Up (Up, 2009)

  11 Septiembre 2011

Cine para todos, ¡por fin!

up01Desde que Pixar irrumpiera pisando fuerte en la creación de largos allá por 1995 mediante la ahora trilogía Toy Story, los padres ya no temen los veraniegos o navideños —dependiendo de la ocasión— estrenos “infantiles”. Las carteleras les ofrecen un respiro, no viéndose obligados a acudir a las salas para satisfacer a sus hijos, sino que los filmes que entran a ver poseen interés también para ellos.

No es que esto no hubiera sucedido aisladamente con anterioridad, pero Pixar ha hecho de sus producciones un valor seguro, no una apuesta. Puede que sus films gusten en mayor o menor medida pero lo que sí es cierto es que están ideados para que posean elementos específicos para cada grupo de edad.

La saga protagonizada por el vaquero Woody es un claro ejemplo de cómo, poco a poco, los trabajadores de Pixar han logrado que sus filmes no sean sólo para niños a pesar de ser ese su target principal. En Toy Story 3 hay bromas que disfrutarán los niños y no los adultos y chistes para los mayores que escaparán a las mentes de los más pequeños, he aquí la magia de la compañía. Antes de su aparición se habían desarrollado proyectos “para toda la familia” que, en su mayoría, se quedaban a medio camino satisfaciendo las necesidades de unos en detrimento de las de otros, como la fallida El príncipe de Egipto, que a pesar del gran despliegue de medios que supuso (recordemos que la canción principal fue interpretada por las divas Mariah Carey y Whitney Houston) no llegó a buen puerto.

Esta situación aún está por ocurrir en la compañía dirigida por Ed Catmull, que ha dado con la fórmula para que las películas de su empresa colmen expectativas de jóvenes y mayores.

Las técnicas que sigue son simples pero complejas a la vez, dado que frente a la inanidad de otras propuestas, Catmull siempre elige proyectos de tremendo bagaje en el que sumergirse como el temor de los sujetos ante lo desconocido —Monstruos S.A. o el tan típico miedo a la soledad que caracteriza a un ser social como es el ser humano —Wall·E—. Consigue que la temática se expanda y quede perfectamente descrita, contando con una moraleja que contentará a los pequeños y reflexiones que dejarán pensando a sus padres. El combo perfecto de calidad y entretenimiento familiar.

Ni siquiera su más directo competidor, Dreamworks, ha logrado parir una serie de productos de calidad homogénea. Dado que en su haber encontramos grandes filmes como Antz, y productos prescindibles como Monstruos contra alienígenas.

Puede ser que en un futuro la fábrica de éxitos/grandes películas deje de serlo pero por el momento esto no ha sucedido.

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La profundidad de Up

La riqueza de Up emana de la enorme cantidad de temas que toca y reside sobre todo en que se trata de una película movida por las emociones, el hilo que conduce las escenas de filme se teje dentro del corazón de los protagonistas, tanto el amor (los Fredicksen) como el odio (Muntz), polos opuestos que solo comparten su pasión por la aventura, mientras que los primeros dedican sus vidas al cariño y respeto, el segundo es dueño de una repleta de amargura e impotencia.

Pete Docter y Bob Peterson dirigen la primera película de Pixar cuyos protagonistas son humanos normales y corrientes, con existencias que no salen de lo común y explotan las infinitas posibilidades que esto desprende. A pesar de que usualmente se trasladan temas típicamente humanos a animales, como el caso de la preocupación paternal en Buscando a Nemo, aquí la totalidad del guión se esgrime desde un prisma humano: el envejecimiento, la soledad, la necesidad de cariño y, un tema ya recurrente en anteriores películas de esta factoría, la defensa de los derechos de los animales.

