Pixar: aprendizaje y evolución

  13 Septiembre 2011

Siempre hacia adelante

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El único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado todavía, sigue buscando. No te acomodes. Como con todo lo que es propio del corazón, lo sabrás cuando lo encuentres.” Steve Jobs

La cita que aparece en la parte superior es una de las frases más populares de Steve Jobs, corresponde al discurso que el fundador de Apple pronunció en 1995 en la Universidad de Stanford durante la ceremonia de graduación de los alumnos. En ese discurso, Jobs hablaba sobre el momento en que fue expulsado de Apple, su propia compañía, y cómo este hecho propició que tuviera que aventurarse por otros caminos, entre ellos la creación de Pixar, el estudio de animación que realizó la primera película por ordenador, Toy Story, y que ha terminado convirtiéndose en el gran referente respecto al mundo de la animación.

La cita, y el discurso de Jobs, animan a seguir el instinto propio de cada persona para desarrollar aquellas cosas que se quieren hacer en la vida, no conformándonos con la vertiente más acomodaticia. De hecho, esta consideración es uno de los elementos que definen la estrategia de las empresas en las que Jobs ha intervenido y por eso productos como los generados por Apple o Pixar basan su fuerza en la búsqueda de la innovación.

El planteamiento de apostar por la realización de un filme íntegramente por ordenador, con el riesgo que suponía, ya muestra un elemento diferenciador y más teniendo en cuenta que en esos momentos Pixar no contaba con la fortaleza que tiene en la actualidad. Hay que pensar que la puesta en marcha de un proyecto como Toy Story significó un esfuerzo importante para una compañía novel y era difícil imaginar la enorme repercusión que esta película generaría tras su estreno.

Esa actitud de Jobs es idéntica a la que mantiene John Lasseter, el responsable creativo de Pixar, y ahora de Disney tras la fusión de ambas empresas, que apostó claramente por la tecnología tras una formación en la animación clásica (en la propia factoría Disney).

Por lo tanto, un elemento esencial y que está imbricado directamente con la manera de entender el trabajo que se desarrolla en Pixar es la capacidad de superación, combinando riesgo e innovación tecnológica para lograr confeccionar un producto competitivo y que ha conseguido, partiendo de una empresa relativamente pequeña, hacerse con la cuota del mercado principal de animación tras su compra por el gigante Disney.

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Esta introducción sobre el espíritu de Pixar viene justificada porque esa actitud es una de las características esenciales que encontramos en los personajes que aparecen en la filmografía de las diferentes películas que el estudio ha ido creando a lo largo de más de quince años. Las obras que un estudio produce tienen mucho que ver con la filosofía de quienes forman parte de él.

En Pixar, aunque la política de estudios ya no es como en los tiempos dorados de Hollywood (donde cada uno de esos grandes estudios tenía una especialidad o idiosincrasia), producen un tipo de cine que siempre gira alrededor de unos temas y un tratamiento comunes entre los que podemos encontrar la amistad, la solidaridad, un planteamiento adulto de la animación, la capacidad de emplear la tecnología para mejorar el aspecto visual, etc.

Y de entre ese abanico amplio de temas en este artículo vamos a tratar de explicar cómo uno de los elementos que se repiten es la capacidad de evolución y superación que encontramos en los personajes. Tema que tiene que ver mucho con las personas que forman o dirigen las producciones de Pixar y que desde luego tiene uno reflejo evidente en los guiones y en su traslación final a la pantalla.

Enfrentarse a lo desconocido, aventurarse por caminos nuevos y descubrir aspectos vitales de la personalidad y de la vida es algo que se rastrea en el substrato de cada filme. Los protagonistas experimentan una evolución que hace que la situación planteada de partida sufra un vuelco y que ya nada vuelva a ser igual.

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Personajes fuertes que no lo son tanto

Para comprender mejor de lo que estamos hablando veamos el exitoso debut de la factoría Pixar, Toy Story, donde podemos apreciar como unos personajes que viven una existencia acomodada, en un entorno agradable y que reconocemos instalados en  el típico hogar americano, ven alterada su rutina cotidiana por la llegada de nuevos miembros, en este caso, los juguetes que se incorporan a la familia en la época navideña. La única presencia de un elemento extraño, Buzz Lightyear, un juguete que no sabe su auténtico rol, pues piensa que realmente es un guardián del espacio, pone en entredicho el estatus tradicional asumido por los juguetes.

