Odi et amo en Facebook

  07 Mayo 2011

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.
   Nescio. Sed fieri sentio et excrucior.
                                         (Catulo)

laredsocial-03El resorte que pone en funcionamiento los perfectos engranajes de La red social es uno de los más ancestrales sentimientos que habitan en el alma humana: el resentimiento. La ruptura de la pareja formada por Erica Albright y Mark es la espoleta que desata el ansia de venganza en el herido protagonista masculino.

El prólogo de la película es todo un anticipo de la logomaquia, de la esgrima verbal en que el guión se sustentará. Lo que era una cita más entre una pareja de estudiantes universitarios deviene en un duelo verbal lleno de connotaciones polisémicas y de dobles sentidos que acabará con el certificado de defunción de dicha relación.

Los malentendidos lingüísticos son un reflejo de los miedos y de la ambición, de las carencias y de la soberbia que anidan en el cerebro, y en el corazón, del futuro creador de Facebook, incapaz de mantener una conversación en sus términos referenciales, en la transmisión e intercambio de información, saboteando con su ingenio y agudeza el diálogo, del que extrapola toda una serie de implicaciones y presuposiciones que revierte en su pareja. Básicamente éstos se sintetizan en que él duda de su propia capacidad de atracción para con las mujeres, con lo cual llega a invalidar la propia relación que está manteniendo con Erica.

Intentando zafarse del estigma al que su inteligencia desaforada parece abocarle, cae de lleno en él, teniendo que soportar de boca de su pareja que su problema no sólo reside en que sea un nerd (“cerebrito”, “empollón”…), sino en que es un “idiota”. Erica considera “agotador” relacionarse con Mark, pues estar y salir con él es “como salir con una apisonadora”.

La obsesión de Mark (“motivación” para él) por engrosar las filas de los Clubs universitarios más selectos y exclusivos como vía de acceso, trampolín a “una vida mejor”, a la cima del poder, a través de algún hecho substancial que llamen la atención de los mismos, es la gota que desborda la paciencia de su chica, después de haber tenido que soportar que Mark explicitara que ella no era inmune a esa erótica del poder.

A partir de este momento el corazón herido de Mark nutre de gasolina su potente motor intelectual, azacanean el rencor y el ansia de venganza las terminales cerebrales como instrumento ejecutor de su despecho.

La película estructurará todo el proceso de la creación y triunfo de Facebook a partir de un montaje en paralelo, del cual no seremos conscientes hasta transcurridos 16 minutos, cuando aparezca la escena en el despacho de abogados donde se están litigando una serie de demandas contra Mark. En cierto modo, esta parte inicial sería como la prehistoria, los antecedentes de los hechos que se van a dirimir. Por este motivo Mark no quiere involucrar a Erica en el litigio en que se encuentra inmerso. Se esfuerza por preservarla de la contienda legal, pues al fin y al cabo, como apreciaremos en la secuencia que clausura la película, ella todavía está muy presente en su corazón.

Así pues, el núcleo central del filme es una especie de sucesivas analepsis que se ven pautadas por breves pero intensas secuencias situadas en el presente de la narración. En este presente Mark se enfrenta a dos enemigos: por un lado, al que fue su mejor y único amigo, Eduardo Saverin; por otro, al trío formado por los resentidos gemelos Winklevoss y su ayudante Divya.

A partir de las declaraciones de unos y otros se configura el armazón poliédrico del relato.

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“Nerds”: una palabra definitoria

Con este término se califica en tres ocasiones al personaje principal: en dos de ellas la utiliza Erica. Como ya hemos visto, en el prólogo inicial.

A renglón seguido, cuando Mark se la encuentra de manera casual en un restaurante, acompañada por un grupo de amigos con los que ella está cenando. A Mark se le esfuma el éxtasis que lo inundaba (acababa de ser objeto de una felación) cuando detecta entre la multitud a su ex pareja. Estamos en el minuto cincuenta y uno y el inicial Facebook ya está en la red, con el consiguiente éxito y reconocimiento para Mark. Al acercarse a la mesa, Erica, tan cortés como aceradamente fría, lo rechaza y, ante la insistencia de él por hablar con ella, termina por humillarlo públicamente, despreciando y burlándose de su hallazgo, de su genial invento, al que ella tilda de “videojuego”. Con unas palabras demoledoras, le hace sabedor de que ni olvida ni perdona las ofensas que él le ha infligido, recalificándolo como “nerd” y mostrándole toda su indiferencia. La euforia de Mark se desvanece de su rostro. Este nuevo encontronazo se convierte en un acicate más. La lección que extrae Mark  se sintetiza en “tenemos que expandirnos”; a otros campus, a Yale, a Columbia. La procesión va por dentro.

