JAIME ROSALES: ¡El cine ha muerto! ¡Viva el cine!

  06 Enero 2009

Para celebrar nuestros primeros diez años en Internet, desde Encadenados hemos pedido a un pequeño círculo de amigos que se sumen a este aniversario con un artículo en el que hablen de... esto, de... de cualquier aspecto que les parezca interesante de esta última década. Las generosas colaboraciones de este grupo están recogidas en el nº 59 de nuestra revista, publicado en enero de 2009.  


¡El cine ha muerto! ¡Viva el cine!
Escribe: Jaime Rosales (1)

torres_gemelas.jpgEntre 1998 y 2008 han sucedido muchos hechos culturales, políticos y sociales de relevancia.

Dentro de este periodo, tal vez el hecho que más me impactó fue el atentado de las torres gemelas el 11-S en Nueva York. Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando mi mujer, Leonor, me llamó por teléfono. Recuerdo todo lo que hice ese día. Estuve pegado a la televisión, después del almuerzo, y deambulando, luego, por las calles de Madrid en busca de respuestas a un sinfín de preguntas y angustias. Recuerdo los días posteriores. El Mundo se detuvo durante unos días.

Es bastante evidente que el 11-S transformó el Mundo radicalmente. Cambió el equilibrio socio-político mundial. EEUU entró en decadencia junto a todo un modelo basado en una determinada manera de entender la libertad, la prosperidad y la seducción.

El cine también cambió. El cine siempre ha estado muy influenciado por el poder dominante norteamericano; ahí está Hollywood, la denominada Meca del cine. Cuando EEUU entró en crisis, el cine también entró en crisis. El cine de Hollywood y el sueño americano han ido siempre de la mano. El uno alimentaba al otro y el otro potenciaba al uno.

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Aunque Obama suponga un intento de reactivación de ese sueño americano y de esa sociedad, que se antojaba como ejemplar para el Mundo, no creo que lo logre: ya nada será igual. Y el cine tampoco será igual. Las estrellas del Hollywood de hoy no tienen nada que ver con las estrellas de las épocas doradas. La muerte de Paul Newman, el último actor de esa estirpe mitológica, viene a confirmar el certificado de defunción del gran cine norteamericano.

pozosdeambicion0.jpgLas dos mejores películas norteamericanas del año pasado, There will be blood de Paul T. Andersson y No Country for old men de los Coen, no tienen nada que ver con el cine clásico que floreció en California en los años 40. Son, las películas de Andersson y de los Coen, películas muy oscuras, profundamente críticas y nostálgicas de un tiempo que ahora no es más que un espejismo. Son dos películas que han tenido unas cifras de espectadores muy alejadas de lo que una década anterior, sin ir más lejos, producían las películas premiadas en los Oscar.

El Mundo ha cambiado y el cine está cambiando también. Irrumpen nuevos modelos como el nuevo cine chino que mezcla artes marciales con estrellas orientales, a veces bajo el género de guerras medievales y a veces dentro de un nuevo género de gángsteres. En India está apareciendo un género también muy peculiar que parece una fusión entre un cierto costumbrismo colorista y las antiguas películas musicales de Bollywood.

Europa no está al margen de todos estos cambios. Existe una hermosa oportunidad para la vanguardia cinematográfica –tradicionalmente arraigada en el Viejo Continente– de liberar el cine de sus ataduras comerciales. Existe la posibilidad de transformar el cine de forma radical y definitiva en una gran experiencia artística en toda regla.

noespaisparaviejos0.jpgCreo que el gran cine comercial, el blockbuster, irá desapareciendo. El audiovisual de gran consumo se irá dirigiendo cada vez más en torno a las series de televisión que serán consumidas a largo plazo en canales de Internet conectados directamente a pantallas de televisión domésticas de gran formato.

Subsistirán algunos centros comerciales tipo multiplex y algunas salas de arte y ensayo, pero no por mucho tiempo. Poco a poco ambas tipologías de sala irán decayendo: tanto el multiplex como la sala de arte y ensayo irán perdiendo espectadores. Aparecerán nuevos canales de distribución.

Internet y los museos de arte moderno jugarán un papel nuevo. Los museos acogerán al cine entendido como arte. Los grandes cineastas de prestigio encontrarán en estos centros de arte moderno su espacio de difusión ideal para un público atento. Otros cineastas o creadores audiovisuales de talento comercial encontrarán en Internet y en la Televisión su espacio de difusión apropiado. Una manera de pensar, fabricar y consumir el cine desaparecerá.

Todavía quedan unos cuantos años antes de que ese cine desaparezca del todo. Los que lo hemos consumido y disfrutado todavía podremos saborearlo un tiempo más. Algunos echarán de menos ese tipo de cine; otros se adaptarán a las nuevas formas con entusiasmo. Personalmente me encuentro en ambos grupos: lo echaré de menos y estoy ansioso por experimentar en nuevos territorios.

Y aunque posiblemente este movimiento de transformación sea algo natural que viene de lejos, todo tomó un impulso de una fuerza extraordinaria, a mi modo de ver las cosas, a partir de aquél fatídico 21 de septiembre de 2001. Y aplicando al cine el grito reservado a los nuevos reyes cuando sucedían a sus parientes muertos, yo me atrevo a gritar con fuerza: ¡El cine ha muerto! ¡Viva el cine!

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(1) Jaime Rosales es director de cine. Ganador del Goya por La soledad. Ha realizado los cortos Yo tuve un cerdo llamado Rubid, Episodio y The fist Bowl, y los largometrajes Las horas del día, La soledad y Tiro en la cabeza. Ha producido también el filme El árbol