El mal en 'Delitos y faltas' y 'Match point'

  07 Junio 2009

Un mundo sin Dios
Escribe Arantxa Bolaños de Miguel

"Lo que digo realmente, y lo digo con toda claridad, sin ningún mensaje esotérico de por medio, es que tenemos que aceptar que vivimos en un universo sin Dios y que la vida carece de sentido y que a menudo es una experiencia terrible, brutal y sin esperanza, y que las relaciones amorosas son durísimas, y que aún así tenemos que encontrar la manera, no sólo de hacer frente, sino de llevar una vida decente y moral". (Woody Allen en Conversaciones con Woody Allen, Lumen 2008, pág 163. Conversations with Woody Allen, Eric Lax).

Match PointDurante el medioevo, los filósofos se encargaron de dilucidar, sin éxito, el llamado "problema del mal" en el mundo, intentando explicar la contradicción entre el lado oscuro y la creación divina.

En los siglos XX-XXI, el pensador, director, guionista, humorista y actor llamado Allen Stewart Konigsberg (Woody Allen) entiende todo este problema del mal en el mundo como consecuencia de la libertad de elección del hombre en un mundo sin Dios. Por tanto, al proclamar la inexistencia de Dios, deriva toda la acción moral en la libertad humana y, por ende, tiene cabida la maldad. Así, se acerca al ideal kantiano de vida ética individual, pues el bien debe ser buscado en sí mismo, sin ninguna finalidad (ni premio o castigo, porque los que así actúan no actúan por ética), y es que tomar la opción más responsable ante la moralidad recala en última instancia en nosotros mismos.

Este ateísmo de Woody Allen nos sorprende, porque no hay que olvidar que procede de una familia judía (y la tradición judeocristiana basa su ideología en la creencia de un juicio final después de la muerte). Pero también hay que constatar que, al ser un gran conocedor del espíritu religioso es, por tanto, más crítico con él.

Delitos y faltasWoody Allen plantea, pues, una ética individual -basada en la voz de nuestra conciencia- y en su filmografía quiso reflejar este pesimismo para con el género humano, que desvela que, por desgracia, esta moralidad es minoritaria.

Ambas, Delitos y faltas (1989) y Match Point (2005), derivadas de su profundo ateísmo y su pesimismo antropológico, intentan contestar a la pregunta ¿qué pasaría en un mundo sin Dios, donde una acción inmoral no fuera castigada? La respuesta la encontramos en el desarrollo de estas dos cintas, que van de la mano en este tema tan complejo y que, analizándolo fríamente, es realmente atroz. El negativismo de Woody Allen tiene aquí la máxima expresión, pues analiza la maldad pura, sin conciencia, que persigue tan sólo sus intereses sin ningún tipo de escrúpulos ni sentimientos de empatía para con los de alrededor.

El mal ha estado reflejado en multitud de personajes a lo largo y ancho del cine: asesinos, mujeres fatales, psicópatas... Pero la ambición sin remordimientos quizás sea la que más turbación da, porque es el mal con mayúsculas, como en La noche del cazador (Charles Laughton, 1955) en la que Robert Mitchum (el predicador Harry Powell) es capaz de matar, no por traumas, ni por falta de amor, ni por motivos de enfermedad mental, sino tan sólo por el vil metal.

En estos casos en los que se consigue medrar a través del juego sucio, no podemos ni debemos hablar de inteligencia y tan sólo de maldad, de una maldad fría y cruel, pues no responde a momentos de enajenación transitoria, sino que la persona se ve sacudida por una enajenación permanente de la condición humana (que no es otra que amar y ser amados).

Judah (Martin Landau), un personaje que lo tiene todo y que, al ser víctima de un chantaje por su antigua amante, decide asesinarla

En Delitos y faltas nos presenta a Judah (Martin Landau), un personaje que lo tiene todo y que, al ser víctima de un chantaje por su antigua amante, decide asesinarla para que su mundo continúe siendo igual. Judah representa la posición acomodada ya alcanzada y el querer persistir en ella a costa de todo.

En una charla que mantiene con su amigo el rabino (interpretado por Sam Waterston), en la que le aconseja contarle a su mujer la infidelidad y esperar el perdón, él descarta automáticamente esta opción por miedo a no ser perdonado y no saber asumir el castigo merecido (siendo por otra parte la única salida moral ante el atolladero en el que se encuentra) y, al hablar con su hermano (que ejemplifica la perversidad) ve la posibilidad del asesinato para "solucionar su problema". Y es aquí cuando convierte una simple falta (una infidelidad) en un delito (asesinato).

