La mala educación (2004)

  15 Marzo 2009

Historia de historias
Escribe Mr. Arkadin (1)

"Todas las películas parecen hablar de nosotros"
(Homar a Gael en el filme, al salir de ver Perdición)

La mala educaciónAlguien puede sentirse engañado al no encontrar en el filme una historia (dominante) sobre la perversión sexual en un colegio de curas. Un hecho que, como buen "vendedor" que es, Almodóvar se encargó de publicitar como base esencial de la película. Algo sabe una persona tan lista como él de lo que vende en un país tan "bien" educado como éste en el que vivimos. Poco más (el travestismo de Gael, por ejemplo) se supo durante el rodaje de lo que contaba la película. El director de Hable con ella es de aquellos que imponen una ley de silencio al equipo del filme que se rueda y del que muy pocos saben con exactitud de qué va en su conjunto. Su única verdad, y existencia, se encuentra, una vez acabada y montada, en su proyección.

Pues bien La mala educación no es sólo, por fortuna, una historia sobre las vejaciones (o amores) a los que es sometido un niño "angelical" por el profesor-director de un colegio-internado o de un seminario, lugar que el filme (con buen sentido) no aclara. Lo que acontece en el centro ¿educativo? es un hecho más (el comienzo o el final de una historia ) que va mucho más allá en tiempo e idea. En realidad esa historia es una más de otras muchas historias que se cruzan y entrecruzan en el filme, hasta terminar por ser, en su multiplicidad, una única historia que habla, aunque suene muy profundo, sobre la Historia de éste de país que a pesar de sus avances sigue siendo en muchos aspectos tétrico y oscuro.

En la enorme complejidad del filme, asistimos a la representación-existencia de la realidad-irrealidad de varios personajes que nunca son lo que aparentan. ¿Cuál es la verdad? ¿De quién es el rostro verdadero que asoma a la pantalla? ¿De quién se esta hablando? Es complejo porque en este laberinto de personajes perdidos que es la película, y que alguno muy acertadamente ha definido de cajas chinas, nada es verdad o todo viene oculto por una verdad desorganizada. Asistimos, sin ninguna distracción, a la representación de un mundo de engaños y mentiras donde únicamente los personajes actúan en pos de intereses personales sin preocuparse el aplastamiento del otro.

Alberto Iglesias, el músico favorito de AlmodóvarPodemos hablar, y esas palabras serían idénticas, de víctimas y verdugos, ángeles y demonios, culpables e inocentes. Eso sí, todos perdedores y solitarios. Como ese inmenso final en que Enrique "llora" su soledad y, también, el engaño a que ha sido sometido, cerrando la puerta del chalet, escondiendo su dolor. ¿Acaso cierra para siempre su intimidad personal sustituyéndola para siempre por una exposición escondida que reflejarán sus película? 

En el juego de espejos que es el filme los personajes se transmutan como forma de vampirizar a otros y alcanzar así al mismo tiempo sus "mefistofélicos" designios. Así, el Padre Manolo será años después el señor Berenguer. Ha pasado de cura a ejecutivo "cultural". Para proceder a ese cambio (y al mismo tiempo al identificar una ficción -la historia que se rueda- con una realidad -lo que acontece de "verdad"- aunque, en definitiva, esa "veracidad" se "cuente" en una película) el personaje es interpretado por dos actores diferentes. Al igual que ocurre con el personaje del director de cine (interpretado por tres actores) o el de Ignacio, que da pie a una múltiple duplicidad (rizando el rizo) al referenciar tanto a un personaje real como a uno integrado dentro de una ficción más a otro que lo suplanta en la pretendida realidad.

Cabría preguntarse sobre cuál es la verdadera realidad existente en este juego de espejos sin espejos. Difícil saberlo ya que cada peldaño lleva a otro situado más arriba para desde ahí proceder a lanzar a los seres al vacío o, tanto da, a conminarlos a continuar por otra escalera que les precipita al abismo.

¿Ficción o realidad?

Almodóvar, una personalidad imposible de suplantarExiste una ficción dada por el "idealizado" rodaje de una película imposible y por una suplantación de personalidad que a su vez se "reproduce" dentro del rodaje de la película que vemos. Para distinguir ambas verdades o mentiras se hace que la película rodada limite su pantalla, se haga algo más pequeña que la otra: la que muestra a los personajes viviendo en un "presente" cercano (a ellos) los hechos.

