El film noir más lisérgico de los Coen

  28 Noviembre 2010

El gran Lebowski 

El gran Lebowski, de Joel y Ethan CoenLa octava realización de los hermanos Coen, y quizá una de sus obras maestras, es la historia de un “fumeta” vago y pacífico, residente en Los Ángeles, que no ha sabido reciclarse y se ha quedado en hippie eterno. Pero es un tío cabal, quizá el único de la ciudad. Así lo piensa el narrador, una figura angélical, bonachona y demiúrgica interpretada de manera inolvidable por el gran vaquero Sam Elliot.

El Nota (así se llama el personaje interpretado por Jeff Bridges), es el único verdadero hombre de un relato que gira en torno al concepto de hombría, pues cada personaje de esta historia tiene su personal idea sobre ello y gusta demostrarlo, aunque también es un relato que juguetea y pone del revés todas las constantes y clichés del film noir, de la película detectivesca, en la que el Nota se convierte en el heredero legítimo de Philip Marlowe.

Los Coen demostraron ser brillantísimos e inspirados sucesores del Black Mask americano, y de la literatura negra más exquisita con su Miller’s crossing, un extraordinario homenaje al género, con la sombra de Hammett y Chandler detrás.

Es evidente que a los hermanos les va el crimen; ya habían coqueteado con él en su primera película, y volverían a hacerlo en la insuperable Fargo. Pero también lo es que les va la ironía y el sarcasmo. Y así lo demuestran en la  trama criminal de El gran Lebowski que empieza siendo una extorsión por deudas (con meada en alfombra), pasa a ser un secuestro, luego un robo, y termina Dios sabe dónde, en un laberinto absurdo, con toques surrealistas e imágenes lisérgicas. Y para desmadejar todo tenemos al detective de los 90, encarnado con una verdad y una belleza indescriptibles por el sin par Jeff Bridges.

El actor encabezaba un bizarro reparto coral que enganchó al público por su estética tremendamente underground, su trama enrevesada y una historia que nos muestra personajes de lo más pintorescos, que interactúan de la manera más absurda y surrealista posible en un local típico del cine negro, una bolera, y que empieza así:

―“¿Dónde está el dinero, Lebowski?”, frita un joven Mark Pellegrino, mientras obliga a Jeff Bridges a poner la cabeza dentro del inodoro.

―“¿Dónde está el cabrón dinero, Lebowski?”, y le empuja la cabeza de nuevo en el baño.

―“Estoy seguro de que está en algún lugar por aquí”, responde el Nota. “Sólo déjame echar otro vistazo porque no lo puedo ver”.

Es evidente que a los hermanos les va el crimen; ya habían coqueteado con él en su primera película, y volverían a hacerlo en la insuperable Fargo

Los ganadores del premio Oscar en cuatro ocasiones, Joel y Ethan, nos presentan de esta manera tan original a su personaje principal, el Nota, que gasta sus días y años dedicado a la contemplación del mundo con la ayuda de una fuente inagotable de marihuana, la producción de filosofía popular (del tipo conocido comúnmente como “hablar mierda”) y la práctica del noble deporte de los bolos, en compañía de sus compañeros y amigos Walter (John Goodman) y Ronnie (Steve Buscemi).

Este increíble comienzo corresponde a la escena primera en la que es asaltado en su propia casa por dos matones que trabajan para un productor pornográfico llamado Jackie Treehorn (interpretado por Ben Gazzara) a quien la esposa de alguien también llamado Jeff Lebowski (que dicen es millonario) le debe una importante suma de dinero y ahí empiezan los problemas.

