Tras los pasos de Ripley

  08 Junio 2009

Escribe Luis Tormo

Patricia HighsmithEn 1955 nacía el personaje Tom Ripley, fruto de la imaginación de Patricia Highsmith. La escritora americana se había dado a conocer con su primer libro, Extraños en un tren, cuya difusión se vio potenciada por la exitosa adaptación al cine que realizó Hitchcock. En esta obra ya se apuntaban algunos de los principales temas que se repetirían en el resto de la creación literaria de la escritora; entre ellos tenemos la ambigüedad moral de los personajes, el asesinato planteado como un juego y el sentimiento de culpa.

Tras Extraños en un tren, su siguiente trabajo fue The price of salt, una historia de dos lesbianas que debido al rechazo de sus editores, tuvo que publicarse bajo seudónimo. Cuando en 1990 se reeditó la novela, ahora sí con el nombre de su autora en la portada (1), en el prólogo, la escritora afincada en Suiza comentaba las dificultades de hablar en aquel momento de la homosexualidad y, sobre todo, destacaba el final optimista de la historia pues hasta ese momento los personajes homosexuales siempre eran castigados por la opción sexual que habían elegido.

Estas dos novelas y los temas que en ellas se desarrollan son el antecedente necesario para que en el año 1955 pudiéramos asistir al alumbramiento del personaje de Tom Ripley.

Alain Delon fue el primer intérprete de Tom Ripley en el cine

En El talento de Ripley, Tom es un joven con un pasado oscuro al que repentinamente un millonario le pide que acepte el encargo de recuperar a su hijo Dickie, que vive en un pueblo costero del sur de Italia. Tom le conoció hace años y ahora tiene la posibilidad de viajar a Europa para convencer a Dickie que regrese a EEUU. Y con este sencillo planteamiento, basado en un encuentro casi fortuito, Ripley viaja a Italia, descubre la vida bohemia de un joven que vive de las rentas de la familia, y poco a poco va adaptándose a esa nueva vida.

Tímido y asustadizo, un tanto humillado y alejado de su mundo, Ripley va configurando una tela de araña psicológica en torno a Dickie que terminará con el asesinato del joven millonario para asumir su personalidad. El personaje de Ripley no sólo envidia la vida placentera que el dinero facilita, sino que desea también el estatus burgués que Dickie tenía. Así, Tom se dedica a reproducir por donde va el tipo de vida que Dickie habría llevado en cada momento.

La novela avanza entre giros inesperados manteniendo el suspense y a cada página el personaje va cambiando de personalidad para terminar afianzándose como Ripley, pero con la herencia acumulada de su víctima.

El talento de Ripley combina los temas que hemos indicado anteriormente: el crimen planteado como un juego y un final que no lo es -en el sentido de la falta de castigo-, que significa el triunfo de Tom frente a sus perseguidores (la policía, el investigador de la familia) y que sienta la base de las posteriores aventuras de un ser amoral, manipulador e irónico que dibuja de una manera aterradora la escasa confianza de Patricia Highsmith en el ser humano.

Patricia Highsmith

Representación del mal

Tras El talento de Ripley, en las siguientes novelas, nuestro protagonista es un hombre casado con una rica heredera, vive en una mansión campestre ubicada en un pequeño pueblo de Francia y su vida es apacible hasta que personas o acciones que cometió en el pasado hacen que Ripley vuelva a jugar su particular -y peligrosa- partida con el destino.

En La mascara de Ripley (1970) debe solucionar algunos problemas con su participación en unas falsificaciones de obras de arte, y en El juego de Ripley (1974) se encarga de elegir una víctima para que se convierta en un asesino que elimine a unos sicarios de la mafia. Y cada página con la que Patricia Highsmith arropa a Ripley para mostrarle exteriormente con una imagen respetable sirve a la vez para desnudar el interior de un ser que se convierte en la encarnación del mal, pues en las manos de Ripley está la posibilidad de manipular y disponer de las vidas ajenas para sus propios fines.

La habilidad de Patricia Highsmith, y eso es lo que convierte al personaje en algo verdaderamente monstruoso, fue conseguir que ese ser infame resulte atractivo, cercano e identificable para el lector. Novela a novela, Ripley se muestra más afianzado, las dudas iniciales, los sentimientos de culpa y la ambigüedad sexual dejan paso a un perfil psicológico capaz de soportar las consecuencias de sus acciones (asesinatos, suicidios). Ripley permanece intemporal, como si apenas hubiera pasado el tiempo desde su primer asesinato y es que el personaje parece por momentos encarnar el mito del vampiro, se alimenta de los demás, vive de ocupar la vida de otros para consumar su propósito.

