Mr. Arkadin: SERGIO LEONE

  28 Diciembre 2008

Al cumplir 10 años en Internet, nuestra revista dedica el nº 57 de su sección Rashomon (noviembre de 2008) al artículo que cada redactor ha elegido como su favorito entre todos los que ha publicado en esta década. No es que sea el mejor, ni el más largo, ni el más... solamente es ése que cada autor recuerda con especial cariño. Este texto fue publicado inicialmente en mayo de 2004, en el nº 43 de Encadenados, puedes verlo en el siguiente link:
http://www.encadenados.org/n43/043leone/04rashomon.htm


De imitador a imitado
Escribe Mister Arkadin

sergio_leone-01.jpgSe suele decir, y con parte de razón, que en las películas de Leone se encuentran escenas o instantes que son copias literales o escondidas de diferentes filmes o realizadores. Es cierto y nada raro, ya que el director italiano era un gran conocedor del cine a nivel general e histórico. No era el suyo simplemente un "saber" parcial, reducido a un número de directores.

Eso sí, su amor, ante todo, se dirigía hacia el cine norteamericano, hacia los grandes maestros de los westerns y muy en especial hacia el cine de John Ford, al que incluso pretendía emular copiando sus actitudes personales durante los rodajes. 

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Un largo aprendizaje

Leone era hijo de uno de los primeros directores del cine italiano. Fue, además, su padre quien rodó el primer western italiano de la historia. La protagonista de aquella película, La india vampira, era una joven actriz italiana, la que sería luego la madre de Sergio Leone. Lógicamente vivió el cine con intensidad desde su más tierna infancia. Lo mamó yendo de un rodaje a otro. No era rara su pasión por contar historias en imágenes, por convertirse en realizador. Gracias a las amistades paternas logró entrar en la profesión y escalar los diferentes puestos que conducen hacia el supremo de director de un filme. Amó los westerns y se especializó, trabajando de ayudante de dirección, en el cine de "romanos". Anteriormente a ello había colaborado en obras del neorrealismo.

sergio_leone-10.jpgCuando acomete su primer película en solitario, la más bien fracasada El coloso de Rodas, ya se ha visto obligado a sustituir en otro péplum al director del que era ayudante. También había trabajado en los estudios romanos de Cineccitá en películas dirigidas por algunos realizadores norteamericanos que admiraba. Eran los años en los que los de allá del Océano venían a Italia a rodar sus películas ante el gran abaratamiento de la producción. Con ellos, de Wyler (Ben-Hur) a Aldrich (Sodoma y Gomorra), en los rodajes, tuvo fricciones. Se sintió defraudado ante aquellas personas que había elevado a la categoría de mito. 

A pesar de todo, cuando hace cine piensa en ellos o en otros realizadores, tratando de imitar a los que admira. Pero sus afán de homenajear se dirige principalmente hacia John Ford y, quizá, en otra línea, a Kurosawa. No es raro, pues, que su primer filme personal (Por un puñado de dólares) trate de seguir una película de Kurosawa no demasiado conocida, Yojimbo. Un filme admirable, como muchos otros del gran realizador japonés, y, además, con bastantes rasgos propios del western norteamericano. No es la única asociación que podemos hacer del cine de Leone con el de Kurosawa. El ritual de los duelos de sus películas o la lentitud con las que son concebidos deben mucho al cine oriental.

sergio_leone-07.jpgEstá claro que los homenajes que aparecen en su cine dedicados a los directores que ama se extiendan a lo largo de su obra. Nadie puede dudar que imita un tipo de cine basado en el modelo del western clásico tipo Ford o en el sentido ritual, como queda dicho, del cine de samuráis. Lo curioso es que, desde esa falta de originalidad, su obra va a plantearse como muy personal, al encaminarse hacia una reflexión sobre el género. Asombra que el cine de Leone pueda ser tan comercial como La muerte tenía un precio, una de las películas españolas (en realidad es una coproducción) más comerciales en la historia de nuestro cine. Asombra porque su sentido narrativo es mucho más lento que el de una película del oeste, y no digamos respecto a cualquier otro tipo de cine. Para comprender lo que digo basta con recordar el comienzo del filme: durante varios largos minutos una cámara estática nos deja ver cómo un caballo y su jinete se mueven por una planicie siendo esperados (y observados) por un "caza-recompensas" más intuido que visto.

