Kill Bill, vol. 1 y 2 (2003)

  20 Septiembre 2009

2 x 1
Escribe Israel L. Pérez

Cara B

Kill Bill, vol. 2Continúa la venganza de la mujer excepcion(al) que confirma la regla del sexo débil. Uma Thurman interpreta a un personaje que, como en un video juego, va evolucionando, cambiando de nivel, para lo que muere y se metamorfosea una y otra vez.

Si en la primera entrega pasa de ser una desconocida a ser algo así como una superheroína, la Mamba Negra; en este segundo volumen comienza siendo un ser social -La novia- con gente a su alrededor, continúa como individuo concreto con nombre y apellidos -Beatrix Kiddo-, y concluye su ciclo siendo toda una mujer dando el relevo generacional, al convertirse en Mamá.

Quentin Tarantino continúa en Kill Bill, volumen 2 su particular collage de culturas y arte popular tamizado por su personal filtro. Los guiños y referencias convierten su filme en una experiencia metacinematográfica que, a modo de trivial, sirve de goce añadido a cinéfilos avispados que pueden descubrir, desde una planificación similar al inicio de Centauros del desierto, o cómo el fragmento del maestro Pai Mei, toma la forma y el contenido de las viejas películas de kung-fu.

Sin embargo, algo ha cambiado con respecto a la primera entrega, y la sensación general a la salida de la sala era de disconformidad. No gusta como su predecesora o gusta mucho más que aquella. Mientras que en el Volumen uno, predominaba lo visual, en el dos se impone lo verbal, con lo que los que echaron de menos los diálogos de Tarantino están de enhorabuena, y viceversa. Si la apariencia genérica de la primera era la de un filme oriental de artes marciales manchado de western, en la segunda la sensación es la de un western lleno de elementos orientales.

Estas diferencias procuran una balanza que se decanta en función de los gustos del receptor, puesto que Kill Bill, Volumen 2 explica todo aquello que se queda a un lado en el Volumen 1, de ahí su absoluta complementariedad. Se pueden ver por separado, puesto que se han exhibido de esa forma, sin embargo no hay que olvidar que se trata de la misma película: una historia narrada primero a golpes y después los explica; la acción da lugar a la reflexión.

Una mujer de armas tomarTarantino pierde finura a la hora de aplicar los silencios y las músicas que tan bien funcionaban en el montaje de la primera entrega, abusando de ellos en busca del magnífico efecto conseguido anteriormente. Continúa con la estructura por capítulos, pero con mayor linealidad en sus historias, a excepción de sus dos flash-backs explicativos. Además, el ritmo de la acción decae al ceñirse a los diálogos, tan banales como llenos de significado para la narración y sus personajes.

Desde el comienzo, al omitir la visión de la masacre -la cámara se escabulle del local cual barman agachándose al ver la inminente llegada del duelo-, el director demuestra que, llegados a este punto no le interesan de la historia ni la violencia, y la forma como se llega hasta ella y sus consecuencias. Hecho corroborado mediante la rapidez con la que son finiquitados los combates o el acertado desenlace.

La fantástica violencia física desaparece a medida que la protagonista se aproxima a su objetivo, y es sustituida por la violencia de los acontecimientos y, sobre todo, de las palabras. Bill se va materializando y cada vez está más cerca, la lista se tiñe de manchas sangrientas hasta llegar al quinto propósito.

Mami hace su tarea, y tacha como si hiciera la lista de la compra -acto que tampoco se realiza ordenadamente- recibiendo el premio de irse a casa a descansar una vez ha concluido su jornada. Una profesión, la de asesina, en la que casi más que cualquier otra, mezclar sentimientos no reporta nada bueno. En el mundo de los asesinos, el romanticismo y la maternidad son tan innecesarios como imposibles.

Pero claro, el que no quiere a su madre, es un hijo de perra, y Tarantino de momento no ladra, por lo que glorifica la maternidad y añade algún que otro acontecimiento familiar que provoca convulsiones en la tumba de Freud, así como un final trágico no exento de romanticismo, de ahí que todo concluya rápidamente con el golpe de los cinco pasos -los mismos que ha propiciado Uma para recuperar su identidad- en el corazón.

