JOAN MARIMÓN: El modelo clásico de guión...

  07 Febrero 2009

Para celebrar nuestros primeros diez años en Internet, desde Encadenados hemos pedido a un pequeño círculo de amigos que se sumen a este aniversario con un artículo en el que hablen de... esto, de... de cualquier aspecto que les parezca interesante de esta última década. Las generosas colaboraciones de este grupo están recogidas en el nº 59 de nuestra revista, publicado en enero y febrero de 2009.  


El modelo clásico de guión y la victoria sobre la muerte
Escribe Joan Marimón (1)

thomas_edison.jpgDicen que en su lecho de muerte, Edison quiso aclarar que de todos sus inventos su predilecto era el fonógrafo. Parece ser que, entre los inventores del siglo XIX, siempre se había considerado una absoluta quimera la grabación de la voz. Retener imágenes es algo que podía hacer cualquier pintor, o desde hacía algún tiempo los fotógrafos, pero la voz, tan etérea, que existe y acto seguido desaparece para siempre… ¿Cómo captar eso? ¿No es propiedad tan solo del recuerdo? Quien pudiera grabar la voz conseguiría volver a oír a sus seres queridos, incluso después de que hubieran muerto. Edison, como hombre de negocios, tenía en la cabeza algo más que eso, un espectáculo de voces con cantantes ya fallecidos. Nada que hoy nos pueda sorprender demasiado, pero que hace poco más de cien años sonaba a imposible.

El cine, imagen y sonido registrados y reproducibles, nace entre otras muchas cosas con ese espíritu: retener para siempre el instante feliz, la persona querida. El cine amateur o doméstico se alimenta sobre todo de este motivo: volver a ver y a oír a los que ya se han ido. O a esos que fuimos y ya no somos.

“Cuando todos puedan fotografiar a los seres que les son queridos, en su movimiento, en su acción, sus gestos familiares, con la palabra a punto de salir de sus labios, la muerte dejará de ser absoluta”. Eso decía un artículo, en el diario La Poste, consagrado al nacimiento del cine a partir de una sesión de los Lumiere, en diciembre de 1895, tal como nos recuerda Noël Burch en El tragaluz del infinito.
 
el_tragaluz_del_infinito.jpgHay una razón más para afianzar el punto de vista de que el cine es un paso más en la lucha imposible que nos enfrenta a la muerte:
 
Los códigos de la inteligencia de la especie nos ordenan cuestiones muy concretas: no matar, no robar, formar una familia, obedecer al padre… con una finalidad específica: sobrevivir. La supervivencia es el objetivo principal del ser humano. Y todos los códigos oficiales de todas las culturas van en esta dirección. Y los “subcódigos” de cada cultura se alimentan del código principal. Toda la ramificación se alimenta del tronco. Por ejemplo, el lenguaje clásico del cine, que toca guión, dirección y montaje.
 
Por lo que se refiere a guión, hablamos del modelo clásico, el oficial, que es a la vez el mayoritario y el que transformado en película terminada suele producir el mayor rendimiento industrial; no nos referimos, pues, a las numerosas opciones de guiones alternativos, que pueden ir en direcciones distintas e incluso opuestas.
 
¿Qué nos pide el guión de modelo clásico?
 
Un héroe que se marque un objetivo, que luche por él con todas sus fuerzas y que finalmente triunfe para que el espectador se identifique con él y crea que también él puede ganar. Es decir, el modelo pide un héroe que tenga iniciativa para saber qué es lo que quiere conseguir y constancia para vencer obstáculos, muchos de ellos aparentemente infranqueables.

Iniciativa, constancia y un tercer elemento. El modelo clásico de guión pide la transformación del personaje. Que ese protagonista evolucione, cambie a mejor. (Es posible cambiar a peor, desde luego, pero ahí ya nos vamos apartando del modelo clásico y por tanto de lo que pide la inteligencia “oficial” de la especie).

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Una de las biografías más repetidas en el audiovisual trata de un héroe que tiene una iniciativa de enorme importancia, cambiar la sociedad, y una constancia a prueba de numerosos obstáculos y enemigos, que le lleva a darlo todo por ese objetivo: su propia vida. Y que, al final, triunfa con un acto supremo de transformación. Nos referimos a la vida de Jesucristo.
 
Real o ficticia, la historia es una sublimación del modelo clásico en tres actos: desde el inicio sobrenatural con el ángel anunciador, pasando por la trayectoria repleta de milagros, como el de caminar sobre las aguas, multiplicar la comida o –en la mitad de la narración– devolver a la vida a un amigo muerto, impecable antecedente del final nuevamente mágico con la propia resurrección. Es la historia de un mago transformador, un líder que busca un equipo de gente para que le ayude a conseguir sus propósitos, que vive episodios de gloria, pero se enfrenta al poder establecido, es traicionado, cruelmente torturado y ejecutado. ¿Una tragedia? No, al final el personaje renace y triunfa sobre la muerte.
 
He ahí lo esencial: la victoria sobre la muerte. Una de las historias más influyentes de nuestra cultura, que pretende ser ejemplar, termina con una resurrección.
 
Lo que sugiere, también, en última instancia el guión clásico con esa necesidad de transformación es exactamente eso: una resurrección, el triunfo sobre la muerte del yo anterior, que se ha desgastado en la lucha, para que nazca un hombre nuevo mejor.

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Como Rick, el protagonista de Casablanca (1942), que dirige Michael Curtiz con guión de Julius y Philip Epstein y Howard Koch, que se pasa los dos primeros actos de la narración lamentándose, quejándose, comportándose de forma mezquina con los salvoconductos que pueden ayudar a escapar a Ilsa, la mujer que ama, junto a su marido el héroe Viktor Laszlo, pero que en el tercer acto reacciona, toma el mando de la situación, organiza la fuga y realiza el mayor acto de generosidad: renunciar a la mujer que ama cuando ella estaba dispuesta a quedarse con él. Rick ha renacido, se ha convertido en el arquetipo de mago transformador que pide el modelo, y ahí termina la historia.
 
No pretendemos establecer ni que el modelo clásico haya sido influenciado por la historia de Jesucristo ni que la historia de Jesucristo haya sido influida por el modelo clásico. Estos dos ejemplos, el modelo clásico de guión y la vida de Jesús, son ramas de un tronco que no es sino el código principal de la inteligencia de la especie, cuyos mensajes para el hombre a través de cuentos, epopeyas, leyendas, canciones o guiones, son siempre muy parecidos: márcate un objetivo, lucha por él, consíguelo, transfórmate, sé un héroe, orienta a los tuyos… ¡triunfa sobre la muerte!
 
Puedes hacerlo.
Tal como lo hizo Jesucristo.
Tal como hace cada héroe en cada película comercial de guión clásico. 


(1) Joan Marimón es guionista y director cinematográfico. Como guionista ha intervenido en varias series televisivas como Secretos de familia o Rias Bajas. Ha dirigido entre otros los filmes El viajero (1998), 4 (2000), Pactar con el gato (2007). En colaboración con Jesús Ramos ha escrito recientemente Diccionario del guión.

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