La Universidad según Facebook

  30 Abril 2011

La sociedad del conocimiento 

laredsocial-00Cuando se publiquen estas líneas ya se sabrá cuántas estatuillas le ha dado Hollywood a la película La red social de David Fincher (2010). Méritos cinematográficos no le faltan a este destacable biopic, realizado a partir de un magnífico guión adaptado del conocido Aaron Sorkin.

La película realmente no nos descubre nada nuevo ni sorprendente, pero sí reedita con maestría y actualización el American way of life. Argumento poderoso, dado los tiempos que corren, para llamar la atención de los miembros de la Academia.

También contribuye lo suyo el que la revista Time reconociera al fundador de Facebook como la persona más influyente de 2010 (la revista le ha dedicado dos monográficos en muy poco tiempo, nº 31 de mayo 2010 y el nº 27 de diciembre). Cabe destacar que el otro candidato al título de 2010 era Julian Assange, fundador de Wikileaks, ahora preso y extraditado a Suecia desde Inglaterra.

Al margen de la contingencia de los premios (varios Globos de Oro, entre otros muchos), es indudable que La red social ofrece múltiples lecturas. En estas líneas trataré de explorar los apuntes que se ofrecen sobre la institución desde la que se crea Facebook, esto es, la Universidad.

Como ya se ha dicho, la película de Fincher no indaga tanto en los interiores de Facebook como en las peripecias del grupo de sus creadores para hacerse con la propiedad del invento. Y gran parte de esta peripecia vital de los fundadores, incluidas las excentricidades del protagonista, transcurren dentro de la Universidad de Harvard y del juzgado que ha de dirimir sus diferencias.

No sé por qué, pero cuando vi por primera vez La red social me acordé de Tiempos modernos (Chaplin, 1936). En esta película la acción transcurría en una fábrica y los obreros se manifestaban por las calles. Gran parte de la acción de La red social se desenvuelve en espacios cerrados: garitos de copas, habitaciones, clases, campus, incluso cuando se convierte en multinacional aparece una nave con luces de neón poblada de mesas con ordenadores. Pese a la distancia cronológica y las diferencias, las dos películas mantienen numerosos elementos comunes. Uno de éstos, a mi entender, es la forma irónica, más en una que en otra, de plantear cómo las tecnologías del momento modifican la organización social del trabajo y desconcierta a las instituciones que las albergan. Cambios ante los que éstas no saben muy bien cómo reaccionar.

laredsocial02

La red social se localiza y desarrolla en la llamada “sociedad del conocimiento”, en la cual la institución universitaria juega un papel bipolar. Por un lado, Zuckerberg se vale de las “oportunidades” que le brinda el campus para pergeñar y poner en marcha su invento. Desde el algoritmo hasta las bases de datos, elementos constitutivos de Facebook, son de la universidad, estaban ya ahí. Sólo hacía falta una cabeza como la del protagonista para juntar todos esos datos y crear algo nuevo, algo que ni el rector ni el jefe de seguridad supieron reconocer en aquellos momentos como algo valioso.

Pero es que, por otro lado, tampoco la institución le ha sacado gran provecho al descubrimiento de las redes sociales, pese a que la clase universitaria, especialmente el estudiantado, son usuarios intensivos. A todo esto, ¿entre la lógica de Facebook y la Universidad puede haber algo en común?

La película nos muestra cómo ni los reglamentos ni las medidas de seguridad en la protección de datos soportan la presión de los usuarios más inquietos. Y lo que es más importante: los “inventos” ya no los hacen unos señores raros con bata blanca y encerrados en su laboratorio, sino unos jovenzuelos en la habitación de su residencia y guiados por emociones, comentarios y sentimientos no reconocidos, hasta ahora, como relevantes en la historia de la ciencia y la tecnología.

laredsocial03

La Universidad cumple así un papel fundamental, pero secundario, y sólo para los más despiertos. Sólo para los más intrépidos dispuestos a poner en marcha su start-up a partir de una idea pergeñada en la cafetería de la facultad. Permanecerá en el campus hasta que desaparezca o llegue una inyección millonaria de algún fundo de inversiones —también fondos “basura”— y lance hacia el éxito a la empresa recién fundada. Por cierto, ¿Zuckerberg habrá recompensado de alguna manera a Harvard por lo que contribuyó en la creación de Facebook?