El secreto del cine de Leone consiste en "modernizar" unos patrones, lograr una mirada irónica sobre lo que en realidad supone una reflexión sobre el género. No hay nada nuevo: caza-recompensas, grandes pistoleros, robos, duelos, malos, peleas... Lo que se presentan son propuestas distintas a las historias archiconocidas. Por ejemplo, aparece la suciedad, se muestra la bajeza, la traición de unos individuos que tienen muy poco de héroes, sin olvidar el humor paródico que recorre todo el metraje. El humor no es nada nuevo en el western, ya que envuelve muchos momentos de Ford o de Hawks.

sergio_leone-12.jpgAdemás, el cine de Leone trata de unir dos de los grandes géneros del cine norteamericano como son el western y el cine negro. Una línea que curiosamente será recogida posteriormente por directores norteamericanos clásicos en el género como Hathaway en, sobre todo, Nevada Smith y El póquer de la muerte. Por esa unión de género transita la enorme violencia del cine de Leone y de la mayoría de sus seguidores. Aunque habría que preguntarse si en fondo en esa violencia no se encuentra también un cierto sarcasmo.

En las películas de Leone se pueden ir encontrando claras referencias a las películas que ama. Ocurre muy especialmente en Hasta que llegó su hora, su canto de cisne sobre el western, aunque no estaría mal recordar que otros títulos anteriores se construyen también sobre ideas de otros filmes. Ya se ha hablado de la referencia de Por un puñado de dólares, pero habría que citar también La muerte tenía un precio que recuerda, al menos en la historia del medallón, a El vengador sin piedad de Henry King. Pero es en Hasta que llegó su hora donde las referencias se multiplican. Algunos de los títulos ahí presentes son Sólo ante el peligro, Centauros del desierto, Raíces profundas o Johnny Guitar. El filme de Nicholas Ray también se recuerda en algún instante de Érase una vez en América. Es el caso, por ejemplo, de ese excelente momento de tensión en la banda de amigos ante la llegada del desaparecido De Niro y que se muestra por el lento agitar (y el correspondiente ruido) de la cuchara del café en la taza.

O sea, que en todos sus títulos encontramos los claros y pretendidos homenajes. No pueden, ni deben, ser entendidos como plagios. Son, en realidad, formas personales de mirar algo ya existente y que no puede obviarse.

sergio_leone-11.jpgSus películas del oeste priorizan algo que está en contra del western clásico: la utilización, hasta la exasperación, del plano de detalle. Los duelos que en Ford o en Hawks, por citar a dos grandes director del cine, suelen durar segundos (incluso en Ford muchas veces se dan por elipsis), en Leone se eternizan. Se procede a alterar el tiempo real. Se produce una ralentización con el fin de dar importancia al momento del enfrentamiento y de la muerte. Es la esencia ritual el centro de la existencia: vivir o morir. Algo que en algunas películas Leone lo muestra (el duelo) en formas geométricas circulares de los lugares indicados (piénsese en el final de La muerte tenía un precio). O sea, como "la lucha" en un ruedo entre el torero y el toro. De ahí que también se haya querido ver (y al parecer lo admitiese el mismo realizador italiano) una cierta semejanza con el cine de Boetticher.

Lo grande, lo realmente innovador de Leone es su preocupación por "señalar", mirar, detenerse en el más mínimo detalle. Hay una evidente preocupación por fraccionar la escena que se muestra por medio de una enorme cantidad de planos. Algo válido y necesario en este baile de muerte que son los duelos constantes en sus películas. Pero hay más rasgos en su obra que la hacen distinta al western clásico. Uno de ellos es la ausencia del bueno. En su obra todos son muy malos o malos a secas, moviéndose por intereses muy personales consistentes en ganar dinero o arreglar un asunto personal.

No es raro, por ello, que en Hasta que llegó su hora se permitiese el lujo de invertir los papeles en los que tradicionalmente se han movido sus protagonistas: el menos "malo" (pero también impresentable) es el que siempre, o casi, ha hecho de malo, Charles Bronson; mientras que, por su parte, Henry Fonda es malísimo, él que ha sido el bueno por excelencia en el cine norteamericano. El tercer personaje en discordia en ese filme, Jason Robards, es el bandido con buen corazón. Inversión de personajes y valores es lo que proclama el cine de Leone. Parece como si quisiera sorprender al espectador con sus westerns barnizados de cine negro o, al contrario, de ese cine negro adornado de western que es Érase una vez en América, otro título sin buenos, tan sólo con gentes interesadas en... enriquecerse: el sino de América.

