Ronin (1998)

  17 Abril 2008

Ronin o la traición
Escribe Marcial Moreno

Ronin es el término que se utiliza para referirse al samurai que, habiendo fracaso en la misión de proteger a su señor, es repudiado y condenado a vagar en la indigencia. Sin embargo, no por eso deja de ser un samurai, es decir, no pierde la fidelidad a su misión, no renuncia al compromiso que en su día adquirió. En sus planes nunca estará presente la traición, sobre todo la traición a sí mismo y a lo que fue.

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Ronin, la película, es un monumento a esa misma traición, pero al mismo tiempo es un homenaje a quien es incapaz de traicionar. La trama es una sucesión incesante de personajes que olvidan lo prometido, que no dudan en cambiar sucesivamente de bando y de servirse de quien sea con tal de conseguir sus objetivos. El más evidente es el caso de Gregor, el técnico alemán que forma parte de los atracadores; pero el más sangrante quizá sea el del ruso que le da muerte, quien llega a dejar morir a su amada o protegida, la cual en principio nada tiene que ver con lo que está ocurriendo, es decir, es absolutamente inocente, y su dedicación al noble arte del patinaje así lo atestigua: no duda en sacrificarla, decíamos, con tal de quedarse con el dinero que Gregor le reclama.

jf-1998ronin1.jpgSin embargo, la excepción la encontramos en el personaje interpretado por Robert de Niro. Se trata de alguien que resulta casi extraño a la historia que se nos cuenta; es como si viviera en otro mundo, en el que las reglas de actuación fueran otras, y no acabase de entender lo que allí ocurre. Y, efectivamente, se comporta como un ronin, no tanto por su fracaso en la misión, algo que la película no nos cuenta, pero que podemos aventurar a partir de las actitudes que le vemos mantener, del desencanto del que hace gala en todo momento, de su reconocimiento de haber herido algunos sentimientos, de la cautela inicial en el uso de la pistola, etc., no tanto por eso, sino por la fidelidad que mantendrá en todo momento, pese a las traiciones reiteradas que sufre, hacia la mujer que le contrató, y al mismo tiempo hacia sus propios sentimientos. En un momento dado puede matarla y no lo hace, y en cierto modo espera una recompensa a esa deferencia, confía en que el agradecimiento la hará reencontrarse con él.

La escena final, aún sin que se haga del todo explícita, muestra ese atisbo de confianza que el amigo sabe leer y se encarga de hacer patente y desactivar al mismo tiempo: “Ella no vendrá”, dice, o lo que es lo mismo, ella no es de los nuestros, ya no quedan de los nuestros.

jf-1998ronin3.jpgAcertadamente, el director optó por no utilizar el final en el que la chica era capturada cuando, en un ataque de sentimentalismo, acudía a escondidas al lugar en el que los dos viejos amigos conversaban y en el que de Niro esperaba encontrarla. Eso hubiera significado una transformación en su proceder que hubiera entrado en contradicción con la actitud mantenida a lo largo de toda la película, es decir, el triunfo, en cierta manera, de la honestidad.

El final elegido es mucho más crudo. Sitúa a ambos personajes fuera de la realidad; se saben solos, pero al menos se reconocen en el otro. Ellos sí pueden decir: “yo pagaré la próxima”, o “llámame de vez en cuando” con la absoluta seguridad de que así será.

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