Operación Reno (2000)

  13 Abril 2008

Todo es mentira
Escribe Luis Tormo

jf-2000operacionreno0.jpgTras rodar Ronin, el filme que significó el retorno de Frankenheimer a un cine con un nivel considerable de calidad, la filmografía del director americano continuó con Operación Reno (Raindeer games, 2000), y esta película sirvió para demostrar cómo la fuerza de la narración clásica es capaz de hacer que un argumento enrevesado, que hubiera podido convertirse en un thriller adocenado, acabara siendo una gran historia. A la postre, esta obra sería el testamento del director de Domingo negro para la gran pantalla, pues sólo volvería a ponerse tras las cámaras para rodar una producción destinadaa la televisión, Camino a la guerra (Path to war, 2002).

El guión de Operación Reno sigue un esquema basado en dos recursos muy utilizados en el género policiaco: primero, las imágenes muestran unos personajes que desde el primer momento que aparecen en la pantalla ya son caracterizados como perdedores, no sabemos demasiado de ellos pero se nos antoja que la vida no ha tratado demasiado bien a estos pobres diablos; y segundo, nos describe una historia plagada de cambios y sorpresas continuas que van revelando al espectador los detalles de la trama al mismo tiempo que el personaje principal asiste a ellos, como marioneta sin control.

En principio y bajo estas premisas, no parece que el filme fuera a destacar por su originalidad, pero Operación Reno es algo más, y junto con Ronin, forma un díptico sobre el engaño y la mentira como parte fundamental de la sociedad del momento.

jf-2000operacionreno2.jpgEn Ronin, un grupo de mercenarios se disputa el contenido de una maleta, y mediante variados giros de guión la historia avanza hasta el desenlace final, donde las cartas se ponen sobre la mesa y la película explicita el engaño en que se basan las relaciones internacionales, representadas en la película por esbirros de la mafia rusa, mercenarios franceses, miembros del terrorismo irlandés y un agente americano. El filme avanza espectacular enlazando las diferentes intrigas con múltiples escenas de acción (persecuciones automovilísticas, tiroteos, etc.).

Operación Reno parece en principio una continuación, pues tenemos una serie de personajes que se disputan un objetivo y donde vamos viendo cómo los engaños se suceden. Pero Operación Reno, al contrario que  Ronin (precisamente por ese envoltorio espectacular) se nos antoja un filme crepuscular, un filme que va un paso más allá que Ronin y aporta un tono de amargura y desconfianza en el ser humano. Y esta amargura se acentúa porque ahora son todos los personajes los que engañan y, a su vez, son engañados. Mientras en Ronin los personajes, dentro de sus máscaras, controlaban sus movimientos y acciones, en Operación Reno están todos a merced de los demás.

jf-2000operacionreno5.jpgEn su último filme, la sociedad que describe Frankenheimer es de un pesimismo absoluto pues la característica principal que atribuye a ese mundo es que todo funciona en base a la manipulación y la mentira. En este sentido, Operación Reno, le sirve a Frankenheimer para que, partiendo de un hecho puntual (una pequeña acción de unos personajes desesperados), veamos cómo la América actual se mueve sobre la base del engaño, de la mentira más absoluta.

Así, el filme aporta una visión política que trasciende al mero contenido del thriller y enlaza con temas que el autor de Yo vigilo el camino ha tratado a lo largo de su filmografía. No en balde, en la parte inicial de su filmografía Frankenheimer trata directamente de esa manipulación política en filmes como El mensajero del miedo o Siete días de mayo. Sin embargo, en aquel momento la atribución de esa manipulación iba dirigida a las clases dirigentes (en ambas películas se trataba directamente de aspectos relacionados con el presidente o futuro presidente de los EEUU).

jf-2000operacionreno3.jpgEsta sociedad basada en la manipulación que Frankenheimer denunciaba en los 60, se ha convertido treinta años después un algo que ha calado en su país, pero ya no se trata de personajes importantes, de grandes nombres de la política. Ahora, esta vida basada en la mentira se ha extendido y los protagonistas son el eslabón más bajo de la cadena.

Así, la acción empieza desde el sitio más desfavorable que puede presentar (la cárcel) y la manipulación parte desde ese punto para extenderse a todos lados. La visión es pesimista: el guión no deja a ningún personaje al margen de esta especie de germen, pues todos y cada uno mienten y son engañados a lo largo del filme.

