LOSADA: Mis inolvidables de la década

  15 Abril 2009

Tras cumplir 10 años en Internet, Encadenados dedica el nº 58 de su sección Rashomon (enero de 2009) a que cada redactor haga dos selecciones: por un lado, la lista de tres títulos por año que nadie debería olvidar, explicando brevemente el porqué de su elección; por otro, una crítica de aquel título que en su momento se nos olvidó realizar la crítica correspondiente, entre todos los estrenados en esta década prodigiosa. Por ello, este número lo hemos bautizado genéricamente como LOS OLVIDADOS.  


Diez  años  participando
Escribe Carlos  Losada

HappinessYa sé que una década no es mucho tiempo, y menos aún en cine, para valorar acertadamente, y hasta con sensatez, a las películas; pero a eso debemos atenernos. Así que, vayamos al grano.

En 1998, los recuerdos más afincados van desde A los que aman (Isabel Coixet), donde el tiempo de la película parece unido a nuestra sensibilidad para entendernos a nosotros mismos, a Medianoche en el jardín del bien y del mal (Clint Eastwood), donde el espacio en el que se mueven las imágenes comporta una visión sobre nuestra dependencia de los demás, de la existencia.

En 1999, se acumulan varias acepciones para la memoria, que van desde la hiriente y necesaria Happines (Todd Solonz), a la maldición de las guerras y sus consecuencias La delgada línea roja (Terence Malik), sin olvidar la nostalgia que envuelve nuestras vidas El baile de Agosto (Pat O'Connor), para llegar a ese testimonio de nuestro país y sus gentes que es Solas (Benito Zambrano).

American beautyEn 2000, hay constancia de la violencia malsana y los prejuicios de las personas, y para eso está La virgen de los sicarios (Barbet Schroeder), recalando en la crítica a una sociedad de la opulencia y en la que todos nos vemos reflejados, y cuyos desaguisados en parte vivimos hoy, que es American beauty (Sam Mendes), para terminar en otra violencia, tan dañina como todas, que parece un calco, aún hoy, de lo que ocurre aquí; me refiero a El Bola (Achero Mañas).

Para 2001 no tengo nada que decir.

En 2002, vuelven algunos fantasmas que creíamos enterrados en esta sociedad del bienestar, y que son los testigos del pasado, de su opulencia y decadencia; hablo de Octavia (Basilio Martín Patino), con sus reflexiones sobre la libertad y la cordura; y no me olvido de la ironía, a veces sutil y decadente, siempre hiriente, de Gosford Park (Robert Altman), para recabar en la dureza de la existencia y de sus personajes sombríos de Camino a la perdición (Sam Mendes), y terminar mencionando dos obras españolas que merecen atención, Hable con ella (Pedro Almodóvar) y La caja 507 (Enrique Urbizu).

Mystic RiverEn 2003, se plantea el problema de varias preferencias, desde el necesario e interesante documental Bowling for Columbine (Michael Moore), a la violencia impuesta de Ciudad de Dios (Fernando Meirelles) para llegar a la sátira de Las invasiones bárbaras (Dennys Arcand), la sublimación del melodrama para llevarlo a realista de Lejos del cielo (Todd Haynes) y la obra que alberga los dolores y crudezas de nuestra infancia y la reflexión sobre el sentido de la vida Mystic River, donde Clint Eastwood, por si alguien lo dudaba, ofrece imágenes fundamentales del cine.

Con 2004 no me llega ningún recuerdo.

Y con 2005 tengo que volver a hablar de Clint Eastwood, resaltando que la lucha por la existencia condiciona nuestra forma de manifestarnos y hasta de entender la vida; eso es, con su poesía incluida, Million Dollar Baby.

Brokeback mountainYa 2006 contiene películas como el notable y premonitorio documental de Al Gore Una verdad incómoda, para llevarnos a la América profunda de las vidas al borde sí mismas y con ironía más que sana de Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Facin) para llegar a la que para mí es la película de la década, y más, por su naturalidad, su valentía, su sentido del humor y del honor: me refiero a Brokeback Mountain (Ang Lee).

En 2007 destaca un filme español casi insólito en su planteamiento y su engarce con la vida misma, me refiero a La soledad (Jaime Rosales), para confirmar seguidamente que Clint Eastwood sigue rodando con maestría y conocimiento del ser humano y sus debilidades en Cartas desde Iwo Jima, concluyendo con una buena muestra de André Techiné sobre los problemas de convivencia, la singularidad y el sentido de la vida, el sexo y el amor: Los testigos.

Para terminar, 2008, demasiado cercano tal vez, aunque destacaría esa impagable animación llena de socarronería y homenaje al 2001, que es Wall-E, constatar la maestría del veterano Sydney Lumet para mostrarnos la corrupción de una sociedad enferma, muy similar a la nuestra por cierto, que revela Antes que el diablo sepa que has muerto, y la soledad y el realismo que atenazan a los personajes, y hasta al paisaje de Garage (Lenny Abrahansom), la propia existencia cotidiana.

 Wall-E  Antes que el diablo sep que has muerto