PILAR PEDRAZA: Carnivale

  19 Enero 2009

Para celebrar nuestros primeros diez años en Internet, desde Encadenados hemos pedido a un pequeño círculo de amigos que se sumen a este aniversario con un artículo en el que hablen de... esto, de... de cualquier aspecto que les parezca interesante de esta última década. Las generosas colaboraciones de este grupo están recogidas en el nº 59 de nuestra revista, publicado en enero de 2009.  


El Bien y el Mal encadenados
Escribe Pilar Pedraza (1)

carnivale-2.jpgEn estos diez últimos años hemos asistido a un notable florecimiento de series para televisión norteamericanas de sorprendente nivel creativo y calidad de producción, generalmente muy bien recibidas por un público ilustrado ahíto de la mediocridad del cine comercial y de los seriales mediocres, y deseoso de un entretenimiento inteligente y adulto.

Parece como si la serie pionera, Twin Peaks de David Lynch (1990), entre lo realista y lo siniestro –surrealista–, y los largometrajes de historias corales como Vidas Cruzadas (Short Cuts, 1993) de Robert Altman y Magnolia de Paul Thomas Anderson (1999), hubieran producido por fermentación conjunta una excelente línea de productos entre los que cabe mencionar Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Sexo en Nueva York y Carnivale, entre otros. Todas las series que acabamos de enumerar pertenecen a la compañía HBO (Home Box Office), de Time Warner, uno de los canales de televisión por cable más populares de Estados Unidos, que emite películas ya exhibidas en cine, y filmes y series de producción propia, entre ellas las mencionadas.

Carnivale, la menos conocida entre nosotros –sólo se ha visto por el canal Dark de Ono–, creada

(1) Pilar Pedraza es profesora de  Historia de Arte en la Universidad de Valencia. Imparte clases sobre Historia del Cine. Especialista en cine fantástico. Autora de multitud de libros de ensayo, análisis cinematográfico, novelas. Señalemos entre otros: “Las joyas de la serpiente”, “La bella, enigma y pesadilla”, “Maquina de amor, secretos del cuerpo artificial”, “Espectra, descenso a la cripta de la literatura y el cine”, “Metrópolis, Fritz Lang”, “La mujer pantera, Jacques Tourneur”, “Agusti Villalonga”, “La perra de Alejandria”…

por Daniel Knauf y difundida por el canal HBO entre 2003 y 2005, consta de dos temporadas de 12 episodios cada una, de poco menos de una hora de duración.

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Su creador también fue su productor ejecutivo junto con Ronald D. Moore y Howard Klein. Los directores son varios, uno de ellos David García, todos unidos por un estilo muy cinematográfico, clásico y transparente incluso en los momentos más siniestros. La música, erudita y emocionante, con toques orientales y gran manejo de las fuentes de los años 30, está compuesta por Jeff Beal. Los exteriores se rodaron en su mayor parte en el sur de California, y se usaron decorados para representar las ciudades de Oklahoma, Texas y Nuevo México, donde se desarrollan importantes secuencias separadas del núcleo principal. La atmósfera general, polvorienta y miserable, es de una fuerza y una vitalidad extraordinarias.

carnivale-5.jpgCarnivale iba a constar en principio de seis temporadas, pero se quedó en dos de doce capítulos cada una, por problemas presupuestarios y de audiencia. Con la Depresión y la sequía como fondo, está ambientada en 1934-35, en el momento crítico de las consecuencias de la depresión de 1929, unidas al hecho de que en estos años grandes tormentas arrastraron el suelo de los cultivos en forma de las llamadas “ventiscas negras” (Black Blizzard) y “olas negras” (Black Soller), desastrosas para la agricultura y la ecología, porque a su paso dejaban desertificado el suelo, ya de por sí cultivado de forma incompetente. Muchos agricultores del Oeste y del Sur emigraron a California y Nueva York. Cientos de miles de familias de "Okies" (oriundos de Oklahoma) vivieron miserablemente, explotados como mano de obra barata, pues, como no tenían tierra, muchos iban de granja en granja recogiendo frutas, como se lee en la novela de John Steinbeck Las uvas de la ira y se ve en la película de John Ford del mismo nombre.