En Operación Reno, el protagonista ya no es como el Robert de Niro de Ronin (que aunque parecía un ex-agente, al final estaba realizando su trabajo para el gobierno americano desenmascarando un complot), pues el personaje que representa Ben Affleck, un ladrón de poca monta, esta desprovisto de cualquier rasgo positivo y aunque pueda ser la víctima del engaño participa de las mentiras como los demás. Pero es que la descripción de lo que rodea a este hombre no puede ser más negativa: cada uno de los personajes es un ejemplo de lo peor de esta sociedad y la película agudiza esta idea ya que partiendo de la época del año en que se desarrolla, las Navidades, el filme utiliza este recurso para subvertir ese orden y las imágenes tradicionales (la nieve, Papa Noel) sirven precisamente para enmascarar a los ladrones.

Es por ello que las continuas sorpresas que el guión va deparando a los personajes (y a los espectadores) profundizan en este trazo pues el filme se encarga de destrozar sentimientos como el compañerismo, la amistad o el amor: Ben Affleck es traicionado por su compañero, pero es que él es el primero en entrar en el juego; la mujer utiliza el amor y el deseo como forma de manipular a los hombres.

jf-2000operacionreno6.jpgOperación Reno es, además, una película más oscura y claustrofóbica que Ronin pues la propuesta de Frankenheimer es igualar el mundo de donde salen los personajes (la cárcel) con el mundo real, así, en cierto modo Ben Affleck está más encerrado justo en el momento en que sale de la prisión ya que el mundo exterior está descrito como una gran trampa. En este sentido es modélica la escena de la huida por el hielo, pues aporta numerosos referentes de cómo es ese mundo exterior: en plena naturaleza (símbolo de libertad) y bajo una capa supuestamente firme lo que se esconde es la fragilidad del hielo y es precisamente ahí donde los protagonistas quedan atrapados –encerrados– en el agua, teniendo como única solución emplear el arma de fuego.

Además, John Frankenheimer utiliza todos sus conocimientos para exagerar esta sensación de claustrofobia pues, como es habitual en él, trabajando con el formato de gran pantalla, ajusta los primeros planos de los personajes mediante el uso del gran angular, acrecentando la sensación de angustia a través de la deformidad que provoca en los rostros.

jf-2000operacionreno1.jpgAlgo similar ocurre con la escena de la huida de la habitación de Ben Affleck cuando éste escapa del hotel. La única finalidad de la escena es que él descubra que el jefe de la banda y la chica son en realidad amantes (y no hermanos). Para ello tiene que desplazarse por todo el hotel, pasar por la piscina cubierta y volver a la habitación. Es una escena de tensión mientras huye por los pasillos del hotel (subiendo, bajando, retrocediendo). Si analizamos bien la escena, no sabemos cuál es el desplazamiento de Ben Affleck, no tenemos ninguna referencia espacial, y sin embargo se crea el efecto de suspense necesario. Y este efecto es precisamente lo que consigue Frankenheimer gracias al juego de los planos inclinados, la cámara en mano y la combinación de primeros planos y planos generales unidos mediante un montaje rápido.

Y ejemplos similares los hay a lo largo de toda la película; en el desenlace, utilizando la pantalla ancha, Frankenheimer juega con el posicionamiento de los actores, cuando están Charlize Theron y Gary Sinise, Ben Affleck aparece en el fondo del plano situado en el centro (es un elemento que distorsiona a esta pareja), cuando al final aparece Charlize Theron y su antiguo novio y compañero de celda que creíamos muerto, Ben Affleck aparece al fondo del plano pero ya no en medio sino en un lateral (está fuera, al margen de la auténtica pareja).

En definitiva, lo realmente interesante en Operación Reno es que tenemos un ejemplo de cine clásico donde el director se encarga de que en el proceso del traspaso del guión a las imágenes –un buen guión en este caso– encontremos que hay algo más, un plus que etiquetamos como “oficio” y que cada vez resulta más difícil de encontrar. Este aspecto es lo que hace grande a la película, pues aporta un significado que va más allá de la mera sorpresa, tensión o suspense que se desprende del argumento; de hecho, Operación Reno se torna más atractiva conforme nos desprendemos de la necesidad de seguir ese relato y nos centramos en las imágenes y en el significado que se desprende de estas.

Así, en contra de lo que suele pasar con este tipo de filmes, Operación Reno gana con una segunda revisión una vez entendemos que por debajo del relato hay una explicación, un análisis un tanto pesimista de la sociedad americana actual.

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