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Un innovador

Lo curioso es que en un tan cine comercial, imitativo y hasta tópico como el de Leone se encuentren numerosas innovaciones, nuevas formas de expresión y avanzadas propuestas estéticas. En este sentido, su cine parece beneficiarse de algunas de las propuestas de la Nouvelle vague, el movimiento que había nacido en Francia a finales de la década de los años cincuenta. Es de ahí de donde Leone recoge el reto para buscar otros caminos distintos a los que promueven las acciones y explicaciones propias del cine tradicional. En su cine se presentarán acciones separadas, distanciadas o de momentos no explicativas en sí mismas. El sentido de ellas se encuentra más adelante o nace como reflexión del propio espectador.

sergio_leone-17.jpgAlgo que aparece en su cine, pero que principalmente explota en Hasta que llegó su hora y Érase una vez en América. El espectador buscará, y "creará", las razones para organizar la historia que está contando. Algo que se puede conseguir en el western que acabamos de señalar a través de la mirada, del pensamiento colectivo de varios personajes o, como en su filme de gángsters, a partir de una única mirada-pensamiento. Por eso en Hasta que llegó su hora su punto de vista será el de una mirada ejercida desde fuera a través de alguien ajeno a la historia que cuenta lo que acontece. En Érase una vez en América la mirada se focaliza desde la memoria de un personaje. En ambos casos, el espectador no puede ser un elemento pasivo en relato, ya que se requiere de su actividad como forma de llenar los huecos que deja, sabiamente, la historia.

Todo se encuentra claramente en su desarrollo, pero será preciso una determinada integración de los elementos dispersos, de las miradas o de los pequeños gestos de los personajes descubridores de todo un mundo: quién y qué son, de dónde vienen, qué se proponen. La acción se cuenta desde sí (es decir, desde las propias imágenes y sonidos) de forma reflexiva, no por sí y de forma machacona.

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Unas impecables bandas sonoras

Uno de los logros de Leone consiste en la formidable utilización de la banda sonora. Algo que actualmente no parece interesar demasiado a los directores de cine. Parece que la única obsesión consiste en que haya mucha música y suene siempre.

sergio_leone-02.jpgLos ruidos, las palabras, la música y el silencio en Leone se utilizan de forma "explicativa". La música (cada una de las melodías) sirve para definir uno por uno a los personajes (o las escenas) más importantes. Los silencios se utilizan como descarga o tensión.

Hay brillantes y variados ejemplos en su cine que demuestran el mimo con el que utiliza la banda sonora. Citaré dos momentos (de los muchos que podría citar) existentes en su obra: la llegada del tren en el comienzo de Hasta que llegó su hora y el ya comentado momento del sonido de las cucharillas en las tazas de café en Érase una vez en América. Instantes que muestran el interés de Leone en lograr una banda sonora eficaz y creativa y que se pueden ampliar a otros muchos como aquel de Érase una vez en América en que "corta" la música de Amapola para dar paso al silencio en la escena de la violación de Elizabeth McGovern en el coche después del agasajo de que es objeto por parte de De Niro. Admirable momento de intensidad dramática donde la banda sonora nos conduce de un instante edulcorado a una salvaje violencia.

sergio_leone-13.jpgPero hay más en su cine: los ruidos sirven a Leone para crear música. Ocurre en la larga escena de apertura de Hasta que llegó su hora. Los ruidos crean tanto un estado de ánimo en los personajes que esperan en la estación como una determinada melodía dodecafónica. Pienso en los improperios que el director debió lanzar a uno de sus despistados ayudantes cuando éste le propuso echar aceite en las ruedas de un molino (en esa escena) porque a su entender chirriaban demasiado. Un sonido molesto que es esencial para dar el sentido al momento, junto al ruido del telégrafo (con lo acertado que resulta el silenciarlo, lo que lleva, durante unos instantes, a apagar todos los otros ruidos), el zumbido de la mosca (que se fundirá con el del tren), el de los rifles en disposición de disparo, el la gota de agua cayendo sobre uno de los personajes...

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Los imitadores de Leone

La importancia del cine de Leone es tal que ha dado lugar a una serie de directores que se miran en su obra aunque no siempre la entiendan en su esencia innovadora. Es lo que ocurrió con la mayoría de los directores españoles e italianos que dormitaron a la sombra de su cine realizando ínfimos spaghetti-western. Leone, por ello, llevó siempre muy mal el hecho de ser considerado como el padre de tal subgénero.

sergio_leone-06.jpgPero el valor, o importancia, del director como representativo de una nueva forma de acercamiento al cine, de una nueva estética, sería nulo, o casi, si se circunscribiese sólo a esa faceta. La obra de Leone ha abierto muchos más caminos, ha posibilitado un cine del oeste más allá del que se hizo en Italia o en España, en la que es quizás una de las últimas etapas gloriosas de un género casi desaparecido. En su forma de hacer beben hasta directores clásicos, como ha quedado dicho en el caso de Hathaway. Su influencia también aparece en algunos títulos de Siegel o incluso en alguno de los últimos westerns de John Sturges. En otros realizadores que se incorporan con posterioridad a la realización, caso de Clint Eastwood, es mucho más fácil encontrar esas influencias, máxime cuando el director-actor fue el protagonista de los primeros éxitos de Leone.