El carácter protagónico de la realidad humana sirve de instrumento para, mezclándolo con grandes dosis de fantasía, crear un híbrido perfecto entre realismo y ficción. La cinta parte de la premisa de que una casa puede ser desplazada mediante globos de helio y recorrer una gran distancia, proposición absurda que carece de importancia debido a los hechos que de esta condición devienen. La casa es movida metafóricamente por la ilusión de Carl Fredicksen en su ofuscación por cumplir el mayor deseo de su fallecida esposa.

El leitmotiv de Up no es otro que una de las emociones básicas del ser humano, el amor.

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La música de Michael Giacchino

Mención aparte merece el score del filme, destacando especialmente el espacio en el que se nos narra la vida del señor Friedricksen sin palabras.

Esta sucesión de imágenes sin diálogo se ha convertido en una de las mejores creaciones de la factoría Pixar hasta la fecha. Sólo con el uso de fotogramas y una música calculada y compuesta para cada uno de ellos se trasmiten las duras emociones de los protagonistas —sus truncados deseos de tener descendencia—, así como sus momentos más felices —sus picnics, leyendo en sus queridas butacas—.

Gracias a este montaje se explica la relación del protagonista con su esposa en poco tiempo y de un modo muy efectivo, creando un enorme vínculo con un personaje de suma relevancia pero que apenas disfruta de minutos. Esto va a ser necesario para crear empatía con Fredicksen y que la película funcione, si la explicación de su mujer, Ellie, no hubiera poseído este simbolismo y definición tan claros el filme sería uno más, careciendo de las características que lo hacen diferente.

Esto es posible, en parte, gracias a la hábil mano de Giacchino, que crea música que encaja y muestra perfectamente el espíritu de la película. No siendo este ni mucho menos su primer trabajo de calidad, avalado por haber sido elegido frecuentemente por el inteligente J. J. Abrams —Star Trek (2009)— quien tiene suma pericia a la hora de rodearse para sus proyectos de colaboradores talentosos, véase a Roberto Orci o Matt Reeves.

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Niños vs. adultos

Los más pequeños disfrutarán especialmente del personaje de Charles Muntz, ese villano al que todos amarán odiar y de los elementos que le rodean, un mundo de imaginación rebosante de perros que hablan y pájaros multicolores. Dicho entorno hará las delicias de los más pequeños, desatando su imaginación.

En cualquier película dirigida a este público es necesario que existan unos valores muy bien definidos que den lugar a una o varias moralejas. En este caso esos valores vienen marcados por una defensa a ultranza de los animales en peligro de extinción y de su hábitat natural, así como de animales domésticos, como los perros, que aparecen maltratados por el descubridor, utilizados a modo de sirvientes. También hay un claro respeto a la tercera edad, en una sociedad en la cual los niños tienen mucho contacto con sus abuelos.

Este razonamiento ha de ser simple para unos sujetos que aún no han desarrollado el pensamiento crítico y basan su pensamiento sobre todo en la información que reciben de los demás (especialmente de sus padres), contrastando los hechos con las reacciones de aquellas personas que les procuran respeto. El “bien” y el “mal” tienen que estar perfectamente delimitados, a pesar de ser unos conceptos ambiguos.

Además, el filme contiene otras reflexiones y exposiciones destinadas a mentes más desarrolladas. En Up encontramos la trama contra el malvado Muntz, pero también los dilemas que le sobrevienen al anciano ante la muerte de su esposa, sus dudas sobre la vida sin ella, sobre si la habrá hecho feliz y qué es mejor para él de ahora en adelante. Temas muy cercanos a la raza humana, muy cercana siempre a la muerte por su carácter finito.

Son varias las lecciones que Up puede ofrecer para aquellos que han perdido a un ser querido como la importancia de seguir adelante. En este caso Carl Fredicksen toma el papel del desparecido padre de Russell devolviendo la ilusión al pequeño, ilustrando dicha enseñanza.

Los guionistas consiguen exponer con maestría esta vital lección. Este mensaje, que probablemente pase inadvertido para los pequeños, es el que conseguirá emocionar a los mayores.

Escribe Sonia Molina

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