El hombre que mató a Liberty Valance (1962)

  11 Julio 2009

Escribe Gloria Benito

El hombre que mató a Liberty ValanceEsta película se estrenó en 1962, cuando John Ford había alcanzado un considerable dominio de las técnicas narrativas y de los recursos cinematográficos. Es por lo tanto una obra de madurez, en la que el genial director escribe con soltura sobre un tema que conoce bien: el fin de una época en la historia del cine de los EEUU y de un género cinematográfico, el western.

Si las películas sobre la conquista del oeste son para algunos los relatos épicos de una nación muy joven cuando se la compara con los viejos estados europeos, John Ford es uno de los cronistas que relataron las hazañas singulares llevadas a cabo por indómitos personajes, y dejaron constancia de los gloriosos y terribles hechos que constituyeron la colonización de aquellas tierras consideradas salvajes. Pero, en este caso, nos encontramos ante un cineasta que posee un delicado y depurado estilo cinematográfico que confiere a sus filmes una engañosa y difícil sencillez, la cual esconde tras una aparente transparencia historias llenas de poesía y cargadas de sugerencias. 

El argumento gira alrededor de la visita que el senador Stoddard (James Stewart) hace al pueblo de Shinbone, acompañado de su esposa Hallie (Vera Miles). Requerido por los periodistas locales acerca del objetivo de su viaje, contesta que se dispone a asistir al entierro de un viejo amigo, Tom Doniphon (John Wayne), del que nadie ha oído hablar. Los periodistas le piden que cuente la historia y Stoddard retrocede a unos tiempos lejanos en que como él dice "todo era muy diferente". 

El relato retrospectivo muestra a un Stoddard juvenil e ingenuo que viaja al oeste para "buscar fortuna y aventuras", pero también para realizar un sueño: transformar una sociedad violenta, salvaje y sin ley en un espacio civilizado en que haya normas y se respeten. A este proyecto se opone el incontrolable pistolero Liberty Valance (Lee Marvin) que hace cuestionarse al joven letrado la eficacia de sus pacíficos métodos. En este enfrentamiento, Stoddard tendría las de perder si no fuera por la intervención del intrépido Tom Doniphon que, desde las sombras, mata al bandido haciendo creer a todos que el artífice de su muerte ha sido el joven abogado. Esto hace nacer una leyenda alrededor del futuro senador, que se ve obligado a representar el papel de héroe ante los ojos de una sociedad que prefiere la leyenda romántica a los hechos verdaderos.

En esta historia no sólo se enfrentan buenos y malos como personajes tópicos de las películas del oeste

El fin de un género

Esta historia de aventuras románticas presenta una serie de singulares rasgos que la hacen única a los ojos del espectador cinéfilo.

Para empezar, John Ford inicia y finaliza su relato con imágenes del tren acercándose a la estación al comienzo de la película, y alejándose hacia las amplias llanuras al final del filme. Así, encierra entre estas dos secuencias la temporalidad de la narración, mediante un símbolo del progreso que abrió vías de comunicación entre los pueblos y, como dice el viejo marshall Link Appleyard a la Sra. Stoddard, los cambios que han modernizado la ciudad, "las calles, las escuelas ... todo es resultado del tren".

Liberty Valance, una representación de un oeste ya caducoPorque en esta historia no sólo se enfrentan buenos y malos como personajes tópicos de las películas del oeste, sino que entran en colisión dos maneras de concebir el mundo que luchan en una guerra donde sólo puede haber un ganador. El mundo representado por Yom Doniphon y Liberty Valance, que resuelven sus conflictos a tiros, no va a sobrevivir ante el empuje de otra generación partidaria del orden, la ley y el progreso basado en el respeto a nuevas normas ciudadanas.

La película no cuenta el enfrentamiento entre ganaderos y granjeros sino el fin de una época, de unos valores y formas de ser y comportarse. Junto a ello se nos muestra también el fin de unos relatos, el western, tal como los hemos conocido. Pero sobre todo, la mirada de Ford se detiene en la desaparición de los personajes que aparecían en estos filmes, con sus ropas, gestos y actitudes.

Tom Doniphon y Liberty Valance  encarnan al héroe y al villano de las viejas películas del oeste que ya no tendrán futuro dentro de los relatos cinematográficos. No olvidemos que, al comienzo de la historia, Tom Doniphon está muerto y yace en su ataúd de pino despojado de sus botas, su cinturón y sus espuelas, que son los atributos del vaquero, es decir, lo que caracteriza a este personaje. Cuando el senador pide al dueño de la funeraria que se los restituya, le rinde los honores que un personaje vivo hace a un muerto al que ha venido a sustituir en el nuevo universo cinematográfico.

Las nuevas películas no narrarán ya las grandes hazañas épicas de los arriesgados, valerosos y en ocasiones crueles colonos de las salvajes tierras del oeste americano. Sus héroes serán más pragmáticos, cotidianos y adaptados a las necesidades de una nueva sociedad donde se dará más importancia a la defensa de las leyes que a la del territorio. La guerra y sus glorias y miserias han finalizado. Ha llegado la época de la reconstrucción.