Si tuviéramos de un director concreto que debiera bastante a Leone en su tratamiento del western habría que citar a Sam Peckinpah. Como ejemplo, ahí está la suciedad de sus personajes (física y moral), la ausencia de heroísmo, la falta de héroes en un sentido tradicional, la violencia o la forma ritual y cruel de describir los enfrentamientos entre los personajes. Leone, por esa especie de "imitación", se permitió una broma con el director norteamericano en una de las películas de la que era guionista y productor (algunos estudiosos afirman que también intervino en la dirección): Mi nombre es ninguno. Allí el protagonista se ocultaba, en un tiroteo, entre las tumbas de un cementerio. En una de las lápidas se podía leer con claridad el nombre del realizador de Grupo salvaje.

Otros directores reconocen la influencia que Leone ha tenido sobre su obra. Entre los más conocidos se encuentran John Carpenter y Quentin Tarantino. Ambos dicen amar su cine. Carpenter llevó su "leoneísmo" hasta el punto de casarse al son de una de las melodías de Hasta que llegó su hora. En alguna de sus películas, como Vampiros, es imposible no reconocer de dónde procede su inspiración.

sergio_leone-05.jpgY si alguien duda que Tarantino se "mira" en Leone, no tiene más que acercarse a ese divertido Kill Bill, volumen 1 para comprobarlo. Sin duda, esta historia tarantiniana enrevesada de venganzas nacida de La novia vestida de negro de Truffaut y con toques de los vampiros carpenterianos es elocuente en la asimilación del modelo Leone. Hay hasta un instante en el que el director se permite utilizar (con pequeñas variantes) la música de Hasta que llegó su hora. Tiene lugar en el cómic manga que habla de la infancia de O'Rem. Se usan dos melodías del filme de Leone de acuerdo a dos momentos diferentes. En uno se remeda a uno de los personajes de aquel filme, en el otro el tema de Claudia Cardinale. Si seguimos indagando en la última película de Tarantino descubriremos dos secuencias muy del gusto del italiano: la lucha entre la protagonista y decenas de oponentes y lucha final (estéticamente preciosa) entre la protagonista y O'Rem en el jardín nevado. Tarantino, en este filme, se muestra como algo más que un discípulo de Leone. Como mínimo, sería un alumno aventajado. Sólo hay que ver cómo emplea el norteamericano la música y los silencios en la primera parte de su divertido tebeo irónico u homenaje al cine seriado. Un filme en el que hasta la violencia (y no digamos los decorados) poseen un sentido paródico

sergio_leone-16.jpgNo muy lejanamente hemos podido asistir a otro festival Leone. Se encuentra en la última película de Takeshi Kitano, Zatoichi. No sólo las luchas o el personaje principal nos llevan al mundo del director italiano, también, y esto es fundamental, lo encontramos en el intento de convertir los ruidos en música. Ocurre en el caso del labrado de la tierra haciendo corresponder el movimiento de las azadas (y el montaje de la secuencia) con la música que señala su golpear con la tierra. El error de Kitano consiste en utilizar realmente música y no dejar que la música "salga" de los objetos. Es elocuente la relación de ese momento de Kitano con la ya comentada obertura de Hasta que llegó su hora. Pero Leone va mucho más allá que Kitano

Simplemente, y de pasada, señalar alguna película en la que se encuentran claras referencias a Leone. Citaría tan sólo tres títulos (y por no irme muy lejos en el tiempo) Gangs of New York (Scorsese), Open Range (Kevin Costner) y, aunque resulte para muchos sorprendente, Camino a la perdición (Sam Mendes).

sergio_leone-15.jpgEl cine de Leone, tantas veces atacado, reducido por algunos críticos a la nulidad absoluta, se descubre hoy en gran parte de las pocas películas que realizó como una de las aportaciones más importantes del cine de los sesenta-ochenta del siglo XX. Su obra va ganando muchos enteros con el tiempo. Su obra, como su vida, es la búsqueda de una verdad o unas nuevas formas narrativas.

Antes de morir nos dejó un gran testamento, una obra grandiosa: Érase una vez en América. Una obra maestra a pesar de algunos excesos o los (increíbles e innecesario) refuerzos de algunas imágenes (el fallido y metafórico camión de la basura casi al final). Una obra que está surcada por un ruido insistente que se repite en la cabeza del protagonista: el teléfono que, como llamada de atención, marca las primeras imágenes de la película. Otro ejemplo de utilización de la banda sonora.

Extraño y admirable director capaz, incluso, de ofrecernos un personaje femenino protagonista tan importante como el interpretado por Claudia Cardinale en Hasta que llegó su obra. En su obra, hasta ese momento, la mujer había sido un mero elemento decorativo, algo que no ocurría en su vida real: su mujer y sus dos hijas (más inteligentes, decía, que su único hijo) eran su "norte" y su cobijo.

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