Mr. Kaplan: CALLE MAYOR

  07 Diciembre 2008

Al cumplir 10 años en Internet, nuestra revista dedica el nº 57 de su sección Rashomon (noviembre de 2008) al artículo que cada redactor ha elegido como su favorito entre todos los que ha publicado en esta década. No es que sea el mejor, ni el más largo, ni el más... solamente es ése que cada autor recuerda con especial cariño. Este texto fue publicado inicialmente en septiembre de 2003, en el nº 40 de Encadenados, puedes verlo en el siguiente link:
http://www.encadenados.org/n40/rashomon_7.htm


Señora necesitada busca joven bien dotado
Escribe Mister Kaplan

callemayor2.jpgUrgente: señora necesitada busca joven bien dotado (con buena dote, se entiende). Si no quedan marqueses, bastará con un banquero. Forastero, naturalmente, porque a los 35 años una ya no puede aspirar a ninguno de su propio pueblo.

Si te gusta tocar las bolas, ésta es tu oportunidad: todas las tardes nos reunimos en el casino para practicar el billar. Ven y diviértete con nosotros.

Ir a misa. ¿Qué tal? Pasear por la Calle Mayor. Hola. Sonreír. Adiós. Arriba. Hasta luego. Abajo. ¿Qué hay de nuevo? Siempre la misma rutina. Buenos días. Siempre aburridos. No se imagina cuánto me alegra volver a verla. Aunque sea en línea recta, siempre el mismo círculo vicioso... Oh, qué sorpresa. Ir a misa. ¿Qué tal?...

Jóvenes machos en edad de merecer buscan chicas para diversión rápida. Pagando, naturalmente.

callemayor8.jpgUna ciudad de provincias cualquiera. Donde todo se sabe (incluso las localizaciones: Logroño y Cuenca, para ser exactos). Donde nunca pasa nada. Con una juventud aburrida, gris, sin futuro y con ganas de divertirse. Y en su punto de mira: la hija de un coronel.

Pero la hija de un soldado nunca llora. Y si ha de hacerlo, que sea recogida en casa, tras los cristales, mientras la lluvia se lleva todos los sueños y los arrastra hacia las alcantarillas.

Hoy gran estreno: Retratos de una obsesión. Sesiones tarde y noche. Butaca numerada.

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Una bella elipsis: la primera cita, que no vemos. Una tarde de cine que sólo intuimos. Pero una noche en vela. Ella no puede dormir: sólo mirar una y otra vez las dos entradas, una butaca junto a la otra, mientras sonríe y sueña despierta. El príncipe azul ha llegado... aunque ella ignora que no es un príncipe, sino un mendigo, y vive en una película en blanco y negro, por lo que no es azul, sino gris. Como toda su vida: gris oscuro.

callemayor11.jpgÚltimos pases. A petición del público vuelve el filme que marcó una época: Sueño de amor eterno.

Otra bella elipsis: con la certeza de un amor correspondido, Isabel da un amplio repaso a su inexistente vida amorosa. “Isabel, ¿no tienes novio?”. A su lado él no se atreve a admitir que todo es mentira. “Isabel, ¿no tienes novio?”. Y ella ni siquiera le mira a los ojos: está ciega, ciega de ilusión, más que andar flota... “Isabel, ¿no tienes novio?”. Aunque tras ella, unas casas colgantes nos recuerdan que no conviene flotar, porque el abismo está abajo y uno puede caer en cualquier momento.

¿No puede dormir? ¿Siente que la tensión se acumula? ¿Se encuentra al borde del abismo? A mi plim, yo duermo en Pikolín.

callemayor10.jpgLa oscuridad invade la vida de Juan. La pensión a oscuras. No contesta al teléfono. Algo le corroe. Pero le cuesta enfrentarse a sus compañeros de correrías. Jekyll y Hyde. La oscuridad dominando su habitación en la pensión.

Por el contrario, la luz inunda el rostro de Isabel. En su casa todo es más luminoso.  Ella no cesa de repetir el nombre de su príncipe: Juan, Juan... Juan Nadie.

Ocasión única: vendemos ataúd en perfecto estado. Su destinatario aún no se ha decidido a utilizarlo. Buen precio. Además, regalamos cirios a juego. Razón: los chicos del casino.

Calle Mayor sigue siendo, casi cincuenta años después de su realización, una admirable radiografía de la sociedad española. Un estudio antropomórfico... aunque también paleontológico. Un duro retrato de una joven (ya no tanto) obsesionada por casarse, por encontrar su príncipe, aunque sólo sepa buscarlo pisando una y otra vez el mismo suelo, la misma acera de la Calle Mayor.

callemayor12.jpgPero también es el retrato de unos jóvenes (ya no tanto) que intentan escapar a su monotonía, a su aburrimiento congénito, gastando unas bromas cada vez más pesadas. Unas bromas que les hacen mirar hacia otro lado, pero que no les van a librar al domingo siguiente de su rutinario paseo por la Calle Mayor, arriba y abajo, mirando siempre las mismas caras.

Quizá si en vez de estar atentos a tanto “hola” y “adiós” bajasen la mirada, como en un gesto de humildad, descubrirían sus propias huellas: fósiles de una época ya olvidada, perdida en el tiempo. Unas huellas permanentes en las aceras de la Calle Mayor. Quizá por eso nunca bajan los ojos: les aterroriza la idea de descubrir sus propias pisadas, allí fosilizadas.

“La humildad es la clave para ser director de cine”. Lo dice Bardem en la página 180 de su autobiografía. Y es una gran verdad. Compre ahora la autobiografía de Juan Antonio Bardem y le regalamos el DVD de su película favorita: Nunca pasa nada.

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Calle Mayor es una película humilde. Hecha a plazos, mientras su director pasaba por los calabozos de la Guardia Civil española, acusado, cómo no, por su ideología comunista. Pero en su humildad se halla su mejor baza, ésa que no envejece con el tiempo: es una película realista, dura. Su acidez traspasa las imágenes. Y hoy conserva toda su fuerza, todo su vigor.

callemayor7.jpgSu visionado actual es como si hojeáramos un periódico de la época. Con sus noticias. Con sus anuncios por palabras. Quizá no entendamos las noticias en sí mismas, sino la sociedad que sugieren, lo que esconden. Detrás de esos textos y esas imágenes podemos extraer jugosas conclusiones sobre la miserable realidad española de la época.

Así es hoy Calle Mayor. Habla de una gamberrada. Pero muestra muchas otras situaciones. Que nos hacen estremecer. Es, sin duda, mucho más de lo que el régimen franquista pensaba que podía contar esta metáfora de un incorregible comunista. Y una vez más, la censura se tragó su mensaje íntegro.

Óptica JAB le regala una revisión gratuita de su vista. Para que lo vea más claro. Porque los dos ojos son para toda la vida.

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