La guerra y sus glorias y miserias han finalizado. Ha llegado la época de la reconstrucción

La muerte del héroe

El personaje que interpreta John Wayne es el del héroe trágico que conoce su destino y no se resiste a él. En todos los conflictos en que participa lo hace para ayudar al joven Stoddard a salir de los asaltos y agresiones de Liberty Valance. Pero lo hace desde fuera, desde un plano superior y alejado de las anécdotas y acontecimientos que suceden en el desarrollo del argumento.

Desde el principio es un personaje ausente, en off, al que se refieren los demás como alguien que ya no está, pues es parte de una historia que sólo existe en la memoria de los otros. Su papel es el del observador que entra y sale de la narración en los momentos en que se necesita su intervención para que el relato continúe, para que el abogado Stoddard triunfe y Hallie, la mujer que Tom ama, sea feliz con aquél. Su lugar es siempre al otro lado de la acción y, si participa, es para controlarla y dirigirla, para que tome el camino adecuado y llegue al final, al the end. Su destino es, como el de Ethan de Centauros del desierto, la soledad y la muerte.

John Wayne y James Stewart, el pasado y el futuro del oesteEsta imposibilidad de vivir en el universo narrativo de la película se evidencia en la  imposibilidad de compartir una felicidad doméstica con la bella Hallie, que se ha posicionado claramente a favor de las ideas de Stoddard. Cuando ella le dice que él no es su dueño, Tom intuye que su sueño amoroso peligra. Cuando, tras la muerte de Valance, sorprende las miradas de Rance Stoddard y Hallie mientras ésta le declara su amor, simplemente mira desde lo alto, se va al saloon, donde se emborracha hasta el límite y prende fuego tanto a su futuro hogar como a sus ilusiones. Sus palabras son irónicamente significativas: "a casa, al hogar, dulce hogar"...

Su fiel criado Pompey (Woody Strode) lo salva de las llamas, pero Tom Doniphon ya está muerto como personaje de la historia, del relato. Sólo vivirá en el territorio de los mitos, en la poética de las historias heroicas del oeste. A partir de este momento, su papel se reducirá a procurar que Stoddard cumpla el suyo y, cuando lo consigue, se queda al otro lado de la puerta donde ocurren los hechos, al margen de la historia. El ingenuo abogado va a ser elegido para representar al reciente estado en Washington gracias al empujón de Tom, que le revela la verdad sobre el autor de la muerte de Liberty Valance. Tom Doniphon tiene claro el papel que Stoddard debe representar y le ordena que lo ejecute como si fuera el director del filme:

"Entra y haz tu papel. Hallie está contenta, feliz. Tú le enseñaste a leer y escribir, dale algo para que lea y escriba".

Tom abre la puerta y se queda fuera, solo. En este momento acaba la retrospección temporal y el relato vuelve al presente. Los periodistas rompen las notas que han tomado y la frase final, que explica por qué no van a contar la verdad, es de las que quedan en la historia del cine:

"Esto es el Oeste, señor. Cuando los hechos se convierten en leyenda, no es bueno contarlos".

La cámara enfoca el ataúd con un cactus florecido procedente de la tierra que rodea la casa en ruinas de Tom. Esta flor simboliza la fuerza agresiva y salvaje del viejo oeste, junto con la sencilla y tierna belleza de la nostálgica realidad pasada. En determinado momento de la película, Hallie muestra a Rance Stoddard una bella planta del florido cactus procedente del desértico paraje donde Tom tiene su casa.  El diálogo es tan relevante en su valor simbólico como perfecto en su oportuno significado:

Hallie: ¿No le parece bonita?
Stoddard: Sí... ¿has visto una rosa de verdad?

Cactus y rosa como metáforas de los dos mundos que se oponen en este relato: el salvaje oeste destinado a desaparecer con sus héroes y villanos, y el civilizado futuro basado en nuevas normas y convenciones.

Triángulos en una caja china

John Ford estructura su obra con precisión matemática, insertando la historia de Stoddard y Hallie, en otra más amplia limitada por los personajes de Tom Doniphon y Liberty Valance. 

La historia exterior refiere la contienda entre el vaquero y el bandido, y dentro de ella suceden el resto de acontecimientos entre los que interactúan y se relacionan los demás personajes: el amor entre Rance y Hallie, los humorísticos y tiernos comportamientos de los indisciplinados y pintorescos personajes que frecuentan el hotel Peter's Place donde los padres de Hallie sirven comidas; el cobarde, cómico y conformista comportamiento del sheriff que, como los demás habitantes de Shinbone, prefiere mirar a otro lado antes de enfrentarse a la violencia gratuita de los más fuertes.