Tarantino de momento no ladra, por lo que glorifica la maternidad y añade algún que otro acontecimiento familiar que provoca convulsiones en la tumba de Freud

Cara A

¿Qué decir de la primera entrega que no se haya mencionado sobre la segunda? Porque a fin de cuentas, y parafraseando al propio Tarantino, ambas son "el mismo jodido juego".

A lo largo de Kill Bill se muestra la serie B, trazos de novela negra, ecos de la blaxploitation, artes marciales, características del mundo del cómic, referencias a la serie Z, cosas de eurowestern, la novela pulp... entre otras cosas. Al rascar bajo el filme de Tarantino, la materia prima que se encuentra no es ni más ni menos que celuloide que, como la energía, no se ha destruido sino transformado. Rasgos de la maestría de Leone, técnicas de Brian De Palma, Hitchcock, los Shawn brothers, Bruce Lee o Almodóvar.

Kill Bill, vol. 1Pero éstas y otras no se limitan a guiños u homenajes, sino que toman significantes y/o significados, según le conviene para sus pretensiones, y los convierte en signos nuevos plenos de sentido. Ese alarde de intertextualidad supone un placer, y aunque no se reconozcan los orígenes, no importa.

Otra de las virtudes Kill Bill, volumen 1 se encuentra en lo que no se dice, ya que lo mostrado es lo suficientemente inteligente e interesante, y sobre todo, sugerente, como para no querer saber nada más. Resulta tan sencillo -y tan complejo de ser efectivo- como descubrir que tanto la premisa, el argumento y absolutamente todo el guión de la película, está contenido en el titulo; una simplicidad que se sostiene gracias a la exhibición audiovisual del autor.

Sobresale la violencia por encima de todo el primer volumen. Una violencia sobre la que sería absurdo buscarle una ética o hablar de una apología. A pesar del realismo con el que está tratada en algunos instantes, ésta se ancla al universo ficcional del que procede, además Tarantino se distancia de esa violencia a través de distintos mecanismos: evita baños de roja sangre con el cambio al blanco y negro, la estiliza con sentido del humor o la evidencia como artificio al aplicarle una música ajena al contexto en el que se está produciendo, desdramatizando cualquier exceso de violencia. .

Tarantino plantea, de nuevo, un montaje que desordena el orden de los acontecimientos, con una división en capítulos que disecciona tiempos y espacios. Incluso se permite el lujo de representar un background en toda regla: la historia del personaje de Lucy Liu bien podrían haber sido notas de guionista para desarrollar el personaje. Aun mostrando toda su historia mediante un fantástico manga, Kill Bill demuestra, durante todo su metraje, que un buen ritmo no debe confundirse con la velocidad.

Véase este filme como un vinilo en el que el contenido se divide en dos caras porque no cabe toda en una

A 45 r.p.m.

Como el que podría haber sido marido de la novia vivía de vender discos, véase este filme como un vinilo en el que el contenido se divide en dos caras porque no cabe toda en una. Se puede decir que se prefiere una de las dos, pero sin olvidar que se trata de una obra completa.

El monólogo final de Bill habla de la dualidad de Superman, y esto no esconde solamente el modus operandi de la protagonista, sino que supone la clave para la comprensión de Kill Bill.

El Volumen 1 es espectacular, son duelos de superhombres, la demostración de lo que son capaces de hacer enfundados en sus mallas (amarillas), es pura acción de seres cuasi mitológicos; mientras que el Volumen 2 es el disfraz de ser humano necesario que demuestra que esos superhombres son personas.

Parece mentira pero quizás, dado el panorama de las carteleras, hasta debamos agradecer a los hermanos Weinstein que nos hicieran pasar dos veces por taquilla, y auto convencernos de que hemos visto dos películas y no una, ya que el goce es doble.

Se puede decir que se prefiere una de las dos, pero sin olvidar que se trata de una obra completa

(1) Crítica publicada originariamente en Encadenados nº 46, enero 2005, con motivo del estreno en cines.