La habilidad de Patricia Highsmith, y eso es lo que convierte al personaje en algo verdaderamente monstruoso, fue conseguir que ese ser infame resulte atractivo

El personaje permanecerá fiel a este esquema y, en las siguientes novelas, The boy who followed Ripley (Tras los pasos de Ripley) y Ripley under water (Ripley en peligro), pese a todos los riesgos y muertes a su alrededor (un adolescente que le sigue, un hombre excesivamente curioso de su pasado), Highsmith siempre ajusta el argumento para dejar a Ripley fuera de todo peligro y felizmente recompensado a pesar de sus fechorías.

En 1991 apareció el quinto libro sobre el personaje, Ripley en peligro, y cuando nos acercamos a lo que serán las últimas líneas sobre el personaje, la escritora vuelve a apostar por la imposibilidad de acabar con el mal y, en un guiño a su primera novela, un policía se acerca al personaje pero, obviamente, no para atraparlo sino para preguntarle por su furgoneta mal aparcada. Una vez más, y ahora para siempre (Highsmith moriría cuatro años más tarde y en ese tiempo que transcurrió no llegó a retomar el personaje) esa metáfora de la maldad humana continuaba habitando impunemente en nuestro mundo.

Bon vivant: A pleno sol

A pleno sol (A plein soleil)La primera aproximación a Ripley por parte del cine no proviene, como cabría esperar, del cine americano, sino que es la cinematografía europea la que confía en las posibilidades de este joven arribista reconvertido en asesino, y esta característica se convertirá en una constante, pues siempre han sido realizadores europeos -a través de coproducciones- los que han adaptado el personaje de Ripley (aunque El talento de Ripley es una producción norteamericana).

Así, en 1959 se rueda A pleno sol (A plein soleil), basada en la primera novela de Highsmith sobre Ripley: la película es una coproducción italo-francesa dirigida por Rene Clement.

El filme del director francés muestra la evolución de un Tom Ripley, aun tímido, que se transformará  hasta  el punto de suplantar la personalidad de su amigo millonario. Un Ripley que superará la constante humillación a la que es sometido por Dickie para pasar a dominar el terreno cuando la muerte comienza a rondar en el peligroso juego que ambos protagonistas deciden asumir (la escena de la conversación sobre el asesinato, con ambos jóvenes jugando a las cartas en el barco).

Clement propone un Ripley que, interpretado por Alain Delon (en uno de sus primeros papeles en el cine), aparece cargado de fuerza, lo que unido a su físico hace que Ripley obtenga el favor cómplice del espectador. El director de Juegos prohibidos conduce la película por los senderos del cine policíaco y siempre basándose en la intriga y la tensión del argumento.

El filme no entra en la homosexualidad del personaje, tal y como se insinúa en la novela (tan sólo las escenas iniciales en Roma parecen apuntar por ese camino) y la principal consideración es la suplantación de la personalidad con el objetivo de acceder a una vida burguesa marcada por el ascenso social (Ripley se decora su apartamento con lujo y se aloja en hoteles con clase).

La película de Clement, por ser coetánea en el tiempo con la novela, recoge el espíritu de esa época fielmente (con un rodaje que sale al exterior para mostrar la viveza de los colores mediante la fotografía de Henri Decae) y tan sólo los últimos planos del filme constituyen una traición al espíritu de la novela, pues la película hubiera debido acabar con Tom Ripley sentado en una hamaca pidiendo en un bar lo mejor para beber (en la novela sus últimas palabras son también "el mejor" para referirse a un hotel) y no siendo descubierto, que es el final (¿auto?)impuesto que vemos en la pantalla e impide que el personaje se salga con la suya.

Wim Wenders incide en plantear toda la película como un gran juego, todos los acontecimientos son fruto de las manipulaciones de Ripley

Alemania en otoño: El amigo americano

Tras la primera adaptación tendríamos que esperar a 1977 para ver cómo Wim Wenders llevaba al cine la tercera novela de Highsmith sobre las andanzas de Tom Ripley (El juego de Ripley, 1974), bajo el título de El amigo americano.

En esta obra, Highstmith consigue el retrato más ajustado del personaje y nos transmite su escasa confianza en el ser humano en un libro que comienza en la primera página con las certeras palabras de Ripley: "El crimen perfecto no existe. (...) Creer que sí existe es un juego de salón y nada más. Claro que muchos asesinatos quedan sin esclarecerse, pero eso es distinto" (2). 

