La soledad del triunfo

  24 Abril 2011

zuckerberg-timeEl 18 de febrero de 2011 la prensa de medio mundo se encargó de publicitar un encuentro celebrado entre Obama y los líderes tecnológicos de su país. Fue una reunión con un grupo escogido de personas que representaban, entre otras, a empresas como Google, Apple, Facebook o Twitter. Y en esta aproximación, una de las instantáneas más reproducidas fue aquella que recogía la conversación del presidente americano con Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook.

En 2010, Zuckerberg fue escogido como “Persona del año”, una distinción que otorga la revista Time y que implica aparecer en la célebre portada del semanario. Cuánto honor para alguien que en las primeras imágenes de La red social (The Social Network, 2010) se muestra obsesionado por ser aceptado en el selecto club de estudiantes de su universidad. Pero avancemos justo hasta el final del filme.

En busca de la aceptación

La red social concluye con  el personaje de Mark Zuckerberg, interpretado por Jesse Eisenber, solo, en un despacho, tras lo que parece ha sido una de las jornadas del juicio al que se enfrenta por demandas que tienen que ver con el derecho de la propiedad intelectual de la popular red social.

Un plano frontal lo sitúa frente a su ordenador mientras realiza una búsqueda en Facebook que le lleva al perfil de su antigua novia, Erica (Rooney Mara), solicitando a continuación una petición de amistad. La cámara se acerca con un leve movimiento al rostro de Mark mientras él refresca la aplicación de manera casi autómata esperando obtener una aceptación de su petición. El leve zoom se aplica también al plano de la pantalla del ordenador y esa continuación del raccord entre rostro y pantalla acentúa la necesidad de Mark por conseguir la comunicación virtual, el ansiado follow.

Es un epílogo que enlaza con el inicio del filme, donde Mark está sentado junto a Erica en un abarrotado bar, inmediatamente se produce una discusión entre ambos y la conclusión es la ruptura que provoca los acontecimientos que se desarrollarán a continuación.

La película describe una trayectoria circular que hace que el protagonista empiece solo y termine solo. Es cierto que finalmente tenemos un personaje —nunca mejor dicho— afamado, valorado y rico, tres características que se encuentran en la parte superior de la escala de valores de la sociedad que describe La red social, pero también es verdad que esa escena final no es lo que entendemos como la representación de un ganador, y el valor positivo asociado al triunfo se lastra negativamente por la sensación de soledad que implica que, para la consecución del objetivo, el protagonista ha tenido que embrutecer su conducta hasta el punto de continuar solo.

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El hecho de que el protagonista termine solicitando la amistad de Erica no hace sino acrecentar la carga perniciosa sobre Mark, pues la joven es el personaje más honesto e inocente que aparece en la pantalla. Víctima de una discusión con Mark al comienzo, será objeto de escarnio público a través de internet, y el filme le concede al menos ese papel de figura digna a la que el genio intentará acercarse en algún momento.

Así, tras la escena inicial, Erica vuelve a aparecer en una segunda ocasión cuando Mark ya es un personaje destacado y se encuentran de una manera fortuita en un local de copas. En este encuentro, Mark aparece solitario mientras ella disfruta de la compañía de unos amigos. Tras una agria discusión (“me llamaste zorra por internet” le espeta al creador de Facebook), en esta escena la película vuelve a confirmar que el éxito en la vida profesional no tiene por qué reproducirse miméticamente en la parte personal.

Desconozco si el guión de Aaron Sorkin se ajusta a la realidad, aunque el propio guionista comentó, con ocasión del estreno del filme, que un equipo de abogados estudió todas las afirmaciones para que no fueran objeto de querella, con lo cual parece desprenderse de esas palabras que lo que se muestra en pantalla tiene ciertos visos de realidad. Pero tampoco es un tema objeto de análisis en este artículo la veracidad de la propuesta, pues lo realmente interesante no es si pasó, lo interesante es que la historia que cuenta la película, asentada en temas clásicos como la ambición, la amistad y la traición, tiene la fuerza y la credibilidad suficientes, aunque sea ficción.

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¿Quieres una cerveza?

Mark se acaba de trasladar a California. El proyecto Facebook parece más consolidado y la empresa, dentro de las características propias de este tipo de startaps (empleados jóvenes, ambiente divertido, mezcla de trabajo y ocio, componente tecnológico), va orientándose hacia una estructura más organizada.

Y justo en ese punto tenemos una escena, que pasa desapercibida, pero que aporta un componente significativo adicional sobre la forma en que nuestro protagonista (no) se relaciona con las mujeres. Mark abre la puerta de su casa y se reencuentra con Sean Parker (Justin Timberlake) que entra en su casa acompañado de la chica que tiene en ese momento. Mark le arroja una cerveza y Sean la recoge al vuelo, a continuación Mark realiza el mismo gesto con la chica, pero es incapaz de recoger la botella que cae al suelo rompiéndose. Inmediatamente Mark vuelve a tirarle otra botella y la chica tampoco es capaz de recogerla. Para reiterar el mensaje, esa segunda vez, justo cuando lanza la cerveza, David Fincher utiliza la cámara subjetiva y la botella se estrella contra la pantalla (el espectador).

aaron_sorkinEs una manera muy visual de decirnos que Mark es incapaz de mantener un contacto con un personaje femenino, pues aunque La red social basa toda su fuerza en la estructura de su escritura, aquí ya no estamos ante un trabajo de guión, pues la clave de la escena viene en como está montada para cambiar el punto de vista en el plano final implicando directamente al espectador.

