La diligencia (1939)

  30 Julio 2009

La polvorienta odisea
Escribe Ángel Vallejo

La diligenciaTodo lo que pueda escribirse sobre una película como La diligencia (Stagecoach, 1939) puede sonar a ya dicho. Es tanto lo que significa, lo que inaugura y lo que concluye, que parece tarea banal intentar condensar en unas pocas líneas sus aportaciones no sólo al género del western sino al cine en su totalidad.

Si bien es cierto que Ford pudo concretar en tan sólo hora y media todo un tratado histórico-sociológico y estético-cinematográfico, nosotros hemos de conformarnos con recorrer sobre el papel algunos de los polvorientos caminos de pionero que abrió el viejo maestro. El recorrido es largo y complejo, pero procuraremos, en buena compañía, hacerlo lo más ameno posible. Tomen asiento, pues, en el interior de La diligencia. Nos dirigimos a Lordsburg, y compartimos billete, entre otros, con John Wayne y Thomas Mitchell.

Si hubiéramos de definir La diligencia con parcos epítetos, podríamos decir de ella que es ecléctica y seminal a un tiempo, lo que parece en cierto modo paradójico y casi contradictorio. Para explicar la supuesta aporía, no podemos dejar de hacer notar que La diligencia no es ni de lejos el primer filme de Ford: más de ochenta películas entre mudas y sonoras la preceden. Es cierto que muchas de ellas son westerns, aunque también hay un elevado porcentaje que pertenece a otros géneros -de aventuras, históricas, bélicas-, y este hecho vendría a matizar un tanto su autodefinición como "realizador de películas del oeste" proclamada frente a Cecil B. De Mille en aquella famosa reunión del sindicato de directores.

'La diligencia' no es ni de lejos el primer filme de Ford: más de ochenta películas entre mudas y sonoras la preceden

La constatación de su variabilidad argumental y estilística, sin embargo, no disipa la muy asentada creencia de que su cine era fundamentalmente de género: hasta las realizaciones más alejadas temáticamente parecen guardar una estructura que recuerda al western, tal y como se ha dicho de películas como El hombre tranquilo (The quiet man, 1952) o Escrito bajo el sol (The Wings of Eagles, 1957), ambas protagonizadas por personajes que no desentonarían en cualquiera de las más clásicas caracterizaciones del pistolero, acaso por que el propio John Wayne parece llevar consigo el estigma del cowboy solitario.

Ello no quiere decir sin embargo que tal género, omnipresente en la filmografía fordiana,  no pueda enriquecerse con aportaciones de otros: lo que convierte en ecléctica a La diligencia, es su carácter coral; una pluralidad de personajes con su diversidad de intereses, que aúna al tiempo el drama familiar del personaje de Mrs. Mallory y el social de la prostituta Dallas, que aglutina las motivaciones económicas del banquero y las etílicas del Dr. Boone, y que asocia el carácter paternalista del sheriff Wilcox con el afán vengador y aventurero de Ringo Kid, el personaje de Wayne que constituye un ingrediente quizá más típico del género, pero reforzado con la aparente e ingenua nobleza de aquel que sólo busca la paz interior en la justicia y en el exilio de una sociedad que ya lo ha condenado.

La diligencia

La fuerza de la mirada

En ese sentido, no puede decirse que La diligencia pueda presumir sólo de una adecuada construcción de la complejidad de sus personajes; es algo mucho más profundo lo que se está debatiendo: el juego de relaciones interpersonales que se dibuja sobre el escenario, ese monumental valle que representa lo más genuino de los Estados Unidos, no es otra cosa que un pormenorizado retrato de la sociedad, acaso decadente y caduca, hipócrita y falsa, que desembocaría en un fracaso total de sus instituciones económicas y sociales en la época de la gran depresión, un tema también muy querido por Ford.