Esta situación provoca en los protagonistas una necesidad de búsqueda, de experimentación, que implica, en primer lugar, un sentimiento de duda, y en segundo lugar, una respuesta desesperada que se traduce en la obligación de enfrentarse a un mundo desconocido. El protagonista, acostumbrado a reinar en la inmediatez de la habitación infantil, ve cómo se cuestiona su autoridad y tiene que aventurarse más allá de su cómodo territorio para enfrentarse al mundo real de los humanos.

La llegada de ese nuevo juguete también le obliga a replantearse su existencia pues por primera vez asume que la aparición del nuevo personaje implica que otros son arrinconados o desplazados en el gusto de los niños.

Por lo tanto, el protagonista se desliza por un camino vertiginoso que le supondrá un nuevo descubrimiento de lo que significa su propia existencia. La supuesta fortaleza o habilidad para superar situaciones de riesgo en su pequeño entorno parece que ahora no es suficiente, teniendo en cuenta además que sus propios amigos le dan la espalda, pues creen que traiciona al recién llegado. El vaquero Woody tendrá que afrontar que otro asume el protagonismo, que ya no es el juguete deseado, y aprenderá en ese camino del descubrimiento que las situaciones son cambiantes, que la asociación con otros, la amistad, es un elemento fundamental para esa evolución.

Este aprendizaje que en Pixar —dado el público al que se dirige— aparece tamizado por el tratamiento cómico, supone en el fondo una dura experiencia para los personajes. En Monstruos, S.A. volvemos a tener un personaje principal llamado Sulley, un encantador monstruo azul experto en asustar, y que tiene que resolver el problema de la niña que se ha infiltrado en su mundo. Sulley es un fenómeno, el mejor asustador, y sin embargo, tendrá que replantearse su cómoda existencia debido a su encuentro con la niña humana.

Otro experto y contumaz personaje que se nos muestra inicialmente descrito como un ganador es el cochecito de Cars, Rayo McQueen. A punto de conseguir su principal triunfo, un ligero contratiempo lo conduce a un pueblo perdido donde fruto de su experiencia con el resto de habitantes del pueblo, termina aprendiendo unos valores que le sirven para mejorar, puliendo ciertas actitudes pedantes con las que había sido caracterizado al principio de la narración. El triunfo final vendrá de ese crecimiento favorecido por la lección que aprende repentinamente en medio de la nada, en lo que parecía el peor sitio del mundo. Éxito final que no se medirá cuantitativamente (el resultado de la carrera), sino cualitativamente, en función de los valores que promueve Pixar: capacidad de mejora, amistad y solidaridad.

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Personajes débiles que son fuertes

Pero donde la evolución adquiere toda su relevancia es en los personajes caracterizados con rasgos débiles y que deben superar todas las pruebas que van apareciendo en su camino. Un primer apunte de este personaje aparece ya en el lejano Bichos, donde una hormiga, aparentemente discreta y destinada a pasar desapercibida, debe asumir el papel principal para salvar a su comunidad. Del destierro inicial pasará a luchar contra los guerreros representados por las langostas.

Este personaje, que en Bichos está desarrollado de una manera superficial, adquiere su verdadera esencia en una trilogía sobre el crecimiento como adulto que podemos seguir en Buscando a Nemo, Ratatouille y Up, y que también salpica a ciertos elementos expuestos en Wall·E, aunque en este caso queda más ocultado por el refinamiento abstracto que desarrolla este filme.

En estos filmes tendremos siempre un mismo planteamiento. En primer lugar, los personajes están ubicados en un entorno particular, privado, muy cercano. Su conocimiento coincide con la extensión de ese mundo cerrado. Mientras están ahí, la situación está relativamente controlada y el peligro queda circunscrito a la parte exterior. En Buscando a Nemo es el arrecife, un espacio que funciona como un pequeño pueblo, agradable y luminoso, más allá, la inmensidad del océano aparece como una amenaza. En Ratatouille y Up ese entorno protector es la propia casa donde habitan los personajes. En Up, además, la imagen es muy clara, la casa del anciano subsiste bajo la amenaza de la especulación que cerca ese espacio vital para el protagonista.

