Desesperanza

  27 Febrero 2008

Escribe Luis Tormo

1. Antes de la batalla

iwojima02.jpgEn principio, nada parecen tener en común Cartas desde Iwo Jima y Zodiac. Ni el argumento, ni el desarrollo espacio-temporal, ni la forma de concebir la puesta de la escena y mucho menos el universo fílmico al que están adscritos sus realizadores.

Clint Eastwood puede ser considerado el último de esa estirpe de cineastas que ya consideramos clásicos y que desde sus inicios, en los años 60, se ha labrado una carrera que pasa por todas las facetas del proceso creativo de un filme (actor, director, productor, guionista, músico). En este sentido es indiscutible, y sobre todo desde sus realizaciones más personales, que el autor de Los puentes de Madison lleva escalando peldaños hacia un estatus de brillantez que va confirmando en cada nueva obra que nos presenta.

Por otra parte, David Fincher, que desde que, tras los problemas de autoría de Alien 3, debutó  oficialmente con la interesante Seven, no lleva una carrera precisamente ascendente, pues títulos como El club de la lucha, The game o La habitación del pánico no aportan demasiadas garantías de que estemos ante un autor apreciable. Es por ello que Zodiac, un recuerdo lejano de Seven, nos devuelve a un Fincher más maduro en una película sin altibajos narrativos.

Sin embargo, preparando lo que en teoría debían ser dos artículos por separado sobre las dos películas que han resultado elegidas como las mejores del 2007, comienzan a aparecer algunos elementos comunes entre ambas obras que posibilita que de esta unión, llamémosle de conveniencia, pueda surgir alguna conexión entre ellas.

zodiac05.jpg¿Cuáles son estos puntos en común?

Sobre todo, se adivina en el trasfondo de lo que realmente nos están contando, es decir, en uno de los temas principales que tienen las dos obras y que no es otro que la desesperanza. Desesperanza provocada por la visión del mundo que describen y desesperanza también porque los personajes no tienen ninguna posibilidad de cambiar aquello que están viviendo. Son perdedores condenados desde el principio y que, bien al pie de la letra, se dejarán la vida o, simbólicamente, la arruinarán.

Pero hay más que esta coincidencia temática, y es que en las dos películas, con cantidad de personajes secundarios (los soldados de la isla en la primera y la multitud de personas e investigadores en la segunda), el armazón  narrativo se fundamenta o estructura en la interacción de dos personajes principales: en Cartas desde Iwo Jima tenemos a un general y un oficial, y en Zodiac, a un policía y un dibujante metido a periodista; en los dos casos con maneras diferentes de ver el asunto.

Vamos a intentar justificar que de esta alianza artificial puede surgir un único articulo que reúna un análisis válido para ambas películas.

2. Dos cabalgan juntos

iwojimaclint07.jpgAlgo que es innegable en Cartas desde Iwo Jima y Zodiac es la pesadumbre que produce la visión de ambos filmes. No son fáciles de ver debido a ese aspecto esencial que hemos calificado como desesperanza. Ya no es la cantidad de violencia, innata en una por narrar un acontecimiento bélico, y también en la otra por la descripción minuciosa de determinados asesinatos; es que todas esas muertas están presentadas como inútiles.

En Cartas desde Iwo Jima, desde las primeras escenas, ya se deja bien claro que no hay posibilidad de victoria y que el objetivo final es precisamente que no hay objetivo final. Sólo queda morir. La estrategia del mando japonés en ese momento era oponerse al avance de las tropas americanas –inevitable una vez desmantelada la flota imperial japonesa tras decisivas batallas– para hacer ver que el asalto a Japón iba a ser costoso en bajas humanas para los EE.UU.

Esta desesperanza se palpa en la lucha titánica encarnada por todos los soldados, pero se agudiza en dos personajes muy diferentes entre sí. El general Kuribayashi, un hombre de guerra, el convencido en la necesidad de seguir las ordenes a rajatabla (“las convicciones de mi país y las mías son las mismas”, dice en uno de los flash-backs del filme) y el barón Nishi, comprometido con la lucha pero con una visión más amplia de la estrictamente militar (un pasado como participante de las olimpiadas, caballero educado, mujeriego).

La incomprensión por el conflicto se agudiza porque ambos conocen al enemigo americano y saben que en el fondo, tiempo atrás, los que ahora están matándose, eran amigos. Los soldados normales tienen miedo a morir; los oficiales, sin embargo, están preparados para ello, pero la desesperanza tiene su origen precisamente en que todos saben de la inutilidad del gesto. La película pone el acento no tanto en la muerte sino en el escaso valor que esas muertes tienen, desprovistas del sentido heroico, convirtiéndose en un testimonio de lo absurdo de la guerra, del sinsentido de los enfrentamientos bélicos.