Por último, Mark es nuevamente etiquetado con tal calificativo cuando los gemelos Winklevoss dejan de lado todas sus reticencias para adoptar medidas legales contra el usurpador de su idea, después de haber visto “colgado” en la página de Facebook la carrera de remos en que acaban de ser derrotados: “Al diablo con todo, aplastaremos a ese maldito nerd”.

No obstante, la mejor caracterización del personaje como tal nerd, la imagen visual que mejor refleja su etopeya, son los zapatos que Mark calza desde el inicio hasta el final de la película: unas chancletas de piscina Adidas. Con ellas atraviesa todo el periplo fílmico y con ellas corre por entre la nieve (con unas bermudas como pantalón) y, especialmente, se destacan en el plano de sus pies desnudos a la hora de comparecer ante la Junta de Administración de la Universidad, así como el plano de sus pies con calcetines blancos y las chanclas frente a los tacones de diseño de la admiradora que le realiza una felación en el baño. También las conserva durante todas las secuencias situadas en el despacho de abogados, aunque su apariencia se estilice por ir con camisa y corbata. De este modo, su torpe aliño indumentario es un fiel reflejo de su personalidad.

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El valor de la amistad

Eduardo Saverin será el fiel aliado en la aventura intelectual y empresarial del protagonista. De hecho, es “su único y mejor amigo”. La ruptura de esta amistad marca el punto de inflexión en la soledad de Mark. La relación entre ambos sostiene el elemento dramático principal del guión, ya que la presencia de Erica es más un fantasma que una realidad. Por tanto, el carácter del personaje evoluciona junto a y en contraste con el de su amigo.

Eduardo aporta el componente pragmático y racional, la vertiente de un economista más apegado a la realidad por ser conocedor de los mecanismos de funcionamiento empresariales. Será el primer inversor y patrocinador de la idea. Sin embargo, su pragmatismo llega a convertirse en una atadura para el objetivo que persigue Mark, que es algo más que una simple aventura empresarial. Debido a esto, irán distanciándose, hasta la aparición del personaje de Sean Parker, fundador de Napster. Su modus vivendi y su atrevimiento encandilarán desde un principio a Mark, que ve en él a un modelo, a una especie de álter ego con el que compartir sus más profundas inquietudes, sin aherrojarse por los consejos y precauciones que Eduardo le impone.

A pesar del pasado turbio asociado a Sean (drogas, quiebra de dos empresas, relaciones sexuales con menores), se gana la confianza y la admiración de Mark, por supuesto en detrimento del cauteloso y precavido Eduardo. Entre ellos se establece un triángulo imposible: Sean y Eduardo se disputan la atención del protagonista. Éste coincide con el creador de Napster en su iconoclastia, en su rebeldía frente a las normas sociales e, incluso, en los motivos que les indujeron a erigir sus empresas. Sean le cuenta a Mark que fue una causa sentimental la que originó y espoleó su intelecto: quería llamar la atención de una compañera del instituto, de igual modo que el origen de la firma Victoria’s Secret fue un motivo personal.

Mark parece que ha encontrado a un alma gemela, pero ante la pregunta de que si Sean todavía se acuerda de esa chica, aquél responde indolentemente que no. Obviamente, la cara de Mark expresa que no es su propio caso.

De una manera indirecta, parece ser que, maquiavélicamente, Mark fragua la ruptura con ambos amigos cuando no le son necesarios: en el caso de Eduardo utilizando a Sean, aunque existe el precedente de la acusación de crueldad con los animales que había recaído sobre Eduardo y que alguien filtró al periódico de la Universidad (¿Mark?); para con Sean, también se insinúa que fue Mark el que llamó a la policía para que ésta pillara in fraganti a Sean en una fiesta con drogas y menores. 

Una muestra del vínculo existente entre Mark y Sean nos la ofrece la secuencia en la que aquél atrapa al vuelo una cerveza lanzada por Mark, mientras que su acompañante femenina es incapaz, por dos veces, de atraparlas, estrellándose contra el suelo y la pared. El vacío provocado por la ruptura entre Mark y Eduardo se escenifica mediante la silla vacía que enfoca la cámara en el despacho de los abogados y, ante el requerimiento de uno de éstos —¿por qué no acudió a los gemelos si necesitaba dinero?—, Mark responde que acudió a Eduardo por sus cualidades profesionales, porque era la persona con quien quería asociarse y porque era su mejor amigo. El plano de la silla vacía muestra la disolución de esta amistad.

Para Eduardo, el motivo de la ruptura fueron los celos de Mark ante el proceso de ingreso en una de las hermandades más codiciadas, mediante las sucesivas invitaciones que Eduardo recibe.