Carnivale, parte de este escenario, comenzando con la desesperación de un joven “okie” que entierra a su madre en el suelo polvoriento mientras una grúa amenaza con derribar su casa en nombre del banco con el que están endeudados. Este pormenor introduce de forma espectacular la lucha cotidiana contra la miseria propia de la obra.

Carnivale describe la vida y el enfrentamiento final de dos grupos humanos. Por una parte, una caravana de feriantes nómadas que se dirige al sur, plantando sus carpas en descampados, pueblos y campamentos para solaz de una pobre gente dispuesta a gastarse unos centavos en olvidar sus miserias. Por otra, una congregación religiosa dirigida por un sacerdote satánico al servicio del americanismo anticomunista, que aprovecha la ignorancia, la ira y el hambre para erigir las bases de una utopía de corte fascista.

carnivale-3.jpgAmbas líneas representan dos hilos de la trama, dos fuerzas contrapuestas y al mismo tiempo unidas entre sí por lazos estrechos y ancestrales. El tema de fondo es la eterna batalla entre el bien y el mal, a veces formulada con una oscuridad que no es propia de las tinieblas del tema sino de la incapacidad de los autores para concretar unas ideas demasiado abstractas. En cada generación nace un hijo de la luz y un hijo de las tinieblas, se dice en un texto introductorio. A veces el demonio logra encarnarse y lleva a la humanidad al desastre, como ocurrió en la Gran Guerra y como volverá a ocurrir en una próxima guerra atómica. Hermosas metáforas no del todo bien gestionadas, quizá por falta de desarrollo, ya que, como dijimos, la serie iba a tener mucha más extensión que la que presenta finalmente, lo que perjudica la coherencia del conjunto.

La primera de las dos líneas argumentales es protagonizada por un joven granjero con poderes de sanación y resurrección llamado Ben Hawkins (Nick Stahl), que se une a la feria (carnaval) itinerante cuando pasa por su granja en Oklahoma, a punto de ser derribada por la excavadora de sus acreedores. Pronto empieza a tener pesadillas y visiones en las que aparece un hombre llamado Henry Scudder, que estuvo en la feria años antes y tenía poderes como él. Resulta ser su padre. Muchas de las visiones que atormentan a Ben están ambientadas en la primera guerra mundial, correspondiendo a avatares de Scudder. La línea de la feria es ambigua, tocada por el mal en personajes fascinantes como Lodz (Patrick Bauchau) o Sophie (Clea Duvall). En transparencia parece haber un mundo trascendente y una jerarquía angélica que sólo se hace presente en visiones y milagros como la resurrección de Ruthie (Adrienne Barbeau) y la de Jonsie (Tim DeCay) por el joven Ben, que a su vez es un elegido por el Bien en su lucha contra el Mal.

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La segunda línea argumental se mueve en torno a un apuesto cura metodista, el hermano Justin Crowe (Clancy Brown), predicador de origen ruso, que vive con su hermana Iris en su parroquia en California. Comparte algunos de los sueños proféticos de Ben, al que no conoce personalmente hasta el final, y descubre sus propios poderes sobrenaturales, que incluyen obligar a los otros a hacer su voluntad. Sufre aterradoras visiones demoníacas que atraviesan el texto como rayos. Justin está seguro de que se le llama a cumplir una misión divina, la extensión del “santo Mal”, que la feria y Ben Hawkins le impedirán realizar. Pero su misión es también terrenal, relacionada con el establecimiento de lo que corrientemente conocemos por “americanismo” en contraposición al comunismo y a la corrupción capitalista.

carnivale-7.jpgLa obra, sin embargo, no es maniquea. El bien y el mal están trenzados estrechamente: Justin, predicador perverso poseído por las fuerzas del Mal, es hijo del buen gerente ruso de la feria, al que apenas vemos. Este es un despojo reducido por la primera guerra a un tronco sin miembros. Ben, inocente, bondadoso y taciturno, capaz de curar a los enfermos y de resucitar a los muertos, es hijo del egoísta y cobarde Scudder y nieto de un fundador del Ku-Klux-Klan. Sophie, hija del mal sacerdote Justin y de la vidente catatónica Apolonia, ama a la feria y a Ben, pero los traiciona, mata al buen Jonsie y se entrega a la causa del Mal, para la que está predestinada por unas jerarquías que la han situado en un alto rango espiritual. Se trata de un personaje muy puro, atormentado por el ansia de verdad y de integridad, un bocado exquisito para el Maligno.