De hecho, las enormes bajas provocadas en esta batalla únicamente contribuyeron a que el mando americano optara por el lanzamiento de las dos bombas atómicas unos pocos meses después, provocando uno de los episodios más negros de la contienda bélica.

zodiac12.jpgEn Zodiac, no hay tantos muertos, ni mueren sus dos protagonistas, pero también son dos vidas condenadas al fracaso. A lo largo de los más de veinte años en que transcurre la acción del filme, el espectador va cayendo en la cuenta que la detención del asesino no parece un hecho posible. Así, el empeño que mantiene el policía asignado al caso y la investigación paralela que defiende el dibujante del periódico a través de todos esos años termina siendo como una misión suicida que, bajo el objetivo de atrapar a un asesino, termina arruinando la vida profesional y personal de estos hombres. Otra vez vuelve el esfuerzo inútil ante la misión, pues sabemos del fracaso de la misma (el policía va perdiendo apoyo entre sus compañeros conforme las pistas van mostrándose imposibles, el dibujante acabará perdiendo a su familia, como antes habíamos visto el fracaso del periodista encargado de seguir el asunto (trasladado del periódico y alcoholizado, el personaje que encarna Robert Downey, jr.).

El filme de Fincher va imponiendo poco a poco la tesis de que, en realidad, tampoco tiene tanto sentido dramatizar unos cuantos asesinatos en un país como Estados Unidos, donde la violencia es algo consustancial. Además, aunque esto la película lo muestra de una manera furtiva, no podemos dejar de recordar que precisamente los años donde comienzan los asesinatos son los más cruentos de la guerra de Vietnam, donde miles y miles de jóvenes se dejaron la vida.

Al igual que ocurría en el filme de Eastwood, donde los soldados y oficiales son sacrificados en un vano empeño por conseguir una victoria o aplazar un final, Zodiac deja patente el fracaso de la investigación y el terrible dilema de aquellos que se han empeñado media vida en intentar conseguir algo que se escapa, y cuando todo acaba, lo único que consiguen es permanecer solos; en la segunda parte del filme, vemos cómo el compañero del policía abandona el caso solicitando un traslado; en la parte final, la mujer abandona al dibujante al no poder luchar contra la obsesión de éste por saber quién es el asesino.

Obviamente, como les pasaba a los personajes de la película de Eastwood, los de Zodiac no pueden resolver la investigación porque Fincher está diciendo que es esa América que describe la que es la asesina en general, la que lleva el germen de la maldad.

3. Malos tiempos

zodiac0.jpgY esta falta de esperanza que hemos definido como tema principal de ambas películas, se acrecienta pues, aunque los argumentos están situados en el pasado y en momentos históricos distantes, parece que ambas películas vienen a ejemplarizar o tienen una función de alerta, de aviso, respecto a que las situaciones pueden repitirse. Es decir, aunque se estén hablando de hechos concretos (un episodio bélico de 1945 y una investigación  que se alarga desde los años 60 hasta los 80), si somos capaces de pasar de lo puntual a una visión general, podemos ver cómo ambos casos alertan de que la historia se repite.

Así, la visión triste, amarga, de derrota del conflicto (ya sean ganadores o perdedores) que transmite Cartas desde Iwo Jima es más dura pues sabemos que no hemos aprendido de los errores tal y como demuestra la historia más reciente. En Zodiac, la desazón de sus imágenes no refleja únicamente los años en que se desarrolla, ya que parece también que Fincher nos está diciendo que América, los Estados Unidos, son una sociedad donde puede resultar difícil diferenciar quién es el asesino y donde la importancia no radica tanto en descubrir al asesino concreto y puntual, sino en mostrar cómo la sociedad es capaz de producir semejante hecho.

Volviendo al inicio del artículo, y ya para terminar, creo que aunque la relación de ambas películas haya sido puramente accidental (mejores del 2007), la coincidencia en el reflejo amargo y pesimista del mundo que les ha tocado vivir a los personajes está más que demostrada.

Además, algún guiño hay entre Eastwood y Fincher, pues en Zodiac, los dos protagonistas coinciden en una sala de cine para ver una película que Hollywood ha realizado supuestamente basada en los asesinatos y ¿saben qué película es? Efectivamente, Harry el sucio, de 1971, dirigida por Don Siegel y protagonizada por… ¡Clint Eastwood!