Cuando el Nota le cuenta a su amigo Walter (un sujeto violento y siempre armado veterano de Vietnam), lo ocurrido con su alfombra (“una alfombra buena, hombre, realmente le daba el toque perfecto a la sala”), Walter le convence para ir a ver al otro Jeff Lebowski (el gran Lebowski), que es después de todo un millonario, y pedirle un reemplazo para su alfombra. El Gran Lebowski, que es un veterano invalido de la Guerra de Corea, lo acusa de ser “un vago” y lo echa de su mansión, pero antes de salir se encuentra con Bunny (que le debe dinero) y que se ofrece a “chuparle la polla de mil dólares” (y la mayoría de la gente no recuerda que esta es una de las primeras películas de Tara Reid) para vergüenza del secretario de su marido (un joven Philip Seymour Hoffman), a quien logra convencer de que el “viejo me dijo que tomara cualquier alfombra que me guste en la casa”.

Frases, con las que creo que podemos afirmar que nunca los Coen se habían reído tanto de sí mismos y del género negro, tratándolo al mismo tiempo con admiración

Y así, el Nota se va a su casa feliz, pero, en un giro curioso de los acontecimientos, el gran Lebowski lo llama de nuevo y le pide que haga de intermediario para entregar un rescate, porque su esposa Bunny ha sido secuestrada. Así que, dispuesto a aplicar su ingenio a la situación y en especial su método de investigación que define de la siguiente manera mientras se enciende un porro: “este es un caso muy complicado, pero estoy en un régimen estricto de drogas y me siento muy cerca de desentrañarlo”.

En un entorno en el que podemos ver desde los barrios pobres de la ciudad de Los Ángeles, hasta las lujosas mansiones de Malibú, la historia del secuestro de Bunny y las vicisitudes de el Nota por lograr su libertad, podemos ver casi todas los perfiles de la sociedad californiana; siempre en clave de humor, mediante diálogos agudos, y acontecimientos absurdos, en los que incluso el protagonista pierde su coche y a su amigo Donnie de un ataque al corazón.

En nuestra memoria quedan frases para el recuerdo como:

―¡Hey, yo conozco a ese tío! ¡Es un nihilista!

―¿Qué es un pederasta, Walter?

―Esto no es Vietnam, en los bolos hay reglas.

―¡Esto es lo que pasa cuando le das por culo a un desconocido!

Y sobre todo diálogos como los de John Tuturro en la bolera tras pasear su lengua por una gran bola fucsia:

Y como me vengáis con alguna chorrada, como me saquéis una pipa en la bolera... Os la quitaré, os la meteré por el culo y voy a apretar el gatillo hasta que haga clic.

—¡Jesús!

—Tú lo has dicho amigo, nadie le toca los huevos a Jesús.

Frases, con las que creo que podemos afirmar que nunca los Coen se habían reído tanto de sí mismos y del género negro, tratándolo al mismo tiempo con admiración, como ya hiciera el mismo Polanski con el género de piratas (Piratas, 1986) o con el de terror (El baile de los vampiros, 1967).

Y parece que tendrá segunda parte, y que tendremos la posibilidad de poder disfrutar de otro Lebowski. El citado John Turturro, que interpretaba al maestro de los bolos y pedófilo confeso, ha declarado que ya se ha sentado con los Coen a hablar del proyecto, aunque por ahora solo tiene un boceto muy preliminar.

En fin, por ahora sólo tenemos los rumores. Lebowski no fue ni mucho menos un éxito de taquilla. Sin embargo, su paso por los cineforums la ha convertido en una pieza de culto, de las que dentro de muchos años será de coleccionista. Su humor estrafalario y desenfadado enganchó y podría volver a hacerlo.

Escribe Jesús de la Peña Sevilla

John Goodman, uno de los actores predilectos de Joel y Ethan Coen 

Notas

(1) Philip Marlowe, es un detective privado ficticio, creado por Raymond Chandler que apareció por primera vez en una historia corta, llamada Finger man (El confidente), publicada en 1934. Rápidamente se convirtió en un personaje típico de la novela estadounidense donde los detectives privados eran observadores pesimistas y cínicos de una sociedad corrupta.

(2) Fundada en 1920 por Henry Louis Mencken, Black Mask era una publicación pulp (de edición barata e impresa en un papel pobre) que se encargaba de acoger el nuevo relato policiaco. La primera publicación de Hammett en la revista fue en 1923: El agente de la Continental.