Domingo negro (1977)

  02 Junio 2008

Algo más que acción
Escribe Gloria Benito

jf-1977domingonegro0.jpgEn 1977 dirige Frankenheimer Black Sunday, una película de acción y suspense que gira alrededor del problema del terrorismo en Oriente Medio. 

Marthe Keller –Marathon man (1976), Sostiene Pereira (1977)– encarna a Dahlia, una joven agente perteneciente al grupo terrorista Septiembre negro, que prepara junto al estadounidense Mike Lander, interpretado por Bruce Dern –Danzad, danzad, malditos (1969), Family plot (1976)–,  un enorme atentado en EEUU, con el fin de inculpar a este país de su responsabilidad en los problemas políticos mundiales en general, y en los de Palestina en particular. A estos dos terroristas se enfrenta el agente israelí David Kabakov, interpretado por Robert  Shaw –Un hombre para la eternidad (1966), Tiburón (1975)–.

El filme relata la historia de una carrera contrarreloj, en la que los agentes de Israel y Estados Unidos van pisando los talones a los terroristas para impedir el terrible atentado. Lo consiguen en el último instante de la película, cuando 200.000 dardos de fusil son lanzados al mar y al aire por la singular bomba diseñada por Lander, en una gran explosión no exenta de belleza.

Como en otros filmes del director, éste trasciende los tópicos del cine de acción y nos traslada una visión pesimista de un mundo destruido y maltratado por unas decisiones políticas equivocadas, que, de alguna manera, redimen a los hombres de la culpa de sus terribles acciones contra una sociedad inocente e irresponsable.

Así, la trama de acción es un pretexto para hablar a la conciencia del espectador de las causas históricas y biográficas que impulsan a una mujer inteligente como Dahlia a abrazar la causa del terror. No se justifican las acciones terroristas, pero se intenta comprender a las personas que las llevan a cabo. Al situarlas en un contexto tan injusto y deshumanizado, aquellas se muestran inevitablemente atrapadas por unas circunstancias vitales demasiado terribles e insoportables, por lo que son arrojadas a su fatídico y marginal destino.

jf-1977domingonegro6.jpgEl enorme dolor acumulado por Dahlia, en su vida como fugitiva de las agresiones y masacres perpetradas por Israel sobre ella y su familia, es el que lanza a este personaje al negocio del terror y la muerte. Del trío de personajes principales, es el más fanático y el más frío. Mantiene un dominio absoluto sobre Lander, al que utiliza y manipula: “Estás segura de poder controlarlo?” –pregunta su compañero, al comienzo del filme–. “En la medida con que se controla a un niño... un niño inteligente... depende de mí por completo” –responde Dalia–.

Su frialdad es el contrapunto del comportamiento neurótico de Lander. Ambos conforman las dos caras del terrorista: la despiadada e impasible eficacia de ella, frente los sentimientos desbordados de venganza de él. Esa gélida distancia, que Dahlia mantiene en el desarrollo argumental del filme, es una constante de su perfil como personaje.

Y eso es lo que la hace mantenerse firme durante la emocionante persecución nocturna por la Guarda Costera, cuando recogen el explosivo que llega clandestinamente desde Hong Kong. O en el hospital, cuando asesina al colaborador de Kabakov, Robert Corley (Fritz Weaver) inyectándole cloruro potásico en la aorta. Solamente parece perder el control cuando sustituyen a Mike como piloto del dirigible al que irá adosada la bomba, lo que frustraría la operación. Pero enseguida se recupera, decisión que da lugar a una serie de asesinatos y persecuciones de las que escapa. Intenta lo imposible y lo consigue, aunque muera al final bajo los disparos de Kabakov, que aborta por los pelos el atentado.

Lo mismo le ocurre Mike Lander. En su caso, es la guerra del Vietnam la que ha destrozado el equilibrio psicológico de una mente sumida en la desesperación y la impotencia. Lander atribuye al poder de los Estados Unidos la responsabilidad de haber acabado con sus posibilidades de ser feliz, de haber destrozado su matrimonio y su familia. Le mueve la necesidad de venganza, que nace del dolor y de la insoportable soledad.

jf-1977domingonegro2.jpgSu patetismo es evidente desde el comienzo de la película, cuando los terroristas están visionando la película en la que Lander se declara enemigo de EEUU y manifiesta su disposición a hacer cualquier cosa para hacer pagar a su país las consecuencias de su política imperialista e injusta. Su fragilidad mental se hace evidente en el primer encuentro con Dahlia, en Los Ángeles, en la casa donde preparan los explosivos. “Tienes que ir al centro de rehabilitación” –dice Dalia–. “¿Quieres saber si estoy loco?” –ironiza Lander–. Pero percibimos cómo aumentan su sufrimiento y su rabia ante el funcionario del hospital encargado de su seguimiento. La indiferencia de éste contrasta con la agitación de Lander, visible en el plano de detalle de sus manos retorciéndose nerviosamente y en el primer plano de su cara crispada.

