Hernández Marcos: BASILIO MARTÍN PATINO

  16 Diciembre 2008

Al cumplir 10 años en Internet, nuestra revista dedica el nº 57 de su sección Rashomon (noviembre de 2008) al artículo que cada redactor ha elegido como su favorito entre todos los que ha publicado en esta década. No es que sea el mejor, ni el más largo, ni el más... solamente es ése que cada autor recuerda con especial cariño. Este texto fue publicado inicialmente en enero de 2003, en el nº 37 de Encadenados, puedes verlo en el siguiente link:
http://www.encadenados.org/n37/patino_12.htm


Gracias, otra vez, Basilio
Escribe José Luis Hernández Marcos

Creo que el cineclubismo fue para ti lo primero y lo más importante de tu carrera, el primer hito de tu futuro profesional. A su lado fue una muy breve etapa de poco más de dos años sustanciosos, preñados de todo. Desde que creaste el Cineclub Universitario de Salamanca, hasta tu triunfal marcha a Madrid, para ingresar en el I.I.E.C., una vez finalizadas las Conversaciones Cinematográficas de Salamanca.

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Inventaste el cineclub universitario salmantino cuando nadie sabía lo que era un cineclub, ni siquiera los que hacían el cineclub de Zaragoza, que era el más importante cuando tú iniciaste el nuestro. Te sirvió de referencia, eso sí, pero hiciste algo tan diferente que, en muy poco tiempo, lo situaste en lo más alto de lo que en aquellos tiempos (mediados de los años cincuenta) era posible. ¡Ya era mérito!

Y, por si no fuera suficiente, abordaste aquel Curso de Estudios Universitarios de Cine (por primera vez entraba el cine en la Universidad) y el concurso de guiones. ¿Cómo lograste que una productora entrara en la aventura invirtiendo su dinero?

Con ese entrenamiento te lanzaste, y nos lanzaste, a la organización de las primeras Conversaciones Cinematográficas Nacionales que hicieron temblar muchos cimientos, a veces incluso culturales, alcanzando tal resonancia, que el francés Georges Sadoul llegó a mencionarlas, como hito notorio, en su importante Historia del Cine. Por fin tu cine, el cine que amabas, el cine español que te dolía y al que, con otros compañeros de la Escuela, intentaste dignificar, limpiarlo de ramplonería, inyectarle inteligencia.

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Ahora dicen que has decidido “jubilarte”. Es la segunda de tus dos más importantes despedidas. La primera fue para empezar tu andadura quijotesca en el Madrid de la Escuela de Cine junto a otros mesetarios como se os llama. La segunda es esta amenaza de dejar el cine después de tu brillante e inclasificable Octavia. ¿Te das cuenta de ambas están unidas a Salamanca?

En otra ocasión, a raíz del homenaje que te ofrecieron los amigos valencianos de Cinema Jove y de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana, escribí que siempre te marchas, pero siempre regresas a Salamanca. A Salamanca regresaste para hacer tus Nueve cartas a Berta; para ayudar en la creación de la filmoteca (posiblemente una de las mejores de España) cediendo tu colección de aparatos de cine; para colaborar en el montaje de Las edades del Hombre; para los rodajes de Los paraísos perdidos y ahora Octavia...

Dicen que dices que te vas. ¿Por qué? ¿Para hacer qué? ¿Podrás vivir sin el cine? Muchos, más de los que parece, deberían abandonar y no lo hacen. Tú has demostrado lo que sabes. Que eres uno de los más modernos realizadores españoles. Tu honestidad a lo largo de tu ya larga trayectoria vital es manifiesta. Lo mismo tu amplísima formación cultural nada común, tu profesionalidad, tu independencia...

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Si estás decidido a dejarlo, tus seguidores lo lamentaremos. Tu “gloria de concluir” no puede ser sólo por el cine que has hecho o que has ayudado a hacer, sino también por las semillas de inquietud que sembraste. Porque ¿se sabe que tú sacudiste la apatía cultural la ciudad salmantina desde la Universidad? ¿Que creaste, dirigiste y empujaste al que fue el cineclub más importante de España durante varios lustros? ¿Qué conseguiste que pudieran celebrarse las primeras Conversaciones Nacionales de Cine? ¿Que tus “nueve cartas” fueron la mejor descripción de la Salamanca tradicional, universitaria y rural, señorial y provinciana, como tú la viviste? ¿Cómo podremos olvidar aquel cine tuyo, siempre comprometido, como Canciones para después de una guerra, Queridísimos verdugos o Caudillo; incluso esa serie realizada para Canal Sur de TV que se tituló Andalucía, un siglo de fascinación, tan poco conocida y que merecía una seria distribución?

Sí. Seguro. Estoy seguro de que todo eso se sabe y, prueba de ello son las zancadillas con las que mucha veces intentaron arrinconarte los envidiosos, o resentidos, que de todo hubo. A mí me basta con saberlo yo. Y porque lo sé y junto a ti viví muchos de aquellos momentos irrepetibles, me apena tu renuncia.

No nos dejes sin tu cine. Estoy seguro de que lo pensarás y, otra vez, regresarás. Vuelve a Salamanca, es decir a tu cine. La “gloria” a la que te invitaban las viejas piedras salmantinas del pórtico de San Boal todavía tienen sus puertas abiertas.

Desde Salamanca, con devoción de amigo y cinéfilo, espero confiado y, como en otra ocasión te dije: ¡gracias, Basilio!

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