Tacones lejanos (1991)

  20 Marzo 2009

Melodrama en rojo
Escribe Gloria Benito

Tacones lejanosCuando en 1991 se estrenó la novena película de Almodóvar, Tacones lejanos, la crítica fue bastante bondadosa con este filme, que se consideró un avance en la búsqueda de un particular lenguaje cinematográfico con el que el director manchego escribía sus historias.

Las más proclives al estilo almodovariano la calificaron de fresca y apasionante indagación de los sentimientos propios del universo femenino. En este aspecto destacaron sobre todo los críticos franceses que, como todos sabemos, adoran a Pedro Almodóvar, al que consideran el gran innovador del cine español, el atrevido creador cuyo mérito es llevar a la pantalla temas y personajes singulares tanto por su modernidad como por su pertenencia a mundos y ambientes de la noche y de la movida.

Miguel Bosé interpreta, entre otros personajes, a un travestiEn estos momentos, pasados ya dieciocho años, podemos revisar esta película a la luz del paso del tiempo, juez inexorable. Lo que encontramos es un melodrama al uso en el que Rebeca (Victoria Abril) hace el papel de víctima por el desinterés y desapego de su madre (Marisa Paredes), famosa actriz y cantante conocida por Becky del Páramo. El gran amor y dependencia de Rebeca-niña hacia su madre le llevan a asesinar al segundo marido de ésta para que Becky pueda desarrollar libremente su carrera. Más adelante, siendo Rebeca adulta, asesinará también a su propio marido, Manuel (Feodor Atkime), por haberle sido infiel con su madre y con otras mujeres. En medio de esta traumática trama, surge el juez Domínguez (Miguel Bosé), enamorado de Rebeca y encargado de la investigación del crimen. Este personaje es también el travesti Letal, que imita a la gran Becky, y el yonqui Hugo, fingido novio de una joven que frecuenta el mundillo de las drogas. Tras el consiguiente suspense sobre la autoría del homicidio, Rebeca confiesa ser la responsable de la muerte de Manuel durante el telediario, espacio en el que trabaja como locutora de noticias. Para abreviar, el problema se resuelve cuando a Becky le diagnostican un cáncer terminal y decide declararse culpable para así pagar a su hija tantos desplantes y desamores en el pasado, y posibilitar que sea feliz en el futuro.

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Confieso que me siento incapaz de valorar esta alucinante y lacrimosa historia como no sea con adjetivos como inverosímil, sensiblera y sentimentaloide. No sé en qué fuentes se inspiró su director, pero se me ocurren los melodramones de estrella cantarina con  muchas desgracias y más morbo, de las que disfrutaría sobre todo un público marujón, tanto masculino como femenino o neutro.

La película obtuvo el César... por algo seríaSin embargo a esta película le dieron un premio César, lo que me hace pensar en que los franceses seguramente le vieron valores ocultos para mi humilde percepción. Creo que Almodóvar es experto en contar con excelentes equipos, tanto en aspectos técnicos como la fotografía (Alfredo Mayo) o la selección de actrices y actores de gran talento y tirón comercial. Es capaz de presentar cualquier producto con el más vistoso y llamativo de los envoltorios y venderlo a las multitudes. Eso hay que reconocerlo.

Claro que podemos recurrir a la interpretación psicoanalítica de la mujer-víctima de la madre-castradora, la cual se redime de su culpa mediante la mentira, en este caso piadosa. Y claro que Rebeca es un personaje atrapado por la red de los puestos del mercado caribeño durante la niñez, y por la red policial cuando es detenida en su edad adulta. Y claro que hay algunas cosas que nos hacen sonreír, como la risa incontenible de Rebeca cuando da en televisión la noticia de un ataque terrorista; o la madre del juez (Mayrata o Wisiedo), personaje lo suficientemente friki para recordarnos al mejor Almodóvar en sus primeras comedias, y también a ese entrañable señor que tampoco se levantaba de la cama en Eloísa está debajo de un almendro. Así que por todo lo dicho nos alegraría que Almodóvar se dedicara más a la comedia.

En cuanto al lenguaje cinematográfico, resulta excesivamente esquemático y artificioso. Las secuencias se plantean en escenarios muy elaborados y con un extremado cuidado de la luz y del color, pero precisamente por eso resultan menos creíbles. Ese aeropuerto blanco con sillas de plástico rojas en una de las cuales se sienta Victoria Abril con traje blanco y bolso rojo. ¿Y nadie a los lados o detrás en un aeropuerto? Está absolutamente sola, por lo que creo que se ha sacrificado la funcionalidad de la secuencia en la historia por una estética que desconcierta al espectador, el cual no entiende lo que pasa.

Marisa Paredes y Victoria Abril son madre e hijaParece que Almodóvar, aquejado de viscontiniano rubor, pone el rojo estratégicamente en todos los planos, prodigándolo en ropas, sombreros y cortinajes. Pensé que quizá fuera un símbolo cromático de la sangre de los muertos o de las pasiones desatadas, o vaya usted a saber. Porque todo resulta muy frío y artificial, y si lo que se pretendía era aislar a los personajes de un entorno más realista, para así dejarlos a solas con sus sentimientos y conflictos, lo que se consigue es otra cosa: que el espectador no se crea nada de una historia en exceso truculenta.

Pero no todo es malo. La excelente voz de Luz Casal nos deleita con ese delicioso Piensa en mí que sobrevuela por la película junto con otros acordes y trompetas de la música de Ryuichi Sakamoto. Quizá podamos escuchar la peli en vez de verla.

Almodóvar durante el rodaje d 'Tacones lejanos'