Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980)

  26 Marzo 2009

Volver
Escribe Luis Tormo

En este artículo queremos volver a la primera obra de Almodóvar. Volver con el objetivo de situarla en el contexto que la vio nacer, señalando aquellos aspectos cinematográficos interesantes que emergen de su estilo underground y, por último, rastrear cuál es el poso que dejó en el posterior cine del director manchego.

Madrid, año 80

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montónResulta imposible entender Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón sin contextualizar su realización en el caldo de cultivo de lo que se llamó la movida madrileña (aunque también tuvo importantes ramificaciones en otros lugares, como Galicia o Valencia).

Este movimiento cultural y social, deudor del fervor independiente que desde mediados de los 60 se gestaron tanto en Europa como en EEUU y que, lógicamente, por la situación política española no se pudo desarrollar en nuestro país hasta la muerte del dictador, eclosionó verdaderamente a finales de los 70 y principios de los 80, en un movimiento que agrupó a todo tipo de tendencias artísticas amparadas bajo el paraguas de etiquetas como contracultura o postmodernismo.

De este periodo surgen nombres en el mundo de la música, el diseño, literatura, cine, pintura, cómic, fotografía y cualquier manifestación que tenga que ver con la cultura y que nos acompañan desde entonces; algunos ejemplos que se popularizaron en esa época los tenemos en personas o grupos como Alaska, Radio Futura, Almodóvar, Ceesepe, Los Secretos, Barceló, los hermanos Roth; programas de televisión (La edad de oro), emisoras de radio (Radio 3) o salas de música como Rockola.

En definitiva, un maremágnum de personas, estilos y conceptos que espoleado por las tendencias más actuales que venían de Gran Bretaña como fue el fenómeno punk (al que volveremos más adelante), consiguieron que durante estos años los conceptos de libertad y posibilidad se unieran bajo el lema de "podemos hacerlo" para dejarnos obras que aún perduran bajo ese concepto un tanto esquivo que conocemos como memoria colectiva. Libertad para expresar todo aquello que se quería decir y posibilidad en el sentido de que eran capaces de, sin dominar el lenguaje, convertirse en músicos, cineastas, pintores, etc.

Actuación de Almodóvar y McNamara

En el sitio adecuado, en el momento justo

Enmarcado en este ambiente que acabamos de exponer, Pedro Almodóvar capitaliza el término movida y se convierte en el ejemplo perfecto de artista del momento. Hay que tener en cuenta que el director manchego, a pesar de que ya llevaba cinco años realizando cortometrajes, también estaba desarrollando otras facetas como el trabajo en cómics, revistas alternativas, la escritura y lo veremos incluso subido encima de los escenarios cantando. Es decir, lo que nos referíamos en el párrafo anterior, cualquier actividad era posible y la influencia o mezcla de unas actividades con otras, constituía una de las señas de identidad.

Las mujeres de Almodóvar ('sus chicas') ya estaban en esta películaSi a esto añadimos la capacidad mediática, el poder de convocatoria que el director manchego ha tenido desde siempre, es normal que el fenómeno destacara dentro del panorama nacional. Son conocidas y recordadas sus ruedas de prensa, sus apariciones en la gran pantalla en sus primeras películas, sus actuaciones musicales con McNamara recogidas en La edad de oro, etc.

Es por ello que la irrupción de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en 1980 (tras casi dos años de preparación y rodajes que se interrumpían por la falta de liquidez o la imposibilidad de compaginar las actividades laborales del director y del equipo) supuso una conmoción al dar el salto del circuito amateur a las pantallas comerciales (incluido el estreno en el festival de cine de San Sebastián).

El filme, de estética superochista, llamó la atención en nuestro país por lo inusual de su propuesta, es decir, no tanto por su valor como obra de arte sino por lo que supuso de sorpresa en un panorama cinematográfico más empeñado en recuperar temas que durante años no se pudieron mostrar que en investigar otras posibilidades.

Y es que la opera prima de Almodóvar, además de la inclusión de aspectos o temas que captaron la atención del público (sexo, drogas), incorporaba un juego fílmico con las imágenes que iba más allá del contenido, constituyendo un alejamiento del modelo clásico narrativo. Alejamiento de lo clásico que se debía, en primer lugar,  a ese atrevimiento por superar modelos ya conocidos, y en segundo lugar, y no menos importante, a un desconocimiento del propio lenguaje cinematográfico.

Por lo tanto, un primer valor de esta película y del propio autor es su carácter novedoso, al que hay que sumar la capacidad para posicionarse en primer plano, para adquirir relevancia, para pasar del terrero independiente al éxito popular; algo nada sencillo pues algún trabajo importante, y tenemos como ejemplo el caso de Arrebato de Iván Zulueta (rodada casi al mismo tiempo), no consiguió desprenderse de ese áurea maldita que le impidió llegar a más personas.