El amigo americanoY el director alemán incide en plantear toda la película como un gran juego, todos los acontecimientos son fruto de las manipulaciones de Ripley (Tom elige a Jonathan como víctima de sus maquinaciones porque le niega el saludo en una subasta) y una vez lanzada la partida únicamente queda jugarla (así, una de las escenas importantes de la película muestra a Tom Ripley y Jonathan jugando una partida de billar mientras deciden los futuros asesinatos).

Ese rebelde sin causa que es Ripley/Dennis Hooper mueve las fichas decidiendo las actuaciones en cada momento sabiendo que él siempre está por encima del resultado. Desde su mansión neoclásica y desfasada, Ripley va observando (e interviniendo cuando es necesario) para que el viento siempre sople a su favor, moviendo la marioneta que ejecuta sus actos, provocando las acciones de un Jonathan que siempre está perdido (las laberínticas escaleras en la escena del asesinato en el metro) o formando parte de algo que sólo Ripley conoce (Jonathan aparece delimitado por el marco que está construyendo, está dentro de una historia).

Volvemos al tema de cómo Ripley consume la vida a su alrededor. En los últimos planos del filme, cuando Jonathan se siente libre y abandona a Ripley en la playa, muere instantes después, incapaz de sobrevivir a esa inspiración maligna que le ha mantenido vivo durante un tiempo.

La película de Wenders, además, marca el camino por el que seguirán las siguientes adaptaciones. El universo en que se mueve Ripley ya no se caracteriza por las imágenes brillantes y coloristas, ahora todo es sucio, oscuro, lluvioso y decadente. Las ciudades aparecen como tristes contenedores y la historia destila un pesimismo quizá reflejo de la época en que se concibió la película.

Un ser atormentado: El talento de Mr. Ripley

El talento de Ripley Si en la primera aproximación a la novela de Ripley las imágenes reflejaban el lado externo del personaje y la acción tenía un carácter dominante, en la adaptación que se realizaría 30 años después, El talento de Mr. Ripley (1999), el director Anthony Minghella hizo todo lo contrario. Sobre la estructura del argumento intentó trazar las líneas psicológicas del personaje, resaltando principalmente la necesidad de superación de un personaje anodino que ve en su oponente todas las características que él no posee: belleza, riqueza o liderazgo.

Minghella, autor y productor del filme, puso en primer plano la homosexualidad de Ripley y la remarcó inventando situaciones y personajes inexistentes en la novela (el asesinato final en el barco y una posible pretendiente enamorada de Ripley a la que éste rechaza). El director de El paciente inglés consiguió, en la primera parte del filme, antes de enredarse con tramas secundarias que no aportaban nada, un acercamiento fidedigno al personaje de la novela y los títulos iniciales de la película expresan la dualidad entre lo aparente y lo real, entre el bien y el mal, dejando bien claro la ambigüedad moral del personaje.

El filme, a pesar de sus numerosos exteriores (playas, Venecia, Roma) y su costoso diseño de producción, muestra unas imágenes melancólicas, agridulces, que, como ya comentamos en el párrafo anterior, siguen la línea que marcó Wenders en El amigo americano.

El problema de esta película es que el camino que emprende Minghella en el último tercio del filme, donde se hace hincapié en el exacerbado sentimiento de culpa (y que culmina con el asesinato de su amante masculino en el barco), lastra de nuevo el espíritu de la obra original, y parece que hay cierta dificultad en dibujar un personaje que esté exento de remordimientos.

El asesinato como arte: El juego de Ripley

El juego de Ripley En 2002, la directora italiana Liliana Cavani vuelve a acercarse a una aventura del perverso personaje y escoge otra vez El juego de Ripley (como Wenders casi 30 años atrás).

La directora italiana traslada la acción a su país y con pequeñas excepciones (el prólogo del filme) se mantiene muy fiel a la estructura del libro. Ripley es un burgués adinerado, definido ambiguamente en lo sexual (mantiene una extraña relación con su mujer, más de dominio que de amor) y cuyo trazo predominante es la superioridad respecto a los demás.

Ripley (John Malkovich), definido casi como un decadente personaje propio del universo Visconti, se aferra a su juego particular con las personas como forma de supervivencia. Otra vez apostando por las características del vampiro, Ripley insuflará a la vida de Jonathan el último aliento, que se traducirá en la capacidad del aprendiz por ser capaz de jugar con el maestro y cuando, al final, termina muriendo, lo hace para salvar a Ripley (despertando la capacidad de asombro de un Tom incapaz de entender el sentimiento de sacrificio y solidaridad).