¿Pero es que acaso no es todo el filme un rodaje, una representación de una historia convertida en mil historias? ¿Acaso no se refleja una en otra hasta volverse a encerrar todas ellas, participando del el mismo "juego", en el comienzo? En realidad son círculos de eternas vueltas en busca de una salida inexistente. De ahí, de este soberbio juego repleto de ironía y mala uva que es La mala educación, nace su riqueza expositiva, sus ansias reivindicativas, su toma de conciencia y también sus variados errores. Una película enormemente compleja, tan "difícil" y "arriesgada", permítaseme tan exagerada, afirmación, como las más que discutibles 21 gramos y Dogville La gratuidad o pretenciosidad de cada uno de los filmes citados se erige aquí en la razón de ser y existencia de La mala educación.

Alberto Iglesias compuso la partitura para el filmeEl juego del filme queda planteado desde su mismo comienzo. En el último letrero de crédito que abre La mala educación se puede leer guión y dirección de Pedro Almodóvar. Un cártel que de forma directa es sustituido por otro en el que, manteniendo las palabras guión y dirección, se cambia por el nombre de otro director, el que corresponde a Enrique (Fele Martínez), la persona que se presenta como director en el filme que contemplamos. Al final se cierra el juego de forma parecida. Unos carteles tratan (como en las películas "reales") de convencernos de la realidad "vivida" por los personajes principales después de concluida la historia que acabamos de ver. Sobre el personaje del director se nos dice, más o menos, que después de aquella película se centró exclusivamente en hacer películas y que en ellas puso toda su pasión. Palabra esta, centro del cine de Almodóvar, que se engrandecerá hasta llenar toda la pantalla antes de que comiencen a pasar los letreros de crédito finales. Es también el sentido último de Enrique, desengañado de todo y todos.

En la visión del rodaje de la película (la película de la película) se explícita el doble, o triple, o váyase a saber cual de ellos, sentido de la representación. La visión del rodaje muestra las cosas no son como fueron sino bien como son recordadas o bien como son "adornadas". Por eso es absurdo que un crítico con cierta aureola de "grandeza" se haya permitido evidenciar la "realidad" (oiga, ¿qué realidad?) del filme por el hecho de que los niños acudan a ver una película de Sarita Montiel Esa mujer realizada en 1968, estrenada (se supone) con posterioridad al comienzo de los años sesenta.

La cita a Sara Montiel es más que evidenteEl filme de Almodóvar puede ser criticado por otras cosas pero nunca por esa nimiedad. Eso es lo mismo que el hecho de atacar una película, como hacen ciertos cinéfilos listillos y algunos gacetilleros cinematográficos, por ridículos fallos de continuidad. Más seriedad, por favor. Tal como está rodado el filme queda claro que Almodóvar no quiere reflejar la realidad de esa visión y sí lo que eso implicaba: la tal asistencia al cine (podía haberse llegado a comentar también que cómo era posible que a unos niños se les permitiera, en aquellos tiempos, entrar a ver una película no tolerada) refiere una película de la pecaminosa Sarita Montiel, que interpreta la historia (muy acorde con lo narrado) de una monja violada convertida luego en afamada tonadillera y que además, entre otras lindezas, será luego engañada por sus sucesivos amantes. La "cita" es mucho más elocuente que la de propiciada por una "realidad" centrada en una irrealidad ¿o será la revés?

Y para aclarar, si es posible aún más, esa innecesaria búsqueda de la "realidad" frente a la necesaria "verdad" narrativa deberé indicar como persona de Valencia que mientras existió el cine Tyris (siempre de estreno) jamás hubo ninguna semana de cine negro. Ese cine, el Tyris, es el lugar al que asisten el falso Ignacio y el Sr. Berenguer para ver Perdición. ¿Y eso qué importa? Pues nada, exactamente lo mismo que tratar de saber si el día del rodaje de esa escena llovía (como se muestra) o la lluvia era artificial. ¿No les parece que eso es un rizo más que para nada tiene que ver con los múltiples que se entrelazan en el filme?

Adolfo Bellido Ramos, ayudante de dirección, en un cameo como el Padre Adolfo

El mundo de fuera

En el juego a varias bandas al que nos invita la película asistimos a una serie de engaños continuos de los que son víctimas y verdugos cada uno de los personajes. Así, el Padre Manolo seduce a Enrique mientras que el hermano de Ignacio suplanta a su hermano, seduce a Enrique y a su vez (volviendo a convertir en víctima a Ignacio, pero al mismo tiempo vengándole) al Padre Manolo, ahora convertido en gerente de una editorial. Pero ahí más el hermano de Ignacio no sólo seduce al gran amor de su hermano (Enrique) sino que quiere triunfar en el cine, o dónde sea: lo suyo es subir para llegar a ser un imposible-vencedor. Para ello pasará por suyo tanto un escrito de su hermano como se convertirá en el depositario del (imposible) chantaje que Ignacio propone.

