Asesinos natos (1994)

  29 Septiembre 2009

Las visiones opuestas de la violencia
Escribe Ferran Ramírez

Natural born killersEn 1991, un desconocido Quentin Tarantino tenía en el cajón dos proyectos que esperaban ver la luz: el primero era un guión que había acabado de terminar ese mismo año llamado Natural born killers, y que auguraba un gran empaque económico.

El otro era un filme mucho más modesto por el que Miramax films ya había expresado su interés. Nadie se podía imaginar que se convertiría en película de culto con el paso de los años. El título de aquel segundo guión era Reservoir dogs. Tarantino la rodó al año siguiente y rápidamente su consideración fue escalando posiciones. Conversaciones antológicas, un guión mecanizado y sin fisuras y un plantel de actores envidiable fueron las bazas, además, por supuesto, de la mano de alguien que sabía perfectamente lo que hacía.

Por supuesto, Tarantino, cuando vio que conseguía la financiación para el que sería su primer filme, aparcó su otro proyecto con la pretensión de que se convirtiera en su segunda obra. Pero alguien se le adelantó y se encendió la mecha del rencor. Oliver Stone, a quien le habían llegado rumores de la existencia de la historia que contaba el guión, se hizo rápidamente con una copia a través de su agente, compró los derechos y decidió hacer suya aquella torrencial propuesta de violencia a raudales y crítica social hiriente. Así empezó el fuego cruzado de declaraciones entre los dos directores.

Woody Harrelson y Juliette Lewis

Duelo de titanes

Oliver Stone declaró en una entrevista: "Un día nos vimos y yo le dije que modificaría su guión porque no se correspondía exactamente con lo que yo quería hacer. Él me dijo que podía hacer lo que quisiera, porque las perspectivas eran diferentes. Yo le añadí muchas cosas, como el origen familiar de los protagonistas, el personaje del incendio, la detención, el concepto de la prisión y la policía... En definitiva, le di una dimensión más política".

Fueran ciertas o no las palabras de Stone, Tarantino declaró en una rueda de prensa lo que ya era un secreto a voces por los lares hollywoodienses cuando la película se estrenó mundialmente. Expresó su disconformidad cuando afirmó que tres guionistas habían cogido "su" historia para despedazarla y construir una historia nueva que nada tenía que ver con la idea original que él había planteado. Y añadió: "Hubiera preferido que Stone me robara el guión para que mi nombre no hubiera aparecido en ningún sitio".

Pero la campaña que promovió Tarantino sin, supuestamente, pretenderla pasó directamente a los tabloides y funcionó como campaña previa de marketing al filme. El duelo entre los dos maestros había dado el juego necesario para que Asesinos natos, su título español, estuviera en boca de todos y su repercusión fuera aún mayor de lo que la película, por sí misma podía reportar. Tarantino estaba en la cresta de la ola mientras que Stone ya era famoso por sus incursiones en el cine socio-político y sus retratos de la violencia humana. Ambos nombres aunados en un cartel que los publicitaba convenientemente llamó la atención de público y crítica y las especulaciones sobre la verdadera paternidad de la cinta hizo correr ríos de tinta.

Si bien queda claro que el guión partía de una idea original de Tarantino, y de Stone, también queda claro que la historia estaba inspirada en una pareja que en 1958 conmocionó los Estados Unidos

Dos en la carretera... y en el crimen

Si bien queda claro que el guión partía de una idea original de Tarantino, y de Stone, también queda claro que la historia estaba inspirada en una pareja que en 1958 conmocionó los Estados Unidos. Charles Starkweather y Caril Fugate, una joven pareja de Nebraska comenzaron una espiral de asesinatos por el Medio Oeste -cometieron once homicidios en total, para más señas- después de asesinar a la familia de ella.

La historia sobre el papel versaba sobre el mismo eje: Mickey y Mallory Knox se embarcan en un viaje sin retorno en coche por todo el país, asesinando a todo aquel que se les cruza en su camino. La magnitud de los crímenes provoca la fascinación de los medios de comunicación hasta encumbrarlos como verdaderas celebridades del crimen. El periodismo sensacionalista y una sociedad depravada se erigen como las columnas vertebrales de una nación que abandera la violencia extrema.

Stone decidió utilizar múltiples formatos de imagen, lo que le confirió a la obra un aspecto totalmente experimental que abrazaba la técnica documental, el frenesí propio del terreno del videoclip y el reporterismo desenfrenado. Una cinta nunca antes había ofrecido una combinación tan radical e iconoclasta de imágenes que disparaban tan directamente a la retina del espectador. El resultado fue ampliamente discutido. La narrativa convencional quedaba hecha trizas con un planteamiento que dibujaba un paroxismo superlativo e hiperbólico que resultaba asombrosamente magnificado por el impacto visual que suponía el filme.

La narrativa convencional quedaba hecha trizas con un planteamiento que dibujaba un paroxismo superlativo e hiperbólico

Y con él llegó el escándalo...