A pesar de este cruce místico entre elegidos de un bando y otro, casi todos los integrantes de la feria son simples humanos con problemas cotidianos, salvo los mentalistas Lodz y Apolonia, que perciben lo que hay más allá de las apariencias. La revenant Ruthie, asesinada por Lodz y resucitada por Ben, ve a los muertos, pero se comporta normalmente porque no sabe que ella misma ha regresado gracias al joven granjero a cambio de la vida de Lodz. Los freaks de las atracciones ni pinchan ni cortan, se limitan a ser objeto de curiosidad en el doble espectáculo, la feria y la película. Son muy humanos, alguno odioso por necesidades de la trama (la mujer barbuda), con cierto encanto erótico (siamesas), alguno un tanto patético (el hombre lagarto, el joven gigante). Pero el auténtico circo es el espectáculo de los avatares de los elegidos Ben y Justin y de sus auxiliares (Samson e Iris), muchos de ellos oníricos o interiores, aunque presentados generalmente en continuidad con lo real a la manera de Lynch.

Muchas de las historias paralelas son ambiguas durante varios episodios, pero sus vinculaciones se vislumbran a través de personajes que guardan entre sí una posición de “dobles”, como Justin y Ben, mediados por espejos o máscaras. Desde el principio se muestra esa naturaleza doble o ambigua del bien y del mal en los personajes principales, cuyo status simbólico no siempre resulta inteligible. ¿Quién o qué es, por ejemplo, el demiúrgico Samson, encarnado por el extraordinario Michael J. Anderson, aparte de jefe y factótum de la feria?

carnivale-9.jpgLa segunda parte de la serie privilegia el campamento cristiano metodista de Nueva Canaán, como una secta con cuerpo de defensa armado. El encuentro de ésta con la feria provoca la crisis final, de gran violencia y un desenlace abierto y paradójico, que nos hace preguntarnos si Sophie tiene los mismos poderes taumatúrgicos que Ben. El creador de la serie, Daniel Knauf, responde a las críticas hacia la oscuridad de ciertos aspectos de Carnivale refiriéndose a la circunstancia de que la serie fue creada con un buen número de historias que, al estar truncadas, no convergen debidamente en el hilo principal o quedan en el aire por causa del recorte. El argumento no resulta muy convincente pero es comprensible en este caso de tan gran empeño, donde, como dijo el poeta, “el vuelo excede el ala”.

No es cuestión baladí la clase de universo fantástico que crea y en la que se mueve Carnivale. En la Feria de la vida, las grandes atracciones y las grandes ilusiones como la resurrección de Jonsie o la pérdida de Ben en las entrañas de la mina abandonada de Babylon, están generalmente fuera del recinto, en el espacio-tiempo cinematográfico imaginario, aunque tratadas con extremo realismo.

Esta serie es fundamentalmente fantástica, no sólo por sus tramas sino sobre todo por sus atracciones, por sus momentos fantasmales que irrumpen en un mundo de espesa y sucia realidad cotidiana, donde se mastica polvo y los colores de las cosas se apagan. Ben realiza resurrecciones y sanaciones a cambio de otras vidas, desde la gatita muerta de su infancia, a la que resucita en flashback bajo la mirada horrorizada de su madre, o los cuervos que pierden la vida en favor de Jonsie, hasta la resurrección en toda regla –humano por humano– de la encantadora de serpientes Ruthie, a cambio de la vida del mentalista Lodz, sicario del mal.

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Abundan en Carnivale milagros subjetivos, como la lluvia de sangre sobre el padre Justin en Chinatown, el vómito de monedas de la vieja Eleanor, la comunión con cuchillas de afeitar, y milagros vistos por todos o al menos sus consecuencias, como la curación de Jonsie. Hay algún espléndido flashback compartido entre Ben y Justin, entre el bien y el mal. Para tener tanta cantidad de elementos fantásticos, resulta mínimo el uso de efectos de maquillaje: los ojos totalmente negros sin esclerótica de Justin en sus momentos demoníacos, el tatuaje que cubre su pecho, la sangre azul que mana de las heridas de los elegidos, el cuerpo mutilado del Gerente, los ojos ciegos de Lod y de la abuela de Ben y poco más.

