LAS ALAS DE LA VIDA (de Antoni P. Canet)

  26 Agosto 2009
Las alas de la vida
Título original: Las alas de la vida
País, año: España, 2006
Dirección: Antoni P. Canet
Producción: Enrique Alcina, Enrique Navarro y Antoni P. Canet
Guión: Jorge Goldenberg, Carmen Font, Carmen Santos, Francesc Hernández, Xavi García-Raffi, María Tomás y Antoni P. Canet
Fotografía: Alejandro Plá
Música: Enric Murillo y Carlos Cristos
Montaje: J. Carlos Rodríguez Arroyo
Intérpretes: Carlos Cristos, Omar Karpyza, Carmen Font, Carmela Cristos Font, Arantza Gorospe, Carlos Simón, Enric Benito, Olvido González
Duración: 90 minutos
Distribuidora:  Gorgos films
Estreno: 24 noviembre 2006
Página web:  http://www.lasalasdelavida.com

Ideas y sugerencias de Carlos Cristos
Escribe Daniel Arenas

No existe otra película que tratando el tema de la muerte hable de manera más luminosa sobre la vida. Como se dice en la película, "reflexión sobre la muerte, si es posible con una sonrisa". No se sale de ella con la imagen de la muerte pegada a las pupilas ni con el corazón encogido por el dolor o el miedo, sino consolados por el temple humano de este médico gallego que ejerció en Mallorca y que llevó un programa en Radio Nacional de España en el que concebía la medicina como un servicio público y desde el que recomendaba, sugería y aconsejaba a los oyentes, ampliando, a través de las ondas, su consultorio de médico de familia en la Seguridad Social.

Sí, quizás se trata de una película sobre despedidas

Creo que es aquí, en esta forma de ver el mundo como médico, donde se encuentra la raíz de esta película que no es una película en el sentido tradicional ni un reportaje, más bien una biografía no ficcional donde el propio biografiado, a veces preguntado, responde a esa pregunta extrema y última de qué es la muerte y qué podemos encontrar más allá de ella, cómo prepararse para ese momento de despedidas.

Sí, quizás se trata de una película sobre despedidas, despedida de su mujer, de su hija, de su familia, de su paisaje gallego, de sus aficiones a la música y al vuelo en parapente, de sus amigos.

Es genial el enfoque de la cámara en un momento en que van en coche y el paisaje lo vamos viendo reflejado en las gafas de Cristos, como si ese paisaje empezase ya a no pertenecerle, comenzase a ser un paisaje no real, sino reflejo de reflejos, recuerdos que quedaran en la memoria de los otros. Pero estas despedidas, que no ocultan la pérdida, no están llenas de irresistible dolor; son como las estelas funerarias griegas donde la mujer o el hombre que se despide está aún con su familia, como si la vida pudiera continuar sin ellos de manera normal, como si la ausencia fuera sólo por un tiempo. No hay ese sentido de catástrofe, sino aceptación de que somos seres temporales sometidos al dominio del tiempo.

Pero estas despedidas, que no ocultan la pérdida, no están llenas de irresistible dolor

De ahí viene la grandeza de esta película, de la aceptación de que la vida tiene un término y de que la vida le corresponde vivirla a la persona, lo mismo que su muerte y por lo tanto corresponde al sujeto la decisión final sobre su vida, sobre el término de la misma, por encima de dioses o costumbres sociales, porque sólo el propio sujeto es dueño de su vida y de su muerte

Carlos tiene una enfermedad neurodegenerativa que le impide moverse y casi hablar, pero su capacidad para pensar continúa intacta, es como él dice una cabeza en un cuerpo muerto.

Esta película obtuvo el premio al mejor documental en el Festival de Valladolid. Estuvieron rodándola tres años. Parte de la música de la película es del propio Carlos. Este hombre tan lleno de vida y de humor que mira la muerte de frente, que no oculta su dolor o su miedo, que nos habla del documento de voluntades anticipadas, ahora que aún tiene un pensamiento autónomo, aunque el cuerpo ya no lo sea; este hombre que vibra con la música y con los amigos, que hace chistes de sus limitaciones, que sabe que no nos llevamos nada, sólo lo que hemos hecho aquí, nos deja con la sensación de haber asistido a algo en las antípodas de aquellas visiones de la muerte y el infierno con la que nos sumían en el horror los curas de nuestra infancia.

Somos testigos de la voluntad de un hombre por mantener su dignidad de persona hasta el final

Somos testigos de la voluntad de un hombre por mantener su dignidad de persona hasta el final, mientras suene la música, como él dice, y lo dejamos mirando ese paisaje de la costa gallega que tanto ama, desde la silla de ruedas, mientras la cámara se aleja y va quedando solo frente al mar, que es el morir, como diría Manrique.

Pero este hombre no está solo, tiene a su familia y a sus amigos y a todos los espectadores de esta película. Este canto a la vida desde la inminencia de la muerte, consuela y da vida, nos consuela a nosotros desde su ejemplo y nos estimula a que vivamos, a que nos demos cuenta de qué es lo esencial y sólo podemos agradecérselo viviendo mientras suene la música.

Este canto a la vida desde la inminencia de la muerte, consuela y da vida