Cavani se encargará de mostrar a Ripley como la representación de la maldad con diferentes estratagemas, como es filmar al personaje por encima de los demás para demostrar su superioridad, las palabras que pone en su boca ("carezco de conciencia") o la propia concepción del plano cuando rueda.

En este sentido cabe destacar la escena final porque aporta mucha información sobre la concepción del personaje: Ripley acude a ver la representación de su esposa en un teatro y él está en la parte superior, dominando y observando cómo se desarrolla el espectáculo mientras recuerda los últimos acontecimientos. Es decir, todo es parte de una representación, un juego.

Ripley under ground o éste no es Ripley

Ripley under ground Con estas cuatro películas que hemos analizado se cierra hasta el momento la aproximación que el cine ha realizado sobre el personaje de Tom Ripley, aunque este comentario estaría incompleto si no hiciéramos referencia a la película que en el año 2005 filmó el director Roger Spottiswoode, Ripley under ground (3), inspirada en La máscara de Ripley (la segunda novela de Highsmith, escrita en 1970).

Y hacemos hincapié en el término inspirada pues Ripley under ground apenas sigue el argumento de la novela, ya que realmente se dedica a rellenar con imágenes las elipsis con las que Patricia Highsmith hacía evolucionar al personaje entre las diferentes obras.

Así, el argumento principal de este filme es mostrar el comienzo de la relación de Tom Ripley y Heloise, rica heredera y futura esposa del protagonista, y también la muerte del pintor Derwatt; dos acontecimientos que Highsmith da ya por hechos o acontecidos en las primeras páginas de La máscara de Ripley.

Pero el problema de Ripley under ground no es la invención de la trama argumental, sino que el personaje no tiene absolutamente nada que ver con el original: aquí Ripley es un gigoló, abiertamente heterosexual y, algo que no ocurría en las cuatro películas anteriores, su definición como personaje es absolutamente plana, incapaz de mostrar interiormente la maldad que muestran sus acciones.

El filme no se acerca ni de lejos a sus predecesores y pone de manifiesto que para acercarse a Ripley no basta con realizar un thriller, pues el universo que trazó Patricia Highsmith va más allá del mero relato de género.

Dos visiones de Ripley envejecido: las de Wim Wenders y Liliana Cavani

Coda final

Descartando la última adaptación realizada del personaje en Ripley under ground, por las razones expuestas en el comentario anterior, se podría afirmar que en líneas generales el cine se ha acercado con respeto al personaje de Tom Ripley.

Las cuatro películas son, además, trabajos que podemos considerar de autor; Clement, Wenders, Minghella y Cavani muestran en sus filmes (acertada o erróneamente) una concepción personal y particular de hacer cine. En estas películas, junto a la dirección, todos participan en el guión (y algunos incluso en la producción) con lo que texto e imágenes, fondo y forma, son fruto de la idea que quieren transmitir.

En todos los ejemplos que hemos expuesto en este artículo las alteraciones sobre el referente literario tienen que ver más con la necesidad de adaptar el texto al universo particular de cada autor que con modificaciones que supongan una traición al texto. Es cierto que se produce en la resolución final de A pleno sol o El talento de Mr. Ripley algún cambio significativo respecto a la novela, que Wenders introduce aspectos teóricos sobre la relación entre América y Alemania, metáforas sobre el cine europeo y americano (homenaje a Nicholas Ray incluido), que Minghella nos muestra un Ripley torturado y cargado de culpabilidad no muy lejano de los mostrados en algunas otras películas suyas (El paciente inglés) o que Cavani establece unas relaciones entre la realidad y arte a modo de subtrama en el relato.

Pero, en cualquier caso, son ejemplos honestos de lo que significa aproximarse a una obra literaria y donde la maldad que simboliza Ripley, la escasa consideración que en las novelas se desprende del género humano y el pesimismo latente en toda la obra de Highsmith pueden rastrearse sin duda alguna en cualquiera de las cuatro adaptaciones que nos hemos referido.

John Malkovich interpretó un Ripley poco inspirado en manos de Liliana Cavani

(1) En España, The price of salt fue publicada en la editorial Anagrama con el título de Carol.

(2) El amigo americano (El juego de Ripley). Editorial Anagrama, 1982, Barcelona.

(3) La película no se ha estrenado en España, y en Europa parece ser que pasó directamente al mercado del DVD.

Dos lecturas del joven Ripley: la de René Clement y la de Anthony Minghella