Delitos y faltas está dentro de sus mejores obras (pertenece a la época brillante del autor) donde supo aunar con inconfundible genio la tragedia y la comedia, componiendo así sus mejores historias, en las décadas de los 70 y los 80: Annie Hall (1977), Manhattan (1979), Hannah y sus hermanas (1986), e incluso algunas en los 90, como Misterioso asesinato en Manhattan (1993) o Todos dicen I love you (1996).

Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyer), un arribista capaz de eliminar a todo el que se interponga en su camino hacia el éxito

Match Point se centra en Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyer), un apasionado lector de Crimen y castigo (Dostoievski, 1866),  pero que carece del sentimiento trágico de éste. Estamos aquí ante un arribista, capaz de eliminar a todo el que se interponga en su camino hacia el éxito (como Judah) y que intente frenar sus ambiciones.

Es cierto que en otras cintas de Woody Allen también reflejan esta ambición desmedida, pero quizá sean estas dos las que más similitudes tengan. Mientras en Cassandra's dream (2007) y en Scoop (2006) los infractores son castigados, en Match Point y en Delitos y faltas no, y quizás sea éste el final más real, el que haga más atractivo y más inteligente el desenlace, pues parte de la idea de que en el mundo no hay castigo por nuestros actos ni por una divinidad, ni por el exterior (debido al azar), y que podemos hacer lo que queramos, porque no hay Dios. Pero también, pese a no haber castigo divino y, aunque podamos escaparnos del castigo de la sociedad, no por ello debemos rehuir una vida ética: por nosotros mismos, por nuestra necesidad de poner orden y moralidad en un mundo en caos y sin finalidad.

'Match Point' es un drama pasional en el que Chris Wilton se deja llevar por su instinto más ambicioso en lugar de la pasión por la bella Nola Rice (Scarlett Johansson)

Entre las dos también hay diferencias, pues mientras en Delitos y faltas el personaje ya está en la cumbre de su carrera, en Match Point es un arribista, es por lo que en Delitos y faltas contrata a alguien para que le haga el trabajo sucio, mientras que en Match Point lo tiene que hacer directamente él. Mientras Delitos y faltas es una tragicomedia, Match Point es un drama pasional en el que Chris Wilton se deja llevar por su instinto más ambicioso en lugar de la pasión por la bella Nola Rice (Scarlett Johansson).

Woody Allen quizás en el mejor de toda su filmografía, pues no interpreta el típico personaje gracioso ni acomplejado, sino un outsider inteligente, amable, aunque perdedorLa última escena de Delitos y faltas (1989) es espeluznante: Martin Landau le cuenta la historia (sin mencionar su implicación, por supuesto, la cuenta en tercera persona) y vemos cómo ha superado los remordimientos y cómo el mal vence a la integridad (ejemplificada por el estupendo papel de Woody Allen en este filme, quizás el mejor de toda su filmografía, pues no interpreta el típico personaje gracioso ni acomplejado, sino un outsider inteligente, amable, aunque perdedor). El personaje de Woody Allen es así, la contrapartida de Judah (Martin Landau), que es un patético vencedor en la vida profesional pese a ser un inmoral.

Orson Welles dijo en su ópera prima Ciudadano Kane (1941), definiendo a Charles Foster Kane: "No es tan difícil hacer dinero cuando es sólo hacer dinero lo que se pretende", donde un hombre sin escrúpulos que sólo quiso dinero en su vida lo consiguió y que, en el último momento demostraba de lo que careció toda su vida: el calor del hogar. Y es que la ambición sin límite lleva a una persona a impedir que nada se le interponga en el camino y que cada obstáculo sea sólo una prueba a superar.

Delitos y faltas

Y es una realidad posible, pues una persona con una idea obsesiva que no se pare ante nada ni nadie la consigue, cuando ni la moral ni la empatía le hacen frenar en una ambición sin escrúpulos. El final de Match Point deja también un poso de amargura espeluznante, pues vemos cómo a pesar de que sabemos que jamás será feliz en su matrimonio de conveniencia, le vemos satisfecho con la vida que lleva, ya que el éxito y el dinero para él están por encima del amor y la moral.

Woody Allen nos presenta a dos "triunfadores" que no son castigados por sus crímenes, porque aquí no son sancionados ni por Dios, ni por su conciencia (el más terrible castigo que pueda disponer un hombre, el remordimiento dostoievskiano) ni por la sociedad. Uno y otro filme (les separan varios años de distancia pero mantienen el mismo espíritu), son de lo mejor en la filmografía alleniana. La primera compone una de las obras maestras de Woody Allen, mientras que Match Point, sin serlo, es una de las más sobresalientes de los últimos años.

El final de 'Match Point' deja un poso de amargura espeluznante, pues vemos cómo a pesar de que sabemos que jamás será feliz en su matrimonio de conveniencia, le vemos satisfecho con la vida que lleva