Valor de ley (True grit) (2010)

  27 Enero 2011

Ambivalente remake

Valor de ley, de Joel y Ethan Coen¿Cuáles son los resortes creativos que pueden mover a los hermanos Coen a revisitar una película legendaria como Valor de ley, de 1969?

Entre otras cosas, gracias a nuestro reciente Rashomon, podemos postular que su filmografía guarda un débito incontestable con el western, pero también que nunca se han decidido a filmar una película ambientada en los vastos horizontes de los años de plomo del siglo XIX. El hecho de que por primera vez se aventuren con el formato clásico, parecería la culminación lógica de toda una trayectoria que no dejaba de apuntar hacia ello.

Sin embargo, tras visionar True grit, no dejamos de tener la sensación de que los geniales hermanos pretenden dar un paso decisivo sin acabar de adelantar los dos pies: su western no es más que un remake, un tipo de película que por definición, pretende contar lo mismo que su antecesora desde un nuevo punto de vista, casi siempre con la secreta intención de mejorar en lo posible aquélla, o al menos dotarla de una colección de sentidos que los viejos tiempos no permitieron o pudieron mostrar.

¿Cuenta la versión de los Coen con ese valor añadido? Responder a esa pregunta implicaría colocarse en la siempre delicada postura de comparar ambos filmes, cosa que puede acabar no haciendo justicia a ninguno de ellos; pero éste resulta un recurso fácil y siempre matizable, dos características fundamentales para llevar a cabo un análisis crítico en tan menguado espacio.

Una primera respuesta sería que no, puesto que para el purista la versión de los Coen puede resultar mucho menos valiente y oscura que la de Hathaway, por no hablar de que tampoco cuenta con su sentido del humor. A cualquiera que haya llegado hasta aquí no debe resultarle difícil sacar la conclusión, quizá un tanto precipitada, de que su película no sólo no mejora, sino que no llega a igualar a su predecesora, claro está, siempre y cuando su intención hubiera sido ésta… pero ¿realmente lo es?, ¿pretendían los Coen mejorar el clásico de John Wayne?

Ante tal acusación de soberbia intelectual, podríamos decir en su descargo que la obra original de Charles Portis en la que se basan los dos guiones es literaria, y que quizá su versión no responde sino a una relectura de aquélla, pero estaríamos sin duda faltando a la verdad, puesto que la versión de los Coen clona situaciones, diálogos e incluso actitudes de los personajes de la de Hathaway: bastaría echar un vistazo a los andares de Jeff Bridges (magnífica también su voz en versión original) para darse cuenta de que su paso tambaleante no es otra cosa que un homenaje al mítico Duque. Como para seguir la senda un poco más allá de lo plasmado en el celuloide, su interpretación ha merecido también una nominación a los Oscar; está por ver si llegará, como Wayne, hasta el final del camino y consigue la preciada estatuilla.

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No, la respuesta no puede ser sólo literaria: los Coen han tenido muy presente la versión de 1969 al realizar su película, y como resultaría ridículo afirmar que pretenden mejorar (o como en el caso de la clonación plano por plano de Psicosis de 1998, “adaptar” al público contemporáneo) una película que no necesita ser mejorada, lo único que podemos afirmar es que se trata de un sentido homenaje.

La segunda respuesta debería entonces, tornarse un tanto más condescendiente: True grit no pretende dar un valor añadido, sino recuperar un clásico del mismo modo que cualquiera puede reivindicar la herencia cultural que le dejaron sus padres: de aquí provenimos, a esto aspiramos.

El Valor de ley de 1969 es un western atípico, trufado de un sentido del humor mordaz y en ocasiones muy negro: muestra el conflicto generacional entre los viejos valores del salvaje oeste y las nuevas y refinadas maneras de la burocracia naciente, en las que siempre deberíamos tener a mano algo más que un revólver para resolver los conflictos; en ese sentido, el arma que porta Mattie Ross, un Colt Dragón, no es sino una metáfora de aquellos tiempos remotos que están por morir, y su famoso abogado J. Noble Daggett, la de los nuevos.

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La True grit de 2010 es una película menos rompedora, no en vano es un remake; hasta sus coqueteos surrealistas (un médico con piel de oso que atraviesa las frías sendas boscosas) pueden tener un referente en otros westerns como Dead man de Jim Jarmusch.

Pero no por ello es una mala película que carezca de originalidad; algunos de los añadidos al casi calcado guión de su predecesora son realmente notables: la elipsis con que comienza la historia, el discurso de los condenados a la horca, la primera noche de Mattie Ross en la funeraria, o el percance del ranger de Texas (Matt Damon) en la lengua, que sí aporta nuevos matices a un personaje excesivamente plano en la película de Hathaway. También debemos anotar su renovado epílogo y un sinfín de pequeños detalles que enriquecen una versión que se ve con deleite, y que la mayor parte de las veces tiene por protagonista al estupendo Jeff Bridges en su papel del Marshall Cogburn.

Así que de lo precedente debemos colegir que no sería totalmente justo establecer una comparación entre  las dos versiones para defenestrar a una de ellas: la película de los Coen es un western con el añejo sabor de los clásicos, pero rodado hoy día sin renunciar a las señas de identidad que los han hecho famosos: el retrato de personajes, el cambio generacional, la violencia como recurso fácil y rápido o el humor surrealista al que no quieren renunciar incluso en el viejo oeste.

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Pero tampoco debemos eludir una respuesta sobre la comparativa. Creo, desde un punto de vista personal, que Valor de ley de 1969 es una película más rica y atrevida que su sucesora, a pesar de pertenecer a los viejos tiempos en los que supuestamente no todo podía mostrarse con la crudeza actual. Que el personaje de “la hermanita” Ross es más creíble interpretado por  Kim Darby que por  Hailee Steinfeld, e incluso que resulta más dura en ciertos aspectos cuando retrata a unos personajes desprovistos de escrúpulos y encallecidos por el alcohol y la muerte.

No obstante, el espectador desprovisto de prejuicios (y me permitiría recomendar a aquellos que los tuviesen que procurasen dejarlos a la entrada del cine) disfrutará sin duda con esta nueva versión, que merecerá su rinconcito en la historia del western aunque sólo sea por el papel de Bridges.

Con respecto a los Coen, sólo rogarles que de una vez por todas se atrevan con aquello que todos estamos deseando verles hacer: un western sin acreedores.

Escribe Ángel Vallejo

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