Esta situación ya se había establecido con anterioridad: mientras las relaciones femeninas de Eduardo o Sean se muestran en pantalla, las de Mark permanecen ocultas en un segundo plano. La noche que Eduardo y Mark son reconocidos por dos chicas en la conferencia de Bill Gates, la relación sexual de Eduardo y su pareja se evidencia en pantalla en la escena de los lavabos; el encuentro de Mark sólo se aprecia mediante los sonidos de la banda sonora y un plano de los pies de éste, pero, como en todo el filme, no vemos una relación cercana del creador de Facebook con las mujeres.

La red social castiga al protagonista en cuanto puede y cada éxito profesional viene acompañado de un revés en las relaciones personales; así, tras una de las jornadas del juicio, Mark mantiene una conversación que parece sincera con la ayudante de su abogado, pero cuando recibe la invitación de Mark para cenar es incapaz de aceptarla, dejando a nuestro protagonista ante una sensación de humillante fracaso.

Pero si la parte más crítica recae sobre el personaje de Mark, también es cierto que los personajes masculinos se convierten en la diana donde apuntan todos los dardos hirientes que el guión lanza de principio a fin. La figura del hombre representa el triunfo, todos los personajes masculinos asumen un rol dominante —y arrogante— y de manera implícita conlleva que las mujeres aparecen arrinconadas en ese mundo social y profesional. Estos hombres que desempeñan sus trabajos como creadores informáticos, inversores o abogados no dejan espacio a la mujer, mujeres que en toda la película desempeñan papeles secundarios (secretarias, ayudantes, acompañantes).

En este sentido, Eduardo y Sean tampoco quedan bien parados en su relación con los personajes femeninos. Eduardo terminará peleando con su pareja y Sean aparece descrito como el conquistador que siempre está rodeado de mujeres, aunque éste último en ningún momento mantiene con ellas un acercamiento más allá del mero encuentro festivo, con relaciones que navegan entre el entretenimiento y el juego, y que finalmente le costarán caro. Curiosamente, con el repulsivo Sean es con quien Mark mantiene unas relaciones más fluidas.

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Hombres solos

Las razones de la descripción pesimista de los personajes masculinos, de la que el joven creador de Facebook es el arquetipo perfecto, se ubican en la tesis general del filme: la crítica sin paliativos a todos aquellos que entienden la estrategia empresarial y la vida pública y privada como una competición feroz donde “el todo vale” se convierte en la moneda de cambio para sus actuaciones. La mezquindad se encuentra, además, tanto en los que parecen llevar las riendas (Mark, Sean) como en aquellos que sufren la traición (los gemelos Winklevoss, Eduardo) pues todos forman parte del mismo sistema.

La sensación que produce La red social es que el egoísmo es la característica que define la actuación de estos hombres empeñados en convertirse en los dueños de su destino.

Desde la atalaya en que les sitúa su posición en los centros emisores de inteligencia y poder (la universidad de Harvard y la California de las empresas de servicios tecnológicos) y en un mundo articulado según unas reglas de caballeros, que luego se obvian (como se demuestra en la conversación que mantienen los dos hermanos con el Rector de la Universidad de Harvard), nadie es fiel a nadie. La traición a los amigos (Erica, Eduardo) y a los colaboradores iniciales (los hermanos Winklevoss) es el resorte que facilita el castigo, esa soledad del éxito es la penitencia que parece imponer el filme a la actuación de Mark.

zodiacEs verdad que el relato del origen de Facebook está trazado como la ascensión a la cumbre de un genio y al final Mark ya es un líder que cuenta con un reconocimiento similar al Bill Gates, cuyo personaje aparece representado a mitad del filme dando una conferencia, pero este camino ascendente está sembrado de surcos.

La red social habla del origen y la difusión del fenómeno Facebook, pero el valor que aporta el filme no tiene que ver con la narración de  este fenómeno sino con el tema universal de la ambición y la traición. En este caso puntual es Facebook, pero el resultado sería el mismo si el filme se centrara en otro sector, pues su análisis cubre a todos aquellos personajes que son capaces de sacrificar elementos vitales de su vida conseguir una meta. Y como en otras películas que han tratado este tema al final estos personajes terminan solos.

Dentro de los artículos que componen este especial sobre La red social ya se ha hablado sobre los puntos en común que existen entre ésta y Ciudadano Kane (un personaje poderoso que también acaba su vida solo) y podríamos elegir otros títulos, como Eva al desnudo, donde la ambición y el juego sucio, y sus consecuencias, podrían aplicarse perfectamente a la descripción de Mark.

Este personaje solitario, negativo y tristemente ambiguo, enlaza además con algunos de los protagonistas que desfilan por la filmografía de David Fincher, pues aunque La red social es un filme donde la faceta de autor recae principalmente en el guión, es difícil no recordar otras soledades que pueblan la filmografía de Fincher: en Seven, el personaje que encarna Brad Pitt es capaz de perder a su mujer en aras de la resolución de un caso y los tres protagonistas del filme están solos; y un ejemplo similar lo encontramos también en Zodiac, donde el policía protagonista, obsesionado durante años con la posibilidad de encontrar a un asesino en serie, termina solo, aislado profesional y personalmente.

Esa es la moraleja que expone La red social: una descripción afilada de un modelo de estructura social que permite que un hombre pueda ascender a la cúspide, sea cual sea su postura (a)moral, pero que a la vez incluye un reverso sombrío que alerta de las consecuencias que tiene dejarse en el camino parte de la dignidad innata en las personas.

Escribe Luis Tormo

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