XEMA PALANCA: El maquinista de la General

  12 Enero 2009

Para celebrar nuestros primeros diez años en Internet, desde Encadenados hemos pedido a un pequeño círculo de amigos que se sumen a este aniversario con un artículo en el que hablen de... esto, de... de cualquier aspecto que les parezca interesante de esta última década. Las generosas colaboraciones de este grupo están recogidas en el nº 59 de nuestra revista, publicado en enero de 2009.  


El maquinista de la General, 
o de cómo nace un mito
Escribe Xema Palanca (1)

"Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca",
en Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca,
de Rafael Alberti.

el-maquinista-de-la-general-10.jpgHace algún tiempo pude ver una obra de teatro que se titulaba Cuando el VHS mató el Betamax. Creo que muchos recordaréis esa guerra tecnológica que dejó inutilizados tantos metros de cinta de vídeo. Y los que no que se preparen, porque se nos cae una buena con la caída del DVD y el auge del Blu Ray. No dejan de ser avatares de alta economía, avatares que los ha habido siempre y los habrá.

El caso es que la tesis que mantenía esta obra de teatro venía a ser algo así como que siempre que nos deja elegir optamos por la mediocridad. Por supuesto que es muy discutible. Pero nadie negará que expuesto de la siguiente manera no le falta razón: a pesar de las mejores prestaciones del Beta, el mercado se inclinó por el VHS porque era un poco más económico. Hoy en día podemos establecer un peligroso paralelismo con las descargas de Internet o el “top manta”. Tenemos acceso a productos mucho más baratos pero de peor calidad. Tal vez es a esto a lo que se refieren los ideólogos cuando hablan de democratización de la cultura. Pero bueno, éste no es el tema.

El caso es que El maquinista de la General es uno de esos títulos que siempre aparecen en las colecciones de DVD que los periódicos, revistas y demás medios utilizan como “promos” para hacer más interesante su oferta dominical. Bueno, todas no; sólo aquellas que se atreven a poner una película muda y en blanco y negro en su oferta. Y por supuesto que no estoy hablando de todas la colecciones (no tengo ganas de meterme en pleitos y disputas), sólo aquellas que son capaces de ofrecer “tan gran película en un indigno tinglado” (parafraseando a Shakespeare en el prólogo de su Enrique V). Porque algunas de las ediciones son, francamente, infumables. Ni apasionados de la arqueología cinematográfica ni fanáticos inconfesos del cine de Buster Keaton, pueden aguantar más allá del momento en que Johny Gray es mecido por las bielas de la General ensimismado en su tristeza por el amor perdido.

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He de reconocer que tengo cierta obsesión por esta película. Lo cierto es que soy de los que creen que Buster Keaton escribió con esta gran creación llena de épica y poesía, una de las mejores páginas de la historia del cine, modelo y calco para muchas otras películas muy menores a su lado. Y cuando la vida me ha permitido poder dedicarme a ciertos caprichos, uno de ellos es que colecciono ediciones en DVD de El maquinista de la General, y no por ninguna razón fetichista. Me explico.

el-maquinista-de-la-general-03.jpgCuando pude disfrutar de la película por segunda vez en televisión yo ya era un adolescente con vídeo (Beta) y la pude grabar. Se trataba de una edición de la productora Thames con banda sonora compuesta y dirigida por el magnífico compositor Carl Davis. Claro está, que como la película no tiene banda sonora conocida, algunas distribuidoras no se ven en la obligación de ofrecer la información en la carátula ni del compositor ni de los intérpretes (ejecutores, en algún caso) de la música y melodías que acompañan la proyección. Así es casi imposible saber si la película que quieres es la que buscas hasta que no has metido el disco en el aparato. Y hasta ahora no la he encontrado. En mi memoria sigo escuchando la música de Carl Davis, e incluso llego a tarareármela cuando la General marcha orgullosa perseguida por la locomotora nordista la Texas.

De todos modos mi duda es la siguiente: nos será muy difícil acercar estos clásicos del cine al público actual si los formatos en que los presentamos son de esa mediocridad. Últimamente  me gusta hacer el ejercicio de preguntar a mis alumnos cuántas obras de Shakespeare conocen. A pesar de su falta de cultura general y especialmente teatral, pueden llegar a nombrarme sin esfuerzo cinco o seis obras. Eso sí, si pregunto por cuántas conocen de Lope de Vega o de Calderón de la Barca, apenas pueden decir un título entre los dos autores.

el-maquinista-de-la-general-05.jpgSin entrar en falsos maniqueísmos ni terribles comparaciones, sí que puedo decir que diversas observaciones me han llevado a una curiosa reflexión. Shakespeare siempre se muestra moderno a nuestros jóvenes lectores, porque nos llega traducido a la lengua en su estado contemporáneo; por contra, Lope o Calderón siempre son leídos u oídos en una lengua vieja y oscura, pesada y chirriante bajo la pátina del tiempo. Es decir, que Shakespeare siempre se nos aparece actual, mientras que nuestros clásicos nos llegan distanciados y condenados al olvido. Me temo que algo parecido puede pasar con los clásicos del cine. Esas amarillentas y quebradas imágenes de persecuciones de locomotoras acompañadas por una estridente música de pianola, no ayudan a disfrutar de los fantásticos gags de esta obra maestra.