Con el historial médico, el funcionario realiza una retrospección temporal mediante la que se reconstruye la desgraciada biografía de Lander. Entendemos entonces el origen de tanto dolor y del rencor que desemboca en locura. Más adelante, al enterarse de que lo han sustituido como piloto del dirigible de la cadena televisiva que filmará la Super Bowl, estallará con todas sus fuerzas, mientras desfila ante una alterada Dahlia con su uniforme del Ejército del Aire, con sus trofeos y medallas colgados, como una caricatura de sí mismo, como un fantoche: “No digas que nunca lo hubiese hecho... no me hables así... hablas como un psiquiatra”. “Has olvidado que fui prisionero de guerra... Todo me lo quitaron esos cretinos y les veo cada domingo, con sus caras bobaliconas y sus coca-colas... mirando a su equipo... ¡¡¡Y yo les iba a dar una lección a esos cretinos!!!”.

jf-1977domingonegro1.jpgLa soledad a que se ha visto abocado se filtra a través de un monólogo desquiciado. De nuevo un objeto, esta vez una fotografía, sirve al director para que el propio Lander haga llegar al espectador la información que necesita para conocer la biografía interior de este desdichado personaje: “Esta foto que me mandó Margaret, en la que está ella con mi hijo, y con esa sombra que se proyecta, me hizo pensar en quién sería el que hizo la foto... ¡Todo me lo robaron! Iba a darle a este puñetero país algo para que me recordase mucho tiempo... Si ellos me han hecho esto, ¿por qué no pagarles con la misma moneda?”.

Él parece un niño caprichoso al que le han quitado un juguete, y ella la madre, la gran manipuladora, que consuela a su hijito y le proporciona la posibilidad de que siga jugando al juego de la muerte. Pero lo hace tanto porque le interesa como porque se conmueve con su dolor, y sabe que para Lander hacer el daño planeado es su único consuelo.

Al contrario de otros relatos del género, el personaje del agente David Kabakov no se limita a ser el bueno de la película, el que salva  al mundo de la maldad universal. Kabakov hace su trabajo con rapidez y eficacia, pero no aparece ante el espectador como el hombre que posee la razón absoluta, la única verdad. Es un personaje que duda y tiene conciencia de que sus creencias no guían sus actos de forma exclusiva, pues lleva demasiado tiempo en el oficio, ha visto demasiada destrucción y muerte de uno y otro lado.

jf-1977domingonegro3.jpgLo que sí sabe con seguridad es que está muy cansado del juego del espionaje y la política. Así se lo dice a su colega Corley mientras se recupera de sus heridas en el hospital: “Durante treinta años he peleado, matado... ¿qué he conseguido? Las mismas guerras, los mismos enemigos y las mismas víctimas”. Corley le contesta: “Escúchame, gato viejo, el problema es que has llegado a ver las dos caras de esta lucha... y eso es lo malo”.

Al comienzo del filme ya habíamos intuido que era un agente singular, quizá dotado de cierta humanidad, cuando no mata a Dalia en la ducha, y se limita a colocar los explosivos en la casa donde se reúnen los terroristas. Más adelante, al descubrir que se está fraguando un atentado y la responsable es ella, dice a su amigo: “Debí haberla matado”. David Kabakov tiene conciencia de su contradicción interior, por estar obligado a hacer un trabajo en el que no cree, pero al que se ve abocado fatalmente.

Detrás de la tragedia que viven los personajes se hace patente una crítica a las estructuras del poder de los Estados Unidos, Israel y Palestina. El FBI, y los Servicios Secretos aparecen como los que, desde la sombra,  manejan los hilos de esta historia de terror y muerte.

jf-1977domingonegro5.jpgEl sentido crítico del filme se hace evidente gracias al personal lenguaje cinematográfico de este director que rueda en espacios reales, lo que confiere al relato realismo y verosimilitud. Todo bajo la aparente distancia de su mirada, lo que produce una acertada sensación de objetividad en la narración. El comienzo del filme, con la panorámica en picado del Líbano, la multitud del aeropuerto, los ruidos y rumores en off, el paseo de Dahlia por las callejuelas del barrio árabe hasta llegar a su destino, posee cierta apariencia de documental, con muy pocos diálogos.

Todo ello permite que sea el espectador el que sintetice la información que le posibilitará entender la historia y adentrarse en el argumento. Lo mismo sucede con los planos-secuencia y panorámicos del dirigible sobrevolando el gran estadio de Los Ángeles. En estas partes, el tempo del relato se ralentiza, pues la cámara se limita a mostrar la realidad, de manera que parece que es ésta la que invade la película.

El ritmo lento producido por los grandes planos se acelera en las secuencias de persecuciones, hasta hacerse trepidante. En estos casos y cuando el director va haciendo avanzar la narración, utiliza Frankenheimer la técnica de fragmentar el tiempo en pequeñas escenas, que van alternado los  planos de las dos historias que se confrontan en la película: las acciones de los terroristas y las de los agentes que se les oponen. Así combina este director realidad y emoción, verosimilitud y suspense.

En cuanto a la fotografía y la luz, hay en este filme una deliberada intención de utilizar un claroscuro que deja en la sombra parte de los planos en que están implicados los terroristas y sus enemigos, mientras que el estadio y la ciudad aparecen bien iluminados. Quizá se consiga así una impresión de desvalimiento de los espacios ciudadanos frente a una oscuridad que oculta las acciones de los agentes, implicados en una lucha clandestina de la que el mundo es ignorante.

En suma, una buena película que es algo más que un relato de acción, suspense y terror.

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