Lola Herráez: LAS AMISTADES PELIGROSAS

  25 Noviembre 2008

Al cumplir 10 años en Internet, nuestra revista dedica el nº 57 de su sección Rashomon (noviembre de 2008) al artículo que cada redactor ha elegido como su favorito entre todos los que ha publicado en esta década. No es que sea el mejor, ni el más largo, ni el más... solamente es ése que cada autor recuerda con especial cariño. Este texto fue publicado inicialmente en marzo de 2003, en el nº 38 de Encadenados, puedes verlo en el siguiente link:
http://www.encadenados.org/n38/opera_prima.htm


La pasión amorosa en estado de gracia
Escribe Lola Herráez Cubino

lasamistadespeligrosas1.jpgPocas veces el amor, la lujuria y los retos personales se conjugaron tan magistralmente como en el libro de Choderlos de Laclos, en forma de cartas.

De la mano de Stephen Frears se adaptaron el puñado de misivas para el cine y se confió a John Malkovich dar vida al Vizconde de Valmont, hombre engreído y petulante, seductor y vividor, capaz de seducir a cualquiera de las mujeres. Malkovich realiza un trabajo brillante, aportando al personaje la credibilidad suficiente y la dosis exacta de erotismo.

Glenn Close matizó en su personaje, la Marquesa de Merteuil, una buena dosis de celos, un poco de ira y los sentimientos  propios de una mujer herida por amor. Tanto Valmont como la Marquesa siembran a su paso intrigas amorosas, las cenizas de antiguos amores, la pasión que ya no existe, salvo en el corazón de la marquesa. Ambos,  orgullosos, se retan a tener amantes y a comentar sus conquistas en cartas.

Cuando la cándida Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer) llega a París en pleno Siglo de las Luces, el vizconde despliega sus artes amatorias para seducir a la joven recién casada y fiel, lo que entre celos y apuestas despierta la ira de la Marquesa de Merteuil, envidiosa de la belleza de la joven casada, cuyos ojos verdes aman a Valmont apasionadamente y despiertan en el vizconde sentimientos verdaderos hacia esta piadosa y recatada mujer, sentimientos que son compartidos y vividos en lo más secreto.

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Por supuesto, Valmont ya no se  toma  a la joven Tourvel como una conquista sino como una obsesión amorosa que le impulsa a idear estrategias para llegar al corazón de la piadosa dama; Raudo, Valmont no duda en cambiar costumbres acudiendo a misa incluso, alimentando una pasión desenfrenada por un personaje al que, en la vida real,  se dice también sucumbió Michelle Pfeiffer.

lasamistadespeligrosas5.jpgValmont sigue con sus conquistas de mujeriego instigadas por la malvada Tourvel, esta vez con una niña de 15 años, Cecile de Volanges (Uma Thurman), inexperta en el ars amatoria. La jovencita, que está prometida con el caballero Danceny (Keanu Reeves), rápidamente es seducida e instruida por Valmont. La maldad de la marquesa no tiene límites, y no ceja hasta que no consigue su objetivo, lo más doloroso para Valmont: hacerle perder el amor de la dama de los ojos verdes, que se ha entregado a él a pesar de convencionalismos religiosos. Valmont y la pérfida Merteuil se declaran una guerra mutua, en la que el joven Danceny tendrá todas las claves para que la iracunda marquesa viva la humillación como pago por todas sus triquiñuelas.

lasamistadespeligrosas6.jpgDirigida en 1989 por Stephen Frears con gran maestría, cuidando mucho la fotografía –de la mano de Philippe Rousselot–, resaltando los interiores palaciegos –seguramente basados en grabados franceses del siglo XVIII–, así como el vestuario rico en colorido y con la música de George Fenton, que pone énfasis en los momentos en los que la ira de la marquesa es terrible o en la tristeza de la pobre Madame de Tourvel, se conjuga una historia de intrigas deslumbrante, con un reparto de lujo, que encaja con maestría los avatares de los celos, el deseo, la lujuria, la soberbia y la maldad.

La pasión amorosa en estado de gracia, aderezada con toques de ironía, hace reflexionar sobre la seducción, la lealtad y la ira; y es que no cambia mucho la vida real de lo que Valmont vive y siente. Sentimental al fin y al cabo, sufre, llora y es capaz de enamorarse a pesar de esa fachada de vividor.

Para ver en pareja, desde luego, y divertirse descubriendo quién de todos los intrigantes es el más malvado.

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