Cuando los hermanos Winklevoss se presentan ante el rector para que se les reconozca como co-creadores de Facebook, aquél les contesta de mala manera, pero haciendo explícito el ideario de lo que se pretende de la Universidad en estos tiempos: la ética y los reglamentos sirven de muy poco,  lo que deben hacer es olvidarse de lo sucedido e “inventar un empleo porque eso es mejor que buscar un trabajo. Aquí en Harvard todo el mundo inventa algo, así que ustedes pongan en marcha un nuevo proyecto”. Y sin más, el rector despacha a los hijos de un acaudalado empresario que además es “donante” de la institución.

De manera que tanto los Winklevoss como Eduard Saverin han de optar, como último recurso, por la vía judicial ordinaria para reclamar lo que consideraban les corresponde. En Tiempos modernos era la policía la que, a garrotazo limpio, imponía el orden en las calles, en La red social es en los juzgados, donde los demandantes reclaman la reposición de sus derechos. Pero en el colmo de la inmoralidad, no esperan al dictamen del juez sino que pactan la resolución entre bastidores a cambio de dinero y silencio, como así se resolvió la demanda contra Zuckerberg.

Aunque sea de forma indirecta, el relato de La red social explicita algunos detalles sobre cómo y qué debe ser la Universidad para el futuro inmediato. Bueno, más bien muestra los destellos que alumbran lo que se conoce ya como Espacio Europeo de Educación Superior o “plan Bolonia”.

laredsocial01

Se trata de una Universidad subyugada a determinadas ideas, aún sin contrastar, pero que se aplican con el rigor del converso neoliberal. El aprovechamiento de la oportunidad, el ser emprendedor, siempre en tránsito, prevalencia de lo mercantil sobre cualquier otra consideración, un conocimiento instrumental y aplicado, adquirido en un contexto de individualismo competitivo, insolidario y sexista —las chicas ceden su imagen pero no tienen empleo en los inicios de Facebook—. Estos son, pues, algunos de los rasgos que caracterizarían al tipo de Universidad que emerge de las ruinas del modelo precedente y que, pese a las críticas, tanto ha contribuido al estilo de vida que hoy disfrutamos.

No merece la pena ponerse a discutir sobre si un modelo es mejor que el otro. Pero sí hemos de ser conscientes que los algoritmos con los que opera Facebook y que sus dueños protegen como secreto de empresa, son producto de una forma de hacer ciencia en la Universidad. Ahora ésta se somete a cambios en virtud de los cuales algunos hablan ya de la “postuniversidad”. Bajo la dirección de un experto en comunicación y el apoyo de varias multinacionales del sector de las telecomunicaciones, los estudiantes bonaerenses que participan en la experiencia “postuniversitaria” se aplican en el uso de la redes sociales como Facebook o Twitter, en vez de libros y pupitres. ¿Quiénes y dónde se generarán algoritmos como el que Eduard le escribió a Zuckerberg en la habitación la noche del desengaño?

Son los inicios de la Universidad “ligera” que pone al alcance de todos conocimientos, recursos tecnológicos y en especial muchas “oportunidades”. Pero La red social nos dice que en medio de todo ello, sin reglas ni códigos éticos —ya no hay lugar para los “caballeros de Harvard”— sólo sobrevivirán los más dotados, como Zuckerberg. Un superdotado de la programación capaz de reinterpretar lo que hay a su alrededor y concebir un invento informático con más de 500 millones de “amigos” en estos momentos. Invento concebido bajo un principio: “la vida sentimental es lo que mueve la vida universitaria”.

¿Así de simple será la Universidad? En fin, con independencia de los Oscar, La red social nos brinda la ocasión para reflexionar sobre el modelo de Universidad, y de sociedad, hacia el que nos encaminamos. En este sentido cabría preguntarse: la Universidad según Facebook, ¿será la versión actualizada del espejo que tanto encantaba a la Alicia de Carroll?

Escribe Ángel San Martín

laredsocial-04