Las seis balas de bloody Sam

  17 Enero 2008

Escribe Israel L. Pérez

sam-05.jpgDavid Samuel Peckinpah, nació en Fresno en 1925 y murió en Inglewood (también en California) en 1985. Reformuló el western clásico, su cine estaba lleno de lirismo, la psicología de sus personajes impresionó, fue un poeta de la violencia y un cineasta bisagra entre el clasicismo y la modernidad, estas y otras muchas cosas se han dicho y dijeron sobre este controvertido director. Apostaría a que muchas de las cosas que se han dicho sobre él no son ciertas. Y apostaría a que forjó su leyenda gastando siempre las mismas seis balas.

“Yo apuesto a que tu apuesta no vale nada” (1).

Hombres

Poeta, marino, estudiante de derecho, apasionado e irrefrenable.

Rebeldes, proscritos, solitarios, inadaptados desgraciados e inestables; todos ellos descontextualizados incapaces de entenderse con el tiempo que les ha tocado vivir.

“Mis héroes son loosers porque están derrotados por anticipado, lo que constituye uno de los elementos primordiales de  la verdadera tragedia. Se han acomodado desde hace mucho tiempo a la muerte y a la derrota; en consecuencia, no les queda nada que perder”.

No importa que sean asesinos, forajidos o expresidiarios, todos ellos tienen un denominador común: su código ético y honorabilidad para con sus amistades, e incluso con sus enemigos. Si le añadimos la tozudez y la obstinación que les caracteriza, esto provoca que la mínima traición de alguna de las partes, desemboque una venganza, y por consiguiente una en tragedia.

Viaje

Materialista, amargado, descontento, solitario y nihilista

En cada largometraje, esos personajes emprenden un doble viaje: uno literal, a través del espacio, una road movie; y otro metafórico, a través del tiempo, de un tiempo que no es el suyo. Viajan hacia el final de una época, hacia un inicio incierto, incluso hacia el final de sus vidas, porque no pueden adaptarse a los nuevos ideales o a las nuevas formas de pensar. Se trata de una fuga o huida hacia la muerte, y tal desplazamiento no hace más que confirmarles que se encuentran fuera de todo tiempo y lugar.

Mujeres

Misógino, rudo, machista, putero, romántico y sentimental.

sam-19.jpgProstitutas buenas, malas pécoras, raptadas que disfrutan con su captor, esposas que gozan cuando otros las violan, enfermeras enternecedoras o mujeres que se acuestan con uno por amor a otro. Las dudosas féminas de Peckinpah son capaces de lo mejor y de lo peor, por lo que son temidas o idolatradas. Independientes y fuertes, te hacen sentir vivo y pero también te pueden matar. Provocan dolor y placer, juntos o por separado. Madres, esposas, o compañeras, las mujeres de esta filmografía son el problema y la solución a todos los males de los hombres.

Técnica

Poeta, tramoyista, asistente, guionista y director de cine y de televisión.

El montaje fragmentado, las pantallas divididas o las secuencias de montaje condensan el tiempo para resumir acontecimientos. La acción se dilata y contrae mediante una amplia gama de recursos, pero siempre con intención de sentido, nunca están ahí solamente por estética. Peckinpah aplica la técnica adecuada, según su criterio, para alcanzar mejor el significado pretendido; aunque la técnica fuera propia de la televisión –y no estuviera bien visto–, él se la llevaba a sus películas.

Ralentización de la muerte que permite gozar o sufrir con la agonía. Aceleraciones de la imagen en busca de una sonrisa. Zooms para cerrar espacios y asfixiar. Pluralidad de encuadres que apenas dejan espacio sin mostrar. Encabalgamientos sonoros sobre imagen que hacen avanzar la acción. El ritmo del montaje va según su funcionalidad, y  todo tiene la misma finalidad: contar mejor la historia.

Niños

Melancólico, inadaptado, luchador, apasionado, revolucionario y liberal

Que los niños se columpien en una horca, martiricen a unos escorpiones o toquen la harmónica en medio de una guerra, puede ser suficiente para pierdan la inocencia.

“Basta con que los niños sean testigos de ciertas cosas para que se conviertan en adultos rápidamente, seres viciados, tan despreciables como cualquiera de nosotros. El problema radica en que todo nuestro porvenir está en los niños… nuestros sistemas morales nos impiden mirar a la cara una serie de verdades, como por ejemplo que existe ya en el niño todo ese lado sombrío del hombre adulto, todo ese potencial de violencia que no se osa explorar, e incluso confesar o reconocer que realmente existe”.

Unos niños que representan el futuro, por lo que se les debería rescatar, pero el presente que les ha tocado vivir ya ha hecho demasiado por ellos.

Violencia

Maldito, duro, autodestructivo, alcohólico y cocainómano

sam-16.jpgEl viaje llega a su fin y los cambios son inevitables, pero todo cambio engendra violencia.

“El hecho de que haya poesía y belleza en la violencia no es una idea original mía. Cualquiera de los grandes pintores desarrollo esto mejor que yo”.

El hombre tiene inclinación “a la neta destrucción” y los hombres de Peckinpah se redimen por medio de la violencia.

“El asesinato, no es una diversión. Yo intento expresar el infierno que supone morir a tiros”.

Independientemente de si son de índole social, sexual o relacional, las represiones sufridas por los personajes acaban por explotar; algo colma el vaso y se produce el estallido liberador de tensiones. Toda la violencia, siempre y cuando no salga de la pantalla, es espectáculo puro.

“Hoy no puedes mostrar la violencia al publico sin que les hagas meter completamente las narices en ella. Observamos nuestras guerras y cómo mueren nuestros hombres, muertes reales, cada  día, en la televisión, pero llega un momento en que no parece real. No creemos que aquella gente  sea de carne y hueso y que mueran en la pequeña pantalla, en las fotos de un reportaje. Hemos sido anestesiado por los medios de comunicación. Lo que yo hago es mostrarle a la gente la violencia como es, no mostrándola como realmente es, sino elevándola al cubo, estilizándola”.

Un genio loco intratable, inigualable e inmejorable. Como bien dice la voz en off del documental sobre Peckinpah y el western: “Sam tuvo dos vidas; las películas, que fueron la realidad, y la vida, que fue una ilusión”.

Gracias por esa realidad.

*****

(1) Todos los entrecomillados del artículo son palabras de Sam Peckinpah.