No debe pasar desapercibido que los personajes más agraciados son quizá los malditos¿Cómo si no interpretar las miradas, las expresiones, las palabras de unos personajes que van desde lo despreciativo hasta lo racista, clasista e incluso sádico a lo largo de todo el desarrollo del filme? ¿Quién, con conocimiento de las causas que originaron el crack (y no podemos obviar que la película es del año 39) puede pasar por alto las palabras de un banquero ladrón que pide menor intervención estatal en los negocios, menos impuestos y mayor control policial para los endeudados pero no así para los acreedores?¿A quién puede resultarle agradable la actitud del ex-confederado Hartfield, jugador empedernido y clasista, que parece disfrutar disparando a los indios y que se convierte más en acosador que protector de la señora Mallory, pequeñoburguesa con demasiados prejuicios que aprende a lo largo de su trayecto lo valioso de las aportaciones de las personas que más detesta? Una de esas personas es precisamente el personaje más simpático del filme: un borrachín desarraigado, médico de oficio por cuya interpretación Thomas Mitchell recibió un merecido Oscar, y que constituye uno de los principales contrapuntos de nobleza a los personajes antes descritos.

No debe pasar desapercibido que los personajes más agraciados son quizá los malditos: el consabido médico/filósofo Dr. Boone, más devoto de Baco que de Esculapio, se erige en protector y compañero de Dallas, una prostituta de buen corazón que busca la redención junto al joven pistolero interpretado por Wayne, quien no dudará en proponerle matrimonio sin importarle para nada su antiguo oficio.

Junto a ellos, cuatro personajes menores, tres de los cuales se constituyen en elementos histriónicos: el conductor de la diligencia (Andy Devine), el mexicano que los acoge en la última posta, que añora más a su yegua que a la esposa, y el siempre enigmático Donald Meek, el apocado representante de whisky de Kansas city, Kansas, constituyen la alternativa amable a los personajes oscuros, y es de esta dialéctica de donde cabe esperar las mejores aportaciones del film.

¿Cómo establecer un diálogo entre dos mundos opuestos, a veces plasmados en los distintos bandos enfrentados en la guerra civil, tal y como es el caso del confederado Hartfield y el unionista Boone?

Eclecticismo en estado puro

¿Cómo establecer un diálogo entre dos mundos opuestos, a veces plasmados en los distintos bandos enfrentados en la guerra civil, tal y como es el caso del confederado Hartfield y el unionista Boone? Ésta es quizá una de las más atrevidas propuestas de Ford: elaborar de nuevo una síntesis entre dos géneros, uno ya consagrado, como el caso del western y otro que no cabe definir sino como incipiente: la road movie.

Sí, puede parecer osado, pero hemos de atrevernos a definir a La diligencia como la primera road movie hollywoodense, que presume además de una estructura coral y un trasfondo social y crítico. Casi los mismos ingredientes que plasmaría en un ambiente muy diverso un año más tarde en Las uvas de la ira (The grapes of wrath, 1940) y treinta años antes que la pretendidamente pionera Easy rider (Dennis Hopper, 1969). Esos ingredientes pueden considerarse también marca de la casa, para ser justos con Ford, y ayudan a verlo como algo más que un simple "director de westerns".

Ford establece un diálogo tensionado dentro del minúsculo y opresivo espacio de la diligencia, una suerte de metáfora del espacio vital en el que deben convivir personas de tan diversa procedencia e ideologíaGracias a esa síntesis, el irlandés consigue enfrentar dos modos de vida literalmente opuestos durante hora y media a través de una carrera acechante contra el desolado territorio y los perseguidores apaches, sacando lo mejor y lo peor de cada uno hasta llegar al destino final, lugar de separaciones y encuentros que cambiará para siempre los destinos de todos.

