Tres padrinos (1948)

  24 Agosto 2009

Un filme para todos los públicos
Escribe Eva Cortés

Tres padrinosTreinta años después de comenzar su carrera cinematográfica fue cuando John Ford decidió hacer su versión de la novela de Peter B. Kyne. El resultado sorprendió en su momento por ser atípica a lo que venía siendo el cine de Ford.

Sin dejar de lado el escenario del lejano Oeste que tanto amaba John, el filme es mÁs bien un cuento, enternecedor y para todos los públicos, prácticamente una fábula con su moralina al final de la historia.

Robert y sus dos compinches llegan al pueblo de Welcome para atracar el banco. Lo hacen, pero justo antes toman un café con el sheriff y su esposa. Ese es sólo el inicio del filme. De lo que trata en su mayor parte es de la huida de estos tres forasteros por el desierto en busca de la frontera y de agua para sobrevivir.

Pero el viaje se complica cuando a medio camino descubren un carro donde una mujer acaba de dar a luz. La mujer muere y los tres prometen hacerse cargo del niño.

Uno de los temas principales que Ford trata en esta película, además de la importancia de la familia y la amistad, es el valor de la palabra, del compromiso del ser humano

A partir de ahí los tres delincuentes se trasforman y deciden apostar incluso su vida por salvar la del niño puesto que han dado su palabra.

Y es que uno de los temas principales que Ford trata en esta película, además de la importancia de la familia y la amistad, es el valor de la palabra, del compromiso del ser humano.

Otro de los temas es la supervivencia, la ley del más fuerte y las relaciones humanas en situaciones límiteOtro de los temas es la supervivencia, la ley del más fuerte y las relaciones humanas en situaciones límite. Esta claro que Robert (John Wayne) es el jefe. Él es quien en último caso toma las decisiones, quien conoce el terreno, en definitiva, el más fuerte. Por eso la película es bastante predecible. Si alguno de los tres consigue salvarse está claro que ese será Robert.

Los tres protagonistas vienen de diferentes ambientes y se complementan. Los dos actores secundarios (Ward Bond y Harry Carey Jr.), no le hacen sombra a Wayne sino que brillan con luz propia. Ambos son también habituales de las historias de Ford.

Los tres personajes son contenidos por eso no hay mucho diálogo entre ellos. Como buenos bandidos se comunican entre ellos con tan sólo una mirada y lo grande de Ford es cómo hace partícipe al espectador de sus señas.

Las referencias al nacimiento de Jesús y a los Tres Reyes Magos se hacen evidentes

¿Diferente o no al resto?

Pero volviendo a la idea de que estamos ante un filme atípico en lo que es la tendencia común en su filmografía, es entre otras cosas porque apenas hay disparos, tan sólo al principio. Además, "los malos" al final son castigados por lo que han hecho. Por el robo del banco, como sucede en las películas para todos los públicos.

Otro punto que hace que esta película sea diferente son las claras referencias a la Biblia. Ya no sólo con las citas explícitas que leen los protagonistas, sino también por la historia en si: tres hombres en un desierto asisten al nacimiento de un niño para  después, guiados por una estrella, llegar a Jerusalén. Las referencias al nacimiento de Jesús y a los Tres Reyes Magos se hacen evidentes.

Por si fuera poco, me parece muy curioso, el plano de la entrada de Robert al carro. Con su sombrero y bajo la tela del carro, simula un poco el arco de un portal.

Quizás se le puede achacar al gran maestro del oeste el tratamiento que hace del niño

Quizás se le puede achacar al gran maestro del oeste el tratamiento que hace del niño.  Aparte de que los tres no tienen mucha idea de cómo cuidarlo, usar el humor en algo tan serio como son sus cuidados no acabo de encajarlo. Además, en la escena de la grasa me parece que la cámara se regodea bastante en este acto y no es muy agradable.

Precisamente el mantener la cámara fija es una de las señales de la filmografía de John Ford que apreciamos también en esta cinta. Apenas hay movimientos de cámara. Los escenarios se nos muestran con grandes panorámicas y durante los diálogos la cámara se mantiene fija, atenta a las actuaciones de los forasteros.

El amor, clave en el western, no es aquí tema principal, ni tan siquiera secundario. Quizás sí el amor por la familia o los amigos como ya he dicho, pero no a la pareja. Hay pocas mujeres en esta historia. Tan sólo la hija y la mujer del sheriff, la cual es la que domina la situación en el hogar. Otra característica de Ford que, al igual que el uso de la cámara fija, también aquí se cumple.

Está claro que lo importante es el camino de la vida y no lo que uno consiga

En cuanto al tema del tiempo, no me parece estar bien tratado en el filme. Ya no sólo porque durante la huida el espectador pierde la noción del tiempo que han pasado perdidos en el desierto -que quizás esté hecho de forma intencionada-, sino sobre todo por algunas elipsis que creo recortan demasiado tiempo.

Y hablo fundamentalmente del final. Está claro que lo importante es el camino de la vida y no lo que uno consiga -o al menos esa pretende ser la moralina del filme-,  algo que cumple él también a rajatabla en la dirección de la historia, puesto que el camino de los tres o lo que sería el nudo de la trama, trascurre en un tiempo fílmico extenso para después resolverse todo en pocos minutos.

Como espectadora, al final eché en falta por ejemplo la cara que se le queda al sheriff cuando se entera que el niño que han rescatado sus perseguidos en el desierto es precisamente su nieto. Y es que desde que lo capturan en el bar hasta el día del juicio (donde Robert sale comiendo en casa del sheriff) hay una elipsis demasiado grande, donde se pierden detalles interesantes de este tipo.

Aún así, con los pequeños fallos y las diferencias de estilo que pueda tener, John Ford demostró una vez más que si quería, sin salir del Oeste podía grabar una película para todos los públicos, diferente, buena y sin que por ello se perdieran sus señas de identidad.

Un western insólito de Ford, a medio camino entre la comedia y la parábola