Como símbolo de la amistad que les unió, del inicio del camino al éxito, queda la mención al algoritmo que Mark solicitó a Eduardo para arrancar con la codificación. Este algoritmo simbolizará su vínculo roto.

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La atracción por el éxito

Los gemelos Winklevoss desempeñan la función de antagonistas “malvados”. Ambos representan y detentan la aristocracia universitaria, un dúo de patricios que encarnan toda una serie de valores que los nuevos tiempos arrumbarán. El verdugo de su posición preeminente será Mark, un parvenu que sólo puede confiar en sus posibilidades individuales para ascender en la escala social. Un David que triunfará frente a los Goliats. Un nerd frente al arquetipo de universitario guapo, deportista, atlético y rico de aquéllos.

El mundo que estos dos hermanos representan, su posición en la cúspide de la escala social y universitaria, es uno de los temas que trataron Mark y Erica en la conversación inicial. La obsesión de Mark por buscar un lugar en ese sol del poder, frente a la indiferencia de Erica.

La hazaña de colapsar y hacer caer la red en la universidad que efectúa Mark después de su ruptura sentimental recaba el interés de los gemelos.

Cuando intuyen que Mark está llevando a cabo un doble juego, prefieren mantenerse en lo que consideran su obligación de “caballeros de Harvard”: no arremeter directamente y, mucho menos, judicialmente, contra la persona a la que consideran que les ha hurtado su idea.

Paulatinamente, se irán concienciando de la debacle que se les viene encima. Recurren al rector o presidente de la Universidad para que les saque las castañas del fuego, pero éste se inhibe, además de tratarlos como a unos relamidos imbéciles.

Mark canaliza a través de ellos su rencor social, su venganza por haber sido menospreciado: sólo le han permitido el acceso al cuarto de bicicletas de la hermandad y sólo le han ofrecido ¡un bocadillo!, en el instante en que cierran una especie de acuerdo para que sea su programador. Como explicita Mark, el origen de la demanda de los gemelos no obedece al robo de la propiedad intelectual, sino a que es la primera vez en su vida que las cosas no les han salido como ellos consideraban que debían funcionar. O sea: han sido derrotados. Humillados.

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La sala de las declaraciones

Posiblemente sea en este espacio, donde se desarrolla el presente de la narración, el lugar desde el cual debemos apreciar mejor la personalidad del protagonista. La declaración ocupa un día del tiempo cronológico, pero concentra una historia que se ha desarrollado tres o cuatro años atrás y que se ha desplegado en casi un año. En principio, es el ámbito elegido desde el cual perspectivizar lo narrado, las diferentes imágenes del caleidoscopio.

En ella está presente desde el inicio una joven abogada silente, ayudante del defensor de Mark. La cámara se encuentra varias veces con su mirada. Al final de la película, se nos informará de que es una especie de experta en la selección de jurados. Su función será doble: por un lado se convierte en una especie de confesora del solitario Mark, cuya única compañía es el ordenador portátil. Por otro, desempeña la tarea de evaluar si nuestro protagonista tiene posibilidades de ganar en un juicio. Su veredicto es inapelable: le insta a Mark a que acepte el acuerdo que se le ofrecerá, pues delante de un jurado, debido a su peculiar personalidad y su característico físico, tiene todas las de perder.

Asimismo, Mark aprovecha para sincerarse delante de ella, sin ningún testigo incómodo. A ella le confiesa que no odia a nadie, frente al odio que él ha suscitado no sólo entre los demandantes, sino también en Erica.

También le declara su certeza de que él no se considera un mal tipo. “Lo sé”, responde ella, a lo que añade su convencimiento profesional de que las personas, durante un testimonio con presión emocional, exageran en un ochenta y cinco por ciento de lo que dicen; el quince por ciento restante son mentiras.

De esta manera se nos previene ante la “veracidad” de los respectivos testimonios que han hilvanado el desarrollo de la película. “El mito de la creación necesita un diablo”, afirma la joven abogada, al tiempo que le asegura que él no es un idiota, sino que está tratando con muchas dificultades de ser quién es. En un último arrebato reivindicativo, Mark vuelve a proclamarse como el inventor de Facebook. Pero lo que aquí se dirime es  lo que juzgaría un jurado, no  la verdad o la mentira, aunque sea en sentido extramoral.

En completa soledad, Mark contempla el perfil de Erica dentro del sitio web del que él es artífice. Como un usuario más, compulsivamente, le envía mensajes para que ella lo acepte como amigo.

Mientras los títulos de crédito nos informan del acuerdo al que se llegará, suena una canción de los Beatles: You’re a rich man. Efectivamente, un pobre hombre rico.

Escribe Juan Ramón Gabriel

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