La película mantiene una estética superochista

Valor, alcance, vigencia y otras cosas del montón

Hasta ahora hemos hablado de este primer filme de Almodóvar desde el punto de vista sociológico, destacando su importancia casi desde el punto de vista histórico. Pero toca ahora ocuparnos de aquello que tiene que ver con lo estrictamente cinematográfico, intentando contestar a la pregunta de qué (supuesto) valor  incorpora esta primera obra a la carrera de Almodóvar, analizando si fue un hecho excepcional y viendo si queda algún rastro de esa primera aproximación al mundo femenino en el cine actual del director de Volver.

La película es heredera de la factoría de Andy WarholPepi, Luci, Bom y otras chicas del montón es heredera, consciente o inconscientemente, de toda una serie de documentos que van desde los trabajos realizados en The Factory, el estudio de Warhol donde se mezclaba todo tipo de disciplinas y que produjo desde mediados de los 60 innumerables cortos y largos, algunos de los cuales (la trilogía de Morrissey: Flesh, Trash y Heat) hasta el Pink flamingos (1973) de John Waters. En relación con este tema hay que destacar la visita de Andy Warhol a Madrid en 1983 y su encuentro con personalidades adscritas a la movida, que fue una especie de refrendo por parte del gurú de la modernidad a este movimiento.

En estos ejemplos que hemos nombrado, sus autores se mueven entre la independencia y lo experimental, prescindiendo del modo de representación institucional del cine clásico y poniendo de relieve asuntos y personajes novedosos o marginales respecto a la media general.

Y ésta es una de las primeras características que aporta la opera prima de Almodóvar: la libertad estilística que le permite filmar la película sin atenerse a reglas de iluminación, raccord o montaje convencional, combinando diferentes géneros y utilizando cualquier cosa que tenga que ver con la imagen, desde los carteles de Ceesepe que fraccionan las escenas hasta el uso de recursos como la música o la publicidad (los anuncios realizados por el personaje de Cecilia Roth).

Este aspecto amateur que presenta Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón sí fue exclusivo de este filme pues a partir de esta realización (y el cambio es evidente en su siguiente obra, Laberinto de pasiones) el cine de Almodóvar va a ir evolucionando hacia un tratamiento formal mucho más cuidado.

En aquella etapa, Almodóvar se erigió en el líder de la 'movida' madrileñaContribuye a esta apariencia doméstica la anterior trayectoria de Almodóvar como realizador de cortos, pues en este largometraje (que en su origen era también un corto llamado Erecciones generales) denota explícitamente una naturaleza fragmentaria: más que una unidad, lo que se observa son diferentes partes que se van estructurando o añadiendo para conformar una estructura coral. Y esta estructura facilita la inserción de multitud de situaciones y temas pues Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón refleja la nueva situación social y política que en tan sólo cinco años se había producido en el país.

En este sentido, el valor del filme de Almodóvar es el conseguir traducir en imágenes ese aluvión de acontecimientos novedosos, con un estilo compulsivo que igual mezclaba la tradición de la España de charanga y pandereta (pasodobles, boleros) con la temática más moderna (por utilizar un lema musical, sexo, drogas y rock&roll).

En definitiva, es una obra punk; y al igual que en la música se reivindicaba la posibilidad de realizar cosas libremente, aunque no se supiera tocar instrumentos, en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón ocurre precisamente eso: nadie va a redimir esta obra desde el punto de vista técnico, el valor precisamente está en el atrevimiento de mostrar algo que no está pulido, con esa estética sucia y cutre (también un atributo muy punk) y de la que el director manchego se irá desprendiendo poco a poco en sus siguientes películas.

La película puede considerarse hoy un manifiesto punk

¿Qué hice yo para merecer esto?

Si cogemos la opera prima de Almodóvar y a continuación revisamos su siguiente película, Laberinto de pasiones, la diferencia formal es evidente. Una y otra no tienen nada que ver. Frente al aspecto descuidado que ofrece la primera, las aventuras del heredero de un país árabe están plasmadas en la pantalla con una presencia visual y estilística que nos muestra ya un autor preocupado por los movimientos de cámara y con las posibilidades del juego dentro del plano.

En este sentido es fundamental la figura del director de fotografía y Almodóvar cuidará en sus películas ese cometido: Ángel Luis Fernández realizará varias producciones y a partir de ahí, el director de Matador realizará pocos cambios en este sentido (Beato y Alcaine se llevan el peso mayoritario en el terreno de la fotografía).

El origen del proyecto es el corto titulado 'Erecciones generales'Y en otros apartados como la música (Bonezzi, Iglesias) o el montaje (José Salcedo) le acompañarán generalmente los mismos nombres, lo que facilita el desarrollo de una especie de corpus visual. Es por ello que la participación de estos profesionales importantes y el aprendizaje del valor de la técnica junto con el diseño de producción (algo fundamental en el resultado final de las películas de Almodóvar), el juego con los colores y los movimientos de cámara constituyen los principales factores del cambio que se aprecia y acentúa película a película.