La película es fiel al gran melodrama de Douglas Sirk Y el juego prosigue hacia el infinito con otros referentes. Así, en el guión de Ignacio, Enrique está casado y tiene un hijo pero en la realidad (?) el actual Padre Manolo es quien está casado y tiene un hijo, para que, definitivamente, en el cartel explicativo indicativo del "final" de cada uno de los personajes de la película se nos diga que el hermano de Ignacio es quien en realidad está casado y tiene un hijo.

El gran melodrama que, como todos los anteriores filmes del director, es La mala educación quiere ser fiel a la trayectoria del cine de, por ejemplo, Douglas Sirk. Por eso la película trata de elevarse por encima de la historia que cuenta para proceder a reflexionar sobre el mundo en el que se mueven estos personajes. Una sociedad vergonzante en la que nada es verdad. Un juego de apariencias descrito por una serie de arribistas o de dictadores-dominantes de unas normas de conducta. Se trata de vivir por encima de personas y sentimientos.

Tanto da el paso de los tiempos. El carácter tétrico del seminario, los cines decadentes dan paso a unas luminosas y frías estancias. La vejez del ayer da paso a un cercano hoy tan detestable como el anterior. Siempre unos tratarán de explotar, desgraciadamente, a otros. Nadie al parecer pueda hacer nada para cambiar el (sin) orden de las cosas. En ese sentido si el personaje del sacerdote aparece como oscuro y repulsivo mucho, pero será (un reflejo de reflejos) el singular y desvergonzado manipulador representado por el hermano de Ignacio.

Todos los personajes, unos y otros, los demonios del ayer y del hoy, para remate forman parte del gran conjunto de los perdedores capaces de venderse y vender por una nimiedad. Lo fundamental es llegar a su designio inmediato aunque eso pase por el mismo asesinato. En ese sentido, la película de Almodóvar es una brutal disección de la sociedad anterior (y por tanto de ésta misma) que hemos padecido y seguimos padeciendo.

Todos los personajes son capaces de venderse por una nimiedad

Triste(s) historia(s) de amor y pasión

En el fondo (o quizá lo fundamental) la película narra una historia de amor (fracasada, frustrada): la de dos niños a los que el tiempo separó brutalmente y que nunca más han podido encontrarse. El mundo se ha encargado de destrozar sus vidas. Uno de los niños,  Enrique, aparentemente, años después habrá triunfado: se convertirá en un afamado director de cine que al menos ha conseguido uno de sus sueños infantiles. El otro, Ignacio, ha sido separado del "edén" en dos tiempos: el Padre Manolo lo expulsó del colegio para separarle de Enrique (y ser así el único "depositario" de su amor) mientras que su hermano usurpará su personalidad al tiempo que le roba tanto su guión como el amor de Enrique. Por si no fuera suficiente. Una muerte real y claramente simbólica.

¿Cómo triunfar en la realidad quién ni siquiera puede hacerlo en la ficción? Ignacio nunca será nadie. De ahí la frase de la carta sin terminar (porque su vida nunca ha sido nada) que su hermano le entrega a Enrique en el instante final de la película y que, poco más o menos, dice "Querido Enrique: Tu si lo has conseguido". Y es que Enrique, aparentemente al menos, está al lado de los triunfadores, en la cúspide, mientras que él es pasto de "fieras", un juguete destruido... sin haber tenido jamás ningún valor. Ni siquiera se ve como "grande" en el guión que escribe y dónde sólo se "ve" capaz de "amar" a su amigo-amor cuando Enrique éste dormido y sin que, por tanto, pueda ser consciente tanto de que se han encontrado después de los años como de que ha sido "poseído" por su viejo niño-amante. ¿Cómo triunfar en la realidad quién ni siquiera puede hacerlo en la ficción?

La mala educación toma elementos de anteriores títulos del director y en especial de La ley del deseo, filme con el que coincide en personajes e ideas. Si un artista "habla" sobre lo que conoce, da vueltas siempre sobre lo mismo, Almodóvar no es una excepción a esa regla. De ahí las semejanzas que se encuentran, las vueltas y revueltas sobre temas que tratan, en definitiva, de representar (deformada) la sociedad en la que vive.

Muchos críticos no han visto el humor que destila toda la películaUnos espejos, sus películas, que le reflejan personalmente, algo que, irónicamente, se refuerza aquí con una serie de datos personales fácilmente reconocibles, como pueden ser la profesión de Enrique, sus estudios de niño en un seminario, el nombre y el logotipo de la productora del director en la ficción (e incluso "su" propia oficina). Todo ello sirve para emparentarle con el propio Almodóvar al igual que ocurre con el regusto (de él y de Enrique) por un determinado tipo de cine o por las diferentes fechas utilizadas en el filme y que se corresponden con fechas concretas de la propia historia personal del realizador de Todo sobre mi madre.