En el ínterin, Ford establece un diálogo tensionado dentro del minúsculo y opresivo espacio de la diligencia, una suerte de metáfora del espacio vital en el que deben convivir personas de tan diversa procedencia e ideología que sin embargo no dudan en ponerse de acuerdo en las etapas de refresco de un modo democrático, mediante votaciones: ¿cómo no reparar de nuevo en que lo que se nos muestra es el retrato de la sociedad norteamericana, tan variopinta en sus manifestaciones personales como escrupulosa en sus procedimientos democráticos? 

El trayecto que recorre la diligencia es una suerte de proceso histórico de construcción de una nación en la que los ya derrotados, los confederados como Hartfield o los cobardes hermanos Plummer, no tienen sitio para seguir esparciendo rencor. Es el tiempo de la redención, de las nuevas amistades (como aquella que surge entre Wilcox y Boone, en una escena final que recuerda tanto al final de Casablanca, de Michael Curtiz, un filme posterior) y de la nueva sociedad de desarraigados que encontrarán un hogar en las inexploradas fronteras de un país naciente.

Lordsburg constituye un epílogo inusual, en el que cambia por completo el registro de la película y de algunos personajes. La firmeza del sheriff se torna comprensión, la estulticia del ebrio, en agallas, y la inocencia del muchacho, en duelo iniciático.

'La diligencia' es un filme que sugiere, pero que no muestra: se convierte así en un western a contracorriente, que elabora fuera de plano la secuencia climática

En ese sentido La diligencia es un filme que sugiere, pero que no muestra: se convierte así en un western a contracorriente, que elabora fuera de plano la secuencia climática, ocultando el desenlace hasta que John Wayne vuelva a aparecer junto a Dallas, tras haber superado una prueba que se convierte en tránsito hacia la adultez, el resto de una vida ya libre de cargas que habrá de compartir con su amada en tierras lejanas, pero que como en los cuentos de hadas, ya no nos es dado contemplar.

Atrás han quedado, además de los errores pasados, los peligros y el territorio hostil, atrapados en la llanura sin tiempo del Monument Valley, uno de los "personajes" más importantes del filme, que a pesar de no ser la primera vez que se deja ver en una película (ese honor debe atribuirse a un film menor del año 25, adaptado de una novela de Zane Grey), sí debe considerarse como su aparición más emblemática, seminal, que habría de retornar en innumerables ocasiones para acabar perviviendo en el inconsciente colectivo de los amantes del western como auténtico y exclusivo paisaje fordiano. No en vano los propios navajos bautizaron un saliente del valle como John Ford's Point, lo que da además, una idea del respeto que los nativos tenían al Natani nez (el líder alto), tal y como lo denominaban.

De Ford se dice que incluso llegó a estudiar su lengua y a pagarles las tarifas del sindicato de actores, hecho que debería alejar toda controversia con respecto al trato humano que les profesaba. En su funeral, Billy Yellow, un navajo que apareció en todas sus películas rodadas en Monument Valley, recorrió centenares de kilómetros para entonar una oración en honor del viejo amigo. Ford y Wayne rodaron un total de ocho películas en este territorio, aunque en el imaginario colectivo parece que hayan sido decenas. La grandeza de su escenografía hace que nos sea bastante creíble esa ilusión.

Hemos procurado mostrar por qué La diligencia puede considerarse un film ecléctico, pero, ¿en qué sentido puede decirse que sea seminal?

El nacimiento de un estilo

Hemos procurado mostrar por qué La diligencia puede considerarse un film ecléctico, pero, ¿en qué sentido puede decirse que sea seminal?

Dejando a un lado la controversia sobre si realmente inaugura un nuevo estilo, el de las road movies, lo que sí es cierto es que se trata del primer western sonoro de Ford. Esto que puede parecer baladí no lo es tanto si atendemos a las innovaciones técnicas que introdujo el maestro a la hora de tratar las escenas de acción: ¿Alguien se ha parado a pensar el sobresalto que debió producir el estruendo de la persecución apache a la diligencia en unos espectadores apenas acostumbrados a escuchar algún que otro disparo o el trotar de un puñado de caballos? El hecho de que Ford pudiera engrandecer la épica del western merced a la introducción del sonido tiene mucho que ver con su prudencia a la hora de adentrarse en un campo que no había ocasionado más que problemas. Sólo cuando las grandes productoras se hubieron adaptado al esfuerzo económico y logístico que supuso el acarreamiento de grandes equipos de sonido a lugares remotos y desérticos, y cuando otros directores hubieron ensayado (y en ocasiones fracasado) la aplicación al western de la innovación sonora, estuvo Ford en condiciones de atreverse a rodar una película tan audaz como La diligencia.

