Siete días de mayo (1963)

  13 Abril 2008

We, the People...
Escribe Patricio Ruiz
 
jf-1964sietediasdemayo1.jpg“Nosotros, el Pueblo...”. Con estas conocidas palabras se inicia la Constitución de los Estados Unidos de América, paradigma de las constituciones democráticas, hoy bastante comunes y entonces una novedad. Con estas palabras inicia Frankenheimer su película basada en una novela de la pareja Knebel y Bailey.

Una pareja de autores es una unión poco frecuente en la novela, aunque hay excepciones: Nordoff y Hall son los autores de la mejor novela sobre el motín de la Bounty; los inseparables hermanos Quintero y hermanos Grimm; Boileau y Narcejac, inolvidables autores de Vértigo; Goscinny y Uderzo, esos galos; Ellery Queen que, como todo aficionado a las novelas policíacas sabe, eran dos primos apellidados Dannay y Lee; Cooper y Wallace, la madre y el padre de King Kong... y Ortega y Gasset que diría un gran hermano.

jf-1964sietediasdemayo2.jpgPara comprender la película de Frankenheimer hay que situarse en la época, los años 60. Por aquel entonces, la institución de la Presidencia de los Estados Unidos no estaba tan deteriorada como está ahora. Merecía un respeto. Ahora, hasta un payaso como Michael Moore se mete con ella: ¡leña al mono! Entonces no .Y el argumento de la novela y la película, un golpe de estado militar, era política ficción.

Frankenheimer parece partidario de vacunar a la nación y rueda una película didáctica.

Desde los primeros planos, las conocidas verjas de la Casa Blanca pasan a convertirse en cohetes intercontinentales. Frankenheimer subraya lo evidente para ponerlo al alcance de un público en el que no parece confiar mucho: el americano medio. El reloj digital del mando de la defensa nos sitúa constantemente en el paso de los días y las horas.

jf-1964sietediasdemayo3.jpgY el director sigue machacando: Lancaster habla delante de una panoplia de cohetes nucleares, Douglas lo hace ante la bandera estadounidense; Fredric March aparece apoyado en el banderín presidencial. El personaje de March es tan integro que prefiere perder las elecciones a utilizar cartas marcadas.

Este es uno de los misterios de un gran reparto: Burt Lancaster es el malo, el militar golpista, y Kirk Douglas es el bueno, el militar constitucional. Al parecer, hasta poco antes del rodaje los papeles estaban invertidos. Gran duelo entre las dos mejores mandíbulas y los cuatro mejores maseteros (término médico) de la historia del Cine. Insisto, un gran reparto. Aparte de los citados, Lancaster y Douglas, cuatro grandes actores de la generación anterior: el ya citado Fredric jf-1964sietediasdemayo5.jpgMarch, Martin Balsam como el mensajero (quizás el actor mas galardonado de Hollywood como secundario), George MacReady (el malo de Gilda) y Edmond O’Brien componiendo una vez mas el papel de sureño dipsómano.

La sombra –espléndida– de Ava Gardner deambula por la película interpretando su personaje favorito: mitad de mantis, mitad de ginebra (Bombay. a ser posible).

Un reparto inolvidable para una película didáctica como pocas.

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