Vaya por delante que no estoy añorando esas denigrantes coloraciones a las que la industria televisiva sometió a las joyas blanquinegras del celuloide, y siempre con la vergonzante excusa de que se podía suprimir el color con el mando del televisor. ¡Cómo si la fotografía fuera cuestión de subir o bajar el contraste de un aparato de televisión! Y también quisiera añadir en mi descargo que no me considero un especialista, y que doctores tiene la iglesia para dar solución a esta cuestión.

el-maquinista-de-la-general-08.jpgPara mí, modestamente, sería suficiente con unas correctas remasterizaciones, restauraciones loadas y aceptadas tanto en el mundo del arte como de la discografía. O tal vez con unas adecuadas bandas sonoras mucho más cercanas al mundo musical contemporáneo. ¿Hace falta recordar los exitosos espectáculos que han sido capaces de generar las partituras de Carmine Coppola (padre de Francis Ford) o el mismo Carl Davis para la película Napoleón de Abel Gance?

Pero, hasta el momento, la industria cinematográfica siempre ha tenido más tendencia al remake que a la restauración. Y aunque la crisis que se vive en los últimos tiempos les está obligando a reinventar el cine como un negocio rentable, todo apunta a que las nuevas propuestas de viabilidad económica no pasan por el camino que estamos comentando.

Podemos entender que todo se reduce a un tema de cultura. Si es así, recurramos sin duda a la escuela. Exijamos que, de la misma manera que en la historia de la literatura se hace obligatoria la lectura de obras como La Celestina o los sonetos de Garcilaso, consigamos una asignatura que se denomine Cine Clásico que permita que las futuras generaciones puedan disfrutar de estas obras maestras. Puede que sea una idea descabellada, pero si se hace en inglés... ¡igual cuela!

Seguramente, como sucede con la literatura, conseguiremos que los jóvenes odien este tipo de cine. Pero tampoco tenemos mucho que perder, si hoy ya lo rechazan simplemente por su color (quiero decir por su falta de color). Imaginemos por un instante a nuestros alumnos repasando las cintas antes del examen, reduciendo los amplios paisajes a las minúsculas pantallas de sus teléfonos móviles.

el-maquinista-de-la-general-07.jpgMirándolo desde un punto de vista muy egoísta, tal vez tampoco esté nada mal dejar fuera de los circuitos del cine de palomitas a estas grandes obras del cine. Acabaremos en un reserva de indios. Al menos siempre podremos ver estas películas de manera clandestina, haciendo de ellas auténticos mitos. Se extenderán leyendas urbanas que hablen de películas que se conocen de oídas pero que nadie puede afirmar a ciencia cierta que existan porque nadie las ha visto. Los mitos son así: viven alojados en torres de marfil, se rodean de ritos, hablan a través de sumos sacerdotes que pontifican sobre las virtudes y destierran el humor de su lenguaje habitual. ¿El maquinista de la General sin humor, vista en reverendísimo silencio? Pero ¿cómo no reír la inocente ocurrencia de Anabel Lee de barrer la vieja locomotora en plena carrera, a pesar de que hoy en día pueda ser tildada de políticamente incorrecta?

¿Llegará un nuevo Fahrenheit 451 en el que en vez de prohibir libros se prohíban las películas mudas y en blanco y negro? El celuloide creo que es mucho más inflamable que el papel, así que habrá que cambiar el numerito a la baja.

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(1) Xema Palanca fue alumno de la antigua Universidad Laboral de Cheste, donde se formó como espectador en el cine-club que dirigía Adolfo Bellido, pero también como profesor, actor y autor teatral, de la mano de Paco Tejedo y Tomás Motos. Profesor de la Escuela Municipal de Teatro de Aldaya, ha sido intérprete, guionista y director de multitud de obras teatrales, además de haber desempeñado las más variadas funciones en casi todo tipo de proyectos audiovisuales, entre ellos la película Miradas (2001), realizada para Cáritas Valencia.

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