Hay espectadores, y críticos, que parecen haberse enfrentado al filme de forma demasiado reverencial concediéndole un sentido de excesiva "seriedad" olvidando el humor que destila toda la película. Algo que se detecta desde los mismos títulos de película que decoran la productora de Enrique (La abuela fantasma entre ellos) hasta el propio filme que rueda Enrique (sobre guión de Ignacio) y en el que se contienen momentos de gran "hilaridad": el "canto" de Moon River en la orilla del río; el personaje interpretado por Javier Cámara; todo el intento de chantaje (otro ejemplo de la realidad reflejada en la ficción: el posterior chantaje que promueve Ignacio) del "falso" hermano (se hace pasar por su hermano mientras que en la "falsa" realidad que es la película que vemos es su hermano el que le suplanta) al Padre Manolo; el asesinato de Ignacio (premonición y reflejo de la posterior muerte) a mano de los dos curas.

Humor o mala uva la del filme que se extiende a otros personajes o situaciones como en la muy divertida conversación telefónica con la madre y abuela...

Pedro Almodóvar

Discutibles obviedades

Lo que sorprende, y negativamente en el filme, es el desmedido ansia por reforzar la imagen, por hacer demasiado explícito lo que está claro. Es el caso del escrito, aunque bien engarzado, que recibe al final Enrique y con el que parece se trata de explicar lo que el filme ya ha cerrado. O también la visita al lugar donde aparecen las monstruosas cabezas de unos gigantes y cabezudos. Queda claro que esas "cabezas" devuelven la imagen de los dos visitantes (el hermano de Ignacio y el Sr. Berenguer, antes Padre Manolo) por eso sobra la frase de Berenguer: "parece que se ríen de nosotros".

Sorprende el afán de Almodóvar por hacer demasiado explícito lo que ya está claroComo también lo es, aunque ese momento "cante" menos, la frase de Berenguer a la salida de ver Perdición y con la que se vuelve a reforzar lo que estamos contemplando, intentando hacernos comprender que cualquier obra se convierte en un reflejo de la realidad. O, incluso, el nuevo nombre que dice poseer ahora el falso Ignacio, Ángel y que "oculta" al mismo Ignacio (el propio Ignacio en el guión rodado ¿o en la verdad? es Zahara): una imagen de un ángel "refuerza" a Zahara cuando entra a robar en la Iglesia.

Con esta insistencia por lo obvio parece que el director intenta anclar desesperadamente la historia para que la inmensa mayoría de los espectadores entiendan lo que está contando. Algo demasiado ingenuo, fácil y pobre.

Una lastima porque el filme cuenta con excelentes momentos que prueban la gran calidad del director y, en concreto, de esta película. Citaré uno porque creo que es altamente significativo: todo el juego (en principio el espectador es desconocedor del mismo) desplegado por el falso Ignacio para seducir a Enrique en la secuencia de la piscina. Si no se redondea la escena es por culpa de unos innecesarios insertos con los trata de remachar (innecesariamente) el "deseo" del director.

Ciertos recursos demasiado forzados resultan también discutibles y, en cierta medida, molestos. Citaré simplemente dos: el del mechero que queda olvidado en el chalet de Enrique y la introducción de Berenguer en el rodaje de la película. Momentos necesarios (más el primero que el segundo) para que, por supuesto, la película progrese, pero bien integrados en la narración.

El acabado del filme es excelente

Aunque resulte obvio es justo indicar que el acabado del filme es excelente. Todo en él está perfectamente integrado, desde la música hasta la fotografía de Alcaine, pasando por los diferentes decorados y sin olvidar a los intérpretes y un espléndido montaje. No hay duda que Almodóvár sabe rodearse de muy buenos colaboradores. Les exige y sabe sacar de cada uno de ellos lo mejor. Película a película el realizador manchego va mostrándose como algo más que un simple artesano o imitador de grandes géneros o directores.

Una película, pues, que pudo ser grande y se queda en algo menos. Temas había aunque quizás demasiados. Personalmente hubiera preferido que el filme hubiera optado más por la sugerencia que por el "discurso". Soy consciente del enorme riesgo que la libertad creadora hubiera supuesto en una película tan compleja como esta. Por supuesto era necesario "rebajar" sus propuestas para que el publico la entendiera y se interesase parcialmente o totalmente por lo narrado.

Una lastima porque de esta forma La mala educación se queda simplemente en un muy interesante esbozo de la gran obra que se intuye y debió ser. Con todo un filme muy necesario e importante.


(1) Esta crítica se publicó originalmente en mayo de 2004, en el nº 43 de Encadenados.

El equipo al finalizar el rodaje en tierras catalanas