En segundo lugar, tenemos que frente a las amenazas la propuesta es siempre la misma: anhelo de conocimiento. Un pequeño pez payaso, una rata y un niño van a descubrir el mundo, van a ampliar sus conocimientos. Frente al aprendizaje tradicional (la escuela, los libros), Pixar nos propone la sabiduría que se esconde en el propio descubrimiento del mundo. Todo el océano, París o un espectacular viaje que convierte la casa en globo son los escenarios de esa enseñanza. Por ello, este conocimiento va asociado al itinerario, al viaje iniciático, a la toma de contacto con nuevos personajes y, en definitiva, a la madurez basada en la experiencia y el conocimiento.

Y una tercera característica es que este aprendizaje es solidario. Los personajes principales no son entes individuales y aislados. El conocimiento se aprende compartiendo las experiencias. El conocimiento se genera de la interacción de los personajes y en estos filmes que estamos analizando las relaciones funcionan como el complemento necesario para la adquisición de la experiencia. Eso implica que a través de las parejas, los personajes se complementan para experimentar esa evolución. Cuando vemos Ratatouille podemos preguntarnos quién aprende más, si la rata o el cocinero; y la respuesta debe ser ambos: los dos obtienen beneficios de la interacción mutua.

En Buscando a Nemo parece que es Nemo, el hijo, el que tiene que aprender la lección, pero a lo largo de las vicisitudes que pasan los dos para reencontrarse el aprendizaje ha sido común. El hijo aprende y el padre también aprende que debe dejar aprender, que debe dejar crecer al hijo para que éste se convierta en un joven responsable.

Un díptico solidario que podemos observar también en Up, donde juventud y vejez se dan la mano para desafiar los retos a los que deben enfrentarse. Siempre funciona de igual manera.

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Nunca es tarde para evolucionar

Por lo tanto, hemos comprobado cómo todos los personajes que pueblan la ya considerable filmografía de Pixar siempre están sometidos a vaivenes que les obligan a evolucionar. Desde los que poseen una vida cómoda hasta los que tienen que luchar por ella, desde los que parece que tienen todo el conocimiento hasta los que no saben nada, desde los que arrasan con su personalidad hasta los más retraídos, cualquiera tiene la posibilidad de evolucionar para mejorar las cosas.

Si recogemos la cita inicial de Jobs con la que encabezábamos este artículo vemos cómo el fundador de Apple decía “No te acomodes”. Esa es la clave que define el espíritu de lo que hemos intentado transmitir en estas líneas. Woody, Nemo, Remi, Buzz Lightyear, Rayo McQueen, Wall·E, el niño o el abuelo de Up, no se acomodan.  Por eso la mayoría de las películas de Pixar se convierten en excitantes viajes que funcionan como las road movies, viajes externos que terminan condicionando el interior de los personajes.

No son personajes estáticos cuya opción sea mantener el estatus actual, todo lo contrario. Les encanta el riesgo y parte del encanto de las aventuras de Pixar tiene que ver con ese planteamiento. El hecho de que sean pequeños (Nemo), indefensos en un mundo de adultos (los juguetes de Toy Story), un elemento insignificante de la sociedad (la rata de Ratatouille) o no cumplan con los módulos fotogénicos al uso (el niño regordete y el anciano cascarrabias de Up) no implica que no puedan evolucionar constantemente.

Si hemos comentado que el componente tecnológico es un elemento esencial en la realización de las producciones del estudio, mejorando continuamente el acabado visual en cada proyecto, es normal que esta metodología basada en la perfección empape los guiones y la narración cinematográfica, pues si algo tiene Pixar es que la apuesta por la tecnología va unida a un trabajo igualmente importante del guión y el lenguaje cinematográfico.

Por lo tanto, y retomamos ahora la tesis que planteábamos al inicio de este artículo, es difícil separar el espíritu de empresa, la filosofía de trabajo y esa ansia por evolucionar, de muchos de los temas que posteriormente se trasladan al guión. Por eso hemos considerado el aprendizaje y la evolución como dos de los aspectos más destacables que nos ofrece el cine de Pixar.

Escribe Luis Tormo

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