Algunos leit motiv visuales son recurrentes sin resultar reiterativos, sino diluidos en el montaje como elementos generalmente cotidianos: el bienestar de los curas en medio de la pobreza general, belleza de oropel de la feria, tormentas de polvo y viento, la caravana –con una jaula siempre vacía– en marcha por el desierto, la acogedora intimidad de los carromatos, la recogida y montaje del campamento y las carpas, la noria como rueda de la fortuna y potente elemento vertical sobre la horizontalidad de las tiendas y los vehículos, el alimento y la bebida, y las cartas del Tarot. Algunos personajes poseen su propio leit motiv como el ritual de la absenta en el caso de Lodz, que es algo más que un pormenor.

carnivale-8.jpgEn el tejido de la serie se insertan relatos menores casi autónomos, uno de los cuales brilla con especial fulgor por su carácter fantástico casi subrepticio y su espléndido guión. Se trata del cuento relatado en dos episodios: 5 (Babylon, dirigido por Tim Hunter) y 6 (Pick a Number, de Rodrigo García), de la primera temporada. Aparentemente no rompe el relato general, pero forma un núcleo autónomo. Babylon es un poblado formado alrededor de unas minas de plata abandonadas. No hay nadie en él cuando llega la caravana un viernes por la tarde, salvo un joven que se marcha del lugar y se cruza con los feriantes. Esa noche descansan y se divierten en un almacén del pueblucho, convertido en cantina y atendido por el mismo muchacho que vieron al llegar. “Nunca puedo irme”, responde ambiguamente a una pregunta de Samson. Más tarde lo vemos flirtear con una de las muchachas del streaptease. Las chicas descubren un viejo cine en desuso, cuyo dueño, esperando favores sexuales, les pone una película antigua: Intolerancia de Griffith. Una cogorza colectiva monumental remata la velada sin que se haya visto a nadie más.

A la noche siguiente, preparan las atracciones y se disponen a trabajar, pero parece que no hay clientela. Y he aquí que, de pronto, surge de las tinieblas un nutrido grupo de hombres sucios, con ropa de trabajo, silenciosos llevando faroles y un coche de caballos, epifanía fantástica de lo esperado y al mismo tiempo inesperado. Los mineros de una mina que ya no existe. Aquí tenemos una estupenda Santa Compaña, la tropa de zombis o fantasmas más atípicos de la historia del cine. Se derraman por la feria con gran contento y miedo de Samson y los suyos: tienen público, pero ¿qué público es ése, adusto, tiznado, brutal, que no respeta las normas y pugna por arrojarse sobre las chicas del streaptease, no deteniéndose hasta violar a la más joven y luego darle muerte y grabar a cuchillo en su frente la palabra “puta”? En esa noche trágica, los mineros fantasmales de Babylon violan y matan a la gorda muchachuela que bailaba desnuda con su madre y su hermana bajo una de las lonas, dirigidas por el padre.

El entierro, con los freaks y los trabajadores de la feria llevando a hombros el tosco ataúd, es de gran belleza. Un hoyo excavado por Ben y Jonsie bajo un árbol en una colina del desierto constituye su tumba, a la que cada uno arroja un presente: Samson una vieja postal que le publicita como forzudo; Jonsie una pelota de béisbol. Luego tiene lugar el prendimiento del presunto asesino. Es el joven que vieron al salir del pueblo y por la noche en la cantina. Le juzgan y condenan con las leyes de la feria, con una especie de ruleta rusa. Por azar se libra de la muerte, pero Samson va después a la cantina y le mata. Poco después, el mismo Samson ve “vivos” a la chica que acaban de enterrar y a al muchacho que él acaba de matar, a través de una ventana. El espectador recuerda entonces unas palabras enigmáticas del joven cuando está siendo sometido a la ruleta rusa por los feriantes: “La maté porque aquí no hay mujeres” y “La cuidaré bien”.