En este sentido podríamos afirmar sin equivocarnos que el cine actual de Almodóvar, ese que ahora es el referente del cine español fuera de nuestro país, no tiene nada que ver con su origen. Que Hable con ella o Volver están en las antípodas de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, y no sólo en cuanto a la apariencia formal, sino también en el guión, pues el tratamiento que Almodóvar da al texto es quizá el elemento más interesante y aquel que le define verdaderamente como autor.

A partir de ¿Qué hecho yo para merecer esto?, Almodóvar va adaptándose a las convenciones más clásicas de la historia y desde la experiencia de Matador, escrita junto a Jesús Ferrero (el único guión compartido con otra persona), y comienza a situar en un lugar relevante la escritura, el tratamiento del guión, en definitiva, el contenido.

Entonces, puede ser que debamos plantear que Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (y sus obras más cercanas, Laberinto de pasiones, Entre tinieblas) son un mero ejercicio de aprendizaje, un peldaño en una carrera que podemos entender ascendente, una trayectoria que iría desde la comedia o parodia al drama más contenido.

Con el paso del tiempo, debemos considerar este título como un mero ejercicio de aprendizajeSe suele considerar que hay dos etapas o fases en el cine de Almodóvar: una primera, provocativa, ácida y divertida, y una segunda, que bascula hacia el melodrama. Quizá sea así, pero reseñemos al menos una serie de temas que ya aparecían en su opera prima y que le acompañan desde entonces. Por ejemplo, la presentación de unos personajes alejados de la normalidad (Luci, una abnegada esposa casada con un policía fascista pero que en realidad es una masoquista; Bom, componente de un grupo punk con tendencias dominantes; Pepi, que cultiva marihuana y quiere vender su virginidad) pero que en manos de Almodóvar están definidos con trazos cotidianos.

Así desfilarán ante nuestros ojos temas -reiterar que estábamos en 1980- como las drogas, la violencia, el sadomasoquismo, el travestismo o la homosexualidad pero que, mostrados con absoluta ingenuidad, pierden ese carácter peyorativo (como botón de muestra recordar la escena de la micción sobre la humillada esposa). Y esta característica se repite en muchos personajes y situaciones donde la brutalidad queda matizada por el tratamiento que se les da (los asesinatos en Qué hecho yo para merecer esto, Matador, Volver), las situaciones violentas hacia las mujeres (las humillaciones en Átame, la violación en Kika).

El vínculo de unión entre las mujeres ante unos hombres que son incapaces de entenderlas se materializa en todas las películas de Almodóvar, pues podríamos considerar que es uno de los elementos esenciales en su cine (Hable con ella, Volver). Y esta tesis está ya plenamente desarrollada en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón cuando en una de las escenas más conseguidas del filme, Pepi y Bom aparecen encuadradas en la ventana de la cocina, desde fuera (algo que Almodóvar incorpora mucho en sus películas) para luego pasar al interior donde las dos mujeres preparan la comida (en una escena absolutamente cotidiana), y donde Almodóvar pone de relieve cómo estas mujeres están solas y necesitan unirse para sobrevivir. Este tema, unido a la incapacidad de los hombres para entender a las mujeres, se repite en el cine de Almodóvar película tras película y ya está aquí.

Pese a todo, contiene suficientes elementos temáticos que son genuinamente almodovarianosAsimismo, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón sienta también las bases para dos elementos que el director de Los abrazos rotos utiliza en todas sus películas: la combinación de géneros y el recurso a la música para ir más allá de las palabras. Si bien es verdad que el tratamiento de las historias ha ido evolucionando desde la frivolidad inicial hasta el melodrama más exacerbado (acrecentando la seriedad de su postura), es innegable que en todo el cine de Almodóvar aparece una mezcla de géneros que combinado con otros recursos (historias dentro de otras historias) dificulta la adscripción final de lo que estamos viendo a una sola corriente.

Respecto al segundo elemento, el tratamiento de una canción para ser utilizado como recurso dramático aparece ya desde esta primera película: el uso de la música de zarzuela en la escena en que disfrazados de chulapos los amigos de Pepi asaltan al policía es una de las escenas más recordadas. A partir de ahí, algunos de los mejores momentos de la filmografía del director manchego van unidos a una canción, así la interpretación de Volver (con la voz de Estrella Morante) en la película del mismo título es ejemplar, pero también lo es el maravilloso juego de travellings y panorámicas mientras Caetano Veloso canta Cucurrucucú Paloma en Hable con ella, el plano fijo mientras suena Resistiré al final de Átame o Marisa Paredes cantando Piensa en mí (con la voz de Luz Casal) en Tacones lejanos.

En definitiva, la visión de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón muestra el inicio provocativo de un joven Almodóvar, una película que por ironías del destino está ahora en las antípodas del concepto artístico que tiene su autor, pero donde se dejaba entrever que tras ese estilo underground, cutre y casero, podemos rastrear temas y recursos que tamizados por el conocimiento del lenguaje cinematográfico y el dominio narrativo, parecen escondidos pero están ahí.

almodovar37.jpg ...al Almodóvar que todos conocemos hoy.