La censura no se hizo esperar. El filme, tal y como lo había planeado -y rodado- originalmente Stone sufrió más de 150 cortes. Además, la película fue directamente prohibida en varios países del mundo (Irlanda o Noruega fueron sendos ejemplos), mermando los beneficios que podía haber obtenido.

Además, el filme provocó un debate que traspasó toda frontera idiomática: ¿el asesino nace o se hace? John Grisham, conocido novelista y abogado criminalista interpuso una demanda contra los productores de la cinta. ¿El motivo? Una pareja de Mississippi, después de visionar la película más de una veintena de veces, cogió su coche y, con grandes cantidades de alcohol y drogas ingeridas, cometieron un asesinato.

Otro debate también tomó las secciones cinematográficas de la prensa internacional. Asesinos natos podía interpretarse como una mera provocación, gratuita a la par que agotadora, o podía interpretarse como una obra necesaria que reflejaba una sociedad cada vez más enferma que mercantiliza el horror ajeno. Las dos posturas son igual de lícitas ante la dispersión narrativa de la que hace gala y reverencia la propuesta.

Asesinos natos no respeta en ningún momento las mínimas reglas del lenguaje cinematográfico. Ni tan siquiera lo invierte, sino que lo inventa mediante un apabullante despliegue de armas audiovisuales que entroncan con la locura, por otro lado, espejo fidedigno del estado mental de Mickey y Mallory. Cabe decir que, un visionado rápido provoca el desconcierto y la saturación absoluta del subconsciente, pero una segunda lectura advierte que cada plano encuentra su lugar exacto de forma intuitiva. Porque la velocidad hiperbólica y desesperada de sus imágenes no permiten captar todo lo que el encuadre muestra. De este modo, el espectador se topa irremediablemente con la sensación permanente de estar en un viaje alucinógeno en el que quien lo experimenta no puede sino dejarse llevar y saberse consciente de que no puede llegar a captar toda la información que encierra su planificación.

Cabe decir que, un visionado rápido provoca el desconcierto y la saturación absoluta del subconsciente

Resultado final

Cuando las iras que había suscitado la película ya estuvieron más laxas, sus productores declararon que el guión de Tarantino recorría la vida sanguinaria de Mickey y Mallory a través de los ojos de diferentes personajes mientras que en la historia que acabó escribiendo y rodando Stone, son los propios homicidas los que describen su personal descenso a los infiernos. Además, Mickey y Mallory matan por pura diversión. Utilizan la muerte como una excitación sexual que les induce cada vez más en un placer irreverente hacia el acto de asesinar.

Mickey y Mallory, sorprendentemente, pueden llegar a seducir al espectador por la soltura y la sinvergonzonería que demuestran en sus crímenes. Su diversión trasciende el celuloide por escandalosa que pueda parecer la mera idea. Al parecer, Tarantino no tenía esa visión de la pareja sino que, pese a sus dosis de vitriolo a las que ya nos tiene acostumbrados, perfilaba un romance trágico y severo.

Stone, según Tarantino, quería ofrecer un panfleto a modo de puzzle anfetamínico. No es que Tarantino no quisiera hacer un puzzle argumental. De hecho, siempre nos ha ofrecido en los guiones la visión deconstruida de sus historias contadas por sus diferentes personajes. Pero, dentro de su tendencia a diversificar los puntos de vista de sus tramas, lo hace siempre de una forma más clásica, siempre más cercana al cine negro, aunque con múltiples alusiones a la serie B y a la cultura de videoclub underground.

Stone, según Tarantino, quería ofrecer un panfleto a modo de puzzle anfetamínico

Stone, por el contrario, hizo algo que nadie se había atrevido y, seguramente, ahí es donde radica la innovación de Asesinos natos. Lo cierto es que parte del boicot que sufrió también la cinta se debía a la expresión radical de una violencia extrema y sin sentido, contada mediante una vorágine de colores amalgamados, recursos contrapuestos unidos en una misma secuencia y una ausencia de normativización narrativa que confundía al público.

¿Y Tarantino qué pensó de la composición cubista y caleidoscópica por la que optó Stone? Por supuesto, declaró que él nunca hubiera rodado un filme bajo estos parámetros pero nunca manifestó, al menos de forma pública, su opinión acerca de la(s) técnica(s) empleadas para la traslación de guión seminal.

En efecto, la nueva gramática que inventa Stone persigue un surrealismo inusitado. Según sus propias palabras, y en un arrebato de vanidad sincera, afirmó que su película seguiría "igual de fresca dentro de 20 años porque nadie se atrevería a hacer un filme así".

Han pasado 15 años y el tiempo le ha dado la razón. El vanguardismo delirante y tramposo que utilizó fue llama de escándalo. Asesinos natos, quizás, merecería una revisión urgente para demostrar el poder de la invención y la fuerza de la imagen.

 

En efecto, la nueva gramática que inventa Stone persigue un surrealismo inusitado

DELGADO, F.:  Quentin Tarantino, Ediciones JC, Madrid, 1995.

FONTE, J.: Oliver Stone, Cátedra, Madrid, 2008.

SALEWICZ, C.: Oliver Stone: The making of his movies, Londres, 1997.

¿Un filme de Oliver Stone o de Quentin Tarantino?