Hable con ella (2002) (*)

  23 Abril 2009

Los mismos excesos de siempre
Escribe José Luis Barrera (1)

Hable con ella"Una película de Almodóvar" es el enorme rótulo entre jactancioso y petulante con que acaban los títulos de crédito que dan inicio a esta última obra de este peculiar cineasta "honra y prez" (?) del cine español. Y así, Hable con ella es otra más de Almodóvar, una película que una vez vista uno no sabe si tomarla en serio o en broma. Aún cuando más comedida que sus otras películas cae en los mismo excesos de siempre.

La película está presentada desde un punto de vista que puede ser interesante y que Almodóvar ya visitó en algunos otros filmes: la realidad de la vida contemplada como algo soñado y como algo que se representa; por eso el filme empieza con un telón que se levanta y acaba también en un patio de butacas de un teatro. Pero, siendo un poco cruel, estas ficciones almodovarianas semejan una mala copia de un peor original. Y así, siguiendo el dicho de su (supongo) amado Oscar Wilde de que la vida imita el arte, el cineasta manchego se copia otra vez más a sí mismo, como Narciso mirándose a las aguas, pero su ultima película carece de vida y de arte.

Carece de vida porque el filme nos presenta unos personajes que, repito, podrían haber sido muy interesantes y que, además, son típicos de la fauna y flora que pueblan los filmes de este cineasta manchego: seres desagarrados, con necesidad forzosa de ser amados y de amar, que viven sus pasiones frente al mundo, con amores prohibidos o incomprendidos por la sociedad bienpensante.

Rosario Flores para estar sólo para mostrar la plasticidad de mundo de los toros

Para presentarnos estos personajes el filme se sube de tono y casi en la tesitura de la tragedia y sus protagonistas casi parecen escapados de una tragedia griega: el periodista de El país que llora en la película más que una dolorosa en Semana Santa porque la muerte le ha arrebatado el amor de su vida, y quiere suplantarlo en la mujer torera que a la vez anda herida de amores por el despecho de El niño de Valencia, otro torero casquivano que no le hace mucho caso. A la vez, el otro protagonista, un joven inocente que se enamora de una casi adolescente bailarina y que por un accidente está mucho tiempo en estado de coma. Unos personajes, pues, rebuscadamente desdichados en una situación aún más rebuscada. ¿Quién puede creérselo?

A Almodóvar se le va la mano convirtiendo las situaciones melodramáticas en motivo casi de ridículo de cachondeoEsta línea pretendidamente trágica provoca en el espectador mucha irritación y más, como ocurre muchas veces, cuando a Almodóvar se le va la mano convirtiendo las situaciones melodramáticas en motivo casi de ridículo de cachondeo. Me refiero, por ejemplo, a la secuencia de la torera asustada por la "bicha" que hay en la cocina y las lágrimas que derrama el periodista al recordar otra "bicha" que se mete en una tienda de acampada en África y de la que sale despavorida desnuda su novia (aunque haya que caer en la cuenta que la bicha puede funcionar como símbolo fálico). O la secuencia en que los dos amantes sacan en sillas de ruedas a tomar el sol a sus dos amadas en coma. Mas estúpido y ridículo ya no puede ser.

Para aliviar esta alta tensión que pretende alcanzar, el director de Hable con ella baja el filme de la tonalidad alta e inserta alguna secuencia en tono menor: son las secuencias de humor estilo chismoso y que recuerda al sainete costumbrista; no teme dar pábulo a su feroz anticlericalismo (la conversación en la peluquería de unas actrices secundarias muy mal integradas en el relato) a su gusto por la procacidad (sobre el tamaño de los genitales masculinos) o, lo que es peor, todo el inserto de una película muda -en homenaje a ese maravilloso tipo de cine- donde la insensatez provocativa de Almodóvar llega a su paroxismo y que le quiere servir para realizar una especie de elipsis del acto sexual que realiza el enfermero con la chica en coma. A estas alturas ya no hay quien se escandalice de las provocaciones llenas de mal gusto que este cineasta utiliza casi como marca de la casa. Dentro de estos insertos "graciosos" de los que hablamos se puede salvar el que protagoniza la siempre eficaz Chus Lampreave.

La puesta en escena se pone al servicio de una estética personal gay La irritación ante el filme aún sube más de temperatura cuando uno ve cómo la puesta en escena se pone al servicio de una estética personal gay que no busca definir lo narrado y enmarcar su posible discurso, sino recrearse en efectos momentáneos de rebuscada estética, que no tiene mucho que ver y a veces molestan por su superficialidad. Y así, todo el personaje que interpreta Rosario Flores parece estar para que se nos muestre la plasticidad del mundo de los toros (ceremonial, trajes, actuación ante el toro, etc.). Muy bonito, para el que le guste, pero... ¿y qué mas?

Igualmente, extraños interludios (la canción Cucurrucucú paloma) nos muestran un poco para quien es el cine de Almodóvar: para sus amigos. En esta secuencia, que no viene a cuento, un cantante interpreta esta canción de un modo alarmantemente dramático, provocando las lagrimas una vez más del periodista llorón y realizando la cámara un lento travelling sobre toda la compañía almodovariana, incluyendo a las dos actrices de su anterior película, Todo sobre mi madre. Almodóvar se homenajea a sí mismo. Y es que no hay cosa peor que no ser un genio pero creer serlo.

La misma dirección de actores tampoco está a la altura de algunas de las más conocidas películas de AlmodóvarLa misma dirección de actores tampoco está a la altura de algunas de las más conocidas películas de Almodóvar: ni la Rosario Flores, convertida en una especie de caricatura, ni la actriz joven que interpreta a la chica en coma, ni tampoco Geraldine Chaplin, tan penosa y voluntariosa en sus interpretaciones, están acertadas. Entre los hombres sólo Javier Cámara realiza un gran papel. El argentino Darío Grandinetti sólo nos muestra su rostro doliente.

Hay que destacar en todo el filme y se llega a agradecer en medio de tanta mediocridad, la composición musical que Alberto Iglesias ha realizado para la banda sonora de la película.

Dice Almodóvar que alcanzar la fama le ha hecho mucho daño, seguramente la expectación que lógicamente despiertan sus películas. Obligado a superarse a sí mismo, el "pánico escénico" debe ser muy grande. Pero yo pienso que el cine de este director ya tiempo atrás tocó techo y sus ultimas cintas no son más que una sombra de las sencillas, provocativas e imaginativas películas que hizo en sus primeros años.


(1) Crítica publicada originariamente en el nº 31 de Encadenados, en abril de 2002.

Almodóvar durante el rodaje de 'Hable con ella'