanquis del circo lograron quitarnos un regusto demasiado infantil y blando.

Estaban por llegar Ratatouille, Up y Toy Story 3. Y claro, esa ya es otra historia.

Escribe Miguel Ángel Císcar

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