Ford desliza su mensaje moral y político sobre los valores democráticos de las leyes americanasEntre los detalles de esta costumbrista estampa del viejo oeste, Ford desliza su mensaje moral y político sobre los valores democráticos de las leyes americanas. Como es lógico, el personaje, encargado de sensibilizar a la población sobre sus derechos ciudadanos y de extender las ventajas de la educación y el respeto, es el joven Stoddard, que se embarga en un proyecto alfabetizador y divulgador al que se apuntan con entusiasmo las mujeres y los niños. Porque en este filme, John Ford opone los intereses masculinos a los femeninos, asignando a la mujer un papel mucho más progresista y civilizado que el de los hombres, más anclados al pasado y a la tradición de no cambiar la realidad por muy molesta e injusta que ésta sea.

También nos encontramos con un destacado papel de la prensa como difusora de noticias y defensora de las nacientes  ideas sobre los derechos civiles de los ciudadanos. Aunque el ebrio personaje del señor Peabody (Edmond O'Brien) es uno de los más cómicos de la película, su discurso deja claro los intereses de la prensa como cuarto poder en la nueva sociedad emergente y su vocacional dedicación a la captura de la noticia por encima de todas las cosas. El disparatado discurso de Peabody cuando argumenta sus razones para no ser elegido como representante es uno de los más hilarantes del filme. En un tono de clara parodia, el director pronuncia un discurso esclarecedor sobre las relaciones entre políticos y periodistas:

"Soy periodista, no político. Los políticos son mi material, mi trabajo... yo los creo y los derribo. Yo soy vuestra conciencia, la vocecita que resuena en la noche, vuestro perro guardián que aúlla a los lobos".

Pues bien, todas estos temas configuran la historia que discurre en el interior de la caja china. Por fuera sobrevuelan los personajes representados por John Wayne y Lee Marvin cuyos duelos no son ya los de los viejos westerns con los dos contrincantes enfrentados en la soledad de las calles o en desiertos llanos. Ahora, entre los dos contendientes se interpone el nuevo personaje que encarna James Stewart y que se ha ido situando poco a poco en medio de ambos, hasta desplazarlos de su papel principal para ocupar el espacio de los protagonistas.

Con una concepción del espacio escénico magistral, Ford es el máximo exponente del cine clásico

Con una concepción del espacio escénico magistral, Ford adecua el lenguaje cinematográfico mediante una selección de planos y movimientos de cámara que sirven tanto a la emoción y tensión narrativas como a ilustrar este metamensaje sobre el final de los viejos héroes.

Si analizamos la secuencia que tiene lugar en el comedor del Peter's Place, observamos que el momento culminante del duelo entre Liberty Valance y Tom Doniphon  sitúa a los dos personajes de pie y cruzando sus feroces miradas, amenazante la de Tom y rabiosa la de Liberty, mientras Stoddard permanece en el suelo mirando hacia arriba. El papel de este último es claramente secundario, pero curiosamente es el que resuelve el conflicto al recoger el filete arrojado por el bandido momentos antes. Si bien reconoce que es el lenguaje de las armas el que ha hablado, también se rebela contra los que niegan la importancia de su discurso pacifista: "Está bien, el arma le hizo huir... Pero no quiero que nadie luche por mí". Las palabras de Stoddard casi anticipan los que ocurrirá y, ante la disyuntiva de irse del pueblo o armarse, éste opta por lo último, pero su código no es el de las pistolas sino el del orador y político en que se convertirá, como líder de una nueva cultura donde los libros y las leyes desplazarán a la violencia de las armas.

Una de las obras maestras del western y del cine en generalEl siguiente duelo, en el que Liberty Valance es tiroteado y muerto, vuelve a poner en movimiento a los tres personajes: Rance y Liberty, enfrentados por los respectivos atributos que simbolizan su esencial significado. El primero con su pequeño revólver,  su delantal de camarero y el miedo en la mirada y en el gesto; el segundo, con sus espuelas, sus pistolas y la mirada osada y fanfarrona. Y el tercero, Tom, en la sombra, controlando la situación, dirigiendo la acción y haciéndose cargo del correcto desarrollo del argumento. Éste último es el que resuelve el problema y acaba con el malo y, a partir de ese momento se irá retirando de la escena para descansar en el universo donde permanecen los mitos legendarios.

El otro triángulo es el amoroso, más tópico pero no menos significativo. Las pretensiones amatorias de Tom Doniphon respecto a  la bella Hallie resultan fallidas, no solamente por la aparición del joven abogado sino por las características del cortejo y de la forma con que el veterano vaquero requiebra a su dama. Hay un contraste evidente entre las tiernas miradas que se dirigen Hallie y Stoddard, la forma natural de cogerse de las manos y de comunicarse, y los estereotipados gestos y frases manidas con que Tom intenta ganarse a la que casi considera su futura esposa.

Cuando la conducta o actitudes de Hallie sorprenden a Tom, éste pone cara de viejo galán pasado de moda y repite esa conocida frase sacada de las películas románticas de los 50: "¿sabes que te pones más bonita cuando te enfadas?".

Definitivamente Tom está fuera de juego pues su lenguaje es de otra época y nadie lo entiende en la nueva era que está a punto de nacer. Su personaje ha permanecido anclado en las formas del pasado y no tiene futuro si no es dentro de los relatos cinematográficos cuyos momentos de esplendor han muerto. Fin.

James Stewart, John Ford y John Wayne