El hecho de que Ford pudiera engrandecer la épica del western merced a la introducción del sonido tiene mucho que ver con su prudencia a la hora de adentrarse en un campo que no había ocasionado más que problemas

El resultado salta a la vista, no sólo en el aspecto sonoro, sino en el visual, dado que el maestro irlandés fue el primero en introducir la ilusión del estatismo en movimiento, rodando escenas en el interior del carruaje (un decorado redimensionado) por cuyas ventanas se dejaban traslucir las transparencias del Monument Valley. Cuenta además, con una secuencia climática terriblemente agitada, en el que la velocidad del avance de la diligencia sólo es comparable al de la persecución de los apaches y al del equipo de rodaje, que seguía la acción en un travelling frenético difícilmente igualable. Esta secuencia, que creó pautas y modelos de rodaje, es además un prodigio de montaje que alterna las perspectivas internas y externas a la diligencia, en tensión dramática creciente a medida que se agotan  las balas y hasta que aparece, salvadora, la caballería.

Ésta fue a última escena que se rodó, quizá por su complejidad y se hizo en Muroc Dry Lake, una espléndida llanura que sirvió incluso de pista de aterrizaje natural para los transbordadores espaciales por su longitud y planicie. Las caídas de los caballos fueron lo más difícil de conseguir, dado que la habilidad de los jinetes especialistas no bastaba para conseguir la necesaria credibilidad, así que Ford decidió emplear una técnica que ya usaban otros directores: tender unos cables en el set para que los animales tropezasen y cayesen realmente. No obstante, dado lo lesivo para los animales de tal técnica, Ford tomó  la decisión de no volver a utilizarla nunca más en ninguno de sus filmes.

Lo sin ningún lugar a dudas puede atribuirse a Ford es la revitalización del western, que fue dotado de un nuevo enfoque

Ford introdujo además secuencias particularmente arriesgadas: el momento en el que la diligencia se sumerge en el río fue rodado con un espectacular picado desde el mismo techo del carruaje, lo que no sólo da la sensación de sumergirnos junto a ella en el mismo, sino que debió de subir la tensión cardiaca de los productores hasta límites insospechados dado el peligro que suponía colocar un equipo tan costoso en un elemento tan frágil.

No obstante, no puede decirse de La diligencia que fuese una película cara... lo que de verdad resultó seminal en este proyecto, fue su reivindicación de la producción barata en un tiempo en que Hollywood empezaba a pecar de grandilocuencia y a dar la espalda a un género en declive que parecía haber agotado su filón.

Lo sin ningún lugar a dudas puede atribuirse a Ford es la revitalización del western, que fue dotado de un nuevo enfoque, un nuevo estilo de la película de aventuras que profundizaba no sólo en la espectacularidad de la acción y el paisaje, sino en la elaboración de los personajes y en el análisis sociológico de los mismos, mostrando al mundo en general, pero al espectador norteamericano en concreto, que el western no era otra cosa que la elaboración mítica de la historia de su nación, hecho del cual podían presumir en adelante, reivindicando a John Ford como su Homero particular.

Es cierto que se dice del autor de La Odisea y La Ilíada que era ciego. De Ford cabe dudar siquiera que fuese tuerto, pero lo que parece cierto es que necesitaba, dadas las características de su arte, al menos un ojo para construir sus grandes epopeyas. 

Monument Valley, eterno territorio de John Ford