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¿La mató para convertirla en zombie? Se diría que las muertes de ambos han sido “arregladas” para unirlos para siempre en la lúgubre Babylon, como los torvos mineros, que, aunque sus cadáveres yazgan bajo tierra, salen de noche y son capaces de divertirse en la feria. Tenemos aquí una historia fantástica contada con la precisión de los grandes clásicos y sin ningún efecto, con vivos y muertos a cara descubierta. Es una pieza antológica del terror contemporáneo, que no necesita monstruos ni putrefacción simulada por el make-up para inquietar. El autor es consciente de ello y hace que su remate sea un patético sollozo de Samson.
 
El diseño de producción de Carnivale es exquisito y fue premiado en su momento con cuatro Emmys. Vestuario, objetos, máquinas, coches, elementos gráficos, supusieron un gran despliegue de investigación por parte del departamento de arte, que buceó en catálogos de almacenes y compras por correo, programas de radio y todo tipo de elementos de cultura material y sonora.

También tuvieron premio los títulos de crédito, creados por A52 y con música de Wendy Melvoin y Lisa Coleman. En ellos se trataba de crear una alusión clara y expresiva a los años 30, incluidos los totalitarismos, la miseria, el deporte y la diversión, pero también a la lucha genérica entre el bien y el mal. Sobre cartas del Tarot ilustradas con potentes cuadros clásicos, se incluyen clips y aperturas que enlazan por medio de efectos digitales con filmaciones de diferentes épocas, generalmente de la Depresión y el fascismo, de estilo –y a veces origen– documental. La secuencia de los créditos se abre con la carta del Juicio Final y se cierra con las del Sol y la Luna (Dios y el Diablo) sobre la arena que cubre un cofre de la feria y que el viento dispersa. Es difícil imaginar una forma más completa, sintética y elegante de compendiar la serie jugando con sus principales símbolos y leit motiv.

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La música de Carnivale crea atmósferas, ritmos, efectos y contiene leit motiv personales. Uno de los efectos más originales y poderosos es el de colmena o trémolo de insectos cuando se aproxima el mal o alguno de sus sicarios. Los dos diferentes mundos de la historia están diferenciados, entre otras cosas, por la música. La del turbio mundo religioso del hermano Justin es sinfónica con elementos religiosos, pero no tantos como para resultar obvia. En el otro lado, la música de la feria es más variada, a veces diegética con la de los gramófonos de los feriantes, contemporánea a base de blues, folk, y música étnica. El jazz abunda en el ámbito de la familia de Felix y sus streappers. En el carromato de la atormentada tarotista Sofie, se oye a veces ópera.

Carnivale es hija de una larga y potente tradición del cine americano, en la que podemos señalar como hitos El viento, 1928, de Víctor Sjöstrom; Las uvas de la ira, 1940, de John Ford; El político, 1949, de Robert Rossen; Elmer Gantry, 1960, de Richard Brooks; La matanza Texas, 1974, de Tobe Hooper, y Fuego, camina conmigo, 1992, David Lynch.

De éste último bebe abundantemente, pero las semejanzas no deben hacernos caer en el error de identificar su manera de enfrentarse con el relato. David Lynch es un autor en el sentido “europeo” del término, y su texto fantástico es pura escritura surrealista –posmoderna, claro está– a menudo indescifrable, mientras que los creadores de Carnivale se mueven en un cine clásico moderno, que bebe en las mejores fuentes actuales sin perder una vocación narrativa clásica que llega a convertir en transparente y familiar incluso lo más siniestro.

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(1) Pilar Pedraza es profesora de  Historia de Arte en la Universidad de Valencia. Imparte clases sobre Historia del Cine. Especialista en cine fantástico. Autora de multitud de libros de ensayo, análisis cinematográfico, novelas. Señalemos entre otros: Las joyas de la serpiente; La bella, enigma y pesadilla; Maquina de amor, secretos del cuerpo artificial; Espectra, descenso a la cripta de la literatura y el cine; Metrópolis, Fritz Lang; La mujer pantera, Jacques Tourneur; Agusti Villaronga; La perra de Alejandria…